Luego de largos meses vuelvo a publicar aquí. A partir de ahora procuraré no perder continuidad, ya que he avanzado lo suficiente en cuentos y novelas para darle periodicidad a las publicaciones, luego de un año pues, familiarmente difícil... Mi nombre es Pablo Daniel Rodríguez Remedios, escritor, cantautor y fan de la ciencia ficción y de la fantasía. Gracias a todos por estar ahí y en especial a mi amiga del alma, la excelente poetisa Salma Hassan ¡Un abrazo fuerte a todos!

martes, 26 de junio de 2012

EL CAZADOR


Luego de mucho tiempo "cuelgo" dos cuentos... No por falta de actividad mental... solo que trabajo varios cuentos a la vez y leo y estudio para poder escribir más y más y mejorar mi estilo... En fin, espero les guste...

                                      EL CAZADOR

Sipi caminaba hacia la plaza, con su bicicleta al costado, tratando de lucir lo más despreocupado posible. Cualquier lugar soleado era bueno para su búsqueda pero en las plazas era donde más los encontraba. Allí estaban sus presas. Viejos. Eso buscaba, viejos, ancianos y ancianas, los que todavía quedaban, que en los días soleados se acumulaban a decenas en los lugares abiertos, sobre todo en las plazas.
Acercándose, se colocaba bajo los rayos solares como si el también estuviera disfrutando de su tibieza… pero en realidad observaba cuidadosamente a su alrededor y a sus posibles víctimas. Varios ancianos charlaban entre sí pero otros, acariciados por la luz solar, cerraban sus ojos y parecían beber su calor. Algunos hasta quedaban en arcaicas remeras de manga corta, mostrando sus viejos brazos.
-Hay muchos hoy- pensó Sipi, mientras preparaba el pequeño artefacto –que él llamaba Tintín pues a veces le parecía que tenía personalidad propia- y  que el hombre llamado Prastuk, el del mercado clandestino, le había dado diciéndole que lo cuidara, pues era producto de la más alta tecnología, muy caro y muy efectivo. Era tan pequeño que no resaltaba demasiado en la armazón de su bicicleta.
Mirando a los ancianos que tenía más cerca, enfocó disimuladamente con la mira de Tintín a uno de los viejos, de larga y desprolija barba blanca, muy flaco, macilento diría, de sucias y rotas ropas… estaba recostado en el césped, de cara al sol, las rodillas hacia el pecho… miró el marcador de Tintín… +5, si, era bueno, pero necesitaba algo más “pesado”, enfocó al vecino, midió +3, al siguiente, +5, a otro, +1, y siguió hasta que de pronto la aguja dio un brinco… +10 ¡Este si era bueno!... ése… le apuntó con más cuidado y apretó el interruptor. Le dio un margen mínimo de +6… mientras los pensamientos felices del anciano tuvieran ese rango Tintín los guardaría dentro de sí. Sipi estaba contento, pues por uno de ese peso ganaría mucho dinero.
Tan contento estaba que no advirtió a la chica que de pronto, por sobre su hombro le preguntó:
-¿Qué haces?
Sipi se dio vuelta inmediatamente.
–¿Yo? Nada.
-¡Claro que estás haciendo algo! ¡Hace rato te estoy observando y desde que llegaste has tenido una actitud muy sospechosa! ¿Qué ocultas?
-¡Vaya que estás confundida! No oculto nada y es natural comportarse un poco raro en estos tiempos… ¿no?
-Puede ser, puede ser… ¿Cómo te llamas? ¿Qué es eso?
Sipi empezaba a preocuparse aunque la chica no era agresiva, solo un poco preguntona. Decidió no cambiar sus planes y tratar de satisfacer su curiosidad.
-Mi nombre es Sipi… ¿Y tú te llamas?
-Elsa… y eso es…
-Es un juguete, una grabadora… no amenaza a nadie ni hace daño a nadie, no te preocupes…
-¿Grabas cosas? ¿Para qué?
-Para comer, chica lista… vivo de esto y tengo cuatro personas más para alimentar…
-Claro… comprendo tus motivos pero no entiendo qué grabas y como es posible vivir de eso…
-Te explicaré si prometes no contárselo a nadie más y si primero me dices qué haces aquí…
-Yo estoy cuidando a mi abuelo…
-¿Lo cuidas? ¿Tienes abuelo? Qué bueno… yo nunca conocí a mi abuelo…
-La mayoría nunca conoció a sus abuelos Sipi… solo muy pocos de nosotros alcanzan esa edad y menos todavía logran sobrevivir con todos esos años… ¿Me dirás ahora que grabas?
-Primero la promesa.
-Te lo prometo…
-Bien, grabo pensamientos… pensamientos felices…
-¡En serio! ¿Estás bromeando?
-No, no bromeo, grabo pensamientos felices y luego los vendo. Esta máquina, a quien llamo Tintín, enfoca las mentes de las personas que yo le señalo y graba sus pensamientos…
-¿Y por qué vienes aquí?
-Porque los únicos que tienen pensamientos felices que valgan la pena son los ancianos… pensamientos “pesados”… que dan dinero… pensamientos de otras épocas…
-¡No es cierto! Yo hace un par de semanas tuve un pensamiento feliz…
-Si, seguro… todos tenemos algún pensamiento feliz… pero dentro de todo esto –dijo haciendo un gesto a todo su alrededor- nuestros pensamientos a lo sumo marcan aquí… mira… + 1 o +2, máximo + 3… -le dijo mostrándole el dial de Tintín-. En cambio mira éste…
-Marca… ¡+ 9 !
-Y llegó a marcar + 10…
-¿Y cómo pueden hacer eso?
-Son sus recuerdos Elsa… no es lo que viven ahora, sino lo que vivieron cuando la humanidad se gobernaba… de allí traen sus pensamientos felices, del Mundo Pasado…
-El Mundo Pasado… Ahora entiendo… A veces mi abuelo cuenta cosas del pasado, pero pocas veces… Tiene temor de que los invasores lo escuchen y nos maten a todos…
-A los invasores no les preocupa lo que hagamos en estos lugares escondidos y olvidados… ellos tienen su atención puesta en las minas, en el agua, en las usinas de energía, en los campos donde tienen encerrados a casi todos los humanos, en la comida y en muchas cosas más… pero no en nosotros… aquí no somos importantes para ellos…
Elsa lo miró por unos momentos. Luego le preguntó:
-¿Has visto alguno de esos pensamientos felices?
-No, no puedo… tengo que venderlos… no siempre tengo la suerte de encontrar un + 10… a veces me tengo que conformar con un +5 o +6… y necesito el dinero…
-¿Y quién te los compra?
-Se los vendo a un hombre en el mercado clandestino y el los vuelve a vender… Me ha dicho que hay humanos que tienen dinero que pagan mucho por estos pensamientos felices, pero también he oído que los propios invasores los compran… para estudiar nuestro pasado. Pero mientras me paguen, donde terminan estos pensamientos no es algo que me preocupe mucho en realidad…
-Es una pena que nunca puedas disfrutarlos… quizás hablando con mi abuelo él pueda contarnos cosas lindas del pasado… así tu puedes escucharlo…
Le presentó Sipi a su abuelo y el anciano accedió al pedido de Elsa.
Así comenzaron. Y lo que al principio fue un favor hecho a un joven que le caía bien a su nieta, luego se hizo costumbre, tanto que solían reunirse hasta diez ancianos a contar sobre el Mundo Pasado y hasta treinta o cuarenta jóvenes a escucharlos.
Contaban de cuando la Tierra no había sido atacada, de cuando los hombres se gobernaban a sí mismos, de cuando todavía los invasores no habían llegado, derrotando a todos los ejércitos de la Tierra y comenzado a robarse todos sus recursos, minerales, agua, vegetales… y algunos sostenían que también usaban humanos como fuente de materias primas… desde el uso de los cadáveres hasta la prisión en usinas donde les extraían sus fuerzas psíquicas, su voluntad, sus ganas de vivir… al final, los desmenuzaban y los reutilizaban… eso decían algunos pocos, los menos, que habían llegado a ver el proceso. La humanidad que quedaba fuera del control de los invasores era un remanente de salvajes, escapados de las reservas o que por alguna razón no estaban encerrados tras las alambradas y muros donde estaba casi la totalidad de los hombres que quedaban.
Se contaban abundantes relatos trágicos y tristes, pero también había  muchos sobre las buenas épocas, sobre el esplendor de la raza humana… en esos momentos Tintín se llenaba de pensamientos felices. Sipi estaba haciendo mucho dinero con esas reuniones, que uno de los viejos comenzó a llamar “asambleas” y que se hicieron tan populares que pronto había decenas de ancianos deseando contar sus historias y centenas de jóvenes deseando escucharlas.
Lentamente, la idea de las asambleas se comenzó a propagar entre los humanos que no estaban bajo el control de los invasores, entre los salvajes, repitiéndose allí donde hubiera ancianos para contar y jóvenes para escuchar… y poco a poco, lo que comenzó como una oportunidad de conocer El Mundo Pasado llegó a hacer pensar a los jóvenes que su destino no era el de estar bajo las garras de los invasores, arrastrándose para comer, huyendo de sus cacerías, muriendo en sus factorías psíquicas cuando eran atrapados…
Había viejos que habían sido militares, historiadores, maestros, médicos, físicos, químicos… y había quienes sabían hacer bombas y armas…
Cuando comenzaron a creer en sí mismos, cuando vieron posible un mundo mejor, cuando vislumbraron que era posible romper las cadenas de la esclavitud, comenzaron a luchar, cada vez más y más fuertes, cada vez más y más numerosos y mejor armados y comenzó a gestarse el Mundo Futuro, un mundo donde también los jóvenes tendrían pensamientos felices.
                                                 FIN

PROHIBIDO SIN GATOS


No es SF, pero es lindo ejercicio...

DEDICADO A MAICOL Y A MILENA QUE AL FIN SE DECIDIERON Y  EN ESTOS DÍAS ESTÁN BUSCANDO APARTAMENTO PARA IRSE A VIVIR JUNTOS... 


Mile nunca había visto un aviso más curioso. Se leía “Apartamento amplio, precio accesible y buena ubicación”, luego ponían la dirección, un teléfono para llamar y al final, en mayúsculas: “PROHIBIDO SIN GATOS”.
-¡Mira Mike! ¡Qué curioso!
Este se acercó y juntos leyeron el aviso…
-¿Sin gatos? ¿Qué broma es ésa?- dijo Mike.
-¿Llamamos? Parece estar en un lugar que nos sirve a los dos…-dijo Mile, algo impaciente.
-Si, eso sí, pero los apartamentos en esa zona no son nada baratos-
-Probemos… no perdemos nada llamando-
-Está bien Mile… llama y veremos qué resulta…
-¿Y si en realidad piden que tengamos gatos?
-Mile… ¡Por favor! ¡No hay nada que pueda hacer un gato que unas buenas trampas y un poco de veneno para ratones no pueda solucionar!
-Cierto…- murmuró Mile y marcó el número telefónico que aparecía en la pantalla del ordenador.

En los tres largos años que duraba su relación, Mile y Mike habían tenido altos y bajos… pero ya hacía varios meses que se sentían tan bien en pareja que decidieron pasar a la siguiente fase: vivir juntos.
Así que un buen día, como algo natural y a la vez extraño, se encontraron frente al ordenador portátil  buscando, en las páginas especializadas, un lugar para vivir… algo nada esplendoroso. Les alcanzaba con un apartamento de un solo ambiente… no necesitaban ni podían pagar más. Ambos trabajaban pero ni sus ingresos eran muy altos ni querían dejar en el alquiler dinero que pudieran precisar para ir “vistiendo” su hogar de acuerdo a sus gustos, por más que sabían que sus familias le podrían prestar casi todo lo que necesitaran en lo inmediato.
Todos los que alguna vez buscaron un lugar para alquilar saben que no es sencillo armonizar precio, con buen espacio y una ubicación conveniente… sobre esta última pretendían que por lo menos uno de ellos se ahorrara el boleto del bus para ir a trabajar.

Llevaban ya varios días buscando, haciendo llamadas e incluso habían visitado dos viviendas cuando Mile encontró el apartamento “Prohibido sin gatos” como le comenzaron a llamar… y fueron a verlo.  
La zona de la ciudad donde estaba ubicado era hermosamente céntrica, aunque parecía que los trescientos metros –tres calles- que separaban esa calle de una de las avenidas más concurridas y ruidosas de la ciudad fueran un filtro que absorbiera todo ese bullicioso, toda esa modernidad… A ambos lados de la vía y custodiados por añosos árboles había inmensos complejos de apartamentos, seguramente ninguno de ellos de menos de cincuenta años. También había casas antiguas, enrejadas, con jardines, en donde podía verse hasta alguna fuente… Mile y Mike caminaban extrañados… nunca pensaron que podían encontrarse con un lugar así, como de otra época, tan cerca del ruido y del frenesí de la “otra” ciudad, porque parecían realmente dos ciudades distintas. Era evidente que ellos pertenecían a la ciudad que vivía a tres calles de allí, pues tanta solemnidad y silencio pronto los hizo sentir incómodos.
El apartamento estaba situado en uno de esos edificios… no era muy alto, apenas cuatro pisos. La puerta no tenía altavoz, ni cámara de seguridad. Hicieron sonar  el timbre, antiquísimo, dos veces antes de que apareciera el casero… flaco, pálido, entrado en los sesenta años –quizás setenta- y con ojos que no parecían fijarse más de un segundo en nada.
-Buenos días, supongo que vienen por el apartamento. Soy Carlos el casero- les dijo, mientras les daba la mano a los dos- ¿Tienen gatos?- preguntó inmediatamente.
-¡Claro que tenemos! –dijo Mike, sin titubear- ¡Dos hermosos gatos!
-Ah, bien… ¿Y cómo se llaman?
-¿Los gatos?
El hombre sonrió. Tenía una buena sonrisa, cálida, aunque tímida.                   
-Los nombres de todos-
-Ella es Mile, yo soy Mike y los gatos se llaman, este…
-Abel y Diana- continuó Mile.
-Bien… Pero recuerden que es con gatos y es algo que figurará en el contrato… ¿Estamos de acuerdo?
Los jóvenes se miraron –Estamos de acuerdo.
-Vamos a ver el apartamento entonces. Pasen.
Comenzaron a caminar. Los techos eran altos, los pasillos anchos, las baldosas brillaban de limpias y las paredes estaban inmaculadas. Nadie se imaginaría un niño rayando esas paredes con marcadores, sería lo peor de lo peor.
-Esa puerta de ahí es la de mi casa. Si les gusta el lugar y les sirve el precio, es decir, si pasamos a ser vecinos, pueden golpear a cualquier hora que si estoy los ayudaré en lo que necesiten… Este es uno de los ascensores… Aunque el edificio no es muy alto hay dos ascensores y la escalera…
-¡La escalera es anchísima!- exclamó Mile.
-Antes todo se hacía distinto, el espacio era importante y supongo que los materiales eran más baratos- dijo Carlos- Usaremos este ascensor… vamos al tercer piso.
Cuando entraron al apartamento quedaron mudos. ¡Era enorme! Con grandes ventanas… un baño en donde podía instalarse una cama, una cocina que podía ser también comedor, un gran dormitorio y otra habitación más, que podía funcionar de recibidor o de comedor o sala de reuniones.
-¿Les gusta?- preguntó Carlos.
Se miraron… -¡Nos encanta!- dijo Mile, hablando por los dos.
Mike carraspeó –Y este… ¿Es muy caro?
El casero les dijo el precio. Ellos quedaron sin habla. Era justo lo que podían pagar… pero el lugar era tres veces más grande que lo que pensaban alquilar.
-¿Les sirve?
-Si, creo que si- dijo Mike- ¿Qué decís Mile? ¿Te gusta?-
-Ya dije que me gusta muchísimo… nos quedamos Mike…
-Bien, me alegro porque ustedes me caen muy bien… pero recuerden que es con gatos… Vamos… les voy a dar la dirección de un estudio jurídico, queda acá cerca, para que vayan a hacer el contrato y a partir de mañana podrán mudarse.
-Gracias –dijo Mile, emocionada.

Cuando iban hasta el estudio no dejaban de expresar su entusiasmo. Precioso, espacioso, luminoso, tranquilo… eran las palabras más usadas… y limpio, brillante…
-No entiendo… si está tan limpio y todo brillante y aseado… ¿Para qué los gatos? –dijo Mike.
-No parece el tipo de lugar donde aparecería un ratón…- afirmó Mile- ¿Y de dónde sacamos dos gatos?- continuó.
-¿Gatos? ¿Para qué? Compramos dos o tres trampas, queso y abundante veneno para poner en los rincones… ¡Y se termina el problema!
-Si, está bien… además de dónde podríamos conseguir dos gatos de un día para el otro… ¿no?
Mike miró a Mile… Era tan inocente de a ratos, pensó… Quizás por eso estaba tan enamorado de ella.

Firmado el contrato, volvieron al edificio a levantar la llave del apartamento, pues no tenían idea de la hora a la que podrían llegar con la mudanza.
Fue así que a media tarde del día siguiente un pequeño camión les llevó todas sus pertenencias y dos fornidos hombretones subieron todo su futuro hogar. No tenían muchas cosas, una cama –para ambos obviamente-, dos roperos –cada uno tenía el propio-, una gran mesa con seis sillas –prestada-, dos mesitas de noche, una vieja refrigeradora, una cocina, y pocas cosas más. Mientras arreglaban todo y ordenaban sus  ropas, mudándola de las valijas a los muebles, se les hizo tarde. Se ducharon, aprontaron la cena y luego se acostaron. Primera noche de vida de pareja.
-¿Y las trampas Mike?
-¿Será necesario ponerlas esta noche?
-No sé… pero no pusimos veneno y no armamos las trampas… y tampoco tenemos gatos…
-Hablando de gatos… es raro que no haya aparecido el casero…
-Afortunadamente no lo hizo…
-Quizás hubiera querido ver los gatos…
-Quizás… -dijo, a la vez que apagaba la luz.
Mike no se podía dormir. Sentía una rara sensación… algo opresivo, angustiante… tenía la garganta seca… y frío… ¡Aquello parecía una heladera!
-Mile, Mile…-
Tocó a Mile y parecía estar también helada… y no contestaba. Quedó pensativo… le había parecido ver, al momento de apagar la luz, una sombra, muy fugaz… aunque quizás hubiera sido la imaginación, parecido a lo que sentía ahora… se sentía observado por algo, si, por algo a los pies de la cama… enderezó su cabeza, solo para estar tranquilo… ¡Allí a los pies de la cama había una sombra dentro de la sombra! Encendió la luz inmediatamente, con su corazón latiendo a un ritmo bastante más rápido que lo normal… y vio como la sombra que hacía instantes había estado contemplándolos se deslizó hacia el rincón oscuro más cercano y se fundía con él… más no totalmente… lo que más lo horrorizó fue que parecía estar extendida sobre Mile, como una sábana, al momento de huir…Mike estaba aterrorizado… sacudió a Mile…
-¡Mile, nos vamos!- y siguió sacudiéndola… tan fuerte que finalmente abrió los ojos, pero no parecía reconocerlo… tenía una mirada extraña y le dijo algo en un idioma que nunca antes había escuchado.
Tardó varios segundos, que a él le parecieron horas, para lograr que ella se recuperara y abrazados se dirigieran a la puerta… más había algo que frenaba sus pasos, más y más… Cuando llegaron a la puerta costó tanto encontrar la llave, luego la cerradura y luego abrir la puerta que parecía que toda la atmósfera allí se había tornado densa como algodón y helada, tanto que estaban totalmente erizados de frío…
En ese momento Mile revivió y dijo, muy suavemente, como si su mente estuviera en otro lado: “Gatos, gatos, gatos…”
-Vamos, Mile…-dijo Mike, a la vez que la puerta finalmente se rendía a sus esfuerzos. Pronto estuvieron frente a uno de los ascensores y al llegar a la planta baja, sin pensarlo demasiado, fueron a golpear a la puerta del casero, por más que no era una hora muy apropiada para visitar a nadie.
El hombre que abrió la puerta era casi el mismo que los había atendido el día anterior. La diferencia era que éste tenía puesto un desteñido salto de cama, encima de sus pantalones de dormir. Los miró y sin aparentar sorpresa dijo:
-No trajeron gatos… -y luego de unos segundos- Pasen…
Mile y Mike lo miraron sorprendidos.

Mientras tenían en sus manos grandes tazas de té, en un cómodo sillón y ya casi recuperados del susto…
-Creo que se merecen una explicación. Era absurdo contarles esto antes, porque pensarían que estoy loco… o simplemente no se hubieran quedado con el apartamento…
-¿Qué tiene que contarnos?- dijo Mike.

-Como saben –comenzó- este edificio es muy antiguo, quizás más de lo que parece. En ese apartamento donde viven ustedes, hace muchos, pero muchos años, vivió un hombre muy extraño. No parecía malo, solo extraño. A su casa llegaba bastante gente, hombres, mujeres, y a veces estaban hasta altas horas de la noche. Me fui enterando por algunas de estas personas que este inquilino, del cual no diré el nombre, era lo que se llama un ocultista… o un espiritista, para ser más preciso. Gustaba de llamar espíritus de personas ya muertas, los traía, los llevaba, les hacía preguntas y les pedía cosas… Por eso era visitado por tanta gente. La mayoría de los visitantes buscaban conversar con los espíritus de sus seres queridos ya desaparecidos… otros le pagaban a este hombre para que los espíritus hicieran cosas por ellos, a veces cosas muy malas. Buscando socios y esclavos espirituales cada vez más poderosos –pues cuanto más poder más cosas podría hacer y más dinero podría ganar- invocó cierta vez un espíritu más fuerte que él. Pasado el tiempo, parece que tuvieron un desacuerdo, nuestro vecino lo quiso mandar nuevamente a su lugar de origen y el espíritu no accedió…
-¿No pudo con él?- preguntó Mile, a quien siempre le habían gustado la mística y el ocultismo…
-Lucharon… y nuestro inquilino murió… de un derrame cerebral dijeron, pero en realidad lo mató este poderoso ser…
-¿Y el espíritu?
-Siguió allí…
-Bueno, lo habrán sacado- dijo Mike
-Lo siento- dijo Carlos- pero todavía está…
-¡Todavía está!- los dos jóvenes se miraron inquietos. Casi parecía que iban a salir corriendo por la puerta en ese mismo momento…
El casero continuó hablando.
-Desde que nos enteramos que pasaba algo extraño allí, y les aseguro que no fue de una forma agradable que nos enteramos, quisimos echar a ese espíritu de ese apartamento.
-¿Quisimos? ¿Quiénes?
-La dueña del edificio y yo, claro. Tengo un amigo que es sacerdote y vino hasta aquí a conocer el problema. Se fue muy asustado. Llamó entonces a otro sacerdote que se especializa en exorcismos… y apareció con dos asistentes. Nada pudieron. Seguía pasando el tiempo y nadie podía vivir en el apartamento. Finalmente dimos con un conocido ocultista, también espiritista, que accedió a venir. Se encerró cuatro largas horas en el apartamento y al salir estaba cansado, parecía haber envejecido diez años y temblaba… Dijo que lo que estaba encerrado allí era una vieja y poderosa entidad del Antiguo Egipto… y que no conocía poder capaz de hacerla salir de donde estaba ahora. Pero que había una solución. Había algo que la entidad amaba y respetaba, seres con los que podía convivir espiritualmente…
-¿Gatos?- dijo titubeando Milena…
-¡Gatos! ¡Muy bien, señorita!
-¡No lo puedo creer!- dijo Mike
-Es por eso, estimados jóvenes, que para evitarnos más problemas decidimos exigir inquilinos con gatos, por lo menos con dos, pero dos está bien…
-¿Y con gatos todo es normal?- preguntó Mile
-Con gatos es mejor que normal… todo lo mal que los hizo sentir será a la inversa… esa entidad funciona así… sus problemas se resolverán más fácilmente, serán más optimistas, sus situaciones laborales mejorarán… ese ser ayudará a su felicidad.
-¿Y los anteriores inquilinos por qué se fueron?- preguntó Mike
-Al matrimonio que vivió en ese apartamento antes, le fue tan bien que se compraron una hermosa casa. La señora estaba encinta cuando se fueron de aquí, hace unos meses.
-¿Nos quedamos?- preguntó Mile, mirando a Mike.
-¿Quieres quedarte? Parece que siente especial atracción por ti…
-Nos quedamos…
-Bien… ¿Podemos quedarnos aquí hasta el amanecer?
-Claro que sí, quédense…
-Y ya sabemos qué es lo primero que tenemos que hacer por la mañana…-dijo Mile
-Buscar a Abel y a Diana…- dijo Mike, besándola suavemente en los labios.

Allí viven todavía muy felices y aseguran que no dejarán ese apartamento mientras no tengan dinero para comprar su propia casa. No les falta mucho… así que pronto aparecerá en un aviso de alquiler “Prohibido sin gatos”  …y todos nosotros sabremos de qué se trata.

                                          FIN