Luego de largos meses vuelvo a publicar aquí. A partir de ahora procuraré no perder continuidad, ya que he avanzado lo suficiente en cuentos y novelas para darle periodicidad a las publicaciones, luego de un año pues, familiarmente difícil... Mi nombre es Pablo Daniel Rodríguez Remedios, escritor, cantautor y fan de la ciencia ficción y de la fantasía. Gracias a todos por estar ahí y en especial a mi amiga del alma, la excelente poetisa Salma Hassan ¡Un abrazo fuerte a todos!

lunes, 17 de enero de 2011

360 AÑOS DE CÁRCEL

El coche avanzaba a gran velocidad por las calles suburbiales, sucias y poco frecuentadas por las que había planeado escapar. Cinco calles al norte. Había seleccionado cuidadosamente la ruta de escape. También había elegido con gran cuidado la hora del secuestro. Sería a las tres AM y esperaba que todos durmieran… todos dormían. Giro a la izquierda y tres calles al oeste. Afortunadamente el único dispositivo de seguridad que había en la casa era un perro, que no llegó a despertarse… lo durmió cuidadosamente con una ampolla de gas. Luego utilizó otra ampolla rota entre los dedos enguantados de una de sus manos para dormir a su objetivo de turno. Giro nuevamente a la izquierda y seis calles al sur. Con el a cuestas bajó las escaleras, abrió una puerta lateral del coche y lo depositó en un asiento. Lo esposó de pies y manos y cubrió su boca con un tejido adhesivo, por cualquier imprevisto.  Giro a la derecha y tres calles al oeste. Luego de arrancar el coche comenzó el recorrido planificado. Pero algo salió mal. Un coche patrulla y luego otro comenzaron a perseguirlo. Quizás alguien de la casa se había despertado y dado la alarma. El escandaloso sonido de las sirenas y los fogonazos amarillos y rojos de sus luces eran un insulto a su plan, a su limpia y ordenada operación…Pero le habían advertido sobre esto así que si bien estaba molesto no estaba totalmente fuera de lo previsto. Se escaparía igual. Dos calles y giro al oeste.

Cuando vi el aviso en el periódico sentí, no se por qué, que ese trabajo podía ser para mi. Pedían gente con experiencia militar o policial o ambas cosas, que pesara más de 80 kgs y midieran más de 1,85 mts. Que preferentemente hablaran otros idiomas además del inglés y que además estuvieran dispuestos a aprender nuevos. Pedían además, por lo menos, educación secundaria completa o instrucción similar. Con todo eso cumplía. Siempre me han gustado los idiomas aunque además del inglés, mi idioma natal, solo hablaba bien el español. Pero chapurreaba el portugués, italiano y el francés y sabía insultar en ruso y en chino. Mi educación pasaba bastante la media. La milicia me había proporcionado conocimientos extras de varios temas. Pero lo más importante era que ya no me quedaba ni un centavo… ¡Estaba quebrado! Pensé por un momento que estaban reclutando mercenarios para algunas de las tantas guerras que había por el mundo, pero en ese momento era algo que no me preocupaba demasiado… me encantaba el contenido del rectángulo de papel y  me había caído en el momento justo. Así fue que tomé el teléfono y coordiné una cita para la mañana siguiente.
¡Qué sorpresa me llevé cuando me enteré que mi posible empleador era una subsidiaria de la INTERPOL, la policía planetaria! Y mayor fue mi felicidad cuando luego de horas de cuestionarios, tiempo en el que además seguramente husmearon hasta los mínimos detalles de mi vida de los que hubiera registro, me dijeron que estarían muy complacidos de aceptarme como funcionario con contrato a dos años, para empezar, me dijeron. Al día siguiente comenzaría mi adiestramiento… llevaría tres meses mínimo dominar los conocimientos básicos para poder desempeñarse en ese trabajo. Pero no me importaba demasiado, pues dormiría y comería –¡con tres comidas diarias!- en las instalaciones de mis empleadores… me dio un poco de vergüenza pedir para cenar allí  esa misma noche…

Tres calles y giro al norte. Activé el mecanismo de apertura de un enorme portón que daba a un gran depósito abandonado y cuando estuve frente a el, a media calle, ya estaba abierto totalmente. Le llevaba la suficiente ventaja a las patrullas como para desaparecer allí sin ninguna posibilidad de que me encontraran. Esperaría unas horas. Luego, cuando estuviera seguro de que la policía había renunciado a mi búsqueda seguiría viaje hacia mi cuartel. Desenvolví un sándwich y me serví un poco de café de un termo. Todavía estaba caliente, aunque no era muy buen café. No entendía muy bien porqué la policía en algunos países nos perseguía y en otros no. Incluso dentro del mismo país, en algunas provincias o estados nuestro estatus legal era diferente. Había lugares del mundo en donde lo que hacíamos nosotros era tenido en gran estima, éramos casi héroes… en otros éramos poco menos que monstruos. Por eso era que, si bien la INTERPOL nos consideraba de sus agentes, nuestra agencia era casi anónima y en general actuábamos en completo secreto. Pero se conocían los resultados, había necesariamente que publicitarlos. Los crímenes graves, todos los que suponían varias muertes,  asesinatos despiadados, crímenes colectivos, incluso delitos de guerra o todo aquello que fue durante tiempo un ancla para nuestra humanidad habían bajado drásticamente. No fue fácil…hubo que dejar que se filtraran determinadas informaciones…y cuando los ciudadanos vieron que algo había cambiado comenzaron a ser más cuidadosos a la hora de cometer algunos delitos…
Era gratificante nuestro trabajo, pero pocos había que fueran de tan difícil ejecución. Es que en el mundo de antes, cuando por algún delito te condenaban a cuarenta años de cárcel y te morías dentro, a los veinte años digamos, la pena quedaba por esas… si habías matado a quince personas, o a trece personas, como era el caso de mi prisionero, si, del que está en el asiento trasero de mi coche ahora, y le daban cuatrocientos años de cárcel, te encarcelaban con cuarenta años, te morías a los ochenta y… ¡Fenómeno! ¡De una pena de cuatrocientos años solo cumplías cuarenta! ¡Una burla! ¡Así cualquiera! Pero olvidaron un detalle, que fue lo que cambió todo el esquema penitenciario mundial… existía la reencarnación… ¡Realmente! Hacía cinco años se había comprobado fehacientemente que los humanos reencarnamos…Así que a un genio de la criminalística –cuya familia coincidentemente había sido masacrada por un tipo totalmente desquiciado en un centro comercial- se le ocurrió que si reencarnamos, perfectamente podríamos pagar totalmente las deudas con la humanidad, las más graves por lo menos. Claro, lo más difícil de solucionar fue el saber en quién y en dónde reencarnaba el criminal que teníamos que buscar y había que hacer uso de métodos poco ortodoxos para hacerlo…Quizás por eso en algunos lugares no nos querían demasiado…quizás discutieran la reencarnación, quizás pensaran que el niño que nacía no era conciente de los delitos que había cometido en su vida anterior, quizás no compartían el uso de parapsicólogos, mediums y hechiceros para obtener la información que necesitábamos… pero como dije, el índice de crímenes graves, desde que se publicitó nuestra existencia pasó a ser increíblemente bajo… Mi objetivo se había despertado. Tenía apenas cuatro años de edad –a veces se tardaba más en encontrarlos, recuerdo un caso que el objetivo llegó a tener veinte años- y trataba de expresar algo…seguramente estaba asustado, claro, era apenas un niño… pero no estaba más asustado que las trece personas que había asesinado en su anterior vida… seguro que era apenas un niño… un niño al que le quedaban todavía 360 años de cárcel.

                                         FIN