Luego de largos meses vuelvo a publicar aquí. A partir de ahora procuraré no perder continuidad, ya que he avanzado lo suficiente en cuentos y novelas para darle periodicidad a las publicaciones, luego de un año pues, familiarmente difícil... Mi nombre es Pablo Daniel Rodríguez Remedios, escritor, cantautor y fan de la ciencia ficción y de la fantasía. Gracias a todos por estar ahí y en especial a mi amiga del alma, la excelente poetisa Salma Hassan ¡Un abrazo fuerte a todos!

lunes, 1 de octubre de 2012

LA ÚLTIMA CENA


Podría denominarlo un típico cuento de ciencia ficción, un pasaje a otro mundo, pero no tan extraño y no pretende dar lecciones ni moralejas, solo unas páginas de lectura. Estoy escribiendo lo que para mí es mucho, un cuento por semana y muy lentamente estoy agarrando “training”, aunque estoy lejos todavía de cómo me gustaría escribir. Pero, como en cualquier arte, lo importante es practicar. Espero les guste.

                                  LA ÚLTIMA CENA
Mientras Noriter Kaltru pensaba en qué le podría esperar en Miristir, el planeta que era su destino, la espacionave comenzó a descender. No se sabía bien por qué pero era uno de los artistas más populares entre los habitantes de ese mundo, razón por la cual las autoridades federales le habían pedido, rogado, que intercediera por ellos ante ese gobierno, regente además de una liga de planetas de importancia vital para la Federación. Nunca le había interesado la política –y ahora tampoco, por más que se estaba involucrando en ella- pero aceptó ayudar, un poco por curiosidad, otro poco por el desafío y el resto porque si bien pensaba como muchos que la Federación tenía muchas cosas que no olían bien, era mejor un mal orden que vivir en el caos.
Eso pensaba cuando las alertas avisaron que entraban en la parte final del descenso. 

Cuando descendí de la nave me sorprendió la gran cantidad de nativos que me esperaba, cosa que consideré auspiciosa para mi primera, y posiblemente única, misión diplomática de mi vida. Algo capturó inmediatamente mi atención: en la primera línea de recepción se destacaban los uniformes dorados del cuerpo diplomático de la embajada ¿Había personal armado? Si, sin duda, había muchos, quizás demasiados guardias armados. Allí al frente estaba –fácilmente visible en un brillante uniforme azul- alguien que estaba seguro no era el embajador. Resultaba muy extraño que hubiera enviado un representante a recibirme, en vez de venir en persona. ¿Tan mal estaba la situación entonces? Eso era preocupante. Comencé a avanzar observándolo todo. La aparente formalidad y protocolo de los humanos contrastaba enormemente con el evidente regocijo de los nativos. Pronto estuvo frente a mí el enviado del embajador, que ante el tumulto de la bienvenida, tuvo que utilizar la guardia armada para quedar relativamente aislados de los miristianos. Me dijo, algo agitado pero sin perder su compostura: -Señor, estoy a sus órdenes-, a la vez que me saludaba con una ligera reverencia. -¿Tiene mucho equipaje? No se preocupe que en cuánto lo tengamos nos marcharemos a la embajada, donde lo espera el honorable embajador.
-¿Porqué no vino personalmente?-pregunté.
-Es que ha tenido algunas desavenencias con los nativos y como puede ver hay aquí gran cantidad de ellos.
-¿Es lógico, no? Es su planeta…
-Me refiero a que hay muchos dirigentes aquí... El mismo embajador dará una recepción a la brevedad para presentarlo a todo este mundo.
Conversábamos esperando que trajeran mi escaso equipaje mientras la custodia alrededor forcejeaba abiertamente con los locales que querían llegar hasta mí.
De pronto la situación se me tornó enojosa-¡Por favor! ¡Voy a saludarlos! ¡No quiero que piensen que soy un bárbaro! ¿Por qué tanto temor?
-¡Usted no entiende, pero ya lo vá a hacer!
-De todas formas quiero saludar a los que vinieron a recibirme. Sus reglas son para los diplomáticos, no para gente como yo...
-¡Tengo órdenes!
-¡Yo también y vienen de las más altas cúpulas de la Federación y no he venido hasta aquí para esconderme en la embajada sino para relacionarme con los nativos, que por otro lado –dije señalando hacia el tumulto- también quieren relacionarse conmigo!
-¡Pero...!
-¡Y si usted no me presenta, lo haré por mi propia cuenta!
-Está bien, está bien... ¡Por favor, déjennos pasar!- dijo en un idioma que por el multitraductor sonó extraño y muy amplificado.
La multitud nos permitió el paso, haciendo un corredor hasta donde estaban los que parecían ser los miembros más destacados del comité de bienvenida.
Había visto imágenes de los miristianos pero al tenerlos ante mí juzgué que ninguna representación lograba transmitir lo que ellos en persona. No me sorprendió verlos vestidos tradicionalmente, con amplias túnicas de colores opacos para los individuos masculinos y de colores vivos para los femeninos. Eran humanoides bellos, sin duda, con rasgos sumamente felinos, ojos muy oblicuos, nariz chata y orejas muy parecidas a las humanas, en rostros redondos. En las partes corporales visibles podía verse una especie de pelaje muy corto, que sabía que cubría todo su cuerpo y que además solían teñir, obviamente cuando usaban otra vestimenta y en otras ocasiones. Al sonreír mostraban una dentadura totalmente mortífera, que hacía que instintivamente me sintiera amedrentado. Mostraban sus manos, de cinco dedos robustos y cortos, con sus palmas presentadas hacía mí. El representante del embajador tuvo la delicadeza de explicarme, mostrando por primera vez cierto respeto y hasta temor, que eso significaba que más que un visitante era considerado uno más de su especie. Posiblemente el hombre no se explicaba el porqué de un recibimiento tan amistoso…
Pero no fue su apariencia física lo que más me impresionó, sino una especie de aura o “presencia” que era realmente perceptible. 
Quedando realmente intrigado por esta sensación, me detuve frente a ellos –tres machos y dos hembras-, colocando las manos en su mismo gesto. Si para ellos era un hermano de especie, también lo serían para mí y no veía nada malo en eso.
 Pedí un multitraductor y me lo colgué del cuello… A continuación, en forma breve y formal les ofrecí mis respetos, expresé lo halagado que me sentía por el recibimiento y que a la brevedad, luego de una presentación oficial, estaría a su completa disposición. Estas palabras impresionaron tanto a los miristianos que pudieron oírlas, como al humano que estaba junto a mí y sentí inmediatamente que había dicho lo que tenía que decir. Los nativos expresaron su beneplácito por mi llegada y me comunicaron que tenían un extenso programa de visitas por todo el planeta en cuanto el embajador me lo permitiera. Hubo apenas tiempo para una despedida formal pues los guardias estaban impacientes por sacarme de ese lugar y lo hicieron en cuanto tuvieron la oportunidad.

En la embajada, tan fortificada como podía esperarse, fui recibido por el honorable embajador Mr. Tuning Rasta. Su forma de actuar parsimoniosa y protocolar lo hacían el diplomático perfecto, con la excepción quizás de que su gestión iba de mal en peor, que lucía enormes ojeras y que evidentemente estas eran producto de algo desagradable que lo afectaba. Pero me recibió magníficamente. Conversamos sobre mi carrera profesional –la de psicopintor obviamente- y sobre las últimas guerras y novedades de la Federación. En determinado momento le pregunté:
-No se ve usted muy bien…
-Es inevitable, ya que no he logrado ninguno de los objetivos. Hasta llegar aquí tenía una brillante carrera y una excelente hoja de servicios pero en este mundo, ante esta cultura, he fracasado.
-Lo siento –dije- y no quiero que piense que estoy tratando de interferir con su carrera. No soy un diplomático, solo un artista.
-No es necesario que se disculpe. No tengo dudas de que usted está como yo, al servicio de un bien mayor. Yo haría cualquier cosa, cualquiera, con tal de lograr que este grupo de planetas se aliaran a la Federación. Pero su cultura, sus costumbres, su forma de ver la civilización me han rebasado y dejado sin respuestas. Duermo muy poco y pienso mucho en como revertir la mala relación que tenemos en la actualidad con los nativos, pero por un lado o por otro siempre hay muros que no me permiten seguir.
-Por lo que me han dicho no son una cultura fácil de tratar.
-¡Es acertado! ¡Son abominables! Y han intentado de todas las formas posibles que nosotros seamos cómplices de sus abominaciones. Realmente me apiado de su situación, porque a usted lo veneran y a partir de que se presente “en sociedad” estarán constantemente detrás de usted… y verá cosas terribles, se lo aseguro.
Mr. Tuning había comenzado a temblar, no sé si de frío o coraje, por lo que tomé una botella que parecía  contener whisky y le serví una buena ración…
-¡Tranquilícese! Yo usaré toda la influencia que pueda tener para ayudar a nuestra querida Federación. Ahora tenemos que organizar una auténtica y hermosa recepción para nuestros anfitriones. Allí me presentará, expondré algunos de mis cuadros y luego veré qué me ofrece este mundo.
-Está bien, mañana apenas desayunar comenzaremos a planificar esa fiesta ¿Para dentro de tres días le parece bien?
-¡Óptimo! 
Acto seguido me retiré a mi habitación.   


Me habían advertido sobre este planeta con adjetivos tales como peligroso, brutal, distinto, sobrecogedor. Trataron de definir todo lo negativo de  un mundo adónde, a pesar de todo, me forzaron a ir. No tuve muchas opciones. Necesitaban estrechar vínculos con un planeta que le había sido tan esquivo a la diplomacia, tan escurridizo ante los esfuerzos de todo tipo que se venían realizando desde hacía mucho tiempo para amigarse… un planeta que además tenía una importancia vital para la Federación. Tanta importancia tenía que si no fuera por la certeza de que no saldrían bien parados en una guerra de conquista habrían elegido tal camino. Es que Miristir era además líder de un vasto sector de esa zona del universo, con un valor que no solo era el puramente estratégico de una extendida área espacial, sino que ese grupo de planetas tenían todo tipo de recursos minerales, energéticos y alimentarios. También desarrollados centros de investigación que, por lo que se sabía, no tenían nada que envidiarle a los más avanzados de la Federación. Por si fuera poco existían posibilidades de guerras y confrontaciones con tres culturas algo agresivas que se habían encontrado en los límites de lo conocido. Esto hacía más apremiante la unión y colaboración de todos los mundos interiores. Tal era su importancia y tal la necesidad de entablar vínculos duraderos con ellos, aspiraciones que hasta ahora habían resultado infructuosas.
Esas eran las circunstancias que me empujaron a mí a cumplir funciones de enlace. Mi profesión y mi gran popularidad especialmente en ese planeta sellaron cualquier posibilidad de negarme a cumplir con la misión.

La recepción fue un éxito. El embajador quedó asombrado por la transformación de los nativos, tanto que recuperó su natural habilidad para estar siempre sonriente y hacer comentarios acertados sobre cualquier suceso político del universo conocido. Coloqué algunos originales de mis obras que había llevado conmigo y réplicas de las más representativas, en distintos lugares de la embajada donde tuvieran acceso los visitantes. Además Rasta aceptó mi sugerencia de contratar a una de las artistas musicales de más renombre del planeta, a mí también me gustaba debo reconocer, y eso sin duda fue tan del agrado de nuestros visitantes que la velada pudo ser etiquetada de perfecta.
Multitraductor mediante, tuve la sensación de que la noche no terminaría jamás… fueron tantas las preguntas que hice y tantas las que me hicieron que resultó agotador. Pero quedó todo preparado para que luego de un día de descanso un vehículo oficial de Miristir fuera a buscarme y comenzara un viaje por distintos lugares del planeta, donde conocería personalidades y además me introduciría en su cultura. Nada deseaba más que eso, aunque tenía cierta incertidumbre ante mi reacción por algunos aspectos de su civilización, muy criticada por los humanos. Sin embargo varias cosas me animaban a seguir adelante. Entre ellas estaban el objetivo de lograr un entendimiento entre nuestras civilizaciones, el gran respeto que me tenían, lo que era retribuido por mi parte y por último que ningún humano –en realidad ninguna especie integrante de la Federación- había investigado demasiado concienzudamente a los miristianos… razón por la cual no sabía hasta donde había que dar crédito a todo lo malo que se decía de ellos.

Cuando llegó el día de marcharme de la embajada, le prometí a Tuning Rasta que lo tendría al tanto de mis progresos. Me marché en un vehículo oficial, junto a dos miristianos que se presentaron como mis guías, un macho, Ri y una hembra, Bet, que en su vida privada eran pareja. 
Desde el primero momento me trataron estupendamente. Para ellos era un gran honor que estuviera allí, pues me consideraban un referente cultural de primer nivel. 
Me explicaron que la agenda de visitas consistiría en múltiples entrevistas con personalidades del planeta, con conferencias en los principales centros educacionales y se manejaría el programa con suficiente flexibilidad para visitar lugares turísticos, charlar con la población en general y visitar otros sitios de importancia.

A medida que visitaba sus ciudades, sus universidades y trataba con sinnúmero de nativos advertí que en todos los sitios oficiales o en domicilios particulares de cierto status tenían obras mías en exhibición, algunas auténticas, otras copias, aquí y allá, salpicando todo como si tuvieran un significado especial para ellos. Pero lo más significativo es que no veía razones culturales por las que los humanos no aceptaran a los miristianos. Aunque Tuning Rasta me explicó cual había sido el primer enfrentamiento de los diplomáticos de la Federación con los miristianos. Estos eran muy respetuosos del medio ambiente, tanto así que la mayoría de los minerales que utilizaban no eran de ese ni de ningún mundo habitado. Ellos utilizaban, a un costo mucho  mayor claro, los minerales de asteroides y de satélites sin ningún tipo de vida. Pero mayor costo significaba en este caso haber evitado toda la contaminación de cualquier proceso de obtención y tratamiento mineral. Todos sus vehículos utilizaban energías renovables o por lo menos no polucionantes. Se dice –está en sus textos por lo menos- que hasta que no se encontró una forma no contaminante de hacer desplazar sus vehículos estos fueron tirados por grandes animales domesticados para tal fin y obviamente mucho más compatibles con la conservación del ambiente. Y no es porque no tuvieran tecnología suficiente para autopropulsar todo tipo de vehículos sino que no estaba lo suficientemente desarrollada para lograr una polución cercana a cero. Todo era por el estilo… el tratamiento de los residuos, o el aprovechamiento de cualquier recurso natural, la caza y la pesca. El secreto era que vivían –o trataban de hacerlo desde que tenían memoria- en armonía con su mundo. Trataban de no dañarlo, a él y a todo lo que vivía en él. Y la gran mayoría de los nativos estaban convencidos de que el planeta les correspondía, sea con buenas cosechas, sin grandes catástrofes naturales, con animales domésticos a salvo de enfermedades, con una larga lista de beneficios en suma.
Esto, que más bien parece una política racional de administrar los recursos de un mundo fue la razón por la que primero se enfrentaron los diplomáticos de la Federación con los dirigentes nativos. Allí, en ese mundo y en otros bajo su dirección había importantes recursos minerales, indispensables para el desarrollo de armas y tecnologías… También los había en asteroides en órbita de esos planetas, pero su obtención sería diez veces más cara. Los negociadores de la Federación veían inadmisible pagar diez veces más por algo que estaba en sus narices y quizás exageraron en sus presiones. Pero lo miristianos fueron muy claros, tan claros que rompieron las negociaciones sobre cualquier producto y los intercambios quedaron reducidos al mínimo. No rompieron relaciones diplomáticas, pues tenían la esperanza de que en algún momento la Federación entendiera sus razones. Para ellos era necesario ese factor, “entender” el por qué las cosas las hacían de una forma y no de otra.
Aunque es conveniente aclarar que  no era lo único por lo que nuestros diplomáticos habían protestado. Había algo que había horrorizado a nuestros anteriores enviados y era lo que había trabado psicológicamente a todos los cuerpos diplomáticos que habían pasado por ese mundo. Era una práctica ancestral de un determinado grupo de la población, que se denominaban a sí mismos Los Rectores, que comprendía a los pensadores más geniales, a los científicos más respetados, a los comerciantes más poderosos, a los artistas más destacados, a los políticos más exitosos, a los militares más capaces, en fin, al motor intelectual del planeta, a los que gobernaban. 
Existía  en esa práctica una gran traba psicológica para el buen y fluído desempeño de nuestros embajadores. Afortunadamente yo me había preparado sobre tal cuestión y no haría fracasar una misión como esta solo por algunos prejuicios culturales. Trataría de sacar el máximo de beneficio de mi situación para relacionarme con esta especie.
Por lo demás, si bien trataba de tener al tanto al embajador de mis viajes y de mis avances y experiencias, no frecuentaba mucho la embajada, aunque cuando lo hacía charlábamos bastante tiempo, confrontando sus ideas con las mis propias vivencias en ese mundo tan parecido y tan extraño a la vez. También teníamos ocasión de encontrarnos en actividades públicas a las que era invitado, donde extrañamente yo era tratado más como nativo que como humano.
Me sentía atendido como una celebridad –en realidad lo era, pero nunca había sido tratado con tanta excelencia- y me consideraban como uno de ellos. Constantemente me llevaban de aquí para allá por todo su mundo, preocupándose de mostrarme cómo vivían, como pensaban, enseñándome su historia y costumbres... incluso realicé algunas obras en público, en programas culturales masivos. Aunque doné muchas para beneficencia y para instituciones estatales escogí algunas para obsequiarlas a personalidades del planeta. Todo este despliegue tuvo como resultado que mi popularidad creciera en grado superlativo.
En cierta oportunidad que volvíamos de visitar un complejo deportivo, con Bet y Ri les dije:
-Me gustaría saber por qué razón tienen a mis psicopinturas en tan alta estima, siendo que hay muchos psicopintores. Aparte de los clásicos yo mismo conozco artistas contemporáneos que son excelentes.
Bet contestó-Se lo explicaré- dijo y continuó- Sin duda sabe que las psicopinturas permiten repetir y analizar la secuencia de “creación” de la pintura, el movimiento de los colores, su cantidad e intensidad; en otras palabras ver la “historia” de la composición.
-Si… bueno, lo sabía pero nunca lo he hecho, ni con obras mías  ni con ajenas.
-Nosotros si, sobre todo porque la psicopintura ha sido un arte que siempre nos interesó y es objeto de estudios avanzados… ¡Y hemos encontrado que  sus pinturas son excepcionales! –exclamó finalmente- 
-¿Pero a qué se debe?
Esta vez Ri habló -A la secuencia de colores y a la forma en que los mueve.
Y Bet continuó.
-Es su método de composición lo que hace que lo tengamos en tal estima. 
-Dígame… -preguntó su marido- ¿Tiene algún método, alguna regla?
-No, en absoluto. Es algo que sale de dentro… mucho “corazón” –y sonrió- y muy poca mente.
-¡Es increíble!
-Todavía no entiendo que tiene de extraordinaria mi forma de pintar…
-Le respondo con otra pregunta ¿Usted sabe cuál es el principal obstáculo “cultural” entre la Federación y nosotros?
-Si, pues… tengo una idea.
-Le diré: Que los miembros de lo que llamamos Los Rectores o Gobernantes practicamos lo que ustedes llaman “canibalismo”, en un ritual obviamente, que es lo que ustedes no pueden entender y que nosotros habíamos perdido la esperanza de que entendieran hasta que usted llegó.
-Me halaga usted… ¿Pero por qué piensa que podré entender ese ritual?
-Ya verá.
Y le dio instrucciones al conductor, quien rápidamente elevó el vehículo y cambió el rumbo.
Tras lo que parecía un breve viaje aterrizó frente a una hermosa construcción circular, rodeada de jardines y un amplio espacio para estacionar. Al momento de bajarse le dijo:
-Es un Centro de Ceremonias. Hay muchos de estos por todo el planeta y son casi idénticos entre sí. –Tomó una especie de llave que llevaba colgada del cuello, abrió la pesada puerta de dos hojas y lo invitó a entrar. Luego lo condujo al centro de la habitación principal, algo similar a un anfiteatro, pero con la particularidad de que había pequeñas mesas con sus respectivas butacas distribuidas regularmente desde el centro de la habitación hasta sus paredes. Justo en el centro había algo que parecía una extraña mesa. Al acercarse reveló ser un recipiente alargado y relativamente llano, cubierto con una tapa transparente. Ri levantó la tapa. Allí entraba cómodamente un cuerpo, todo a lo largo. El interior parecía estar recubierto de una especie de porcelana verdosa, muy brillante y cubierta de una gran cantidad de pequeñas perforaciones.
Noriter Kaltru dijo:
-Esto es lo que usan para…
-¡Así es! –dijo Ri- Aquí se deposita el Cuerpo Ceremonial y se prepara y aquí –dijo yendo a una de las cabeceras del recipiente- se coloca el que ha de hacer de Maestro de Ceremonias, el encargado de preparar esta parte del ritual.
-El cocinero…- dijo Noriter.
-Si, si lo quiere llamar así. Se conecta con estas terminales a los depósitos de condimentos, sabores y colores que están a los lados… -dijo señalando multiplicidad de pequeños depósitos con tapa a ambos lados de la cavidad-.
-Colores y sabores.
-Y olores… también hay olores que pueden mezclarse como si fueran condimentos… y también se manejan desde aquí las temperaturas de cocción, presión, todo en realidad.
-No parece ser algo muy sencillo.
-¡Para nada sencillo! –dijo Ri. –¿Entiende lo que quise decirle hace unos momentos? Usted, en vez de horrorizarse, hace un comentario objetivo y acertado ¡Es tan distinto de los otros humanos!
-Si, pero soy tan humano como ellos, solo que respeto vuestras tradiciones. Por otro lado, conociéndolos ahora como los conozco sé que tienen una buena razón para realizar estas ceremonias.
Ri pareció quedar conmocionado al escucharlo, mirando a Bet, a quien tomó de la mano.
-Tenemos una muy buena razón –dijo- La misma supervivencia de nuestra especie así como la conoce depende de estas ceremonias. Por eso es que son tan importantes.
-No entiendo…
-Mediante estos rituales nos comunicamos con el planeta. Son estas ceremonias las que nos permiten compartir su sabiduría y conocer sus deseos, responder nuestras preguntas y nos asegura su apoyo. ¿Por qué cree que en nuestro planeta no hay sequías, ni bruscos movimientos de tierra, ni destructoras inundaciones, como hemos visto que suceden en muchos otros mundos? El planeta es parte de nosotros y nosotros somos parte de él.
-¡Es increíble!
-¿Le parece barbárico o irracional?
-No… ¡Me parece extraordinario! Supongo que podría poner alguna objeción formal a su metodología ¡Pero lo que logran es maravilloso!
-Claro que esta ceremonia es solo parte del proceso, la parte culminante quizás, pero no el único aspecto. Hay que preparar la víctima y cumplir las directivas que nos dé el planeta.
-¿Preparar la víctima?
-No podemos hacer el ceremonial con cualquier individuo. Hay que prepararlo.
-¿Y como lo hacen?
-Hay templos donde se los prepara. Se los instruye profundamente en la historia del planeta, en su funcionamiento, en las formas en que se manifiesta, sus leyes, su física, su química hasta que logran “fundirse” con él. Esto se logra solamente preparándolos desde muy niños. Sus familias reciben beneficios y honores por ello.

Finalmente había entendido porque mis pinturas eran la clave. La psicopintura no era algo nuevo –existía desde hacía casi trescientos años estándar- pero siendo ya uno de los métodos tradicionales de expresión y difundido en todos los mundos conocidos, cada tanto aparecía algún psico-pintor más popular o más querido que otros. Se pintaba sobre  una psicotela, que no era más que una tela especial, que se adquiría del tamaño que uno la deseara y que era de un material sintético poroso, que podía variar el tamaño de los poros al influjo del psicopintor. Tenía alrededor del marco los depósitos de pintura, conectados con la tela… estos depósitos eran operados por el pintor, igual que la distribución de los distintos colores sobre la tela. El enlace se lograba mediante cables conectados a partes sensibles de la cabeza y mediante el consumo de unas drogas especiales o drogas de conección, que hacían más dinámica la interacción del cerebro con los dispositivos para “pintar”. Todos estos dispositivos, psicotela, pintor, y la compatibilidad entre ambos obviamente, hacían que los colores y las líneas fluyeran dentro del marco al influjo de la mente del psicopintor. 
Como anecdótico se puede comentar que estas pinturas podían activar una función en donde de acuerdo a algunas características de los seres que se acercaran a verlos, llamémosle “auras” o “cargas vitales”, “estados de ánimo”  o incluso contenidos hormonales, los colores mutaban dentro de determinadas cotas… se hacían más vivos o más tristes, más brillantes o más opacos… todo dependiendo del observador que estuviera frente a la pintura.
No debió extrañarme que luego de esa conversación me invitaran a participar de una de esas reuniones selectas, almuerzos o cenas, que se practicaban comúnmente dentro de los círculos de elegidos, por llamarle de alguna forma, de cada localidad de importancia e incluso de cada distrito rural. Estaban invitados un centenar aproximadamente de nativos de ambos sexos, todos vestidos recatadamente, como era su costumbre cuando estaban en actividades que podrían llamarse “oficiales”. En silencio, tomaron sus lugares en sus butacas. Ninguno de ellos manifestó sorpresa al encontrarme, al contrario, me expresaron su apoyo y beneplácito. Al momento de comenzar la ceremonia me llamó la atención que la víctima o la ofrenda –que había sido sometido a un tratamiento previo- se colocara tranquilamente en la mesa del centro, sin ninguna vacilación y aparentemente ningún miedo. La tarea del Maestro de Ceremonias incluía sin duda la ejecución indolora de la víctima, además de todo la ulterior preparación del mismo.
La ceremonia en sí no fue de larga duración, pero eso se debía según me dijeron, a la maestría del ejecutante… A veces se tardaba más, para lograr el mismo resultado. Mientras tanto, todos los presentes recitaban una zumbante letanía… yo también lo hice o por lo menos intenté hacerlo, lo mejor posible. Si bien suponía que no se esperaba de mí tal cosa, tenía conciencia de ser el primer individuo de otra cultura en participar de esta ceremonia y eso me obligaba a que estar a la altura de las circunstancias. Me trataban como uno más y me sentía como tal, pues había logrado un estado de comprensión íntima con la forma de funcionar el planeta que me sentía hasta parte del proceso.
Cuando finalmente terminó la preparación de la ofrenda y se repartieron las partes de ella que eran destinadas al consumo se sorprendió muchísimo cuando uno de los miristianos le llevó un trozo de la misma. En ese momento estuvo a punto de echar a correr, más advirtió que todos los presentes estaban observándolo, totalmente pendientes de su decisión. Con palabras de agradecimiento, tomó el recipiente y se acomodó en la butaca. Antes de comenzar a comer hubo más oraciones. 
La carne en sí tenía un sabor que nunca antes había probado, algo tan distinto que estaba seguro no lo olvidaría jamás, pero había algo más, algo que le pareció le estaba cambiando su forma de respirar e incluso la forma de ver alrededor –¿estaría alucinando?-. Le parecía ver que todo y todos estaban metidos en una especie de sustancia, surcada por zarcillos y líneas de colores vivos que conectaban con algo que había fuera de los muros del recinto, abajo, a los costados y arriba… y presintió además una voz, como un retumbante chasquido que hablaba y hablaba… otra vez estaban orando y el también lo hizo y al hacerlo sintió que su conciencia se mezclaba con la de los otros participantes en una entidad, y esa entidad hablaba con algo mayor, algo enorme, tan grande que asustaba, una inteligencia nueva y distinta ¿Era el planeta? ¿Estaban comunicándose con Miristir?
Luego de terminada su ración se sintió extrañamente cansado y feliz, pero no hambriento. A cada uno le repartieron una ración de un licor ligero y tras nuevas oraciones se marcharon. Cada uno de los participantes tuvo la gentileza de estrechar sus manos antes de marcharse, como muestra de respeto y afecto.
Ri y Bet lo estaban esperando afuera, pero cuando él salió ya habían hablado con varios de los participantes y estaban muy satisfechos.
-Estamos orgullosos de usted- le dijo Bet. –Todos nos han felicitado por su preparación y ha aumentado más aún su prestigio.
-¡Ha sido una experiencia única!
-¿Le ha agradado?
-Creo que en parte logré comprender la importancia y la finalidad de la ceremonia, que es mayor de lo que había pensado. 
-Es muy distinto vivirla a que se la contemos ¿no?
-Es muy distinto… y creo estar preparado para dar los siguientes pasos. –y suspiró- Lo que vivido hoy me mostró la importancia de esta ceremonia y me siento con fuerzas como para que lo comprendan los otros humanos.
-Estamos de acuerdo. Recuerde que hay parte de las máximas autoridades de gobierno que esperan un gesto, un indicio, un avance formal por parte, no de usted, sino de los humanos, para avanzar en el relacionamiento.
-Entiendo. Pensaré como proceder…
-Si, piénselo. Necesitamos un reconocimiento formal hacia nuestras prácticas. Si lo logra, verá que lograremos el entendimiento también a nivel planetario. Lo llevaremos a la embajada, donde podrá descansar y exponerle sus vivencias al embajador. En el tiene su primer objetivo… si logra que él nos entienda como cultura,  habrá transitado gran parte del camino hacia nuestro futuro juntos.

Había quedado conmocionado. Necesitaba meditar y descansar. Algo estaba claro, si él, que era tan distinto de los nativos, había tenido esa vivencia, no podía imaginarse lo intensa que sería esta ceremonia para los miristianos.  ¡Debía de ser algo indescriptible! ¡Sublime!
Había entendido que el espíritu y el objetivo de las ceremonias, eran sin duda la comunión, el ser todos uno, la unión con el planeta y a la vez establecer fuertes vínculos entre los que se llamaban Los Rectores. Pero si bien estaba entendiendo, comprendiendo y avanzando en su gestión sentía que estaba muy lejos de cerrar su misión. ¿Cómo podría hacer para que trataran a la Federación como lo trataban a él? ¿Cómo hacer para que consideraran a la Federación una amiga y eventualmente firmaran los tratados que eran tan importantes para el futuro de las especies federadas? La clave, claramente, estaba en Tuning Rasta, como le habían comunicado Ri y Bet. Si el embajador lograba entenderlos, quizás la Federación también podría hacerlo. En su mente se fue forjando un plan, que esperaba tuviera éxito.

El embajador Tuning Rasta  se había mostrado cada vez estaba más intrigado por las actividades que le demandaban todo su tiempo, durante días y días enteros de Miristir… no porque Noriter Kaltru no fuera ocasionalmente por la embajada, sino porque estaba apenas unos minutos y se retiraba a sus actividades con los nativos. Finalmente  resultó agradablemente sorprendido cuando Kaltru le dijo que se quedaría unos días en las instalaciones, pues tenía que meditar sobre determinadas cosas.
Ese día almorzaron juntos, charlando animadamente y a partir de ese momento  las relaciones entre ambos fueron progresivamente afianzándose, hasta que finalmente pudieron declararse “distendidas”, viéndose periódicamente. Se diría que ya eran grandes camaradas. Sus conversaciones iban desde su arte hasta la visión que Kaltru había adquirido del planeta y de los miristianos en general. Noriter le mostraba al embajador documentos, escritos y audiovisuales, para que se interiorizara cada vez  más de ese mundo y de esa sociedad que a el mismo le había costado tanto entender en profundidad, explicándole todas las dudas que a éste le iban surgiendo. El embajador tenía una vasta cultura y firmes conocimientos de antropología, lo que le llevó a sentir gran curiosidad por ese mundo miristiano que finalmente se le revelaba. El porqué hasta ese momento se había negado a tratar de entender su cultura, era parte del conflicto ya tradicional que tenían la mayoría de los humanos y otras especies destacadas en alguna misión en ese planeta. Pero eso se iba sorteando, no sin algunas dificultades. En particular las leyendas sobre el origen de la vida, tan curiosamente parecidas a las de la Vieja Tierra, le resultaron muy interesantes al embajador, así como todo el trasfondo ceremonial de los rituales caníbales de los dirigentes miristianos, Los Rectores, que eran el principal obstáculo cultural a superar. 
En realidad, mirando las propias leyendas humanas, en una de las más primitivas y populares religiones existía un semidiós, conocido en ocasiones como “El Salvador” que en forma ritual compartía su carne y su sangre con sus seguidores y renunciaba a su vida material para la salvación espiritual de los humanos. Tuning Rasta comenzó a ver, luego de profundizar en la ceremonia miristiana, ciertos parecidos esenciales. ¡Era eso lo que hacían! Aunque lo veían algo diferente. Ellos comulgaban con una energía única, quizás algo que se podría llamar “Espíritu Planetario”, si bien había algo más, una unión en un plano trascendente entre los dirigentes que participaban en estas ceremonias ¡Si, tenía que ser algo así, lo presentía! Era por lo tanto indispensable ese ritual, el sacrificio, para consolidar la unión entre los dirigentes, entre esos pocos millones… unos pocos millones obligados a asesinar y a comerse conciudadanos periódicamente ¿Valía la pena? Las pruebas demostraban que la cultura miristiana estaba muy desarrollada, tenían muy pocos delitos violentos -¿Qué ironía, no?-, y disfrutaban de grandes avances tecnológicos, con una característica quizás, propia de todo lo miristiano: el avance tecnológico en cosas fundamentales como alimentación, energía o incluso la guerra siempre avanzaron en paralelo a las fuerzas y energías del planeta, siempre tuvieron una forma “limpia” de hacer cambios en ese mundo y por supuesto en todos los planetas que los tenían a ellos como regentes. Eran lo que los diplomáticos de la Federación llamaban Confederación Miristiana, unidos no por la fuerza militar –que si la tenían y en gran forma- sino por el liderazgo intelectual, profundamente práctico, de los miristianos.
Rasta, paulatinamente, y bajo la supervisión y consejo de Kaltru, comenzaba a comprender, a enterarse, a consustanciarse, a nutrirse de todo lo que envolvía la vida íntima de los nativos y su comunión con el planeta. Las dudas que tenía eran inicialmente contestadas por Kaltru pero en determinado momento comenzó a relacionarse con algunas personalidades miristianas –cosa impensada tiempo antes- en un diálogo que lo iba llevando, paulatinamente,  a la iluminación. Iba descubriendo que si bien tenían sus aspectos negativos había mucho que los situaban entre las culturas más avanzadas que había conocido y estudiado. En suma, se sentía feliz de haber llegado a ese estado de comprensión, casi de comunión con los miristianos y su mundo.
Toda esa evolución, esa comunión, ese entendimiento, lo iba comunicando a sus superiores diplomáticos. Posiblemente no hubiera uno solo de ellos que compartiera la metodología utilizada por los miristianos, pero sin duda estaban impactados por los resultados. Estos eran lo suficientemente convincentes para aceptar sus métodos, para respetarlos y quizás entenderlos, por lo que se decidieron a aceptar a la cultura miristiana como era.

Finalmente llegó el día tan esperado por Kaltru y por muchos miristianos. Fueron muchos los núcleos dirigenciales que se disputaron poder organizar esta ceremonia, la primera en donde Kaltru iba a ser no solo participante, sino el mago tejedor de los sabores, el cocinero de la ceremonia… de ahí la importancia del suceso.

Cuando Kaltru le comunicó a los responsables federales de su misión en el planeta, que los miristianos  firmarían los acuerdos, estallaron en elogios y manifestaciones de alegría y alivio, tanto que la desaparición del embajador Tuning Rasta fue solo un ingrediente más en todo el despliegue diplomático que comenzó a partir de esos días, ingrediente que se diluyó rápidamente con el frenesí de la Federación de conocer a sus nuevos aliados.
Y cuando la alta diplomacia de la Federación comenzó a llegar al planeta, junto con equipos de técnicos y misiones comerciales, se asombraron del exquisito trato que los nativos le daban a Kaltru, pues no lo trataban como un humano, ni como un extraño, lo trataban como un dirigente miristiano más. Nunca se encontró rastro alguno del antiguo embajador Tuning Rasta, aunque existe un selecto grupo de miristianos y el propio Kaltru que lo recuerdan con cariño, pues les brindó una exquisita cena de despedida.

                                                  FIN 





ARQUEO S.A.


Estoy escribiendo bastante, pero en el momento de “cristalizar” las ideas que van surgiendo en la cabeza, encuentro que algunas son buenas y otras no tanto… con algunas pueden hacerse buenos cuentos, consistentes –obvio que en la medida de mi técnica- y con otras solo hacer “bocetos” o ensayos… Pues esto es uno de esos bocetos, que muestro porque creo que este tipo de relatos también forman parte de la experiencia de escribir…
                             
                              ARQUEO S.A.
La chica lloraba desconsolada… había comparado una y otra vez la cantidad de dinero que tenía en la caja registradora con la cantidad de dinero que tendría que tener de acuerdo a las ventas realizadas en su turno… y no le daba igual… Había comenzado a  tener miedo y podía sentir los nervios mordiéndole el estómago. A ella, que nunca le habían gustado las películas de terror… ¡Ahora parecía que estaba viviendo una!  Tomó nuevamente el handy y llamó al encargado del cierre de las quince cajas del supermercado.
-Señor…sigo teniendo diferencia…y tengo ganas de ir al baño…
La voz del supervisor sonó amable pero acerada –Querida, sabe bien, porque firmó un contrato, que no puede irse si el arqueo de caja no le da exacto y las trabas son automáticas. Yo no puedo hacer nada para solucionarle el problema.
Ella miró las trabas. Eran unas bandas de duro metal que habían brotado automáticamente del respaldo de su silla y le apresaban sus piernas y su cintura, apretándola contra la silla donde pasaba todo su turno, frente a la caja registradora. Se activaron en el mismo momento que finalizó el proceso de contar el dinero que había y compararlo con el dinero que tendría que haber… les pasó sus sudorosas manos por su plateada superficie…el metal se sentía fuerte y firme bajo sus nerviosos dedos… Por si no fuera suficiente y para evitar que los clientes tuvieran algún tipo de contacto con la situación se habían elevado desde el piso unas barreras de cristal opaco, que dejaba a la cajera totalmente aislada del mundo exterior, a excepción claro está, del dispositivo de radio portátil.
-Pero hace tres horas que estoy dando vueltas todo de arriba para abajo –comenzó a sollozar nuevamente- y no entiendo porqué tengo esta diferencia…
-Mire joven, que cometió un error es indudable y nadie más que usted es responsable…
-Pero ni siquiera puedo ir al baño… y tengo sed…-
También tenía ganas de seguir llorando pero ya casi se le habían acabado las lágrimas. Es que en las tres horas que llevaba sentada allí, apretada firmemente por esos brazos de metal, había pensado muchas cosas y no todos estos pensamientos eran constructivos…Primero había realizado la revisión varias veces no solo del dinero de la caja sino también del registro de ventas…luego, ayudado por este, trató de recordar si en algún momento existía la posibilidad de haber dado mal una devolución de dinero…y luego comenzó a pensar en esas historias espantosas que se contaban de cajeras que habían muerto atrapadas en sus sillas de trabajo, frente a sus cajas registradoras, por haber cometido un error…¡A eso personalmente no lo creía! ¿Cuánto tiempo tenía que pasar para que alguien se muriera de hambre o de sed? Aunque ella ya sentía una sed terrible… y hacía tres horas que estaba atrapada y cinco que no bebía absolutamente nada. ¡Pero para morir de sed tendrían que haber pasado varios turnos sin beber nada!
Lo peor que le podía pasar era que al otro día ella estuviera en este mismo lugar…¡pero no muerta! ¿Y si no la soltaban? El contrato con Arqueo S.A., la empresa que controlaba el cierre de todas las cajas de las cadenas más grandes de supermercados era claro… si el arqueo de caja no daba como tenía que dar, ventas igual a dinero en la caja, más ventas a crédito, automáticamente la cajera quedaba atrapada frente a su caja hasta que se encontraba la diferencia.
De esta forma se evitaban las diferencias sistemáticas que centavo a centavo, día tras día, suponían una importante cantidad de dinero que se perdía en las cajas, ya pasaran a los bolsillos de las chicas de las registradoras o a los clientes. A esta altura intentó llorar nuevamente y no logró más de unas gotas… -Creo que estoy entrando en estado de shock- se dijo. –De eso sí se puede morir- pensó después. –¡En ningún lado dice que esté prohibido pedir un vaso con agua!
Llamó nuevamente al encargado -¡Señor!
-¿Qué sucede? ¿Solucionó el problema?
-No, pero necesito agua…por favor…un vaso será suficiente…
-Joven, yo también tengo tareas para hacer…
-Escuche, realmente tengo sed… ¡Por favor!
-Está bien, está bien…en cinco minutos estoy con usted.
A los seis minutos apareció el supervisor con una botella de agua, un vaso y con cara de cansancio. Ella pensó –y posiblemente con acierto- que a él tampoco le agradaba mucho que ella estuviera atrapada allí.
-No me mire con cara de víctima porque la culpa es suya- le dijo a la vez que le alcanzaba un vaso con agua, que ella bebió rápidamente.
Mientras le alcanzaba nuevamente el vaso, le dijo –Si, lo sé, nunca debí haber firmado ese contrato y nunca debí haber cobrado mal…  ¿Cuándo me podré ir?-
-¿Irse? Recién mañana llegará el técnico de Arqueo S.A. para revisar su situación.
-¡Mañana! ¡Pero es una locura!
-Si hubiera leído atentamente su contrato no le sorprendería…
-¡Pero es la primera vez que me sucede esto!
-¡Y casi seguro será la única! Nadie comete dos veces este tipo de error, señorita…
-¿Y qué hago ahora?- Otra vez parecía que iba a ponerse a llorar…
Finalmente el hombre se apiadó de ella.
-¿Qué diferencia tiene?- le preguntó
-Tengo un dólar de menos…
-¿Un dólar de menos? ¿Solo eso? ¿Y no tiene dinero?
-¡No, no tengo! ¡Casi nunca tengo dinero, solo la tarjeta para el bus!
-Hagamos algo… ¿guardaría un secreto?- le preguntó, dando la espalda a la cámara de seguridad que estaba sobre la registradora.
-¡Claro!- le dijo la chica…
-Mientras yo tapo la cámara, le daré un dólar y lo coloca en la caja…
-Pero…
-¡Hágalo!
-¡Está bien, no se enoje!
En un movimiento totalmente casual el hombre tapó la cámara y ella, rápidamente tomó el  dólar que le ofrecía y lo colocó en la caja.
-Sírvase- le dijo el supervisor, sirviéndole otro vaso con agua…-Y por favor, compare nuevamente las ventas con el dinero…una vez más.
El hombre se marchó. La chica activó nuevamente la función de “arqueo”… esta vez le dio bien y las placas de metal la soltaron… Suspiró aliviada…no podía creerlo…
Se marchó casi corriendo y mientras lo hacía prometió no solo estar más atenta en su caja sino también llevar siempre un puñado de monedas a su trabajo.
                               FIN