Luego de largos meses vuelvo a publicar aquí. A partir de ahora procuraré no perder continuidad, ya que he avanzado lo suficiente en cuentos y novelas para darle periodicidad a las publicaciones, luego de un año pues, familiarmente difícil... Mi nombre es Pablo Daniel Rodríguez Remedios, escritor, cantautor y fan de la ciencia ficción y de la fantasía. Gracias a todos por estar ahí y en especial a mi amiga del alma, la excelente poetisa Salma Hassan ¡Un abrazo fuerte a todos!

martes, 22 de febrero de 2011

UN VIEJO NO TAN VIEJO

Primero, las disculpas por la demora en subir cuentos... arranqué nuevo laburo, estoy reorganizando vida y horarios y estoy recién comenzando a crear nuevamente. Este cuento es una remake del cuento del mismo nombre publicado en la primera Diáspar, la del año 1989 . A pesar de que fué traducido y  publicado en un fanzine en Italia un año después nunca me gustó como había tratado la idea... Ahora me complace algo más... Lo terminé hace unos minutos. Espero les guste:

                                   UN VIEJO NO TAN VIEJO

¡Al fin voy a dar el paso que estoy seguro todos estábamos necesitando! Las manos me temblaban cuando las aproximé al broche magnetizado que sostenía mi pantalón, preparándome para dejarlo caer y decenas de cámaras transmitirían online lo que yo quería mostrarle al mundo.

¿Acaso está loco?-le dijeron, le gritaron, le pasearon por su cara “¿Está pasado de anti-depresivos? ¿Abusa de los medicamentos para reconfortar el espíritu? ¿Está alucinando? ¿O delirando? ¿Está seguro de lo que quiere hacer?” y eso fue lo más amable que le dijeron todos aquellos ya de cierta edad a los que les había comentado su idea, lo que había hecho o lo que iba a hacer.
No sabía como hacerles ver,  como explicarles todas las vivencias que lo habían llevado a tomar esa decisión. -Sí, estoy seguro, muy seguro!!!- atinó solamente a decir el anciano.
Su médico personal también le dijo cuando fue a comentarle su decisión y averiguar si su salud soportaría tal cambio –¡No puedo creer que hagas esto!
Y el contestó –¿No crees que los jóvenes merecen un gesto de conciliación, un gesto de buena voluntad?
-¡No creo que estos jóvenes se merezcan nada y menos lo que tú vas a hacer!
-Explícame que tienen de extraño estos jóvenes…¿Qué tienen que no tuviéramos nosotros cuando jóvenes? También teníamos nuestras fallas...¡Los errores que cometíamos!
-¿Pero te das cuenta de lo que estás diciendo?¡Los estás defendiendo!¿Dónde fue a parar tu educación?¿Y tus buenas costumbres?
-¿Y qué me dices de nuestros mayores? Ellos reaccionaban igual que los que ahora somos Los Viejos ante los cambios en las costumbres, en la moral y en valores que siempre fueron más apariencia que corazón ¡Pero yo no voy a ser como todos! ¡Voy a tratar de entenderlos, aprenderé a ser nuevamente joven!¡Resucitaré aquellos años ya casi perdidos en esta…, si… esta especie de bruma nacida de mi edad! Buscaré aconsejar, pero no como aconsejan todos los viejos ¡Cómo me molestaban esos consejos! Cuando decían: “¡He vivido mucho más que tú!”, “¡Esto ya lo pasé!”, “¡Con todo lo que he vivido cómo no voy a tener razón!” y tantas argumentaciones por el estilo. Y uno, que naturalmente tenía muchas dudas, que claro está no eran debidamente satisfechas porque la mayor experiencia parecía suficiente razón solamente para Los Viejos –no para nosotros, los interesados- elegía el camino que nos parecía más digno –si era el más razonable o el más fácil era algo secundario- e íbamos a buscar nuestra propia experiencia. Los años pasaron, las vivencias fueron llegando y quizás también algo de saber. Aprendimos muchas cosas y desaprendimos otras... aprendimos a no caer cuando tropezábamos, a escuchar consejos, sopesándolos sin prejuicios y aceptando los más convenientes; desaprendimos, entre otras cosas, a ser frescos y felices.¡Cómo añoro esos tiempos en que era tan sencillo ser feliz!¡Éramos felices con un atardecer, con una sonrisa, con saberse vivos y participando del mundo! Escribimos en las paredes cosas como “Rebeldes hoy, mañana soportaremos rebeldías”, o “Nosotros somos los viejos intransigentes del futuro” ¿Y ahora...? Ahora todo parece ser como siempre, como estaba escrito que tenía que ser… las personas a medida que crecemos y envejecemos nos vamos tornando irreversiblemente  conservadoras…
¡Pero yo soy distinto! ¡Y lo estoy demostrando con esto que estoy intentando hacer! ¡Y con lo que hice!
Aunque debo decir que me costó mucho dar este paso…¡Es que hemos cambiado tanto!¡Si, la sociedad, la civilización…! ¡Cómo hemos cambiado! Cuando yo era niño, e incluso adolescente, todavía al sexo lo mirábamos como algo en cierta forma tabú, aunque ya se estaba comenzando a liberalizar el concepto…en los últimos años los niños pre-adolescentes, los adolescentes, los jóvenes y también muchos adultos rompieron las barreras que hacían que el sexo fuera algo para hablar en voz baja, para practicarlo a escondidas, para hacerlo a espaldas de los padres…el sexo se asimiló como un componente más de nuestra cultura, como salir a correr, como bailar, y no solo el sexo varón-mujer, sino también el homosexualismo y el bisexualismo… la humanidad de más pequeña edad se liberó de todas esas cadenas y asimilaron sus deseos, sus instintos o sus fantasías como parte de su cultura, como parte de su vida…
Y fue entonces que llegaron Ellos, los extraterrestres. Fue un suceso en todo sentido, por el enorme significado de un contacto pleno como fue éste –o casi pleno, diríamos, porque seguramente compartieron lo que ellos pensaban que nosotros necesitábamos- y porque aunque eran una civilización más avanzada que la nuestra  no hacía muchos siglos que habían tenido los mismos problemas que nosotros en su planeta, de sobreexplotación de los recursos naturales, de contaminación, de trastornos del clima ocasionados por sus actividades, de falta de alimentos, de superpoblación… y aquí estaban, habiendo ya colonizado varios planetas y con un mundo natal ya casi recuperado. De ahí su simpatía con los humanos. Ellos ya habían pasado por muchos de los problemas que tenían en la Tierra. Ante representantes de todas las naciones dieron recetas para energía abundante y limpia. También fórmulas para reconvertir los residuos que resultaban de todas nuestras actividades en compuestos que pudieran reutilizarse rápidamente -incluso en alimentos sintéticos- reconversión que no traía ningún riesgo para el medio ambiente u otras actividades. También tenían tecnología para acelerar cultivos y crecimientos de cualquier ser vivo, pero ante todo introdujeron un nuevo concepto, que revolucionó realmente nuestra vida… la síntesis de alimentos, y la posibilidad real de alimentarnos sin tener que matar otros seres vivos. Es cierto que esto último demoró mucho tiempo en ser llevado a la práctica, pero nos enseñaron como hacerlo rápida y eficientemente, de forma que reconfigurando estructuras moleculares se disponía rápidamente de alimentos de varios sabores y texturas. Nos abrieron además las puertas para los viajes espaciales de larga distancia, pues ellos sí utilizaban algo que solo nuestros teóricos habían previsto… Ellos eran capaces de fabricar y de utilizar los plegamientos espaciales que hacían que distancias de varios años luz pudieran hacerse en horas. Así pudimos comenzar a pensar en la búsqueda de otros planetas y en aliviar un poco el peso demográfico de éste. Sobre nuestro crecimiento poblacional también influyeron, directa e indirectamente, pues al haber energía y alimentos y también agua –que también podía sintetizarse- en más abundancia, se llegó a más población con campañas de información y también con anticonceptivos –algunos dicen que en los alimentos- que hicieron que finalmente se parara de crecer. La mayoría de estos aportes fueron supervisados por extraterrestres y resultaron bienvenidos por una simple razón: la situación en el planeta se estaba tornando insostenible. Solo por eso no hubo demasiada resistencia a estos cambios y cuando la hubo se anuló por los propios humanos. Muchas trasnacionales quebraron pero hubo también muchas que se adaptaron a las innovaciones y comenzaron a hacer negocio con estos cambios, abriéndose también una nueva etapa para todas estas compañías que tanto mal le habían hecho al planeta con su afán suicida de ganancias financieras.
Pero los cambios no terminaron aquí. Era grande la empatía que existía entre los extraterrestres y nosotros y no puede negarse que nos parecíamos mucho culturalmente o, dicho de otra forma, que ellos en algún momento de su historia habían tenido una cultura similar a la nuestra. Por eso hubo también una invasión –no tengo otra palabra- de muchos de sus rasgos culturales, como música, plástica, danza, artes audiovisuales, forma de vestirse –incluyendo materiales para confeccionar vestimenta- y otros componentes. Fue un cambio, realmente…Comenzó lentamente, con algunos sectores y lugares de vanguardia pero pronto todo eso se fue asimilando como nuestro. Aunque faltaba algo… Ellos eran hermafroditas, lo que hablando en castellano llano significa que funcionaban como machos o como hembras y quizás las dos cosas a la vez…Eran así y siempre lo habían sido, no por elección, así era su naturaleza. Pero nuestros adolescentes no lo vieron así…Les pareció algo fenomenal ser las dos cosas, machos y hembras en un solo paquete ¡Barbaridad! Y hubo sectores de los extraterrestres, sobre todo los más liberales, los vinculados a las artes sobre todo, que no vieron objeción en proporcionarles los elementos tecnológicos suficientes para colocar implantes en quien quisiera…implantes masculinos en hembras y femeninos en machos. Al principio fueron pocos, algunos, luego se fue convirtiendo en moda, en lo último, en lo más fashion… ¡era ultra-cool ser hermafrodita!… ¡Y se convirtió en epidemia!
Y ahí comenzaron los problemas. Cuando una sociedad es sometida a muchos cambios en poco tiempo –diez años desde la llegada de los extraterrestres- siempre hay reacciones negativas, pero se venían tolerando y soslayando bastante bien. Alguna protesta aquí, otra allá, alguna marcha, pero he aquí que como los más revoltosos y violentos siempre eran los más jóvenes y estos no tenían de que quejarse, eran los mayores quienes lo hacían, pero con cierta cautela, con calma…Pero cuando lo que ellos llamaban despectivamente La Enfermedad Hermafrodita –y utilizo aquí el término más suave utilizado- comenzó a circular dentro de las grandes ciudades, llegando a todos los jóvenes y a dentro de sus hogares, se rompieron sus barreras internas y salieron a las calles a protestar, a romper vidrieras, a quemar vehículos y a golpear policías… Se hubiera terminado ahí si los jóvenes no hubieran pensado que ellos tenían derecho a hacer con su sexualidad lo que les viniera en gana y no hubieran salido a manifestarlo… Así hubieron verdaderas batallas campales, con muchos muertos y muchos heridos y muchos daños. A esos sucesos se les llamó Los Grandes Disturbios.
Sucedió que cuando lo peor de Los Grandes Disturbios pasó, los humanos estaban divididos. Un importante sector de la sociedad, de edad madura, no quería ni siquiera dialogar sobre esto que había llegado para instalarse en nuestra civilización. La Enfermedad para algunos, La Peste para otros… ganaba adeptos a una velocidad envidiable. Las unidades de cirugía automáticas que los extraterrestres habían instalado en varios lugares del mundo trabajaban a un ritmo envidiable. Millones de personas, la mayoría jóvenes habían elegido transformarse… y de la misma manera que los mayores de cincuenta miraban horrorizados lo que estaba sucediendo, los más jóvenes cada vez menos atendían la opinión de los mayores, en todo sentido. Aquí estaba la verdadera enfermedad y la triste consecuencia de la liberalidad… una sociedad dividida, una civilización fracturada…
Pero no todos pensamos igual que los beligerantes, ya sean jóvenes o viejos…¡Claro que no! ¡Es mucho más importante reconstruir la sociedad, la civilización y el futuro que una diferente visión de la sexualidad! Por eso me decidí a hacer lo que hice.

Era necesario un gesto de buena voluntad, y un gesto que fuera debidamente publicitado y divulgado a nivel mundial. Estaba claro que  no iba a hacer esto solamente para demostrarle a unos pocos que el entendimiento podía lograrse, que no era tan horroroso el cambio… había frente a mí muchos medios de prensa y también varias organizaciones habían acudido a mi aviso en la red… Estaba seguro que lo que allí pasara llegaría hasta el último rincón del planeta en pocos segundos.
Había preparado un sencillo y corto discurso. Entre otras cosas dije: “Estoy cansado de que se discrimine a los jóvenes, estoy cansado de que la sexualidad condicione que los aceptemos o no como nuestros sucesores, como nuestros iguales… y  espero me consideren desde hoy y desde mi ancianidad, embajador y mediador entre jóvenes y viejos, entre liberales y conservadores… A los jóvenes les digo que no está bien que rechacen todo nuestro acervo, todo lo viejo, todo lo de antes… no podemos rechazar nuestra identidad… Y no son solo palabras, tengo ya ochenta años de edad… y estoy aquí para ofrecer un gesto de buena voluntad…”
Mis manos soltaron finalmente el broche magnético y mis pantalones cayeron al piso. Lo que quería que se viera quedó allí, a la vista de todos… Y todos los jóvenes que allí estaban aplaudieron estrepitosamente -los humanos mayores lo hicieron pero más reservadamente- pues seguía siendo un viejo, un anciano sí, pero ahora tan hermafrodita como ellos.
Cuando me vestí nuevamente ya no me trataban igual. Me trataban con respeto y escuchaban cuando tenía algo que decir. Fui entrevistado, las vistas en la red llegaron a millones en pocos minutos y no cesaban de llegar felicitaciones y buenos deseos… En pocas horas programé para el día siguiente varias entrevistas con parlamentarios y miembros relevantes de las comunidades de jóvenes. Pero lo que más me emocionó fue el tratamiento que me daban en la calle, los jóvenes me saludaban, se sacaban fotografías conmigo y me hablaban y trataban no como un viejo, sino como uno más de ellos… Mientras llevaba mis ochenta años hasta la puerta de mi casa pensé sonriendo: “La vida sigue y yo… ya  no soy tan viejo”

                                                       FIN