Luego de largos meses vuelvo a publicar aquí. A partir de ahora procuraré no perder continuidad, ya que he avanzado lo suficiente en cuentos y novelas para darle periodicidad a las publicaciones, luego de un año pues, familiarmente difícil... Mi nombre es Pablo Daniel Rodríguez Remedios, escritor, cantautor y fan de la ciencia ficción y de la fantasía. Gracias a todos por estar ahí y en especial a mi amiga del alma, la excelente poetisa Salma Hassan ¡Un abrazo fuerte a todos!

lunes, 1 de octubre de 2012

ARQUEO S.A.


Estoy escribiendo bastante, pero en el momento de “cristalizar” las ideas que van surgiendo en la cabeza, encuentro que algunas son buenas y otras no tanto… con algunas pueden hacerse buenos cuentos, consistentes –obvio que en la medida de mi técnica- y con otras solo hacer “bocetos” o ensayos… Pues esto es uno de esos bocetos, que muestro porque creo que este tipo de relatos también forman parte de la experiencia de escribir…
                             
                              ARQUEO S.A.
La chica lloraba desconsolada… había comparado una y otra vez la cantidad de dinero que tenía en la caja registradora con la cantidad de dinero que tendría que tener de acuerdo a las ventas realizadas en su turno… y no le daba igual… Había comenzado a  tener miedo y podía sentir los nervios mordiéndole el estómago. A ella, que nunca le habían gustado las películas de terror… ¡Ahora parecía que estaba viviendo una!  Tomó nuevamente el handy y llamó al encargado del cierre de las quince cajas del supermercado.
-Señor…sigo teniendo diferencia…y tengo ganas de ir al baño…
La voz del supervisor sonó amable pero acerada –Querida, sabe bien, porque firmó un contrato, que no puede irse si el arqueo de caja no le da exacto y las trabas son automáticas. Yo no puedo hacer nada para solucionarle el problema.
Ella miró las trabas. Eran unas bandas de duro metal que habían brotado automáticamente del respaldo de su silla y le apresaban sus piernas y su cintura, apretándola contra la silla donde pasaba todo su turno, frente a la caja registradora. Se activaron en el mismo momento que finalizó el proceso de contar el dinero que había y compararlo con el dinero que tendría que haber… les pasó sus sudorosas manos por su plateada superficie…el metal se sentía fuerte y firme bajo sus nerviosos dedos… Por si no fuera suficiente y para evitar que los clientes tuvieran algún tipo de contacto con la situación se habían elevado desde el piso unas barreras de cristal opaco, que dejaba a la cajera totalmente aislada del mundo exterior, a excepción claro está, del dispositivo de radio portátil.
-Pero hace tres horas que estoy dando vueltas todo de arriba para abajo –comenzó a sollozar nuevamente- y no entiendo porqué tengo esta diferencia…
-Mire joven, que cometió un error es indudable y nadie más que usted es responsable…
-Pero ni siquiera puedo ir al baño… y tengo sed…-
También tenía ganas de seguir llorando pero ya casi se le habían acabado las lágrimas. Es que en las tres horas que llevaba sentada allí, apretada firmemente por esos brazos de metal, había pensado muchas cosas y no todos estos pensamientos eran constructivos…Primero había realizado la revisión varias veces no solo del dinero de la caja sino también del registro de ventas…luego, ayudado por este, trató de recordar si en algún momento existía la posibilidad de haber dado mal una devolución de dinero…y luego comenzó a pensar en esas historias espantosas que se contaban de cajeras que habían muerto atrapadas en sus sillas de trabajo, frente a sus cajas registradoras, por haber cometido un error…¡A eso personalmente no lo creía! ¿Cuánto tiempo tenía que pasar para que alguien se muriera de hambre o de sed? Aunque ella ya sentía una sed terrible… y hacía tres horas que estaba atrapada y cinco que no bebía absolutamente nada. ¡Pero para morir de sed tendrían que haber pasado varios turnos sin beber nada!
Lo peor que le podía pasar era que al otro día ella estuviera en este mismo lugar…¡pero no muerta! ¿Y si no la soltaban? El contrato con Arqueo S.A., la empresa que controlaba el cierre de todas las cajas de las cadenas más grandes de supermercados era claro… si el arqueo de caja no daba como tenía que dar, ventas igual a dinero en la caja, más ventas a crédito, automáticamente la cajera quedaba atrapada frente a su caja hasta que se encontraba la diferencia.
De esta forma se evitaban las diferencias sistemáticas que centavo a centavo, día tras día, suponían una importante cantidad de dinero que se perdía en las cajas, ya pasaran a los bolsillos de las chicas de las registradoras o a los clientes. A esta altura intentó llorar nuevamente y no logró más de unas gotas… -Creo que estoy entrando en estado de shock- se dijo. –De eso sí se puede morir- pensó después. –¡En ningún lado dice que esté prohibido pedir un vaso con agua!
Llamó nuevamente al encargado -¡Señor!
-¿Qué sucede? ¿Solucionó el problema?
-No, pero necesito agua…por favor…un vaso será suficiente…
-Joven, yo también tengo tareas para hacer…
-Escuche, realmente tengo sed… ¡Por favor!
-Está bien, está bien…en cinco minutos estoy con usted.
A los seis minutos apareció el supervisor con una botella de agua, un vaso y con cara de cansancio. Ella pensó –y posiblemente con acierto- que a él tampoco le agradaba mucho que ella estuviera atrapada allí.
-No me mire con cara de víctima porque la culpa es suya- le dijo a la vez que le alcanzaba un vaso con agua, que ella bebió rápidamente.
Mientras le alcanzaba nuevamente el vaso, le dijo –Si, lo sé, nunca debí haber firmado ese contrato y nunca debí haber cobrado mal…  ¿Cuándo me podré ir?-
-¿Irse? Recién mañana llegará el técnico de Arqueo S.A. para revisar su situación.
-¡Mañana! ¡Pero es una locura!
-Si hubiera leído atentamente su contrato no le sorprendería…
-¡Pero es la primera vez que me sucede esto!
-¡Y casi seguro será la única! Nadie comete dos veces este tipo de error, señorita…
-¿Y qué hago ahora?- Otra vez parecía que iba a ponerse a llorar…
Finalmente el hombre se apiadó de ella.
-¿Qué diferencia tiene?- le preguntó
-Tengo un dólar de menos…
-¿Un dólar de menos? ¿Solo eso? ¿Y no tiene dinero?
-¡No, no tengo! ¡Casi nunca tengo dinero, solo la tarjeta para el bus!
-Hagamos algo… ¿guardaría un secreto?- le preguntó, dando la espalda a la cámara de seguridad que estaba sobre la registradora.
-¡Claro!- le dijo la chica…
-Mientras yo tapo la cámara, le daré un dólar y lo coloca en la caja…
-Pero…
-¡Hágalo!
-¡Está bien, no se enoje!
En un movimiento totalmente casual el hombre tapó la cámara y ella, rápidamente tomó el  dólar que le ofrecía y lo colocó en la caja.
-Sírvase- le dijo el supervisor, sirviéndole otro vaso con agua…-Y por favor, compare nuevamente las ventas con el dinero…una vez más.
El hombre se marchó. La chica activó nuevamente la función de “arqueo”… esta vez le dio bien y las placas de metal la soltaron… Suspiró aliviada…no podía creerlo…
Se marchó casi corriendo y mientras lo hacía prometió no solo estar más atenta en su caja sino también llevar siempre un puñado de monedas a su trabajo.
                               FIN

                                

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