Luego de largos meses vuelvo a publicar aquí. A partir de ahora procuraré no perder continuidad, ya que he avanzado lo suficiente en cuentos y novelas para darle periodicidad a las publicaciones, luego de un año pues, familiarmente difícil... Mi nombre es Pablo Daniel Rodríguez Remedios, escritor, cantautor y fan de la ciencia ficción y de la fantasía. Gracias a todos por estar ahí y en especial a mi amiga del alma, la excelente poetisa Salma Hassan ¡Un abrazo fuerte a todos!

viernes, 1 de octubre de 2010

UNA COINCIDENCIA DESAFORTUNADA

                       


¡Cómo pensaba en Atahela, mi adorada esposa! ¡Y en Zuratikias, mi amada hija, la más pequeña y consentida! ¡Y en mis otros dos pequeños, Milcos y Trasper! Pero aunque mi vida se había convertido en un constante viaje hacia el pasado, recordando todo los buenos momentos pasados con mi familia en nuestro bello y ya no nuestro planeta,  eran esas imágenes sobre mis tan lejanos días de dicha lo que hacía posible que siguiera adelante, pues sin esos recuerdos se haría insoportable continuar con este torturador trabajo. Es que las autoridades de la Federación habían resuelto resolver uno de sus grandes problemas por medios poco convencionales. Como sus naves de transporte de mercancías y pasajeros estaban siendo atacadas constantemente por piratas,  no se les ocurrió mejor idea que, utilizando familias y otros medios para chantajearnos, hacer uso de  ex-combatientes enemigos para custodiar esas naves. En mi caso tenía que custodiar sus naves por mil parsecs de viajes a velocidades sub-hiperespácicas –en el hiperespacio las naves no corrían el riesgo de ser atacadas por ningún pirata, o no por ahora-. Si cumplía satisfactoriamente con este trato, se me permitiría volver con mi familia... a uno de los tantos planetas casi estériles y vigilados donde iban los desterrados. Me bastaba pensar que ellos estaban solos allí, conviviendo con otras especies tan extrañas –y derrotadas- como la nuestra, en condiciones que distaban mucho de ser las más convenientes y pasando vaya a saber que penurias y necesidades, lo que me daba una rabia tan inmensa que solamente de allí conseguía sacar la fuerza para soportar la convivencia con los pasajeros y la tripulación de las naves.
En este viaje en particular, un transporte standard –una centena de pasajeros y bodegas llenas de mercancías de distinto tipo- había varios tripulantes y pasajeros que me miraban con una repugnancia que resultaba difícil de sobrellevar –a pesar de que tendría que haber estado ya acostumbrado a ella-. En especial el segundo de a bordo tenía constantes actitudes que siendo verbalmente violentas a veces  rondaban la agresión física. Posiblemente hubiera perdido algún amigo o algún compañero en las guerras con los de mi especie, quizás... Sin duda que sabía además que yo no podía darme el lujo de responder a ninguna de sus provocaciones. No dejaba de causarme cierta jocosidad que mi aspecto les resultara repulsivo, teniendo en cuenta que mantenerlo no solo me exigía un constante desgaste de energía sino que era por lo que menos tendrían que temerme. Mi especie a los ojos humanos es realmente espantosa, por lo que estaba obligado a usar un camouflage corporal que, al parecer, tampoco les estaba resultando muy agradable -pero sin duda resultaba más aceptable-. Mis repliegues corporales, ojos, mi aparato masticador, mis miembros con garras y ganchos y los olores propios de mi especie, que se liberan cuando dejo de reprimir mi verdadera naturaleza física, sé que son increíblemente horripilantes para los humanos.
En la guerra que perdimos estábamos tecnológicamente muy atrás de la Federación pero en la lucha cuerpo a cuerpo, a pesar de esta inferioridad tecnológica, y utilizando a pleno nuestra apariencia y ferocidad, no perdimos ni uno solo de los combates. Pero no era en el cuerpo a cuerpo que se iba a ganar esa guerra y eso lo teníamos claro, por lo que cuando amenazaron con la destrucción de toda nuestra especie  tuvimos que enfrentar la dura realidad de que había armas contra las que no teníamos defensa. Esta amenaza frenó nuestra resistencia y decidió nuestra rendición. Es que estuvieron a punto de lanzar armas planetarias selectivas. Estas armas –por si no las conocen- exterminan selectivamente determinadas configuraciones vitales.Se difunden por la atmósfera y dejan vivo todo menos lo que está programado que maten. En la antigüedad y cuando el conflicto tomaba ribetes de cierta gravedad –a vida o muerte- se solían utilizar otro tipo de armas, que mataban sistemáticamente todo lo vivo en el mundo elegido para tal castigo. Pero eso dejaba el planeta en cuestión muerto, con daños irreparables o que tardaban mucho en revertirse. La nueva tendencia era tratar de conservar el mundo conquistado con el menor daño posible. No sé si para mayor fortuna o para mayor desgracia los ingenieros en bio-armas de la Federación lo único que tenían que hacer era capturar un individuo de la especie que se pretendiera eliminar y a partir de ahí se fabricaban estas armas, que además habían sido probadas con éxito más de una vez. Lamentablemente para contrarrestar un ataque con esta tecnología se necesitaba un nivel de desarrollo que nuestro pueblo –y muchos como nosotros- estábamos lejos de alcanzar. Nuestra especie tiene excelentes atributos para el combate que no solo pasan por nuestro aspecto -que podía llegar a paralizar a un enemigo desprevenido-, nuestra mítica ferocidad y valentía en la lucha, sino también en mecanismos telepáticos de atacar a nuestros oponentes, infundiéndoles confusión, desorientación, miedo y hasta terror desde bastante distancia, pero no somos una especie con potencial para el manejo de tecnología y menos aún para la investigación. De todas formas ahora que estoy en contacto con la Federación –desagradable contacto pero contacto al fin- creo que explotamos mal nuestras habilidades, luchando por separado, sin reunir los esfuerzos de todas las tribus y sobre todo sin juntar nuestras energías psíquicas pues... ¿Qué hubiera pasado si hubiéramos luchado realmente juntos? ¿Hubiéramos cambiado el curso de la guerra? ¿Hubiéramos revertido la actual situación, con nuestro planeta en manos de la Federación y nuestra especie diseminada por varios planetas-castigo? ¿O los hubiéramos forzado a exterminarnos, incluso antes de darnos la oportunidad de rendirnos? Eran preguntas que no podría contestar nunca.
Pero todo esto ya era cosa del pasado, ahora tenía que concentrarme en esta nueva existencia, y viaje tras viaje tratar de afrontar todas las dificultades que fueran surgiendo. Afortunadamente  había tenido necesidad de usar mis habilidades de combate en pocas oportunidades, la mayoría de las veces contra piratas humanos que intentaron abordar las naves que yo custodiaba. Pero los humanos no eran los únicos que pirateaban. Cada vez que la Federación ganaba una batalla, una guerra o conquistaba un planeta o le quitaba privilegios a alguna clase gobernante de la especie que fuera, brotaban descontentos, desconformes y muchas veces se elegía la violencia para protestar por lo que fuere. La guerrilla era en la Federación tan común que no había planeta conquistado que no tuviera sus bien o regularmente bien organizados guerrilleros y la piratería espacial no era más que una manifestación de esta resistencia. Pululaban los piratas por el espacio y la armada federal no podía ni pensar en buscar y capturar un sinnúmero de  naves que iban desde auténticos acorazados de combate hasta navecillas de cinco toneladas. Los piratas con los que me había encontrado sabían que había custodias entrenados en las naves pero nunca pensaban encontrarse con uno de mi especie y con todos sus  poderes desplegados. Así que los que no lograban huir  por estar demasiado atontados eran hechos prisioneros por la tripulación. Cada vez que tenía que desplegar mi auténtica personalidad tanto los tripulantes como pasajeros que tenían la mala fortuna de verme o de estar cerca de mí sufrían igualmente las consecuencias psicológicas. Todavía no había tenido la necesidad de utilizar la violencia física –y por el bien de los asaltantes preferiría no tener que hacerlo- por lo que me sentía satisfecho del trabajo que venía haciendo. En el total de mis viajes había sufrido seis abordajes y a todos los había resuelto a mi gusto. Por más que en esta travesía no hubiéramos sufrido ningún ataque mis antecedentes hablaban por sí mismos y si bien no les era agradable tendrían forzosamente que estar agradecidos por mi presencia en la nave.
Casi todos parecía que pensaban así, menos el joven segundo de a bordo... ¡Qué molesto que se estaba poniendo ese jovencito, el oficial! Era la primera vez en la veintena de vuelos que llevaba custodiando que me sucedía. No es que no me sintiera rechazado anteriormente pero me respetaban y en mi ficha personal –que estaba a la vista de todos, tripulante y pasajeros- aparecía mi excelente perfomance en seguridad, que tendría que ser suficiente razón para que se me respetara,  pero para  este oficial aparentemente no importaban tales cosas. Sus actitudes ya estaban rebasando la línea de lo aceptable. Me quejé al capitán pero este naturalmente prefería darle la razón a su segundo y desacreditó mis protestas. En todo caso ¿Qué podía hacer? Para agravar más la situación me atacaba públicamente y ya eran varios los miembros de la tripulación y algunos pasajeros que estaban en su misma línea de conducta ¿Qué buscaba? ¿Hacerme perder la calma? Yo sabía que era observado constantemente y que si bien no sería tan fácil para ellos matarme sí les sería matar a toda mi familia. Por eso era tan efectivo el chantaje. Tenía forzosamente que cuidar mi forma de actuar en todo momento, pues seguramente no pasarían muchas horas luego de cualquier inconducta para que mi familia fuera castigada.
Todo podía decirse que iba transcurriendo normalmente, o casi normalmente,  pues en cada salida del hiperespacio –para cargar o descargar alguna mercadería-  era hostigado por la pandilla del segundo oficial como si fuera el único quehacer que tenían. Así fué que cuando en el cuadrante octavo entre Medina y su luna más pequeña sonó la alarma de ataque estaba con un humor que no presagiaba nada bueno. En verdad deseaba que luego de los protocolos de cambios de amenazas y quizás de algunos disparos entre las naves, los piratas intentaran el abordaje. En general para esto no se utilizaban las compuertas de la nave atacada sino que los agresores se instalaban sobre el casco de su presa y allí mismo lo cortaban, fabricándose una entrada. Esto posiblemente dejaría fuera de batalla todos los mecanismos de seguridad que estuvieran preparados en las entradas designadas.
Pero esta vez no sucedió así. Es más, percibí dos cosas, una fuerte corriente telepática que identifiqué claramente como varios de mi especie y un desconcierto total y absoluto en los humanos en el interior de la nave. Me coloqué entonces frente a las compuertas, en una barricada que se había construído rápidamente y en donde se colocó la tripulación que estaba en condiciones de reaccionar, con sus armas preparadas. También había pasajeros allí, sobre todo los beligerantes amigos de nuestro joven segundo de a bordo. Quizás eran de algún grupo neo-colonialista, quién sabe... pero por esta vez estábamos del mismo lado.
Fué antes de abrirse la compuerta que vino la segunda oleada de miedo y terror, que hizo que todos dejaran de esgrimir  sus armas y quedaran temblando, mirando hacia donde sabían que venía la amenaza. Y esta vez no se detuvo, fue aumentando, aumentando y cuando se abrió finalmente la puerta principal de la nave todos estaban conscientes y expectantes, pero sin capacidad de ninguna respuesta. El oficial me miró y a duras penas articuló –Llegó el momento de que haga su trabajo-. Y eso iba a hacer, sin duda, por mi esposa y mis hijos, pero todo cambió cuando entraron los agresores...
-¡Ustedes!- grité, sorprendido. Eran cinco de mi especie, un verdadero ejército teniendo en cuenta sus habilidades.
-¡Ripkah! ¿Qué haces aquí, maldito asesino de humanos?- Ellos me conocían y no solo eso, sabían de mis cualidades...
-¡Yo estoy trabajando, son ustedes, comedores de intestinos, los que deben decirme que hacen aquí!- También los conocía a ellos.
Detrás de mí, el capitán llegó trastabillando desde su cabina. Como no entendía nuestro idioma seguramente pensó que nos estábamos amenazando.
-¿No me digas que atraparon al orgulloso gran guerrero Ripkah en la trampa de la familia prisionera?
-No te burles, Jerich, que han sido largos y tristes mis días...
-Discúlpame, pero tengo buenas noticias para ti...
En mi excitación olvidé mi cobertura y desplegué mi verdadero ser. Mis pliegues, púas y garras y el intenso olor propio de mi especie aturdieron más aún a todos los que estaban en la barricada. El capitán, su segundo, los tripulantes, los pasajeros, todos, lagrimeaban irritados por el terrible olor, con sus armas inactivas en las manos, pues ninguno tenía poder de coordinación suficiente para usarlas... pero aunque estaban aterrados no habían perdido la esperanza. Seguramente yo me había desplegado para el combate y si lo que decían era cierto no había poder alguno capaz de detenerme... por consiguiente, estaban a salvo.
Eso pensaban.
-¿Qué buenas noticias?
-Hubo una rebelión en el planeta en donde estábamos confinados. Logramos tomar algunas naves y huir. No solo estamos nosotros, sino también exiliados de otros pueblos. De hecho los pilotos no son de los nuestros –como supondrás no somos todavía capaces de esa proeza-. Partimos a seguir reuniendo los pedazos de nuestro pueblo que sabemos que están por varios mundos, y esperamos encontrar un lugar donde podamos establecernos...
-¿Eso es todo?
-No todo, mientras tanto practicamos el viejo deporte espacial de la piratería, consiguiendo mercaderías, armas y comida... a propósito ¿Hace cuánto que no comes carne humana?-
Recién en ese momento caí en la cuenta de que quizás por eso el joven segundo de a bordo me odiaba. Quizás no solo habíamos matado en alguna de las batallas de nuestro mundo a algún pariente cercano, quizás hasta a su padre o a su hermano, sino que quizás también lo habíamos comido. Porque esa es otra de nuestras características: nos encanta la carne y la sangre humanas, nos parecen los sabores más encantadores del universo y era un ingrediente horroroso más para los que combatieron en nuestro mundo. Muchos humanos fueron devorados allí, muchos soldados fueron desmembrados aún con vida por nuestras ávidas tropas.
Mirando a los humanos a mis costados y pensando en todos los que había en la nave dije  -Pero eso no es suficiente razón para irme con ustedes. Tú bien sabes por qué estoy aquí...-
-Claro, por eso te dije que tenía buenas noticias. ¿O pensaste que se trataba de un nuevo condimento para tu platillo especial?
Mis glándulas segregaron abundante saliva al pensar en mi platillo especial. Es que tengo una debilidad: dentro de todo el cuerpo del humano me gusta especialmente el cerebro. No me critiquen por favor, hay congéneres que pelearían por un buen guisado de orejas con legumbres...
-Dime entonces, Jerich...
-Puedes venir con nosotros... –En ese momento noté una presencia, o varias más bien, que me trajeron nítidos aromas de mi hogar... Había algo familiar en la nave que nos había abordado, algo familiar y querido...
-¿Está Atahela con ustedes?
-¡Claro, mi estimado amigo! ¡Y tus hijos también!
-¡No lo puedo creer!- Estaba totalmente feliz. Me sentía como si me hubieran quitado un terrible peso de encima... Casi echo a volar en ese mismo momento por el corredor de la nave... -¿Pero cómo dieron conmigo?- pregunté...
-Lamentablemente no fué premeditado. Como tenemos prisa no íbamos a atacar ninguna nave hasta llegar al siguiente mundo prisión, pero teníamos apetito... Es que hacía ya demasiado que no comíamos y nuestros compañeros comenzaron a ponerse nerviosos. Fueron ellos los que nos aconsejaron atacar esta nave para alimentarnos.
-¿Entonces nos encontramos aquí por casualidad?
-Totalmente, por pura coincidencia y para ellos por una desafortunada coincidencia...
-Me convencieron. Pero pongo una condición –dije, tomando mi aspecto más agresivo. Nunca me puse a pensar que pasaría por las mentes de mis antiguos compañeros de viaje, pero seguramente cuando vieron mi última configuración habrán dicho “Al fin se dispone a pelear”, cuando debieron decir “Al fin se dispone a comer”.
-Di tu condición mi amigo...
-¡El primer bocado es el mío...!-dije al tiempo que de una sola dentellada le abría el cráneo al jovencito impertinente que me había molestado durante parsecs enteros.
Si son humanos el relato de lo que sucedió después no les causará el menor placer, por lo que baste decir que recuperé a mi esposa, a mis hijos y ahora, luego de reunir algunos congéneres más de otras prisiones, vamos rumbo a un planeta en donde al parecer podremos establecernos. Nuestros exploradores han dicho que es un planeta algo primitivo pero abundante en humanos y no hay especies que supongan una seria competencia para nuestros hábitos alimenticios. De hecho, los que más matan humanos allí son otros humanos...
Ya estamos cerca, pues en Niaran hay un punto de pasaje hiper y acabámos de salir de allí. El planeta es hermosamente azulado, es el tercero a partir de un hermoso sol amarillo y tiene una sola luna...
Llegaremos en breve por lo que mejor termino mi relato.
Hasta pronto...

                                                      
                                                            FIN
                                                

3 comentarios:

  1. yo ya te encontré, espero que vos te hayas encontrado :)

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  2. Volviste Pablito,al manos los fundadores de todo lo existente en este agujero estamos vivos y trabajando.
    Abrazos:

    Roberto

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  3. Pah,Roberto,demoré en contestar...eso por mi natural parsimonia...de vuelta,si,por accidente pero estoy escribiendo de vuelta...me alegro que estés bien y en la lucha...Abrazo!!!

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