Luego de largos meses vuelvo a publicar aquí. A partir de ahora procuraré no perder continuidad, ya que he avanzado lo suficiente en cuentos y novelas para darle periodicidad a las publicaciones, luego de un año pues, familiarmente difícil... Mi nombre es Pablo Daniel Rodríguez Remedios, escritor, cantautor y fan de la ciencia ficción y de la fantasía. Gracias a todos por estar ahí y en especial a mi amiga del alma, la excelente poetisa Salma Hassan ¡Un abrazo fuerte a todos!

domingo, 20 de octubre de 2013

MALA SIEMBRA

Sin duda que ser barman requiere de vocación. No cualquiera se instala tras una barra y atiende con simpatía inagotable y sonrisa sin fin a todo aquel –o aquella- que desee un trago y no cualquiera está dispuesto a escuchar las alegrías o los pesares del cliente que desea o necesita ser escuchado. Puede pasar que sonreír y mostrarse agradables se torne frío e impersonal… pero seguramente no es el caso de Lucasio, el barman que traigo a colación necesariamente para este cuento. La calidez con que trataba a sus clientes era algo natural en él y hacía que estos sintieran en la barra natural confianza, alentando confidencias y confesiones.
Su trabajo le encantaba y estaba convencido de haber nacido para estar tras el mostrador, llenando vacíos, escuchando y a veces opinando.
Y por eso estaba preocupado…
Miró fugazmente al motivo de su preocupación. No era común ver un poteke en el Vuni Vuni y menos aún un poteke administrativo, como lo parecía por su vestimenta. Pero si esto era extraño más lo era el tiempo que llevaba bebiendo… ¡Tres ciclos ininterrumpidos! Aunque pensándolo bien, el Vuni Vuni, que estaba lejos de ser de los más distinguidos bares de la populosa y no demasiado limpia ciudad de Tekarae, quizás era el lugar ideal para realizar una insensatez de esas.
Recordaba cierta ocasión en que se enfrentaron –allí, frente a su barra- cierto número de soldados llegados de uno de los tantos frentes de guerra de la Alianza Celeste y un grupo de marineros espaciales, en un brutal duelo con sinke –un cóctel hecho de las bebidas más fuertes que existían-. Seis ciclos estuvieron bebiendo. Él, como correspondía, los acompañó hasta que el último de ellos cayó inconciente al piso. Fue una experiencia  que esperaba no volver a repetir, pues para estar tanto tiempo sin descansar necesariamente tuvo que hacer uso de las píldoras Voltic... que a la larga pueden traer consecuencias indeseables como no llegar a distinguir un pertal de un fanghe o servir verdeda por norlto, confusiones todas ellas que pueden tener consecuencias catastróficas.
Suspiró. No… esperaba que este cliente no fuera de esos. Lo tenía preocupado. Por la forma en que bebía se vislumbraba una gran pena… o más bien, por la forma y cantidad en que bebía, una singularmente grande pena.
Finalmente el barman tomó valor y saliendo del contexto de una insulsa charla de mostrador le dijo:
-Si comentar lo que le sucede le ayuda, puedo escucharle…
El cliente lo miró, con esa mirada algo extraña que tienen los potekes –acentuada quizás por la bebida consumida- y finalmente le contestó:
-Es algo demasiado espantoso como para contar-
-He escuchado cosas terribles, no se preocupe por eso-dijo, procurando tranquilizarlo.
El cliente tomó su recipiente, bebió largamente –estaba honrando al raci en ese lapso- y con aire de “Usted lo quiso” exclamó.
-Cometí un error
-Pues tiene que ser un error muy grave para castigarse de esta forma…-dijo, tratando de ganarse su confianza.
-¡Es grave...! ¡Soy un asesino!
Lucasio se alejó medio paso de la barra, instintivamente.
-¿Usted un asesino? No lo parece…
-Pero lo soy…- dijo apenado
-Cuénteme… En ocasiones es saludable hablar de nuestros pesares.
-No creo que me alivie, pero le contaré así entiende mi conducta, que le aseguro no es para nada normal…  Nunca había bebido tanto…
-Espero que no- le dijo Lucasio- porque son pocos los capaces de beber durante tanto tiempo y no quedar con algún trastorno…
-Dígame… ¿Oyó hablar del Servicio de Desarrollo Planetario? Yo trabajo allí…
Lucasio asintió, sin demasiado entusiasmo. Su cliente entendió esto como señal de duda y agregó:
-A veces sucede que la Alianza Celeste tiene interés en que determinado mundo se desarrolle y nosotros somos los que hacemos eso posible. Se puede tratar de planetas con importancia estratégica, o con especies que potencialmente pueden aportar algo nuevo o distinto o quizás se han quedado estancados y necesitan un catalizador o un estimulante… ¿Entiende?
Lucasio lo miró, sin saber que decir. Finalmente dijo –Algo entiendo. Eligen un planeta y lo ayudan a desarrollarse.
-Algo así. En general elegimos una especie de todas las que lo habitan y la ayudamos particularmente… casi siempre haciendo lo necesario para ayudar a desarrollar su inteligencia…
-Es una gran tarea- se animó a comentar el barman.
-Sin duda…
-¿Y qué sucedió?- preguntó Lucasio, que comenzaba a sentir algo de curiosidad.
-Hace ya algunos miles de ciclos nos enviaron a un planeta. Teníamos la orden de estimular la inteligencia de una de las especies inteligentes del planeta… Eran animales bellos y armoniosos. Potencialmente su desarrollo intelectual y espiritual los haría inigualables amantes del equilibrio.
-Por lo que describe eran hermosos…
-Lo eran, si –dijo el poteke con algo de pesar. Luego continuó.
-Las proyecciones nos informaban que en un tiempo prudencial ese planeta sería una potencia intelectual y ejemplo de balance y sustentabilidad… y por si fuera poco, importantes aliados nuestros en ese sector del universo.
-¡Increíble!
-Si, podía haber sido increíble… pero no fue así…
-¿No?- dijo Lucasio, apenado.
-No. Había dos especies que sobresalían por su inteligencia en el planeta, con cierto antiguo parentesco… Una, terrestre, que los nativos posteriormente llamaron “monos” y otra acuática, que posteriormente se denominaron “delfines”, en la jerga de ese mundo. Le aclaro que luego de efectuados los estímulos seguimos monitoreando los mundos, para ver su avance, aunque ya no se nos permite intervenir directamente en ellos.
-¿No pueden intervenir?
-No directamente… excepcionalmente nos permiten influir –o tratar de hacerlo- sobre las especies del mundo, para que ellos “enderecen” su camino… es lo más que podemos hacer…
-¿Pero en este caso qué sucedió?
-Teníamos el mandato –y el deber- de estimular a los delfines… pero nos equivocamos.
-¿Cómo que se equivocaron?- con lo que le había dicho de los delfines, Lucasio ya los estimaba tanto como a cualquier cliente a su barra.
El funcionario se sintió acorralado. No había sido tan buena idea recrear lo sucedido pues se estaba sintiendo nuevamente fatal. Bebió de un trago medio recipiente de raci.
-Es que hay algunos procedimientos que se hacen automáticamente… no los hacemos nosotros personalmente. Los mecanismos seleccionan una inteligencia, toman sus códigos genéticos, trabajan sobre ellos, los modifican, se fabrica un estimulante y este se siembra en la biosfera… así llega a donde queremos que llegue…
-Eso lo entiendo, pero… ¿Qué sucedió?
-¡Se equivocaron! ¡En vez de hacer más inteligentes a los delfines, lo que los haría la especie más fuerte del planeta y por ende los fundadores de una civilización que sería no solo excepcional sino también reconocida en todo el Universo conocido, estimularon a una especie de mono!
-¿Pero es tan grave?
El cliente hizo una pausa. –Los monos, desde ese momento, no han dejado de guerrear entre ellos… ¡Ni un instante! Al planeta lo han ido deteriorando lenta pero inexorablemente, tanto que están sufriendo grandes alteraciones, que no han terminado todavía… Su calidad de vida irá deteriorándose cada vez más hasta caer a niveles de insospechada decadencia. Hambre, enfermedades, pobreza, guerras… eso viven y eso tienen por delante.
-¡Pero es una calamidad! ¡Tiene razones para estar tan triste!
-¿Por eso? No es precisamente por eso que estoy tan triste, aunque eso lo sabíamos desde hacía mucho tiempo y hemos hecho lo posible para cambiarlo…
-¿Entonces?
-¡Es que hace cuatro ciclos me informaron que estos monos asesinaron al último de los delfines!
Lucasio lo miró. Por las mejillas del poteke del otro lado de la barra corrieron lágrimas que hicieron a su vez salir las suyas… Solo atinó a pasar su brazos por encima de recipientes, barra y diferencias y abrazar fuertemente a aquel que había asesinado a una especie y seguramente a un mundo.

                                               FIN


VIDA ETERNA

¡El Poder de la Iglesia se había finalmente restaurado! En una declaración que movió los cimientos de la civilización toda, la Iglesia declaró que tenía entre sus Divinas Manos el Elixir de la Vida Eterna y que este sería bondadosamente otorgado con La Comunión… Si, con ese trocito de pan que ceremonia a ceremonia consumían los fieles en todas las iglesias del mundo…
Ante el aviso, la cotización de las acciones eclesiásticas en todas las Bolsas del mundo se disparó. Se multiplicaron además las donaciones de estados y privados, por lo que el contenido de sus hambrientas arcas creció exponencialmente.
Incluso los gobiernos que habían osado dudar de su honestidad y religiosidad –que lamentablemente eran muchos, debo decir- pidieron para entrevistarse urgentemente con las máximas autoridades de la iglesia, con el principal objetivo de ser merecedores de su bendición.
“¡Solo por la Inmensa Bondad y Constante Sacrificio de ésta, la más grande Institución Humana, se nos ha dado el poder de distribuir la Vida Eterna entre todos los pecadores! ¡Alabado sea el que nos agradece adecuadamente! ¡Y que Nuestra Bendición acompañe a los Buenos de corazón!”
Eso decían… y aún los más escépticos entre los hombres –hasta los llamados “ateos”- se integraron a las largas colas para saborear periódicamente “La Comunión”.
La Iglesia había recuperado Su Poder… ¡Finalmente La Verdad había triunfado!

Conrado trató de tapar con sus manos el feo agujero, casi perfectamente cauterizado y apenas humeante, que le había dejado el láser en unos de sus flancos… sabía que su vida lo estaba abandonando aceleradamente. Si bien dicen que en esos postreros momentos se suele rememorar, como en pantallazos, toda la existencia que allí se termina, Conrado fue la excepción a la regla.
Él solo podía pensar en cómo había llegado a confiar tan ciegamente en Ella y en como esta confianza lo había matado…
Le amargaba pensar que en todos esos años no hubiera logrado conocer mejor a la institución que un día fuera su guía. Había escuchado sangrientas leyendas sobre  masacres y exterminios hechos en Su Nombre, pero nunca pensó ser una víctima más de esa organización, que nacida de dulces palabras y buenas intenciones azotaba la civilización desde centenares de años ha, renegando de aquel que había soñado con una mejor especie.
Su relación con la Iglesia siempre había sido amigable y la religión había estado presente de una forma u otra durante casi toda su educación. Acostumbraba rezar por las mañanas y también por las noches, antes de dormir.
Y ésta era la única razón por la que aceptó cuando una alta autoridad eclesiástica le pidió agregar uno de sus investigadores a su equipo de trabajo. Le parecía normal tener en el grupo a alguien que, según decían, estudiaría las implicancias filosóficas de sus investigaciones y eventualmente ayudaría a preparar a la Humanidad para el uso de  un descubrimiento de tal importancia, quizás el más importante de su historia.
Lo cierto es que, dada la naturaleza de su investigación, en ningún momento su curiosidad le pareció sospechosa… ¿Pues quién podía ser indiferente a la posibilidad de vivir eternamente?
¡Obviamente que se podía haber negado! ¿Pero que qué mal podía esperar de la Iglesia? ¡De Su Iglesia!
No esperaba que al lograr obtener finalmente El Elixir, se lo reclamaran inmediatamente, dejando al descubierto sus verdaderas intenciones.
“¡Lo necesitamos”!- dijeron.
-“¡Es la única forma de volver a tener el poder que nunca debimos perder!”- insistieron.
Pero él no estaba de acuerdo con la forma en que lo iban a utilizar.
Así que ellos hicieron lo que pensaban que tenían que hacer.

Nunca pensó que terminaría así, se dijo, mientras ya los últimos suspiros salían por su boca entreabierta. La Iglesia -¡Su Iglesia!- le había robado descaradamente el Elixir de la Vida Eterna, el invento más importante de todas las épocas... y uno de sus esbirros le había abierto ese feo agujero, la herida que lo mataría en segundos… Aunque eso no era lo peor… ¡Lo que más lo apenaba era que ni siquiera le habían dado la extremaunción!

                                          FIN


viernes, 30 de agosto de 2013

LOS LADRONES

NO HE PODIDO DEDICARME A ESCRIBIR EL TIEMPO QUE ME GUSTARÍA...AFORTUNADAMENTE IDEAS TENGO,  PERO COMO SIEMPRE Y POR MUCHAS RAZONES -ALGUNAS LABORALES- DEMORO EN CRISTALIZARLAS... ES LA LUCHA CONSTANTE Y DIARIA!!!

                                                   LOS LADRONES

¡No podían creerlo! ¡Habían descubierto el décimo planeta!
La algarabía a bordo de la “María del Carmen” era tal que llenaba hasta el último rincón de la nave exploradora. Risas, gritos y el intenso golpeteo de paredes, mesas, sillas y todo elemento metálico que pudiera ser utilizado para tal fin… todo contribuía con su parte al estruendoso festejo.
Sin duda que si hubieran estado en un puerto todos sus vecinos se hubieran enterado; tampoco ha de dudarse que eso hubiera justificado un llamado de atención de la guardia. Pero no allí, no en esa zona desolada del espacio, no en los lugares donde ellos generalmente hacían su trabajo…
Y pensándolo bien, lo que estaban celebrando difícilmente fuera motivo de reprimenda.
Es que seguramente con su espectacular serie de descubrimientos –estupenda razón para festejar- se habían ganado un destacado lugar en la historia de la colonización y por supuesto en el corazón de decenas de millones de colonos.
La “María del Carmen” no solo era la primera nave de exploración en hallar diez planetas habitables sino que estos planetas eran de una calidad excepcional, como diez joyas únicas y raras… Misterio y casualidad, conjugadas en diez mundos hermosos y perfectos diseminados en un sector relativamente pequeño del universo, brillantes descubrimientos que además significaban el fin de su carrera de exploradores espaciales. Así lo habían decidido tiempo atrás.
Apenas habían descubierto el cuarto planeta cuando Dipi -una humana que venía del planeta Ubternis-,  en una de las tantas conversaciones sobre esa espectacular racha que estaban viviendo, mencionó por primera vez su intención de retirarse.
-No estoy pensando en retirarme ahora… -aclaró- pero me gustaría, no sé, fijarme una meta…
-¿Y cuál sería tu meta?- le preguntó Zup.
-¡Ocho planetas!- dijo entusiasmada Dipi
-¡Estoy de acuerdo!- le respondió Zup, con raro entusiasmo en él. Nativo de Israelia, un penumbroso mundo, tenía tan buena visión nocturna como apagado estado de ánimo.
Más Anton sugirió –Si estamos pensando en retirarnos cuando descubramos el octavo planeta, cosa que sabemos es casi imposible… ¿Por qué no retirarnos cuando descubramos el décimo, algo casi igual de imposible?
 Todos estuvieron de acuerdo, aún Happy, que era con seguridad el que menos deseos tenía de abandonar la vida de explorador. Pero si lo hicieran con diez planetas descubiertos –“¡Diez planetas! ¡Que hermoso sueño!”, pensó- seguramente estarían dadas las condiciones para que ese retiro fuera muy placentero.
Hablaron mucho sobre lo que sucedería luego de descubrir ese décimo planeta. Se veía cada uno asentado en cualquiera de esos mundos, con enormes extensiones de territorio y grandes mansiones y viajando de un planeta  a otro para visitarse… Imaginaron sus nombres en ciudades, en vías de transporte, en mares y ríos… ¡Y hasta era posible que usaran alguno de sus nombres para designar algún mundo de los descubiertos!
Por otro parte no dejaba de intrigarles la curiosa “terraformación” de los mundos descubiertos, ni la forma en que llegaron a ellos. Es que ninguno pudo explicar porqué la nave fue a dar a esas coordenadas… Anton, que era el navegante, juraba que nunca las había introducido en el rumbo.
Una nave exploradora saltaba de aquí para allá, prácticamente a ciegas, buscando cualquier cosa de provecho, desde asteroides de metal o agua hasta planetas y planetoides relativamente habitables. Saltar y explorar… saltar y explorar… Y que en esa rutina de saltos y búsquedas se encontraran con una serie de mundos casi perfectos… ¡Era difícil de explicar! Es que raramente una nave llegaba a encontrar dos o tres planetas “útiles” y  había tripulaciones que se retiraban sin haber hallado jamás algún planeta que permitiera siquiera algún tipo de asentamiento humano.
Pero no era así con los mundos que ellos habían descubierto… Estos estaban prontos para ser habitados… ¡Como si los hubieran estado esperando!
Eso era inexplicable y no menos inexplicables eran las particulares coordenadas bióticas de los mundos descubiertos.
Fue Elgath, quien realizaba los análisis –indispensables para llenar sus informes y acreditarse el descubrimiento- la que encontró algo totalmente inusual en los resultados.
Es que según el sistema de clasificación de planetas más utilizado –una de las gigantescas ecuaciones en donde se introducían las numerosas variables, expresiones numéricas de los “rasgos” que definían a los mundos- estos tenían casi la misma aptitud para ser habitados… ¡Aptitud extraordinariamente alta! Intrigada, llamó a sus compañeros.
-¡Vean esto!- les dijo Elgath, emocionada, mostrándole los datos y el resultado, ese índice tan extrañamente igual para todos los planetas descubiertos.
-¿Y eso que significa?- preguntó Zup.
-Significa –explicó Elgath – que entre otras cosas, la atmósfera no es perjudicial para los humanos, siendo perfectamente respirable, que la gravedad no es un obstáculo insalvable, que no hay especies animales ni vegetales ni de ningún tipo que amenacen nuestra predominancia, ni formas de vida inteligente que compitan con los posibles colonos en la utilización de recursos.
-Es como para pensar…- dijo uno
-¡Es realmente poco creíble! –continuó Elgath-Es que todo parece apuntar a que hubo una intervención externa sobre todos estos mundos, para irlos “adaptando” a nuestra forma de vida y más aún, hacerlos parecidos entre sí…
-¡Pero eso es imposible! ¿Quién haría eso? ¡Este es un sector donde nunca antes habían estado los Mundos Federados!
-No existe ninguna tecnología ni poder que sea capaz de hacer una cosa así, por lo menos no dentro de Lo Conocido…
-¿Entonces…?
-Que hay algo muy raro en todo esto…
Se miraron, incómodos… pero todas las preguntas y  sus posibles respuestas fueron dejadas de lado nada más pasar unos minutos, pues todas esas circunstancias misteriosas, esas coincidencias y casualidades, quedaban opacadas ante sus espectaculares hallazgos. Tal era la fama que habían ganado apenas encontrar el tercer planeta –tan extraño como llegar al décimo- que una gigantesca flota de naves de colonos había comenzado a seguirlos, llamándolos “La Bendición del Universo”, haciéndole altares y rindiéndoles pleitesía a la “María del Carmen” y su divina tripulación y siguiéndolos como si en ellos estuviera la solución a su incierto futuro.
Al parecer no se equivocaban.


La secretaria avisó con un destello perfumado su entrada en el despacho de Phetre.
-¡Su Serenidad!- le dijo, con unos discretos códigos naranjas, llamando su atención.
Phetre la miró, contemplando todas sus herbotantes líneas, sus difusionadas curvas, sus aromatizadas elenques… ¡Daban ganas de comérsela! –pensó finalmente para sí -¡Pero no lo haría! No era fácil conseguir secretarias capaces en estos tiempos… ¡Y la última tenía un implante de xereseros que casi lo envía al cirujano!
-Diga, estimada secretaria…
-No son buenas noticias las que tengo que darle… -dijo ella, temblequeante en su colorosidad…
-¡No, otra vez no!
-Si, Su Serenidad… ¡Han llegado al décimo planeta!
Pleno de furia, pateó el recipientes con siturenos que aromatizaban el punclido… luego pareció que el Universo le hubiera caído encima… -¿Y cuánto llevo perdido?- anímose a preguntar.
-Son ya seis mil millones de sixtrillones de cuatranines…- y pareció que esa enorme, inconmensurable cantidad llegara galopando encima de una leve brisa, totalmente olorosa, totalmente Ella…
Se sintió desfallecer. Le faltaba el otroxón, le titilaba el setenio y sus registros dejaron de ser lo fiables que siempre habían sido. La secretaria se asustó temiendo que se desvaneciera y le dijo:
-¿Llamo a un cirujano?
-No, no, querida, no es necesario… Su grandilocuocidad estaba desmoronada, pero igualmente tuvo fuerzas para pensar en alguna solución… ¿Qué haría? No creía que pudiera hacer mucho… Quizás era el momento de retirarse, quizás… Miró nuevamente a su secretaria. Ella también lo miraba, seguramente tratando de adivinar que se escondía tras su veloso caratudelo…

El sabía desde el principio que el mercado clandestino de planetas tenía sus riesgos. Tenía claro también que La Autoridad no consentía y obviamente no podía enterarse de lo que se hacía con esos mundos… de hacerlo, seguramente le pistitararían los endrenos y posiblemente le drupenearan los trulos hasta que solo viera en amarillo. Pero estos riesgos eran indispensables si quería, algún día, retirarse a algún lugar tibiamente radiado, inundado de esas ondas tan líquidas y refrescantes solo existentes en los Paraísos Envolventes. La Autoridad odiaba que Ellos modificaran mundos… le parecía algo aberrante. Que lo hicieran los seres orgánicos, le caía mal pero lo consentía, por ser portadores de la Enfermedad Original, pero Ellos, Los Alados… ¡No! ¡Ellos no!
Sus sonteros se agitaron con enojo y desencanto.
¡Claro! ¡Pero La Autoridad era incapaz de ver que Ellos también necesitaban vacaciones! ¡O que querían retirarse de la actividad en algún momento! ¡Y que ser Alados, por más respetable que fuera su trabajo, no le abría las puertas de ningún Centro de Descanso! ¡Ellos también necesitaban dinero! Lo que más le molestaba era que cualquier ser orgánico, o semi-orgánico o cualquier estrujo de energía podía tomarse vacaciones, descansar, radiarse, templarse, entoropinarse… ¡Pero Ellos no!
No, no, no… ¡No estaba de acuerdo! Y por eso él y otros como él manejaban varios negocios “por el camino de la izquierda”, para reunir el suficiente dinero y marcharse, si, si, lejos de todo esta “bondadosidad” o “regularidad” o más bien “rutinaroriedad” que le tenía los trulos por el zenete –disculpando lo burdo del lenguaje-.

Había trabajado como nunca, encontrando mundos, aniquilando especies, modificando atmósferas, plantado la potencialidad de que cualquier cosa que se sembrara seguro crecería libre y fuerte… ¡Hasta había movido levemente el eje de cuatro de estos diez planetas! ¡Muchas cosas había hecho!
¡Y se los habían robado!
Nunca pasó por su intelectualidad que pudiera ocurrir algo parecido. ¿Cómo es posible? –se decía- ¿Cómo puede haber pasado tal cosa?- exclamaba.
-¡Esos inmundos seres! ¿Quién iba a pensar que ese mundo lleno de monos iba a engendrar criaturas tan molestas? ¡Habría que haberlo desertificado y vuelto a plantar! ¡Humanos, Humanos…! Palabras que a sus netantes sonaban como “¡Ladrones, ladrones, ladrones!”
Era totalmente inexplicable que hubieran podido dar con esas coordenadas… a menos, claro está, que alguno de sus competidores hubiera manipulado sus mecanismos de salto para que llegaran allí “por casualidad”.
Pero el negocio era así, lamentablemente… ¡Y poco podía hacer para cambiarlo! El mercado negro de mundos, dentro de toda su ilegalidad, era uno de los negocios conocidos que más ganancias daba… y había resultado también uno en lo que más dinero se podía perder… millones y millones y millones de cuatranines!
Había muchas organizaciones energéticas que compraban mundos para sembrarlos de los productos que les resultaran más rentables… Los cultivadores de conciencias pagaban mucho por los planetas, pero no eran los únicos… Los recolectores de sentimientos y los fabricantes de almas gastaban fortunas en siembras y cosechas y tampoco era despreciable la cantidad de energía que podía recolectarse de un mundo si las cosas se manejaban adecuadamente…
Pero él se retiraría, ya estaba decidido… ¡Este último atropello era intolerable!
¡Intolerable e incambiable…!
Ahora tendría que hablar con sus clientes, los que estaban preparados para comprarle sus mundos -¡Porque eran “sus” mundos!- y decirles que su oferta habíase reducido. Mal vendería los cuatro que le quedaban y se retiraría…
¡Si, si, diez planetas perdidos eran suficientes!
Realizó las ventas directamente, supervisó el pago y finalmente truneó a su secretaría y le preguntó:
-¿Usted tiene alguna relación duradera con algún ser?
-¿Yo? No, Su Excelentísimo, no, estoy por completo dedicada al trabajo…
-¿Aceptaría tomarse unas vacaciones conmigo?
-¿Vacaciones?
-¡Claro! Podemos comenzar con unas vacaciones y luego continuar con una licencia y luego quizás seguir con un retiro… Pensaba en las playas de Astaratatán o en las Pistas Desarrollables de Pitín… ¡Claro!… ¡Vacaciones! ¡Descanso! ¿Me entiende?
-Claro que lo entiendo- dijo ella colorisadamente excitada, vibrosa y sumamente bellísima… -¿Cuándo partimos?-preguntó finalmente.
-¡Ahora mismo!- dijo Phetre.
Preparando ultrarápidamente las blatos, desplegó sus britístulas y se dispuso a comenzar esas vacaciones tan merecidas, tan deseadas y tan forzadas.
 No sabía si regresaría alguna vez a ese negocio… no tenía idea. Su génesis había estado involucrada en el tráfico de mundos desde hacía evos, pero eso no significaba que si él tenía otros intereses, otros gustos u otras necesidades no pudiera satisfacerlas… ¡Pero lejos de los humanos! ¡Lejos de esos Ladrones! ¡Su impunidad lo deprimía!
Afortunadamente su secretaria estaba bella y deseable como nunca, lo que hizo que casi se olvidara de sentir algún tipo de pena por su despedida.


                                       FIN

viernes, 19 de julio de 2013

PROHIBIDOS LOS MANTRAS

 Edi Kinde estaba asombrado por la paz y la armonía que se observaban en Bonaire. Trabajaba en una compañía interplanetaria de fabricación y venta de herramientas agrícolas y conocía suficientes mundos como para darse cuenta que éste era uno excepcionalmente pacífico. Sobre todo lo conmovía ver como las dos especies predominantes en el planeta, los nativos, humanoides llamados “trunges” y los humanos –llegados en una avalancha de colonos hacía unas decenas de años estándar- se mezclaban por las calles y en los mercados, derrochando amabilidad y cortesía. Quizás influía en eso que ambas especies se complementaban en la cadena de producción de bienes, que  había trabajo para todo aquel que lo quisiera y que el nivel de vida de todos era relativamente bueno. Incluso a los más desfavorecidos, de ambas especies, no les faltaba un techo sobre su cabeza y comida en su mesa, por lo que no existían serios motivos de conflicto y en consecuencia reinaba una paz que bien podía llamarse ejemplar.
Pero pronto descubrió que esta armonía y tranquilidad no eran perfectas y que existía una ocasión en que se transformaban en grandes rivales. Sucedía que ambas especies eran fanáticas del deporte más extendido por todo el universo conocido: el balompié, soccer o fútbol, así que cuando periódicamente se enfrentaban los equipos en la liga planetaria pues… cualquier cosa era posible.
Existían dos “ligas” independientes… una humana y otra trunge. Cada una de ellas tenía su campeonato y cuando estos culminaban, los ganadores de cada uno de ellos competían entre sí para elegir el mejor equipo del planeta, que luego representaría al planeta en el Campeonato Federal.
Por casualidad, el principal evento deportivo de la temporada, el juego que decidiría el Campeón Planetario, se realizaría durante la estadía de Edi en Bonaire. Un poco por curiosidad y mucho más por  obligación protocolar, no pudo negarse cuando lo invitaron a presenciar el juego desde las gradas, en el mismo campo de juego.

Ya a la entrada del enorme escenario y mientras aguardaban el control de sus tarjetas de acceso, Kinde observó un enorme cartel en donde se advertía sobre las prohibiciones, que aparentemente eran las usuales, escrito en los idiomas más usados por la Federación y por supuesto en trunge.
 A saber, estaba prohibido entrar al campo de juego, agredir de cualquier forma a jugadores, árbitros o seguidores, ingresar y por supuesto utilizar cualquier tipo de armas o cualquier elemento como arma, exhibir las “gnubles” o partes sexuales, sean masculinas o femeninas, abusar de bebidas alteradoras de la conducta, sea energéticas, alcohólicas o alucinógenas y utilizar elementos que obstaculizaran la visual de los demás concurrentes al espectáculo.
Pero lo que más le llamó la atención, fue que habían agregado uno más pequeño y obviamente más reciente que decía: PROHIBIDO LOS MANTRAS.
-¿Por qué este cartel?- preguntó curioso.
-¿Ese cartel?- sonrió su guía –Ya sabe que tanto humanos como trunges son fanáticos del balompié… y lo que más anhelan es ganar el campeonato planetario.
Edi sonrió a su vez, pues entendía las pasiones que desataba el balompié en todo el universo conocido. También eran un factor de unión entre todas las culturas que podían practicarlo, incluso fuera de la Federación.
-¿Pero porqué prohibir los mantras? ¿Qué relación tienen con el juego?
-Pues, sucedió algo el campeonato planetario de hace dos temporadas. Históricamente los trunges nunca habían podido ganar un torneo planetario…
-¿Nunca?
-No, ni una vez. Juegan bien, pero son algo, cómo decirlo… Tienen buena técnica y tácticamente no son muy malos, pero les falta todo lo demás.
-Si, entiendo, coraje, arrojo, valor, agresividad…
-¡Agresividad tienen! ¡Pero no la saben manejar!
-Lo entiendo.
-Pero querían ganar el torneo… Necesitaban ganar el torneo.
Edi lo miró con más atención.
-Por lo que fueron a hablar con un fabricante de mantras.

Prístino Gemes vivía semioculto en un oscuro lugar en los suburbios humanos de Gideon, una de las ciudades más importantes de Bonaire. No era de su interés sobresalir en nada así que olía como todos sus vecinos, hacía ruido como todos sus vecinos y acostumbraba sentarse en el frente de su casa a ver a sus vecinos, exactamente como estos lo hacían. Esto cuando no estaba trabajando, claro. Prístino era un destacado fabricante de mantras. Los hacía para toda ocasión y circunstancia. Los hacía complejos, simples, largos, cortos, oscuros y claros… Se sobresaltó un poco cierta tarde que, dentro de su casa y concentrado en un sendero de palabras que estaba explorando, aparecieron ante él avisando apenas su presencia, tres seres encapuchados… -¡Trunges! – se dijo.
-¿Qué se les ofrece, estimados?
-Si es usted el honorable Prístino Gemes, necesitamos su ayuda.
-Están con la persona indicada. Cuénteme qué necesitan.
Gemes escuchó con atención a los trunges. Además de que eran sus posibles clientes –y el cliente siempre tiene la razón-le parecía que los trunges realmente tenían motivos para ser ayudados.
-Está bien. En una semana les tendré pronto el mantra.
-¿Y cuánto nos cobrará, honorable?
-Lo que ustedes juzguen conveniente, estimados trunges.

El día del juego final del campeonato planetario, los humanos y los trunges se repartían exactamente a la mitad las butacas. Hubiera sido un día de juego normal, sino hubiera sido por algunos detalles que sumados lo hacían un día extraño. Los trunges, contra toda costumbre, entraron sin grandes banderas ni estandartes, sin instrumentos musicales, sin cornos ni tambores… simplemente a cada uno se le daba una hoja impresa con algo; una canción, pensaron los humanos que se percataron de tal suceso.
Cuando estaba por comenzar el juego, a un fenomenal alarido, todos los trunges tomaron sus impresos y comenzaron a entonar un sonoro y retumbante poema, una y otra vez, una y otra vez… Los humanos lo tomaron como un chiste y por lo demás no afectaba para nada a los humanos que estaban en el campo de juego, ni a los que miraban ni a los que jugaban… pero sí a los trunges. Estos jugaron con una ferocidad, con una velocidad y precisión nunca antes vista en ellos… tanto que, cuando se terminó el juego y los trunges detuvieron sus gargantas y a la vez el mantra, se encontraron con que por primera vez en la historia de la Copa Planetaria eran campeones de la misma, por varios goles de diferencia.
Los trunges festejaron varios ciclos planetarios el triunfo. Su alegría desbordante llenó las calles del planeta, y a pesar de que los humanos trataron de todas formas de que el triunfo fuera anulado por ilegal, tanta felicidad trunge pronto los hizo olvidar todos los reclamos.
Un campeonato perdido en cuarenta jugados no era el fin del universo… Pero prohibieron los mantras.

                                               FIN 


EL INFIEL

ALGUNA VEZ MENCIONÉ QUE ESTE BLOG ES PARTE IMPORTANTE DE MI PRODUCCIÓN LITERARIA, SOBRE TODO PORQUE ME ESTIMULA A ESCRIBIR... Y ES PARTE DE ESTE "PROCESO" QUE ESTOY VIVIENDO, EN LA MÚSICA, EN LA LITERATURA Y EN LA VIDA. ESTE CUENTO NO ME CONVENCIÓ TOTALMENTE -QUIZÁS PORQUE LO VEO DE TRANSICIÓN- PERO VI EN ÉL COSAS QUE LO PUEDEN HACER INTERESANTE... ASÍ QUE AQUÍ ESTÁ!!!

                                        EL INFIEL

¡Estaban alarmados, alterados, desquiciados! Lo que ellos llamaban “un imperdonable delito” se había propagado como un fuerte viento primaveral por todo el planeta, para luego transformarse en un tornado que amenazaba cambiar todo lo establecido…  ¡Y él había comenzado todo!

Lo detuvieron cuando estaba a punto de subir a su coche para ir a trabajar. En cuestión de segundos y casi de la nada, brotaron de todas partes armados uniformes oscuros y un respiro más tarde estaba esposado de pies y manos y lo llevaban en andas rumbo a un camión-calabozo.
La prensa también había aparecido como por arte de magia de los jardines, de los árboles que custodiaban la calle, de los hermosos y verdes cercos… allí estaban, decenas de periodistas.
Sus preguntas no lo desalentaron.
-¿Es cierto todo lo que dicen de usted?- le preguntaban.
-¿Se declara culpable o inocente?- insistían.
-¿Tiene pensada su defensa?
-¿Ya eligió su abogado?
-¿Se siente perseguido políticamente?
-¿Le emociona mucho ser el más grande criminal de la modernidad?
Impasible, Herotindo parecía flotar hasta la puerta, ya abierta, que pronto se cerró tras él, dejándolo enjaulado.

Sabía que tarde o temprano lo atraparían. Era cuestión de tiempo. No se podía delinquir como él lo había hecho sin que fallara algún cabo, sin dejar alguna pista –por mínima que fuera-, sin que alguien abriera la boca de más, quizás sin ánimo de perjudicarlo, inocentemente, pero dañándolo al fin.

Intentó por horas hacer entender a su abogado el “porqué” de sus delitos, pero este no comprendió sus razones, aunque dijo estar dispuesto a defenderlo hasta las últimas consecuencias.
Tampoco parecían interesados en escuchar las causas de sus delictuosas acciones, el grupo de juristas que elaboraría su pena, una pena que temía fuera ejemplarizante. Mostraron tan opaco desinterés que cayó en un estado de premonitoria resignación… Estaba claro que no querían oír lo poco que llegó a decirles… solo eran palabras al viento, charla barata o algo que valía la pena ser olvidado antes siquiera de ser escuchado.
Lo único que le mantenía en pie eran los buenos recuerdos de sus numerosas infidelidades, dulces, agradables, que a veces recordaba con una sonrisa a flor de labios y la convicción, firme como una roca, de no involucrar a nadie más en todo esto. Se comprometió a no hablar de sus cómplices, aún bajo las más crueles amenazas… por más que amenazaran con enviarlo a la prisión más oscura y olvidada de los mundos conocidos.

Pero lo cierto es que era una celebridad. En los periódicos aparecía su fotografía con rótulos como “Subversivo”, “Delincuente”, “Amenazante”, “Terrorista”, “Revolucionario” y muchos adjetivos más, para nada agradables. Claro que había cometido un delito –bastantes en realidad-, pero nunca pensó que acabaría siendo tan famoso, aunque lo apenaba un poco que lo único que parecía interesarle a los periodistas eran sus sonrisas y sus saludos, cerrando la puerta a cualquier otra expresión. Nadie le preguntó el “porqué”… y apenas - con restricciones- llegaron a preguntarle el “cómo”.

Seguramente contribuía mucho a esta celebridad que más y más siguieran su ejemplo, rompiendo la ley –así como él lo había hecho- en una epidemia, en una tormenta de incorrecciones, en un alud de faltas a las reglas puestas por el poder del Estado… ¡Y de todo eso lo culpaban!
Él, en cambio, no se sentía totalmente culpable y en consecuencia tampoco se sentía totalmente delincuente.
¡La culpable de todo era esa asquerosa y mutilante burocracia! ¿A quién culpar sino a las normas, las leyes, los requisitos? Formularios para esto, formularios para aquello, códigos de esto, códigos de aquello… ¡Desde la primaria aprendiendo códigos! ¡Desde pequeñitos manipulando formularios! ¡Y todo para llenar decenas de formas diarias! ¡Estaba harto de vivir en una “formulario-cracia”!

Y el grado de descontento –según decían, descontento que él había sembrado- era tal que en la actualidad los disturbios y manifestaciones públicas eran corrientes. Es que meses atrás, ante las incipientes señales de desobediencia, habían comenzado a reprimir y a controlar de forma intolerable todos los actos –incluyendo las infidelidades, obviamente- de los ciudadanos. Pero el resultado fue opuesto a lo que ellos esperaban.
Se desencadenó una ola de marchas y protestas, berrinches y combates callejeros, paros y huelgas, carteles, banderas, afiches y cánticos, con una sociedad que ya no solo hablaba de abolir algunos formularios, sino de cambios más profundos… Esto era lo que más asustaba a los que gobernaban, quienes nunca antes habían enfrentado un problema de ese calibre.

Todo se inició por casualidad, nunca planificó nada y lejos estaba de sus intenciones terminar siendo un famoso criminal o por lo menos uno de los más famosos.
Comenzó como podría comenzar cualquier infidelidad. Solo fue cuestión de mirarse, me gustas, te gusto, ¿qué te parece si…?  y luego, de urgencias… Pero ese día y en esa ocasión, fue diferente.
El marido de ella estaba de viaje –cosa que ella estaba aprovechando obviamente para divertirse un poco- así que lo invitó a su casa.
 Al principio lo iban a hacer, casi totalmente vestidos, en la mesa de la cocina… Esos códigos los recordaba –hablo de los códigos de “casi totalmente vestidos” y “sobre la mesa de la cocina”, pero luego decidieron sacarse algo más de ropa y fueron a dar a un largo sofá de la sala de descanso… El código de “apenas vestidos” también lo recordaba, pero el de “sofá en sala de descanso” no, por lo que tenía que hacer memoria o recurrir al libro de códigos. Es en ese momento, en que nos olvidamos de los códigos mientras estamos intentando llevar adelante un ejercicio sexual –y pero aún, una infidelidad, en donde los tiempos parecen ser más cortos- que a veces este tipo de sucesos fracasa. Obviamente… distracciones, desconcentraciones, disfunciones. Claro que nuestro sabio estado elaboró una solución para ese problema: una pastilla que hace que nuestras erecciones se mantengan a pesar de tener que detenerse a abrir el librito de códigos –y obviamente tomar nota de estos, para luego trasladarlos al Formulario de Infidelidad-. Pero sus desventuras no terminaron ahí, pues luego se recostaron en la alfombra peludita –sintética obviamente- que estaba frente a la chimenea… ya para ese entonces no tenían ropa. El código de “totalmente desnudos” lo recordaba nítidamente, pero “alfombra peludita frente a la chimenea”… ¡Ese no tenía ni idea! Así que… ¿Saben que hizo? ¡Dejó de lado códigos y formularios! Inmediatamente luego de tomar tal decisión sintió un gran alivio, como si una nueva vida comenzara para él… Olvidado de códigos de poses, de códigos de lugar, de cualquier código y por supuesto del Formulario de Infidelidad –que ya no tendría que llenar- esa noche fue una noche memorable.

Al día siguiente, un poco antes del amanecer y llegada la hora de despedirse, ella le preguntó si había llenado el formulario –que tenían que firmar ambos y presentarlo en un lapso de cinco días estándar en la Oficina de Formularios del distrito o enviarlos por correo a la Oficina Central-. El, sonriendo, le dio un beso en los labios y se marchó. Ella también sonreía cuando cerró la puerta de su casa.

La segunda, tercera, cuarta vez, sucedieron casi como si esa primera ruptura de la ley llevara invariablemente a que la ley fuera olvidada, quebrada, rota, pisoteada… invariablemente. Pronto perdió la cuenta de las veces que había delinquido. Lo hilarante era que estaba convencido de que él  y solo él era el delincuente, nunca hizo responsables a sus eventuales compañeras de estos delitos… Tenía claro que el no tenía cómplices, nunca tuvo, solo personas que lo ayudaban a seguir delinquiendo.

Uno de los jueces le estaba haciendo una pregunta.
-¿Recuerda cuándo fue la primera vez que dejó de llenar los formularios?
Pensó unos segundos… largos segundos, casi minutos… -No lo recuerdo, hace mucho, creo…
-¿Tiene idea de cuántas veces cometió infidelidad?
-No… -dijo avergonzado- En realidad perdí la cuenta…
Todos lo miraron escandalizados.
-¿Pero está conciente de que la ley exige que cada vez que alguien comete una infidelidad debe llenar un formulario y luego hacerlo llegar a la Oficina de Formularios para que ésta lo envíe a la Oficina de Conteo de Infidelidades? ¿Lo está?
-Si, lo estoy- dijo, con algo de compungimiento en su voz.
Otro levantó levemente la voz -¿Es conciente de que por cada formulario que no llenó le corresponde un tiempo de cárcel y que nosotros decidimos dónde cumplirá la suma de estas condenas?
Eso también lo sabía, pensó, aunque no creía que consiguieran pruebas de todas sus faltas.
Y finalmente otro dijo, con áspera voz -¿Y que además, que en definitiva es lo peor que trajo su mal comportamiento, hay ciudadanos que están siguiendo su ejemplo?
-¿Se da cuenta?- dijo otro – Una costumbre tan arraigada, una tan “buena costumbre” como esa de llenar formularios cada vez que se es infiel… ¡Está siendo violada constantemente! ¡Seguramente en este mismo momento hay alguien que está siendo infiel a alguien sin ni siquiera pensar en qué códigos está usando! ¡Y seguramente no llenará el formulario!- terminó, resoplando y rojo por el esfuerzo.
-¿Alguna vez pensó en las razones para la existencia del Reglamento para Una Buena Infidelidad? ¿Lo pensó?- insistió otro.
Siguió mudo, cabeza gacha.
-¿Pero qué sentido tiene?- se animó a decir…
-¿Qué sentido tiene qué?- le repreguntó alguien rápidamente.
-¡Llenar los formularios! ¿Qué sentido tiene?
-¡Me extraña su pregunta, teniendo una respuesta tan obvia, tan clara! ¡Los formularios deben llenarse para llevar un registro de las infidelidades, obviamente!- dijo, subrayando la última palabra.

Los disturbios continuaban por todo el planeta, pero especialmente en las afueras de los lugares donde era recluido o donde se le hacía juicio.
Así que a nadie extrañó –aunque sí a las autoridades, que nunca habían visto algo parecido- que la multitud entrara al tribunal, anulara los guardias, lo liberara y lo pusiera rápida y eficazmente fuera del alcance de La Autoridad.

Un Infiel había comenzado La Revolución.

                                             FIN



miércoles, 15 de mayo de 2013

EL DESCANSO


MIS DISCULPAS POR LA TARDANZA EN "COLGAR" CUENTOS... MI TRABAJO NO SIEMPRE ES COMPATIBLE CON ESCRIBIR Y NO ME RESULTA FÁCIL HACERLO, POR MÁS QUE IDEAS -DE CUENTOS Y NOVELAS Y AFORTUNADAMENTE- NO FALTAN EN MI CABEZA. ESPERO LES GUSTEN ESTOS DOS CUENTOS Y GRACIAS POR ESTAR AHÍ...

                                 EL DESCANSO

Con una diminuta malla, ojos cerrados, anteojos oscuros y con su cuerpo lleno de tatuajes, Julius parecía disfrutar intensamente de su baño solar. Tan ensimismado estaba comulgando con el sol que apenas sintió una agradable voz femenina que le dijo: ¡Hola!
-¿Qué? –dijo el hombre, enderezando su cuerpo gigantesco. La chica que le había hablado lo miraba curiosa desde su izquierda. No estaba sola, sino con un grupo de jóvenes, alguno de los cuales también lo miraba con gran atención. Se sentía algo desconcertado. Miró a la chica, a sus amigos y amigas, a la gran piscina que tenía frente a sí, en donde varios humanos disfrutaban de la agradable temperatura del agua y buscó con su mano un enorme vaso de refresco que había dejado a su costado. En ese momento la chica habló nuevamente.
-¿Está bien? Su refresco seguramente ya está tibio… por el sol –le dijo, señalándole el cielo-¿Puedo hacerle una pregunta? ¿Y a cambio lo invito con otro refresco?
 -¡Por un refresco puedes hacerme todas las preguntas que desees!
¡No es bueno deshidratarse! –dijo y terminó sonriendo -¿Qué pregunta deseas hacerme?
-¿Cuál es su nombre?
-Julius… ¿Esa es la pregunta?
-¡No! ¡Yo soy Pris! ¡Mucho gusto!- dijo la bella chica a la vez que se acercaba y le ofrecía su mano- Y como ves tengo varios amigos y amigas… Betty, Aura, Lucas, Carlos, Tino, Pamela, todos muy simpáticos…
-¡Hola a todos!- dijo el hombretón, mientras se sentaba y apoyaba sus pies en el piso- ¿Qué querías saber Pris?
-Es que uno de mis amigos, Carlos…-el aludido saludó con la cabeza- es tatuador profesional, ha trabajado en varios planetas, participado en concursos… ¡Y dice que hay tatuajes que tú tienes que nunca los había visto!
-¡Ah, mis tatuajes! Acérquense si quieren, mírenlos y pregunten. Sé que algunos son raros.
Carlos fue el primero en acercarse y mirarle atentamente brazos, piernas, cuello y torso…
-¿Qué opina, joven Carlos? –le preguntó Julius.
-¡Es usted una muestra de tatuajes extraños! ¡A la mayoría no los conozco! ¿Dónde se los ha hecho?
-En varios mundos… algunos no muy conocidos.
-¿Has viajado mucho?- le dijo Pris.
-Bastante, podría decirse…
-¡Este es uno de los más extraños que haya observado! –dijo Carlos, señalando uno en particular- ¡Nunca había visto una tinta tan brillante!
Julius miró el tatuaje en cuestión.
-Este es uno de los tatuajes más exclusivos que existen. Por eso se utiliza esa tinta.
-¿Qué quieres decir con eso de exclusivo?- dijo Carlos.
-¡Yo sé que quiere decir! –dijo otro de los chicos-¡Quiere decir que muy pocos humanos lo tienen! ¿Es cierto?
-¡Totalmente!- dijo Julius sonriendo.
-¿Y donde te lo hicieron?
-¿En realidad quieren saber?
-¡Claro! ¡Todos queremos saber!- dijo Pris, a la vez que le entregaba un gigantesco vaso de refresco.
-¡Gracias! –dijo el hombre y bebió lentamente del frío líquido, disfrutándolo- Me lo hicieron en Drixu-28, antes de entrar a El Pabellón Oscuro.
-Pero… ¡Drixu-28 es un planeta prisión!
-¡Y El Pabellón Oscuro no existe! ¡Es una leyenda!- dijo otro de los jóvenes.
-¿Es cierto que Drixu-28 es un planeta prisión?- le preguntó algo temerosa Pris a Julius, mientras se apartaba imperceptiblemente.
-¡No temas! ¡Hace largo tiempo que mi conducta es intachable! ¡Estoy disfrutando de un merecido descanso y lo que menos quiero es asustar o hacerle daño a alguien! ¿Por qué no hablamos de otra cosa?
-No, no, creo que nunca habíamos estado tan cerca de alguien salido de un planeta cárcel. ¡Es fabuloso! ¡Por eso tantos tatuajes!
-En realidad no todos me los hice allí…
-Y dinos… ¿Cómo es ese planeta prisión?
-¡Duro! Hay varios planetas donde tienen delincuentes y Drixu-28 es  de los más duros.
-¿Pero qué cosas hacen con su tiempo? ¿Qué sucede allí?
-¿Quieres saber que hacen los prisioneros? Lo normal, supongo, comer, dormir, trabajar la tierra y entrenar.
-¿Trabajan la tierra?
La pregunta evidentemente lo divertía a Julius, quien dijo sonriendo-¡Necesariamente! ¡El que no cultiva, no come! La Federación quiere que las cárceles sean autosuficientes, por lo menos en lo que respecta a su alimentación. Eso obliga a los prisioneros a trabajar, pues es necesario alimentarse bien.
-¡Por las peleas!- dijo Pris.
-¡Tú lo has dicho! Deben saber que todos los que cometen delitos con más de diez años de pena están obligados a combatir en El Campeonato… que es el caso de todos los que están en Drixu-28.
Julius pensó en El Campeonato, un torneo de luchas a muerte en donde participaban humanos y no humanos y que era uno de los deportes más extendidos en toda la Federación. Los premios en dinero eran muy importantes y cualquiera podía participar, pero muchos convictos estaban obligados a hacerlo.
-¿Todos tienen penas de más de diez años?
-¡Todos! ¡Y algunos llegan a tener condenas de más de cien años!
-¿Cómo es posible eso? ¡Nadie vive tanto!
-Hay muchos que por dinero, placer o por sus convicciones ideológicas han quitado decenas, cientos, miles de vidas. También existen quienes sin haber matado a muchos lo han hecho de una forma terrible, mostrando lo monstruoso de su ser interior… A todos ellos se los pena con muchos años de prisión, tantos que la vida no les alcanzará para cumplir sus condenas -Julius se puso sombrío –Pero para eso está El Pabellón Oscuro –dijo.
-¿Entonces El Pabellón Oscuro existe?
-¡Pensábamos que era una leyenda!
-Lamentablemente no es una leyenda- dijo Julius, pasándose la mano por el tatuaje que brillaba como si estuviera vivo –Y según los tribunales un año allí vale como diez afuera. De esa forma no importa que tan larga sea tu pena, siempre podrás cumplirla.
-¡Eso es tenebroso!- dijo una chica.
-¿Pero porqué dicen que es el peor castigo jamás inventado?- preguntó Pris.
-Porque el Pabellón Oscuro excede todos los castigos conocidos hasta ahora.
-¿Los torturan?
-¡Claro que nos torturan! Al principio, cuando recién llegas, es aterrador… ¡Realmente! Con el paso del tiempo, a medida que los castigos te van quebrando, la tortura disminuye y finalmente, cuando están satisfechos de los resultados que han logrado con sus asquerosos métodos, te dan algunas horas de descanso, de felicidad, de paz…- dijo Julius, entrecerrando los ojos.
-¿Pero qué les hacen exactamente allí?
-¡Veo que tienes un interés algo enfermizo en el sufrimiento ajeno!- le dijo Julius al joven –Lo primero que te hacen al entrar, es este tatuaje, este otro y por supuesto este –dijo señalando los tatuajes no sin cierto orgullo- Luego te colocan en animación suspendida.
-¿En animación suspendida? ¡No entiendo!- dijo Pris.
-¡Querida, te desnudan completamente, te hacen un exhaustivo examen físico, te conectan sensores por todo el cuerpo, una especie de casco en la cabeza y te meten en un ajustado tanque, donde te sujetan con una red de fuerza!
-¿En un tanque?- dijo asombrado uno de los jóvenes.
-¡Eso dije! ¡En un tanque! Luego lo llenan con una mezcla de gases que hace que tu ritmo metabólico baje, casi, casi, a cero… ¡Puedes estar muchos años así!
-¡Es horrible ese castigo!
Julius se rió –¡Ja, Ja! ¡Ese no es el castigo!
-¿Cómo que no es el castigo?
-No, jóvenes, no… Tu cuerpo está casi muerto, pero mantienen tu mente viva… ¡Y lo que castigan es tu mente! En una cárcel común, siempre tienes la posibilidad de pensar en cosas hermosas en algún momento. Puedes pensar en tu familia, si alguna vez tuviste una, o en una hermosa mujer, o en el aire libre, en bellos paisajes, en lo que quieras que te dé paz y tranquilidad, y olvido… pero no en el Pabellón Oscuro. Allí los carceleros están “dentro” de tu cabeza y ellos dicen que tienes permitido pensar y que no. Es una cárcel dentro de otra cárcel.
-¿Los carceleros son humanos?
-Humanos y no humanos y son muchos, porque allí no se duerme, nunca se duerme. Allí no existe la realidad como la conocemos, es todo sueño, o quizás una manifestación extraña de la realidad –dijo como para sí- y todo absolutamente es controlado por ellos. No sé de donde han sacado la tecnología, pero son capaces de llevarte, sin ningún tipo de resistencia, a donde ellos quieren. Te obligan a pelear por tu vida en planetas extraños, te obligan a vivir situaciones horrorosas y miserables en cien mundos distintos, te obligan a ver y tocar víctimas de sangrientos asesinatos, tuyos o ajenos, te obligan a revivir todas las malas decisiones que has tomado en tu vida –Julius estaba algo emocionado-. Incluso utilizan los recuerdos que tienes de los seres que más quisiste para torturarte, pues hasta el más infame asesino quiso a alguien alguna vez. Los carceleros buscan dentro de ti esas cosas buenas que te han pasado, esos recuerdos y los utilizan para castigarte, de mil formas. Chicos, les digo que hasta el más cruel y desquiciado asesino se quiebra allí. Todos, tarde o temprano.
-¿Y luego?
-¿Luego? No importa cuándo te “quiebres”, pues cualquiera sea tu condena debes cumplirla y debo decirles que es erróneo tomar un año allí dentro por diez de afuera ¡Tendría que ser cien años afuera! Aunque hay algo positivo y es que cuando notan que hay un cambio en tu mente, en tu forma de pensar, te comienzan a dar recreos, te envían a lugares hermosos, te hacen compartir momentos agradables con otros humanos, puedes distenderte, sentirte feliz por unas horas… Ustedes les llamarían vacaciones y nosotros “descansos”.
-¿Entonces cuando creen que están “reformados” o arrepentidos, dejan de castigarlos?
-¡Nunca dejan de castigarte! Pero te dan algunas válvulas de escape mentales.
Pris carraspeó y dijo –No quiero ser molesta pero desde hace bastante rato quiero preguntarte porqué te enviaron a El Pabellón Oscuro… y hace cuánto que saliste.
-¿Por qué estoy allí? ¡Hice cosas demasiado horribles para contarlas! Y sobre la segunda pregunta… creo que hay una confusión. ¡Yo estoy en uno de mis descansos aquí, mi cuerpo todavía está en El Pabellón Oscuro! ¡Pensé que lo sabían!
En ese momento todas las sorprendidas y juveniles caras se diluyeron, junto con el cielo, el sol, la pileta… todo se esfumó y Julius sintió una voz profunda que le dijo:
-¿Disfrutaste de tu descanso, Julius?
-Si, gracias, hasta pude sentir el sol en mi piel… ¡Y saborear el refresco!
-¡Estoy orgulloso de ti! Te has comportado muy bien.
-Si, es extraño… ¡Los chicos parecían tan reales! ¡Todo parecía tan real!
-¡Que bueno que te haya agradado! Ahora quiero que hagas un poco de ejercicio. Mira, existe un planeta llamado Prastikri en donde hay unos grandes animales a quienes les encanta la carne humana. ¡No, no te asustes! Solo debes mantener una carrera uniforme y ninguno logrará alcanzarte… ¿Quieres saber por cuánto tiempo? No te preocupes, no te exigiré más de lo que puedes dar… ¡Pero no te detengas hasta que yo te diga! –le dijo la voz, retumbando en su cabeza.
En un instante, Julius se encontró de pie en el blando y húmedo piso de una selva espesa y oscura.
-¿Mantener una carrera uniforme aquí, con troncos caídos y todo lleno de lianas y arbustos?- pensó. Levantó un pie, luego otro, el barro parecía sujetar sus botas…
-¿Cuánto tiempo soportaré corriendo aquí?- se preguntó. En ese momento un aterrador bramido se escuchó a su espalda, no demasiado lejos… y comenzó a correr.

FIN