Queridos amigos y amigas, que terminen satisfactoriamente el año y les deseo lo mejor de lo mejor para el 2019. Para los que les está yendo bien… ¡Continúen así! Para los que no tanto, no pierdan la esperanza, ni las ganas… Por las sonrisas, la Ciencia Ficción y la Fantasía un gran abrazo desde Uruguay ¡Y FELIZ Y PRÓSPERO 2019!


sábado, 8 de diciembre de 2018

EL PRÓFUGO



Como me sucede muchas veces comienzo un relato con una idea, con algo que quiero manifestar y termino escribiendo algo bastante lejano. No vivo de lo que escribo ni de mi música y en mi vida laboral, que se relaciona mucho con la forestación –en mi país le llamamos “forestación” a todo lo relacionado con bosques de especies exóticas como pinos y eucaliptus, para uso comercial- me apasionan los incendios. Es casi una especialidad, no solo los incendios forestales –que involucran combustibles arbóreos- sino incendios en espacios abiertos en general. No solo me gusta la planificación –estrategias- para enfrentarlos sino –y más que nada- el combate más próximo. No es una patología ni nada, aunque quien me escucha o lea esto puede pensarlo; me gusta simplemente combatir incendios. Y admito que el fuego puede verse perfectamente como algo vivo, no solamente como una reacción química, sino como un ser vivo que luego de desatado en forma de incendio –un fuego descontrolado- come, crece y puede incluso reproducirse. Bueno, técnicamente la “reproducción” sería por focos secundarios, pavesas volantes y rodantes, no? Nada místico. Pero si lo pensamos, el incendio si bien está condicionado por cosas como los combustibles que va quemando –su alimento-, el clima y la topografía, podemos tomarlo como un ser vivo. En fin. Sobre eso quería escribir; un rotundo fracaso porque escribí esto:


“Ella ciertamente era extraña. Claro que no podría definirla así, rápidamente… es como si fuera extraña en un segundo plano o quizás en un tercero. No es como cuando miras a alguien y dices “¡Qué persona extraña!”… no, no era así con Lina Linita. Era necesario mirarla mucho y muy profundamente para darse cuenta de que en su interior había algo raro y muy particular, algo que a veces me daba un poco de miedo y quizás hasta una pizca de horror.”
                                                    Fragmento de “Comentarios profesionales” de Bepun Okete.

                                      EL PRÓFUGO
El detective Bepun Okete observó pensativamente el nuboso edificio calcinado. Bajo las cortinas de agua que habían tejido los bomberos las llamas se habían apagado casi completamente, pero ahora todo estaba lleno de un espeso humo mezcla de vapor de agua y otros gases que aún escapaban de las moribundas combustiones.
Como Detective Esclarecedor de Crímenes de Todo Tipo  no tendría que sentirse sorprendido ante un incendio, pero este tipo de fenómenos hasta hacía corto tiempo habían sido prácticamente desconocidos en Tinki –también llamada por muchos La Ciudad de la Felicidad Compartida- y éste era ya el séptimo en veinte rotaciones. Era demasiado.
Algo extraño y terrible estaba sucediendo.
A medida que el agua seguía cayendo y exterminaba todo fuego y todo calor que pudiera revivirlo,  también el humo se fue disipando.
De la construcción solo quedaba el esqueleto.
Un equipo de recuperación estaba aguardando para comenzar a buscar posibles víctimas en los restos y Bepun estaba preparándose para acompañarlos cuando una voz femenina lo llamó suavemente.
-¿Detective Okete?
Se volvió algo sobresaltado hacia la voz.
-Disculpe- dijo –Es que estaba un poco abstraído- dijo, señalando la construcción-¿En qué puedo ayudarla?
-Lamento haberlo sobresaltado –dijo, ofreciéndole su mano en gesto de saludo- Soy la Dra Lina Linita, del Centro de Estudios del Fuego.
-Ah, sí, mi jefe me comentó que usted vendría- le dijo, mientras le correspondía el saludo. La doctora era joven y bonita. Esperaba que también fuera inteligente y capaz, porque estaba seguro de que esas cualidades serían necesarias.
-Es horrible eso ¿No?- dijo Lina
-Lo es. Hasta ahora van diez muertos, treinta y dos heridos y muchísimos evacuados. Y no sabemos que encontraremos ahí dentro.
La expresión de la doctora lo hizo continuar.
-¿No le explicaron que este es el séptimo en veinte rotaciones? Estadísticamente es imposible, así que algo terrible está provocándolos. Algo monstruoso.
-Tiene razón, si no estuviera sucediendo se diría que esto es imposible…
A continuación Lina se explicó  –Las estadísticas se basan en los sucesos y en las ciudades humanas como ésta sencillamente no hay incendios, no incendios de importancia y la razón es obviamente que solo se utilizan fuegos domesticados. Todo el fuego utilizado tiene una ascendencia de docilidad y hasta de amabilidad que garantiza su buen comportamiento.
-No sabía esos detalles- admitió Bepun.
-¿Cuántos incendios ha tenido que ver en esta ciudad en los últimos años?-continuó la doctora.
-Pues, muy pocos… y ninguno tan destructivo como éste… y los otros.
-La razón es la que le mencioné. El fuego que legalmente se puede utilizar es incapaz de provocar daños importantes; iría contra su naturaleza.
-¿Pero no existiría la posibilidad de que algún ciudadano quisiera causar daño y utilizara algún dispositivo con fuego, un explosivo o algo así?
-No, es imposible. Los fuegos que se utilizan aquí jamás se prestarían para hacer daños de relevancia a propiedades y menos aún a ciudadanos.
-Tiene que haber alguna explicación…
-¿Las víctimas tienen algo en común?
-¿Pero qué sentido tiene saber si tienen algo en común si sabemos que es imposible que esté sucediendo lo que…-titubeó-… lo que está sucediendo?-. Pronto cayó en la cuenta de lo tonto de su excusa.
-Pensé que habría buscado si las víctimas tenían alguna relación… -dijo Lina Linita, algo desconcertada- En fin, si encontramos que las víctimas tenían algún tipo de vínculo, creo que no solo nos acercaremos al criminal sino posiblemente lo hallaremos… y sus motivos.
Bepun la miró. La joven parecía muy segura de sí misma y de lo que estaba diciendo. Es lista, pensó. Afortunadamente, porque estos sucesos lo tenían a mal traer.
-Tenga confianza en mí –le dijo ella- No soy detective pero haré mi mejor esfuerzo y más aún para descubrir al culpable de esto- dijo, señalando la construcción –El fuego no tendría que ser utilizado para destruir vidas inocentes… Y llámeme Lina- terminó diciendo.
-Bepun seré para usted, doctora… Lina… y gracias por su ayuda. Sabrá que aquí  no hay muchos crímenes… en realidad casi nunca hay crímenes y jamás había visto algo de tal gravedad.
-¿Nunca investigó un asesinato?
-Oh, sí… bueno, investigué hace algo más de cinco años una muerte que parecía un asesinato… pero resultó ser un accidente por lo que las únicas causas de muerte aquí podría decirse que son la vejez, alguna enfermedad tratada a destiempo y algún accidente muy desafortunado, que también son escasos. Se imaginará entonces lo conmocionados que estamos todos con estos horrores. Así que si bien he  investigado todo tipo de delitos, de los delitos que suelen cometerse en un lugar pacífico como éste, nunca, jamás, imaginé investigar algo de tal gravedad como lo que está pasado ahora. Hasta creo a veces que esto es una pesadilla y que me despertaré y estos incendios y muertes no habrán existido.
-Lo siento… es una pena que en una ciudad tan pacífica esté pasando esto; también lo siento por usted. Pongámonos a trabajar. Si perseveramos seguramente  descubriremos a los culpables.
-Ojalá fuera tan sencillo, doctora- se dijo Bepun, casi para sí.

Fueron jornadas de mucho trabajo las que siguieron. Investigar exhaustivamente  una a una las escenas de los crímenes, buscar posibles vínculos entre todos ellos, buscar, buscar, buscar…Lina Linita estaba segura que encontrarían algo en común, algo que los uniera, la cuerda que los ataba a todos a su horrible destino… Bepun en tanto sentía que el respeto hacia la joven iba creciendo. No solo era inteligente sino también perseverante y además tenía un talento especial para todo lo relacionado con el fuego.
Eso definitivamente le había llamado la atención, pues tenía una curiosa forma de investigar. Estaba claro que eso de olfatear  en los restos muertos de materiales sofocados, arrasados, quemados por el fuego, tomar entre las manos las cenizas, revisar texturas o contemplar por largos ratos los restos, incluyendo los humanos, no era una forma muy ortodoxa de encarar la investigación.
Pero ella además de que no atendía exactamente las reglas científicas de la investigación, obtenía resultados, algunos sorprendentes.
-Los incendios tienen una causa común- le dijo cierta vez a Okete cuando estaban en una cafetería, comiendo un sándwich, con grandes tazas de café ante sí. Era la pausa del mediodía y era la única  que se tomaban durante sus largas horas de trabajo.
El detective casi estuvo a punto de bromear diciendo “El fuego”… pero no lo hizo. La seriedad de Linita era abrumadora y no inspiraba a nadie para hacer bromas.
Ella lo miró –Sabemos que fue el fuego, obviamente, pero hay muchos tipos de fuego y éste, fue el mismo fuego.
Bepun sorbió su café, pensativo. Había algo que lo ponía nervioso en Linita; parecía que en algunos momentos podía leer su mente o por lo menos adivinar lo que estaba pensando.
-¿No puedes leer mi mente, o sí?- le dijo abruptamente.
-¿Cómo podría hacerlo? ¿Te ha parecido?
-Si, por momentos… o pueden ser solo casualidades… ¿Qué me decías del fuego?
-Que fue el mismo tipo de fuego y estoy casi, pero casi segura de qué cosa tenían en común todas las víctimas.
-¿En serio?- el hombre se sobresaltó y la miró con sorpresa. Estaba seguro de que los ojos de la chica habían brillado de forma extraña o algo muy brillante se había movido allí dentro... Pensó que era por el reflejo de los rayos del sol en el jarrón con flores del centro de la mesa o algún otro efecto óptico.
-¿Sucede algo?- le preguntó Linita
-No, nada en absoluto… creo que el cansancio me está haciendo ver y pensar cosas extrañas –dijo, en tono de disculpa y a continuación exclamó-  ¡Es muy buena noticia, el primer avance importante en nuestra investigación! ¿Puedes explicarme?
-Me imagino que sabes que hay distintos tipos de fuego…
-Si… algo me has comentado.
-Los humanos, como también te he dicho, solo utilizan fuegos domesticados, fuegos que desde hace mucho tiempo se utilizan para cocinar o para calefaccionar… están acostumbrados a convivir con los humanos y los humanos están acostumbrados a convivir con ellos. Esos fuegos no queman casas, ni dañan personas…
-¿Ni aún si se manejan con imprudencia?
-Sea queriendo hacer un daño intencional o usándolo con negligencia, el daño, en el peor de los casos, sería limitado… Jamás habría un incendio de importancia. Te recuerdo que un incendio es un fuego sin control y los fuegos que nosotros utilizamos prácticamente se autocontrolan…
-Y entonces…
-Ya lo has adivinado, me supongo.
-Los fuegos que ocasionaron estos incendios no eran fuegos domesticados…
-¡Muy bien! ¡No lo eran!
-¿Pero existen los fuegos no domesticados?
-¡Claro! ¿Oíste hablar de Binaldo Binín?
-No… nunca.
-Fue un prestigioso escritor, naturalista y viajero. Visitó casi todos los rincones de este mundo y escribió sobre muchas cosas que encontró en sus viajes. Hay un fragmento muy hermoso de uno de sus libros que dice… “Cuidaos de los fuegos salvajes que brincan libremente por las praderas; cuidaos de esas llamas impetuosas que cabalgan en las sabanas; apartaos de su paso si por casualidad parecen excesivamente amistosos o curiosos.  Huid, huid si es necesario, porque no encontraréis seres más ardientes y hambrientos”.
-¿Fuegos salvajes? Entonces existen…
-¡Claro que existen! Y ellos parecen ser…
-…los culpables de estos incendios- Bepun terminó la frase.
Lina sonrió.
-Así que fueron ellos- murmuró ensimismado Bepun… -¿Pero qué hacen aquí? ¿Por qué no están en sus llanuras, en sus praderas…?
-Tengo una idea, pero primero debemos confirmar  una sospecha…
-¿También sabes qué tenían en común?
-No con seguridad… por eso es que tenemos que confirmarlo.

Y allí están, frente a un gran edificio, la Fábrica de Cerillas Dulce Hogar, un lugar que parecía totalmente desierto.
-¿Esto es lo que tenían en común?- le preguntó suavemente Bepun a Linita.
-Me temo que sí… Todos los hogares incendiados usaban estas cerillas.
-Pero qué… -el detective dejó en suspenso la pregunta, pues muy lejos, en el borde de su conciencia, tintineaba algo que podía ser la respuesta.
-Está cerca, detective… para hacer cerillas se utiliza fuego domesticado, pero si alguien quisiera hacer daño a los humanos, nada más sencillo que tomar fuegos salvajes y encerrarlos en las cerillas que todo el mundo usará en sus casas.
-¿Eso es lo que pasó?
-Eso es lo que creo que puede haber pasado. La forma de averiguar qué tan cierto es, pues, es entrando aquí… con cuidado. Pero antes…- dijo
-¿Antes qué tenemos que hacer?
-Necesito algunas cosas del portaequipajes.
Ambos retrocedieron unos pasos hasta el carro automóvil y ella abrió la puerta del portaequipajes. Dentro había un envoltorio brillante que contenía algo parecido a un traje enterizo, totalmente plateado. El traje incluía un casco del mismo material con un gran visor transparente.
-Esto es para ti- le dijo a Bepun –Es resistente al fuego- le dijo, para tranquilizarlo.
-¿Me lo puedo poner por encima de todo mi ropa?- le preguntó éste incómodo.
-¡Claro! Por encima es mejor…
-¿Y tú?- le preguntó preocupado, mientras miraba con todo detalle el traje.
-Yo llevaré estos- le dijo, mientras le mostraba una hilera de pequeños recipientes de un material que no reconoció, que conectados entre sí le cruzaban su pecho en bandolera. Advirtió que del último recipiente, salía una especie de apéndice alargado con algo muy parecido a un embudo aplanado en la punta.
-¿Y eso?-
-Esto es lo que terminará con nuestros problemas. ¡Aquí los encerraré!
-¿Pero cómo?
-Si esos fuegos salvajes están allí, los convenceré de que entren aquí y de aquí irán a la cárcel…
-¿Pero cómo harás eso?-preguntó angustiado Bepun.
-Mira… los golpeas un poco, los atontas, los apuntas con esto –hizo un gracioso gesto con la larga boquilla- y ella los captura y los guarda aquí… ¡Será sencillo! –luego reflexionó- No será demasiado sencillo en realidad pero tampoco espero que sea muy difícil. Sería deseable que todos estén allí… y el olfato me dicen que sí están… -acto seguido marchó hacia el edificio- Cúbrete por completo con eso, por favor, que no quiero que salgas herido y este lugar creo que pronto se pondrá peligrosamente caliente- dijo sonriendo.
El detective revisó los cierres del traje que lo encerraba de pies a cabeza y siguió a la chica que animosamente se dirigía a la puerta del edificio.

Mientras Lina caminaba enérgicamente hacia la puerta, recordaba el diálogo que había tenido con su padre unos días atrás.
“-Hija, Ikhan se ha fugado.
-¿Cómo?
-Fue liberado… No todos los integrantes de su facción estaban encarcelados y ellos lo han liberado.
-¡Con ese estúpido suelto no tendremos paz! ¿Sabes dónde está?
-No está en las llanuras… ha huído a los territorios humanos.
-¿Allá? ¿Para qué?- dijo sorprendida.
-Para hacer daño… a los humanos y a nosotros; debes ir a buscarlo.
-¡Pero padre, estoy estudiando!
-Y seguirás estudiando cuando regreses con él encadenado; pero eres una de las pocas de nuestra especie con suficiente poder para capturarlo a él y a sus secuaces sin alborotos ni apuros y regresarlos aquí.
-No me gustan los humanos, ni lo que hacen con nuestros primos…
-No tienen por qué gustarte; ellos son como son. Pero estamos en paz y así deberemos seguir. El comercio entre nuestras naciones está pasando por un muy buen momento y no podemos arriesgarnos a que sufra daño por Ikhan y sus secuaces.
-Entiendo tus razones y también que el tiempo apremia… pero no será tan sencillo encontrarlo…
-Hablé con algunos de mis contactos humanos y ya hemos pensado en algo…
-¿Algo como qué?- dijo ella desconfiada.
Su padre se lo explicó brevemente.
-¡No!
-¡Por favor!- imploró él- No te lo pediría si no fuera importante… y necesario.
Ella lo miró –Está bien- dijo finalmente- Mañana al amanecer iré a las tierras humanas; y no regresaré sin traer a esos maleantes a prisión.”
Había tenido que hacerse pasar por humana, trabajar con un humano y rastrear a los fugitivos, que lamentablemente estaban haciendo más daño del esperado. Pero estaba casi segura que la búsqueda se terminaba aquí.
Al empujar la puerta principal, una bola de fuego lanzada desde el interior chocó contra el cemento y el metal, chamuscándolos y dejando una nube oscura…
-¡Nos atacan!- gritó Bepun -¡Nos descubrieron! –dijo luego.
-Tranquilo… eso confirman que están aquí… ¿Puedes mirar hacia otro lado mientras me pongo cómoda?
-¿Ponerte cómoda?- dijo, mientras Linita comenzaba a sacarse los recipientes por el cuello y luego a desvestirse…
-Si, si, pero…
-Te lo explicaré luego… Cuida mi ropa.
De pronto una explosión de calor comenzó a hacer sudar a Okete… -¡Qué diablos!- se dijo. Lina Linita ya no estaba… ¡En su lugar había una increíble y monstruosa figura llameante! Ni siquiera tenía forma humana; era… otra cosa, una cosa que dejó la ropa de Linita cuidadosamente doblada a un costado.
Luego, la chica atravesó rápidamente la puerta, esquivó proyectiles de fuego, retuvo algunos con una especie de escudo que pareció brotar de su brazo izquierdo y se lanzó sobre los atacantes con una especie de arma que le pareció un bastón o más bien un martillo… lo usaba como martillo… A una velocidad increíble golpeó a todos los que se le pusieron delante y los iba encerrando en los recipientes… Uno a uno… Algunos quisieron escapar pero otras armas arrojadizas, bolas de fuego, venablos ardientes, cuchillos en llamas, los terminaron abatiendo y luego se le hizo sencillo atraparlos. Bepun estaba asombrado ante la eficacia de la chica porque no solo lanzaba contra sus enemigos todo tipo de armas sino que simultáneamente con su escudo y su martillo de largo mango, hechos de puro fuego, hacía estragos en sus oponentes… ¡Sus adversarios no eran rivales para ella! Excepto uno quizás, uno que estaba claro que no sabía si huir o presentar batalla y que al final, luego de un cruce de golpes un poco más prolongado de lo normal, con chispas, explosiones flamígeras y mucho, pero muchísimo calor, terminó de rodillas, humillado y supuestamente fuera de combate, pues su fuego había  bajado muchísimo de intensidad… vencido, el artefacto de la chica flamígera lo capturó.
Y en pocos minutos, que a Bepun le parecieron muchos, todo había terminado.
Ella, aún en su forma natural exploró todo el lugar y si bien encontró que  ya había fuegos salvajes encapsulados en cajas de cerillas ya no quedaba ninguno en libertad.
La misión era un éxito y el lugar ya era seguro.
Lina Linita se detuvo junto a su ropa y Bepun se alejó y le dio la espalda… tardó algo de tiempo en mostrarse nuevamente con su aspecto humano.
-Disculpa la demora- le dijo, luego de tocarle el hombro- pero el proceso de transformación es mucho más lento en un sentido que en otro.
Bepun Okete la miraba incrédulo. Si bien la pantalla transparente delante de sus ojos le había dado algunos problemas, había observado todo el combate con bastante comodidad y no dejaba  de asombrarse… Su compañera había vencido a una docena de fuegos salvajes en un manojito de minutos… Ya se había sacado parte de la protección y estaba totalmente empapado por el sudor que le había provocado la batalla -aunque él lo único que había hecho era observarla- cuando no soportó más y le preguntó:
-¿Qué eres? ¿Cómo es posible que los hayas derrotado tú sola?
-Soy una de ellos, un fuego salvaje, pero de los buenos –dijo apenas sonriendo, como disculpándose-. Tenemos negocios con los humanos y éstos, estos delincuentes, vinieron aquí a perjudicarlos. Pensaban que atacándolos, vuestro gobierno recibiría presiones para no negociar más con nosotros. Ellos no quieren la paz entre las distintas criaturas y mucho menos con ustedes… Quienes nos gobiernan creen en la paz, en la convivencia, así que me enviaron a capturarlos.
-¿Sola?
-Como viste, pude resolver esto sola. Ustedes los orgánicos le temen a cualquier fuego… pero yo soy una especie de protectora, una guerrera. Me entreno para el combate, estudio para ser mejor, para ser más eficaz contra cualquiera… contra criaturas de fuego, de agua, de aire o de tierra y toda la variedad de orgánicos que existen.
-¿Eres una soldado? –dijo con voz de asombro- Pero están en paz ahora…
-Si… afortunadamente. Hay que disfrutar de la paz… Pero hubo uno de ustedes, un humano, que vivió en el planeta de donde todos ustedes son originarios que dijo algo así como que “En tiempos de paz, prepara la guerra”… Y esto significa mi estimado Bepun, como lo hemos visto, que la paz no es eterna, aunque eso quisiéramos. Tiene que haber seres como yo, preparados para lo peor.
-Y a ellos… ¿Los encarcelarán a todos en tu tierra?
-Por supuesto… y los cuidaremos mejor que la primera vez.
-¿No creen que podríamos custodiar a alguno de ellos aquí?- su voz sonaba entre desafiante y apenada.
-¿Crees que podrían hacerlo?- preguntó ella, algo divertida.
-¡Claro que sí!- afirmó Bepun.
-Pues toma… custodia a estos…- Lina sonrió y le lanzó una caja de cerillas “Dulce Hogar”.
Él la tomó en el aire y se quedó mirándola.
-¿Pero sabes qué pasaría si enciendes una de esas cerillas, no? Lo que tienes ahí dentro son  fuegos salvajes…
“Maldita mi bocota” murmuró Bepun para sí. –La encerraremos en un lugar muy seguro-dijo, ya arrepentido de haber aceptado las cerillas.
-Si es un lugar sin oxígeno será más seguro- le dijo ella, despidiéndose -Pero si crees que la custodia puede ser molesta, engorrosa o complicada, solo avísanos y alguien vendrá a buscarlos-
Se despidieron con un apretón de manos primero y luego con un abrazo. Bepun juraría que la temperatura corporal de Linita era casi la de una persona normal… ¿Cómo haría eso?
Agradeció a partir de ese día vivir en paz con criaturas como ella… porque si bien los prófugos de fuego habían hecho mucho daño, se imaginaba lo terrible que sería ser atacados por una criatura como Lina…
Ella ya se marchaba cuando Bepun le gritó -¡Lina! ¿Tienes novio?
Ella se dio vuelta, a punto de subir al automóvil.
-¡Soy demasiado ardiente para tener novio!- dijo, riéndose, a la vez que le lanzaba un beso que hubiera jurado le quemó los labios.

                                          FIN









EL REGALO


En la provincia de Córdoba, en la República Argentina, hay una ciudad que se llama Alta Gracia. Allí nació el Che y allí tengo una amiga. A ella le dedico este cuento.

A Fabiana M.

                                       EL REGALO
-¿Y esto me traes? ¿Esto…?
La miré, sin saber qué responder.
-¿Cinco años navegando entre las estrellas, visitando decenas de planetas y me traes esto?
-Pero es que siempre te estás quejando de que el tiempo no te alcanza, de que las horas del día no son suficientes para hacer todo lo que tienes que hacer, que necesitas ayuda…
-¿Ayuda? Claro que sí… un androide o dos me ayudarían ¿Pero esto? Y si las horas del día no me alcanzan es porque tengo no solo que realizar las tareas domésticas sino también trabajar para poder mantenernos, porque una persona que estoy viendo ahora mismo a veces se olvida de enviar dinero a su hogar…
La conversación estaba tomando un rumbo totalmente indeseado, por lo que miré hacia la puerta que daba a la calle.
-No te vas a ir- dijo ella –Recién llegaste así que no te vas a marchar- El tono en que lo dijo disipó cualquier duda que hubiera al respecto              -¿Quieres decirme que es esto?
-Ni siquiera dejaste que te lo explicara…
-Es que no se parece a nada… no tiene ruedas ni patas, así que no  puede hacer tareas en la casa ¡Que es justamente lo que yo necesito!
-Tranquila- dije- No funciona caminando ni rodando; lo único que hace es modificar el tiempo- mi tono sugería misterio y algo trascendente… ¡Modificar el tiempo era algo muy trascendente!
-¿Modificar el tiempo?
-Solo eso… puede hacer que un día normal de 24 horas dure, no sé, cuarenta horas… -estaba seguro de que le había llevado el mejor regalo que hombre alguno le hubiera hecho a su esposa alguna vez.
-¿Y qué ventaja tiene eso?
-¡Que puedes hacer muchas más cosas, claro! En esas 24 horas podrás hacer todo lo que harías en 40 horas… Los días te rendirían más y el tiempo te alcanzaría para todo –dije con una sonrisa, como si hubiera demostrado un importante teorema-
-Y me imagino que no me cansaré como si trabajara 40 horas sino como si fueran solo 24… ¿No?
-No, no sé…-dije dubitativo. La verdad que eso no le había preguntado al vendedor –Lo que sí sé es que el vendedor me dijo que era el último grito de la tecnología y me garantizó que me abrazarías y besarías al darte este obsequio- Finalmente la miré a los ojos, aunque tenía la sensación, la corazonada, de que las cosas no estaban sucediendo como yo quería.
-¿Así que te dijo eso? ¿Y por ventura no te dijo que para que algo de eso sucediera, besos y abrazos, a eso me refiero, tendrías que cambiar este trasto, este modificador temporal de morondanga por dos androides domésticos sin ningún uso, brillantes y de última generación? ¿Eso no te lo dijo? ¡Necesito algo REAL que me ayude en mis tareas, no esto!- dijo señalando al reluciente artefacto.
Esta mujer siempre había tenido la habilidad de dejarme sin palabras o por lo menos obligarme a elegirlas muy bien.
-En realidad no… pero ahora que lo dices, seguramente es algo que puede arreglarse. Ya regreso.
Salí casi corriendo. Fui directamente a una casa de electrodomésticos a comprar dos de los más modernos autómatas que tuvieran. Tenía dinero para ello. Nunca entendí por qué se me había metido en la cabeza que el modificador temporal le iba a gustar más que un androide, o dos, que la ayudaran en las tareas de la casa.
Pensándolo bien, recordaba una expresión divertida en el semihumano que me había vendido el aparatejo… ¿Sabría en ese momento que mi regalo sería rechazado? ¿Veía el futuro?
Todos esos razonamientos escapaban a mi entendimiento. Lo que tengo claro es que más tarde lo pondré a la venta en un mercado virtual, vendelascosasquetetiranporlacabeza.com o algo así; eso sí lo tengo claro. Si les interesa, solo comuníquense.
                                       FIN




jueves, 29 de noviembre de 2018

EL MEJOR EJEMPLO


-¿Usted no cree entonces que su libro es alarmista?-le preguntó la joven periodista Tula Tulana al escritor River Rivergreen.
-No, para nada… Creo que es realista.
-¿Pero le parece que “Violentos y carnívoros” es un libro que trate de algo real? ¿No contiene solamente hipótesis y posibilidades lejanas? ¿No está lleno de puras subjetividades suyas?
El escritor miró a la periodista y luego contestó:
-No… El título del libro es una advertencia y el contenido del libro también lo es; y nosotros somos el mejor ejemplo de lo que digo en él.
-¿El mejor ejemplo?
-Exactamente. ¿Cuántos años cree usted que tardaremos en salir del Sistema Solar y encontrar planetas habitables e incluso alguno parecido a éste?
-Pues no sé… ¿Cien años quizás?
-¡Bien! ¡Una estimación muy razonable! Por mi parte espero que en el 2070, o sea dentro de cincuenta años, ya tendremos naves en viaje, con los mejores motores y soportes vitales que la Humanidad tenga disponibles…
-Dentro de su pesimismo ese es un dato positivo…
-No soy pesimista, soy realista y recuerde que la duración del viaje, si bien dependerá de la tecnología que dispongamos en ese momento, podrá medirse en decenas de años…
La periodista lo miró pensativa, como si estuviera sacando cuentas mentalmente.
River continuó -Ahora bien, trataré de explicarle por qué somos  el mejor ejemplo de los que nos puede pasar si somos, acaso, “descubiertos” por otra especie; nosotros nos llamamos seres civilizados… ¿Usted se considera civilizada?
-¡Por supuesto!
-Y por casualidad… ¿Usted caza? ¿O ha cazado alguna vez?
-¿Cazar? –dijo escandalizada -¡No, es horrible!
-Pero sabe que a muchos humanos les gusta cazar…
-Si, eso sí lo sé… A mi padre le gusta y a alguno de mis tíos y también a dos de mis hermanos…
-¿Y cazan para comer o por placer?
-Supongo que por ambas cosas…
-Pero si no cazan comen igual…
-¡Claro!
-Entonces podría decirse que cazan por placer…
-Si, podría decirse- dijo ella avergonzada.
-¿Usted come carne?
Ella lo miró, seguramente preguntándose adónde quería llegar River con sus preguntas y contestó…
-No mucho, ocasionalmente-
-¿Ocasionalmente?
-Soy básicamente vegetariana pero mi novio come carne y en ocasiones comemos carne asada juntos, un bistec… usted sabe, a veces con velas, vino…
-Si, muy romántico… ¿Usted es consciente de que  toda la carne y toda la materia vegetal que consumen usted y su novio vienen de otros seres vivos?
-Este… si, lo sé…
-La carne de la vaca que comen es de un animal asesinado y dividido en pequeños trozos, tan pequeños que le permite a usted o a su novio meter esa fracción de carne en una parrilla o en una plancha caliente…
Tulana lo miró con una expresión desagradable. Rivergreen continuó:
-Los vegetales también son seres vivos… y no solo eso, también, al igual que las vacas, tienen conciencia…
Ella lo siguió mirando. Estaba tratando de no pensar y se la notaba molesta, pero el escritor no se detuvo.
-Me dijo que se consideraba una persona civilizada y supongo que también a su novio lo considera civilizado y puedo pensar que nos considera a todos los humanos civilizados…
-Pues claro- dijo ella sin mucha convicción.
-Somos civilizados… y sin embargo matamos para comer y a veces por placer… y lo aceptamos.
-Pues…
-Lo que quiero decir es que a pesar de que nos digamos “civilizados”, somos una especie que mata a otras, animales o vegetales, para comerlos.
-Ah, pero…
-¡Es un hecho! Somos asesinos, matamos a otras especies para comer o por placer, disfrutamos comiéndolos y pronto estaremos entre las estrellas… ¿Se imagina lo que pasará si llegamos a un planeta donde hay otras especies? No parecidas a nosotros, no, serán algunas que podamos catalogar de “inferiores”, menos inteligentes, o más bien, algunas que no logren demostrar por la fuerza que son igual o más inteligentes que nosotros…
-¿Qué sucedería?- preguntó angustiada la joven.
-Sucederá lo que posiblemente usted y yo pensamos que sucederá… Lo único que espero es que el sabor de la carne de esos seres no sea del agrado de nuestros colonos.
-¿Cree que haríamos eso? ¿Matarlos y comerlos?
-No me extrañaría que algo así sucediera…
-¿Usted no cree que podemos cambiar?
-Creo que podemos cambiar, claro… algunos de nosotros estamos cambiando, pero como especie lo estamos haciendo más lentamente de lo que tendríamos que hacerlo. Y le aseguro que desperdigarse por las estrellas en muchos casos no ayudará a este progreso.
-Perdóneme… ¿Pero aparte de hacerme sentir mal, para qué me explica todo esto?
-Imagínese por un momento que somos descubiertos aquí y ahora por una especie civilizada, pero no tan civilizada como dicen ser, una especie como nosotros en fin, pero tecnológicamente más avanzados… lo suficientemente avanzados tecnológicamente para que no seamos rivales para ellos en una lucha por el predominio planetario…
-¿Nos invadirían?
-¿Por qué no? Si piensan que tenemos recursos que ellos necesitan, podrían hacerlo…
-¡Sería horrible! ¿Y nos derrotarían?
-Si… Mi idea funciona si ellos son capaces de derrotarnos.
-¿Su idea? ¿Pero qué idea asquerosa es esa?
-¡La de que somos el mejor ejemplo! ¿No se lo había dicho ya?
-No le entiendo…
-Imagine que, civilizados y todo, les gusta el sabor de la carne humana…
-¡Pero no pueden comernos!- dijo Tula, escandalizada.
-¿Por qué no? ¿Qué les impide trozarnos y comernos? ¿Su “civilización”? ¿La nuestra? Piense… ¿Quiénes somos nosotros para cuestionar cualquier decisión que ellos tomen? Claro que queremos sobrevivir… ¿Pero los animales que nos comemos no tienen derecho también a vivir hasta la vejez o hasta que una enfermedad los mate?
-O hasta que un carnívoro se los coma…
-¡Por supuesto! Y ese es el punto… ¿Qué nos distingue a nosotros de un león o un tigre o de un lobo que cazan para comer?... ¡Nada! Bueno, quizás algo… que ellos no matan por placer y nosotros sí.
Y creo que el malestar de los lectores con mi libro consiste en que escribo sobre esa posibilidad, de que algo así nos puede suceder y si nos sucede, no será nada extraordinario, nada sorprendente… Por algo nosotros somos El Mejor Ejemplo.
-¡Es terrible! ¿Y no podemos hacer nada?
-Insisto en que para el ejemplo funcione, podemos luchar, pero no vencer…
-¡Me angustia no poder hacer algo para salvar mi vida!
-Le podría sugerir algo…
-¿En serio? ¿Qué tengo que hacer?
-Cambie su perfume- le dijo Rivergreen sonriendo –Su perfume llama a todo depredador en un radio de cien metros- le siguió diciendo, ya riéndose a carcajadas.
-Lo haré- le dijo sonrojada la periodista –Sin duda que lo haré… y no entiendo por qué su buen humor, siendo algo tan serio.
-Tula… es solo una posibilidad entre tantas. No se preocupe más ni pierda el sueño por esta charla.

Dos años después, cuando tres masivas lluvias de meteoros que no resultaron ser meteoros cayeron sobre la Tierra y comenzó la invasión, muchas personas –entre ellas una aterrorizada Tula Tulana- recordaron a River Rivergreen y a su polémico libro. Temblando y mientras pensaba en donde podría esconderse, se preguntó también si el haber cambiado de perfume la ayudaría en algo.
                                            
                                                  FIN