Luego de largos meses vuelvo a publicar aquí. A partir de ahora procuraré no perder continuidad, ya que he avanzado lo suficiente en cuentos y novelas para darle periodicidad a las publicaciones, luego de un año pues, familiarmente difícil... Mi nombre es Pablo Daniel Rodríguez Remedios, escritor, cantautor y fan de la ciencia ficción y de la fantasía. Gracias a todos por estar ahí y en especial a mi amiga del alma, la excelente poetisa Salma Hassan ¡Un abrazo fuerte a todos!

miércoles, 27 de octubre de 2010

UNA HISTORIA DE AMOR COMO TANTAS O EL SEÑOR DE LOS VENENOS

Este relato está inspirado en el libro de texto mágico “Venenos, venenos y más venenos” de Ereginalda Mosakán.

-¡Hey! ¡Maddanak, despierta!
-¿Qué sucede, princesa de ojos fríos?
-¿Escuchas ese ruido? ¿Se terminará ahora el mundo?
-¡Bah! No te preocupes... Solo ha comenzado la persecución.
-¿Y a quién persiguen?
-A Ellos, a los que van contra la costumbre, los que rompen contratos que no deben romperse, al marido que se vá y a la extranjera que vino sin ver y se lo lleva.
-¿Por eso los cazarán?
-Por eso y un poco más, pero que es suficiente.
-¿Y lograrán atraparlos?
-Preguntas serias, respuestas cortas, sí o no...¿quién sabe?

Putas, putas, putas...¡Ah, sí!¡Aquí está! “ Putas, servicio de”, ¡y en qué número extraño las fueron a meter!, veamos, veamos, las palabras de ubicación son fáciles. Los pechos más bien grandecitos, un culo levantado, cadera fina y flexible, sí, sí, puede ser ¿piernas largas? Está bien, pero no demasiado largas, pues puede ahorcarme ¿Rostro? No importa, pues jamás prendo la luz ¿Ciega? Bueno, no tengo el menor inconveniente, en cuanto sepa lo qué chupar ¿El tamaño de qué?¿De su vagina? Y justo, claro, que no sea muy apretada pero que tampoco nade en ella ¿no?¡Dimensiones desconocidas! Tantas complicaciones porque Mirinser, mi esposa, me dejó una tarde libre.¡Con tantos requisitos y datos y qué sé yo se le van las ganas de tirar una cana al aire a uno!
Había pedido que apareciera en el exacto centro de mi cama portátil; allí supuse que estaba, pues con la luz apagada se vé poco y nada –más bien nada-. Pero sentí su respiración, por lo tanto allí estaba. Me acerqué a la cama, tropecé en un libro de fórmulas para hacer llover que había olvidado el milenio pasado y caí de bruces entre sus piernas. Saqué la lengua y despegué mi cabeza de tan apetitoso apoya narices. –¿Bebes algo?- pregunté, aunque en ese momento algo me decía que no era el momento para beber.
-¡No gracias, no bebo mientras trabajo!- exclamó airadamente.
-Qué extraño, la mayoría de tus amigas sí beben mientras trabajan...- dije, conciliador.
-No son mis amigas y no bebo- contestó secamente.
-Pareces una chica demasiado seria para estar soportando orgasmos no deseados-
-Necesito el dinero- dijo impaciente, tenso interrogatorio no del todo agradable.
Levanté mi cabeza definitivamente, ya más interesado en ella que en su vulva; me acodé en sus muslos y apoyé mi pera en su ombligo.
-¿Para qué necesitas el dinero?
-¿Para torturarme me llamaste?- dijo
-¿Te pago, no?
-¡Me pagas por servicios sexuales, por mi culo y mi vagina y mi boca y mis tetas y mi ombligo si estás cómodo, pero no por mis oídos!
-¿Estás ofuscada? Eres injusta, creo ¡Te pagaré el doble por poder hablar contigo! ¿Está bien?
-Ahora nos entendemos ¿Qué quieres saber, pierdedinero?
-¿Por qué te prostituyes? ¿Tienes hijos?¿Madre enferma?
-¡Soy ciega, idiota!¡Y quiero ver!
-¡Séptimo Cuerno!¡Es cierto!¡Como siempre o casi todo el tiempo vivo en penumbras –tinieblas más bien- no me doy cuenta de quién vé y quién no!¡Pero no es tan difícil ver!
-¿Ah, no? ¡Dímelo a mí, que llevo abriéndome de piernas veinte y siete veces y todavía no los pago!
-¿Y cúanto dinero te falta?
-¡Oye, qué te importa!
-Quizás pueda ayudarte-
-¡Ja, Ja!¿Y cómo habrías de hacerlo?¿Me prestarás el dinero?
-Creo que tengo por ahí la llave de la Biblioteca 52 que es donde creo, creo dije, no estoy seguro, puede encontrarse un antiguo tratado con fórmulas para ojos ¿De qué color los quieres?
-¿Fórmulas para ojos?¿Pero de qué hablas?
-De conjuros, de citas mágicas, de relaciones biosintéticas y ecuaciones poco comprendidas. De esa manera tendrás tu par de ojos ¿Sólo un par quieres?
-Pero...¿Dónde estoy?
-En mi casa, claro.
-Sí, pero ¿dónde?
-En las afueras de Nahkramon, en la casa situada bajo coordenadas azul violeta 17, 18, 23 y rojas 21 y 20...¿Más datos? Mi nombre es ...
-¡No me interesa tu nombre! Sólo sé que vine al lugar equivocado. Me equivoqué de planeta...
-Y quizás hasta de dimensión. Esta es una oblicuidad de la 94 ava dimensión, el segundo planeta del cuarto sistema del cuadrante que todos llamamos El Escondido.
-¡Nunca había estado aquí!
-Es que este  es un cuadrante un tanto evitado, más evitado que el  13 y el  33 y el 75, que son los clásicos cuadrantes evitados. Aquí, en El Escondido, encontrarás todos los que están hastiados de la popularidad de otros lugares. Imagínate, la temporada pasada en el cuadrante 75 hubo 68.000 millones de turistas ¿Te dás cuenta? ¡Es asqueroso! Por eso aquí, a menos que sea imprescindible, no permitimos forasteros.
-¿Porqué si son tan evitados esos cuadrantes que dices reciben tantos turistas?
-Porque la gente es irreverente y si bien sienten temor por lo desconocido y por lo que no pueden explicar también se sienten atraída por lo mágico y lo prodigioso y te aclaro que en este lugar del pluriuniverso, como en los cuadrantes 13, 33 y 75 son lugares donde tales cosas son corrientes.
-No entiendo como llegué aquí si este no era mi destino... ¿Qué sucedió?
-Bueno, fuíste capturada por alguna palabra engañaviajeros que andaba por ahí. Es la única manera de que nos visiten sin ser visitados ¿Comprendes?
-Apenas un poco. Entonces ¿Puedes darme ojos?
-Claro. ¿Ojos para ver o para no seguir viendo? Hay de todos los tamaños y tipos y colores ¿Con pestañas o sin ellas?¿Dos, tres, cinco, mil? Los que quieras, siempre y cuando encuentre el libro ¡Je, Je! ¡Si no lo encuentro voy a quedar en ridículo! Enciendo la luz ¡Ya! ¡Eres hermosa!
-¡Gracias!
-¡Voy por el libro! ¡Ten cuidado con el recetario para hacer llover!
-¿Con queeeeeé... PAFF!- El tal libraco cobró la segunda víctima de la tarde, pero ella no tenía muslos donde caer, sino que lo hizo en una cómoda butaca: Anasetan.
-¡Bruta!¡Violenta!¡Mujer ciega!-le dijo ésta.
-¡Hablas!-dijo asombrada, pero se repuso rápidamente -¡Claro que soy ciega!¡Gritona!
-Disculpa, no sabía que no veías ...
-Disculpa tú también.
-Siéntate si quieres ..., si lo haces suavemente.
Mientras ellas cruzaban esas cordiales  palabras , yo buscaba desesperadamente la llave de la biblioteca y tras larga búsqueda logré hallarla.
Cuando logré llegar hasta ella, lugar  bastante alejado de los caminos más transitados de la casa y abrí la puerta, varios libros me estaban esperando… es que hacía mucho tiempo que no visitaba la 52.
-¡Mira lo que he encontrado para ti!-dijo uno.
-¡Y lo que encontré yo!- dijo otro y todos se acercaron a mostrarme sus descubrimientos y novedades.
Entonces dije en voz alta -¡Por favor, escuchen! ¡Necesito...!
-Fórmulas para guisar diamantes y rubíes –me interrumpieron-
-¡No, no, para elevar el metabolismo de los pinos del frente de la casa!
-¡Bah, pavadas!¡Lo que necesita realmente es la teoría que combina futurones y campos dimensionales, evocable por solo cinco palabras!¿No?
-¡No!¡Déjenme hablar!
-¡Ya sé!¡La cantidad exacta de puñados de estrellas que pueden renovarse luego de una nada!
-¡Vamos, como querría eso!¡Con seguridad son las 120 palabras con runas de poder que transmutan la tristeza en alegría contagiable, cualquiera sea la circunstancia!
-¡No!¡Déjenme hablar si no me marcharé ya!- y logré que hicieran silencio- Quiero fórmulas para hacer ojos humanos. Solo eso necesito, solo eso llevaré.
-¿Sólo eso?¿No estarás interesado  en cirugías de incalculables  e inmejorables resultados en circuitos de novas?
-¿Y en bebidas refrescantes de ciento siete mil sabores y colores y eructos y burbujitas distintas?
-¿Y en una nave que te transporte hasta irrealidad pero que aún siga siendo y luego te transformes en NO, pero siempre en procesos reversibles?   
-¡No!¡Sólo eso necesito, solo eso llevaré!¿Dónde estás?
-¡Aquí, aquí!¡Es que me piden autógrafos!¡Nunca había pensado que llegara este momento!¡Soy tan feliz!
Y se marchó como un héroe. Muchos de sus compañeros hacían esfuerzos por evitar las lágrimas.
Cerré cuidadosamente la puerta y nos encaminamos a mi morada.
-¡Aquí está!¡El héroe de la jornada!
Ella hizo el intento de mirarme –¿Lo encontraste?- luego -¿Quién viene contigo?-. No vé, pero oye.
-Tú salvación ¿Quién más?- Su salvación venía despidiendo polvo de todas sus páginas, avanzando a trompicones sobre sus delgadas patas de metal plateado, murmurando para sí sus teorías e invenciones, buscándole fallas de última hora o alguna ventaja que hubiera pasado desapercibida.
El héroe de la jornada, ahora con anteojos y guardapolvo blanco, dijo con firmeza, ya pasado el nerviosismo inicial -¿Quién necesita ojos?-
Todo fue cuestión de tomar una ínfima cantidad de líquido vital, analizarlo, comparar biocoordenadas en su catálogo, modificarlas si era necesario y mediante una acertada mezcla, energía del aire y un recipiente especialmente concebido para tal fin, sintetizar los órganos visuales.
Reemplazo y conección nerviosa. Rápido, sencillo, indoloro, operaciones rigurosamente practicadas a conciencia.
Luego de cinco minutos de cicatrización acelerada y otros cinco minutos de terapia visual, abrió los ojos y ...¡Vió!
-¡Veo!
La despedida fue tan emocionante y rápida como la llegada, pues hay cosas que deben interrumpirse lo menos posible. Cada uno de los libros de cada una de las bibliotecas eran investigadores y científicos calificados. Su tiempo era valioso. El mismo decidió que su labor estaba ya cumplida y pidió permiso para retirarse.
Combinaciones mecanorgánicas para contestar tus preguntas, satisfacer tus deseos y a la vez auto-ilustrarse, satisfaciendo sus propias curiosidades. Metal y nervio, alta tecnología, alta magia ¿Qué hay que ellos no puedan resolver?
-¡Por favor, avísenme si les soy otra vez necesario!Mis trabajos son garantidos hasta el infinito, no lo olvides –le dijo a ella-, quien acercándose y rozando con sus dedos la cubierta de cuero del libro, se despidió diciéndole -¡Gracias!¡No te olvidaré jamás!
-Cuando quieras otros ojos, solo avísame. Gracias por la oportunidad de practicar mis conocimientos ¡Me voy!- Y se fué.
Quedamos solos, pues Anasetan suspiró profundamente y se hundió en su ciclo diario de meditación. Muda, ciega , sorda. Un sillón.
Nos miramos largamente.
-¿Crées en coincidencias?
-Un poco ¿Y tú?
-Casi siempre.
-¿Crées en el amor?
-¡Eso sí que no!
-Nunca es tarde, nunca, no para eso ...
Y se acercó, todo un universo para descubrir, pestañas regadas sobre trozos de mar, que sin embargo quemaban, y labios que hacía daño mirar, pezones que hubieran destruído en un instante  mi fidelidad si alguna vez hubiera pensado en cuidarla, caderas que contagiaron mi cintura de ritmos ancestrales, viejos como la vida. Nos tumbamos en la cama, que apareció allí como por encanto.
-¿Habías dejado algo a medio camino, no?- me dijo-
-Tienes razón- y entreabrí sus piernas.
Fue una tarde larga, inolvidable, terrible. Terrible porque siempre estaba presente el momento de la despedida, el adiós, el no verse más. Si uno cree que el amor no existe, siempre hay algo que lo hace dudar. Dudaba.
Tirados en la cama. Un tanto abstraídos.
-¿Tengo que irme?
-¿Tienes que irte?
-Mi esposa es peligrosa ... mortal.
-Estás casado, tienes compromisos...
-Pero me gustaría conocerte más y siento algo ..., no es fácil hablar de eso.
-Yo hubiera dicho lo mismo.
Huir. Evitar cierto encuentro que puede ser especialmente insoportable luego de ciertos sucesos ocurridos en la tarde de hoy. Huir. Escapar, marcharse a otro lugar, lejos.¿Dónde?
-¿Dónde podemos huir?
-¿Huir?¡Estás loco!
-Te propongo huir juntos ¿Aceptas?
-¡Claro!¡Me agradan las huídas!- mirada desconcertante-
-Huir contigo debe ser más agradable que todas las demás huídas, que también me agradaron- dijo aclarando.
-¿Dónde?
-A un lugar sin magia.
-¡A mi mundo!
-¡No! Eso es muy obvio. A un lugar parecido, pero que no cueste poco encontrarlo.
-¿Cúando nos vamos?
-Elijo, a ver ..., ya está. Marchémonos ahora.¡Tómame de las manos!

Hacía mucho tiempo que vivíamos en un hermoso planeta, cuando comenzaron a llegar indicios. Indicios de persecución, indicios de búsqueda. Problemas. Nervios. Amenazas de muerte.
Habíamos elegido un mundo sin magia, al margen de todo contacto excesivo, evitando llamar la atención de viajeros interdimensionales. Todo había sido paz hasta ahora. Logramos disfrutar de meses para recordar por siempre, pero ahora ..., comenzaba el final, que llegaría lenta pero inexorablemente. Hubo un lugar en que no soporté más y me senté a beber. El alcohol me torna olvidadizo, me tranquiliza, me adormece. Ella lo sabe.¡Adivinó!
-¿Vienen a buscarte?
-¡Ah!¿Sí?- digo, a la vez que saboreo mi licor- Vienen ...
El vino derramaba su aliento típico por todo el entorno, sembrando sensaciones de náuseas cuando aún no las había y retirando elucubradas plegarias de pronta mejoría, pues un tropezón, una caída, y te rompes un brazo, la crisma y literalmente , por que no, el alma, sobre todo si es frágil –No golpear-.
-¿Y por eso bebes?¿No lucharás?
-¿Luchar?¿Contra ellos?¿Tienes idea de quienes vienen por nosotros?
-No sé ¿Por qué dices nosotros?
-También vienen por ti. Si no resistimos nos matarán rápidamente.
-¡Nos matarán!¡Ahora que puedo ver!¡Ahora que estamos juntos!¡No!¡Tienes que hacer algo!¿Por qué matarnos?
-Así son las reglas. No debí llevarte a nuestro mundo, ni a mi dormitorio, ni debí darte ojos, ni debí haber fugado de allí, rompiendo mi matrimonio con Mirinser.
-¡Escucha! No puedes quedarte tranquilo mientras vienen y nos matan. ¿Es que no me amas? Ya que no quieres defenderte ¿No piensas defenderme a mí?
-Los que vienen son matadores calificados, cobradores de deudas con mucha experiencia ...
-¿Pero estás seguro de que nada puedes hacer?
-¿No entiendes mi incapacidad?¡No soy un cobarde! Sé cuando tengo alguna posibilidad y sé también cuando estas son nulas, tendientes a cero. Podré saber cuando estén cerca, pues tengo detectores por todas partes, pero no más.¿Qué puedo hacer contra el Multiasesino de Manos Limpias, que siembra trampas selectivas que pueden matarte siglos después de colocadas, o contra el Maestro de Las Muertes Rápidas, que no permite un pestañeo más del último?¿Y contra el Destrozador Sin Remordimientos Nocturnos? Esa bestia super fuerte, destructora sin par, que llena de sangre y vísceras todo el escenario de la muerte? ¿Qué puedo hacer?
-¿Y le temes solo a tres?
-No les temería si estuvieran lejos, pero se acercan, nos están buscando y casi han logrado encontrarnos.
Queda mirándome, muda. Me levanté de mi sillón, casi tambaleante y besé suavemente sus sin par hermosos labios.
-Bonita, ve a dormir mientras pienso algo, tiene que haber alguna salida, alguna forma de resistirse; por lo menos por ti haré un último esfuerzo. Te mereces algo más que una muerte rápida –sonreí-.
La dureza del mármol remachado con platino estriado, el temblor de las viñas llenas de frutos cuando se estremecen con el frío matutino, las mil y cuatrocientas mil caras facetadas del vaso de cristal azul de Sus Sueños Eficaces, la novedosa sangría recetada por el Vocabulario Binario, la increíble celeridad de la fuga de Ella ante El si por algo le teme, el extrañísimo licor que brotaría de la noche si ésta fuera un barril enorme y redondo, y otras muchas rarialcoholizadas sugerencias.
Pensaba y pensaba. Para todo hay solución. El inconveniente es que a veces, cegados por la lucha, no la vemos.¿Habrá solución?
Reflexiones de última hora.
En la zona conflictual usted se debe de sentir mal.
Ensalada de burbujitas multicolores implacables en tu pelo, que despiadadamente salpican mi camisa; cadavérica fotografía de la vida que cierta tarde de otoño, aburrida, se murió.
Alimento de plástico para estómagos de cerámica. Vestidos nuevos pero que parecen viejos. Agua reciclada con metálico sabor, gotitas de aceite resbalando por un frío vaso. Rodeando y rodeando un punto o queda determinado perfectamente o por la confusión lo perdemos para siempre.
Hay una posibilidad.
Vayamos tras ella.
¿Linak duerme? No, me observa.
-¿Por qué no duermes?
-¿Mientras tú bebes pretendes que yo duerma? Mientras bebes no puedo dormir.
-Hay una posibilidad –le digo-, un pequeño punto de partida para una mínima esperanza. Pero tengo que ausentarme por ... cuatrocientos tres de tus hermosos suspiros.
-¿Te vás? Puedo suspirar muy rápidamente...
-O muy lentamente, supongo. Suspira como quieras hacerlo, por lo menos lo suficiente ... y espérame.
-Es seguro que estaré aquí, esperándote ...
Vayamos tras ella. Los datos para ubicar dimensionalmente la oportunidad no eran muy claros, pero haciendo acopio de memoria... eran números aprendidos desde pequeño.

El santuario familiar me esperaba con sus tumbas abiertas. ¿Saqueadores? Lo dudo, digamos ventilación, mantenimiento de estas últimas moradas y cierto cerciorarse de que  ningún muerto escapó. No es un lugar muy divertido, pues allí no hay pájaros, ni música, solo gigantescos hongos y helechos y tristes pinos y olor a moho y a soles luchando contra la humedad. Coloqué una moneda de oro en un gran plato flotante y marché por el sendero hacia la enorme puerta de madera que guardaba la cripta que me interesaba.
-¡Déjame pasar!-dije.
-No te conozco.
-Hace mucho que no nos vemos. ¡Soy Rahanaran!
-¡Hum!¡Ahora te recuerdo!¿Qué deseas?
-¡Consultar al Libro Testamento de mi familia!
-¡A El!
-¡Y espero que pueda ayudarme!
-Está bien, pasa Rahanaran y me alegro de verte nuevamente ¿No estás un poco delgado?
-He estado preocupado por algunas cosas últimamente, pero espero salir de aquí con soluciones para mis problemas.
-Seguramente saldrás mejor de lo que entras ...
Inmediatamente después de la puerta comenzaba una escalinata casi invisible. Luego un pasillo, un largo pasillo, y libros, muchos libros, quietos, cansados o aburridos hasta el sueño. El ocupaba un lugar especial, pues era un libro especial. Estaba, de todas formas, tan opaco como todos.
Lo tomé entre mis manos. Estaba húmedo, pegajoso, resbaloso. Le grité al oído que era el momento de despertar. El estiró sus patas de oro mugriento y salpicado de manchas goteantes y bostezó un olor a óxido y vejentud.
-Te estaba esperando-dijo, con una voz cascada y añosa. No tenía ni idea de cuando llegarías , pero sabía que quizás alguna vez.¿Viniste por tu nombre?
-Ya tengo nombre. Rahanaran es mi nombre.
Su risa polvorienta llenó de rotos acordes el lugar -¡Hablo de tu verdadero nombre! Pero dime, si no vienes por eso ¿a qué vienes?
-Necesito tu consejo.
-¿Mi consejo? Me agasaja saber que luego de cientos de años alguien requiere mi consejo.¿Sobre qué necesitas consejo?
-Es que le dí ojos a una chica que no veía, la amé estando casado con una geniosa mujer,  
Mirinser ¿la conoces?. Esta chica no es de donde yo vivía, es una extranjera, y lo peor de todo es que quiero seguirla amando.
-¿Y?
-Que hay leyes que no están para ser violadas. Que hay tres hombres buscándome –buscándonos- para poner fin a nuestros días en este ciclo y además seguro que Mirinser con su parentela, empuñando su mazo para aplastar carbonados, también me busca. Mi preocupación no es que me busquen, pues soy de sueño pesado, sino que me encuentren.
-¿Y?
-¡Por la Ultrapuerta del Ahora!¡Poco has entendido de lo que te he dicho!¡Que si me encuentran no podré hacer nada! Mis conjuros son inofensivos, meramente experimentales, clásicamente domésticos. Nunca practiqué la magia oscura. No sé matar, ni amedrentar, apenas hacer estornudar. Mi saber no es destrucción, mi saber es belleza. Pero la belleza no me salvará. En este caso lo único bello que tengo ante mí es un bello descuartizamiento.
-¿Y esas son todas tus preocupaciones?
-No necesito más. Tengo solo una vida, las otras gastadas están –o hipotecadas, no recuerdo-.
-Quizás puedas solucionar ambas cosas.
-¿Ambas?
-Tu verdadero nombre y encarar tu persecución.
-¿Por qué insistes con mi verdadero nombre?
-Creo que sé por qué estás tan desesperado: por ignorante de las costumbres de tu familia. En ella, se forjó un nombre para cada uno de sus miembros. Tu abuelo, que fué un gran magiquímico, deseó que tú tuvieras un nombre y lo he preparado durante cientos de años, esperándote, esperando este momento.
-¿Y mejorará eso las cosas?¿Es un arma?
-Quizás. Será lo que tú quieras que sea. Tú serás él y él formará parte de ti. Serán inseparables.¿Aceptas?
-¿Qué opciones tengo? Ninguna, creo ..., acepto. Difícil que pueda empeorar mi situación.
Me mostró una planchuela estrellada, delgada y de un color vino brillante.
-Esto es.
-¿La tengo que tragar, masticar o qué?
-Vá dentro de tu cabeza.
-¡No!¡Me arrepiento, retiro lo dicho!
-No dolerá absolutamente nada y luego no te molestará. Solo tienes que quedarte quieto. Yo haré todo.
-¿Seguro de lo que haces?
-La verdad que el valor en ti no es una cosa que abunde ...Cierra los ojos y cuenta hasta cincuenta.
Conté lentamente, la falta de dolor me hizo respirar más despreocupadamente.
-Ahora tienes que esperar que el aparato se conecte con las terminales de tu cerebro a las que debe ser conectado. El sabe mucho de eso.... ¡Ya! ¡Finalmente tienes nombre!
-¿Ah sí?¿Y cuál es?
-Te llamarás Señor de los Venenos.
-¿Es mucho mi poder?
-Demasiado para alguien tan inseguro, para alguien tan impulsivo...Pero ya tienes quien te controle ¿Cómo se llama ella?
-Linak, y me está esperando.
-Cuídala.
-Gracias por tu ayuda ¿Me puedo marchar?
-¡Claro que sí! Pero prométeme que si logras salir con bien de tus líos vendrás a verme.También puedes traerla a ella.
-Está bien-
Y me marché.

Cuando regresé le faltaban tres suspiros.
Sonrió, aliviada. Sonreí.
-Tengo nombre- le dije.
-¡Yo también!- contestó.
-Verdadero nombre-
-El mío no es falso-
-Pero es tuyo, no mío.
-Tienes razón ¿Y cómo te llamas ahora?
-Señor de los Venenos.
-¡Huy!¡Asustas!¡No creo que te deje cocinar más!
-Para cada veneno hay un antídoto. Mira, para mi ex-esposa tú eras el contraveneno.
-¡Qué literal, eh! ¿Tu nuevo nombre te ayudará a defenderte?
-Podré defenderme y atacar. Espera y verás.

Ella llamó a la puerta en medio de un estrepitoso chaparrón. Estaba empapada.
-¿Dónde estabas?
-Fuera, en la noche, contando gotas y asustando paraguas que andaban.¡Vamos a correr!-dijo, cuando las gotas de lluvia se le escurrían por sus cabellos. Se apartó un mechón de pelo mojado de la nariz y miró hacia adentro, donde todo estaba seco, tranquilo y a mi parecer más acogedor que afuera.
-¡Si no sales, yo entro!- exclamó y me hizo a un lado. Empapó las alfombras y mojó gran parte de mi colección de jades –pues los palpó antes de ir a secarse-, tomó de mi vaso de jerez –casi lo terminó- y llegó finalmente al baño. Me pidió ropa.
-¿De qué talle?- le pregunté.
-¡Del tuyo!
Mientras se vestía me preguntó -¿Hay noticias de tus amigos?
-¿Amigos?¡Enemigos, dirás!
-Claro ¿Tardarán mucho en encontrarnos?
-Eso es difícil de saber. Puede ser que no nos encuentren nunca.
-¿Has hecho algo para merecer tal cosa? Antes temblabas constantemente y decías que nos encontrarían en los próximos cinco segundos.
Sonreí.-Sembré hermosos venenos-filtro en sesenta y otros tantos planetas que pueden ser revisados por ellos, incluyendo éste. Esos venenos los matarán cuando apenas los perciban.
-¿Y basta con eso?
-Basta con que mueran ¿Para qué más?
-¿Confías en tus venenos?
-¡Tanto como en mis manos!
-¿Tus manos sobre mis senos o cuando recortas las hojitas de más del rosal?
-Mis manos de siempre, las de tijeras, las de bellas curvas...
Ella seguía en el baño, seguramente frente al espejo, quizás maquillándose, quizás mirándose a los ojos. Hablábamos en un tono de voz bastante alto, casi gritando, pues seguía lloviendo. De pronto ella dejó de hablar, y en ese momento mis detectores detectaron, tarde, demasiado tarde. Fuí rápidamente a donde estaba el intruso. Esperaba. Ella estaba temblando de furia, pero no lo estaba pasando muy bien, pues una enorme mano semi-metálica aferraba su cuello, apretando lo suficiente para ser una amenaza. Me acerqué más cautelosamente... Era el Asesino de Manos Limpias.
-¡Quiero un antídoto!- gritó.
-¿Un antídoto?
-El Destrozador Sin Remordimientos Nocturnos yace al borde de la muerte en Siannar. Yo soporto algo el veneno, pero él es muy vulnerable.
-No te daré el antídoto.
-El Destrozador y Yo nos amamos profundamente. Conozco mi deber pero sin él mi vida nada vale. ¡La mataré a ella y después a ti!¿Oyes?-dijo presionando más el cuello de Linak.
-¿Dices que nos perdonarás la vida por el antídoto?
-¡Eso digo!¡Pero decídete rápido!
-Ya está resuelto.¡No quiero que ella sufra por mí ni por tu amor herido!- Recordé- Ustedes eran tres...¿Dónde está ...?
Me interrumpió abruptamente -¡El Maestro de Las Muertes Rápidas murió envenenado en Calinix 11!
-Espera aquí. Te traeré tu antiveneno rápidamente.
Pronto regresé. –Este es...¿Cómo sé que no volverán a matarnos?
-Tengo ciertos códigos de honor, cosas que tú seguramente desconoces. Te deberé una vida, por lo que no te quitaré ni tu vida ni la de ella.
Tomó entonces el frasco y dijo –Pero lo analizaré antes ...; en diez segundos anunció –Parece ser lo que necesito- y soltando a Linak desapareció como si nunca hubiera existido.
-¿Confías en él?¿No volverá a matarnos?
-El recipiente contiene un veneno, con todas las características mutables de un antídoto ..., un veneno tan potente que llegado junto a su amigo y al intentar curarlo, morirá él también.
-¡Resultó ser un ingenuo!
-¿Ingenuo? Colocó un poderoso explosivo que estallará dentro de pocos minutos. Tendremos que mudarnos otra vez, pues él le habrá avisado a las autoridades, incluída mi ex-esposa sobre nuestra ubicación.
-¡Otra vez huir!
-En cierta ocasión dijiste que te agradaba huir.
-¡Pero termina cansándote!

La llanura infinita me trae recuerdos gratos. Pero también cansa mis ojos.
-Sembraremos árboles y rosas y claveles.
-Y un lago estaría bien ...para nadar y tener aves acuáticas y peces ... ¿Cuánto tiempo estaremos aquí?
-Hasta que nos encuentren. Pero tardarán. He diseñado trampas que son cada vez más eficaces, aprenden por sí mismas, evolucionan independientemente en planetas que esperan visitas no queridas. Esas visitas conocerán el fin de sus aventuras y persecuciones y molestias vanas.¡Dejarán sus huesos en algún lugar del espacio, lejos de su hogar!¡Y todo por buscarnos!
Pero siempre tenemos que estar preparados para huir, pues ellos también evolucionan y piensan y nos odian.
-Me agradaría mucho quedarme en un lugar por siempre. Podría ser aquí.
-¡Es imposible!Bueno, quizás no tanto...¿Quién puede decirlo? Pero mejor pensar que no será así, pues de otra forma algún día o noche nos sorprenderán y eso no puede suceder. No debe pasar.
-¿No te arrepientes de haber huído?
-¿De haber escogido entre Mirinser y tú?¿De haber abandonado mis pertenencias y a ese sinomundo por ti?¡Jamás!

-¡Maddanak!¿No duermes todavía?
-No, no puedo conciliar el sueño.
-Dime... ¿los atraparán finalmente?
-Las respuestas cortas engañan, pues pueden extenderse hasta el infinito. Sí o no... ¿quién sabe? Todavía no han logrado atraparlos. Pero continuarán buscándolos por siempre.
-Hasta el infinito...
-¿Sabes? Envidio a los perseguidores, pues ¿qué sentido tiene el existir si no hay algo qué buscar? Y saber que cada vez se está más cerca ...más cerca.

                                                                       FIN

viernes, 15 de octubre de 2010

EL DESPERTAR

Dedicado a Seda, amiga de siempre, quien desde su dulce morada hace que los sueños se hagan realidad.



El estudioso Sebastian Crantev en su libro iniciatorio “Historias de Magos y Alquimistas” hace mención a la gran importancia para el antiguo –y no tanto- taumaturgo, de la repetición casi infinita de fenómenos físico-químicos de ciertos elementos y mezclas de ellos. Añade posteriormente que el maniobrar con conceptos o cosas elementales en forma de procedimientos periódicos supernumerarios y similares entre sí, sería –para algunos especialistas- la llave mística tan buscada para acceder a un estado superior de conciencia... a una mayor lucidez y comprensión de nosotros mismos y del todo que nos rodea. Opina también este estudioso rumano que la repetición fenomenológica y conciente puede llegar a desencadenar sucesos muchas veces extraordinarios.




El carguero terrestre se desplazaba a velocidad vertiginosa por la monovía, ocultando momentáneamente las tenues señales luminosas que marcaban el trayecto. Su fugaz presencia perturbaba apenas el silencio polvoriento y opaco que habitaba en la sucia cobertura gaseosa del planeta. Tampoco alteraba demasiado las yermas colinas cubiertas de ocres cenizas que se fundían, en el cercano horizonte, con el caos aéreo. Lo que hacía las veces de atmósfera no era más que un espeso revoltijo de cenizas, gases y vientos, que se agitaban constantemente, con mayor o menor velocidad.
En el interior de la nave, reclinado cómodamente, el ser descifraba lo inclemente de su pasividad. Estaba castigado, lo sabía, con esos castigos tan extraños que practicaba la Federación, en donde si habías sido funcionario no te mataban, ni te metían en una cárcel a la antigua usanza, simplemente te desterraban al último rincón donde te pudieras imaginar, solo, terriblemente solo, o por lo menos sin ninguna posibilidad de compañía humana. Claro que tenía compañía… si así se podía llamar a Isha. Ella era un edificante programa implantado en la nave con la importantísima finalidad de rehabilitarlo. Pero no hablaba demasiado con ella…no demasiado. Le bastaba con que le dejara ganar alguna vez al ajedrez o a los tantos juegos de naipes que jugaban y que lo ayudara a seleccionar música de todos los tiempos y de todos los lugares. Pero ella no estaba apurada. Técnicamente hablando trataría de reprogramarlo y para ello tendría mucho, pero muchísimo tiempo… el que fuera necesario. Si quería hablar no tenía más chance que hacerlo con Isha, cosa que ella sabía y que Ellos –los psicomédicos- también sabían. Isha había sido instruída sobre que primero debía ganarse su confianza y luego hacerle ver la forma criminal en que había actuado pero ella estaba convencida de que si bien tenía su confianza jamás admitiría haberse equivocado, jamás se arrepentiría y mientras así fuera todos sabían donde seguiría la historia y sería allí… y allí estaba, desde hacía ya trece años, en el mismo carguero, en el mismo recorrido, haciendo nada y quizás con los mismos pensamientos. Soñaba, eso sí, soñaba mucho, con un mundo para siempre perdido, que suponía que había conocido una vez, en donde había vegetales y animales y vida y luz... Colgaba su mirada del afuera, de los revueltos grises, de las volátiles cenizas que a veces le parecían colorearse, dibujando formas, todas las que soñaba día tras día, hora tras hora, minuto a minuto, segundo a segundo, desde que lo habían desterrado a esa itinerante reclusión. Dudaba ya que existiera un lugar así, pero no por eso dejaba de soñar con él. Sus ojos, mientras no dormía, siempre abiertos y fijos en algo que podía estar muy cerca o muy lejos, si es que se lo podía localizar en alguna parte. Las arrugas de su cara eran los trazos de un mapa, el mapa que llevaba al lugar donde se hallaba la esencia de ese ser, de ese humano, cuyo yo, cuánto más pequeño, más espacio ocupaba. Siempre así, sin cambiar, él intentando ver lo que sabía que no existía y el inclemente exterior construyendo caprichosas formas. Súbitamente salió de su ensoñación y empujado por alguna precipitada razón saltó hacia una de las amplias ventanillas laterales. Pareció desencantado y furioso al ver el mismo tenebroso espectáculo de siempre, más estuvo un rato escudriñando el desolado exterior buscando... o esperando... De pronto un árbol pasó a su lado, y otro, y otro, y un macizo bosque salió de la niebla grisácea y pegajosa, mostrándose en todo su esplendor al humano que con los ojos muy grandes, se había adherido a su ventana. Luego, repentinamente, fué devorado por los inquietos bucles de donde había brotado. El feroz viento volvió a soplar como hacía momentos antes sobre la nariz que parecía estampada en el cristal y las cenizas se revolvieron como sacudiéndose algún molesto recuerdo.
Pasó algún tiempo antes de que se convenciera de que la experiencia no se repetiría. Sin dejar de atisbar despegó su cara del cristal, dejando húmedas señales que por algunos instantes marcaron todo el paisaje que se deslizaba detrás.
-¿Me estaré volviendo loco?- pensó, mientras se miraba en una bruñida superficie del interior del transporte -¡Pero tengo más aspecto de cuerdo que de loco!- se dijo, aunque no estaba del todo convencido.
–¿Me estoy volviendo loco, Isha, lo sabes?- gritó… Isha nada contestó y procesaba aún la pregunta –más que la pregunta la respuesta- cuando él volvió a la ventana a mirar los mortecinos rayos solares, que a duras penas inquietaban el jarabe polvoriento que lo envolvía todo. -¡Me estoy poniendo viejo! Ese es mi mal ¡Porque ver vida allá afuera! Pero…¿viste algo?¿o no?- La pregunta sonó a repetida y fué dirigida al metal donde se reflejó, quien hizo una mueca, sonrió y se alisó los negros y cortos cabellos, luego se tocó la nariz –encontrándola donde debía de estar- y luego la oreja izquierda, sintiéndola cartilaginosamente firme bajo sus dedos. –Loco pero vivo- se dijo.
Y recordó. Eran como sueños lanzados por alguna delicada catapulta; balones de playa multicolores llevados por una violenta brisa marina, rodando sobre la arena de una vasta y luminosa playa, recuerdos, sólo recuerdos que pasando por el tamiz de su conciencia a veces demorábanse y él los tomaba…
En aquellos años dónde comenzó ésta, su postrer aventura, era un avezado explorador interestelar, aunque lo reconocía, algo arriesgado, pues siempre iba más allá de los límites, más allá de lo que hubiera ido un explorador normal, o común… ¿Pero eran normales o comunes los buenos exploradores? ¿Y acaso se podía perder algo más que la vida si algo salía mal? Así pensaba, por lo que continuaba merodeando más allá de lo conocido, como un lobo solitario y curioso, alejado de sus semejantes –ellos decían que eran sus semejantes- y retozando entre estrellas perdidas y planetas muertos. Cierta vez que exploraba un sector no más ignoto o atrayente que otros donde había ya husmeado, golpeó su atención una lucecita que, única perla colgando del cuello de su tutor de fuego, desplegaba su atractivo color hipnotizando hasta el último de los sensores de la nave. En sus correrías estelares había aprendido a apreciar lo único, lo original, lo que hermosamente distinto se destaca del montón de otros guiños. Así fué que comenzó a orbitar lo que llamaría luego “Mi vida”, “El porqué de mis largos viajes” o solo “Reino de mis suspiros perdidos”.
Descendió sin novedad –lamentando no hubiese tormentas que le hicieran usar de su pericia- para encontrarse en un mundo soñado largamente, algo que se sabe que existe pero ese muro vasto que separa el sueño de la realidad rara vez nos deja encontrar.

El planeta conquistó primero lo más romántico de su espíritu aventurero y luego, poco a poco, se apoderó de su ser racional. Había algo en él, algo tan íntimo e indescriptible que podía llamarse oculto, que lo rodeaba por doquier. No necesitaba utilizar sus reservas de aire, ni protectores corporales, ni reguladores de gravedad, nada… sabía que respiraba una mezcla gaseosa un poco diferente de la usual, pero no sentía molestia alguna, al contrario, sus pulmones parecían liberarse a cada movimiento. La gravedad también era levemente distinta y parecía que hasta ese momento hubiera estado sustituyendo esta fuerza, más cómoda, por un placebo artificial. Su sol lo hacía temblar de gozo, la vegetación llamábale a una contemplación muda y sorprendida y el trinar de los pájaros eran flechas que se dirigían a su corazón desde los puntos más remotos del bosque. Era muy extraño. Sentía como si el planeta hubiera sido construido para él, o él para el planeta.
-Esto es el paraíso- murmuró, mientras continuaba embelesándose con “Mi vida”, enamorándose cada vez más de sus praderas, de sus flores con aromas tan exquisitos que aturdían, de sus atardeceres candentes y suaves.

La computadora de la nave en tanto, iba hilando su informe a medida que era tocada por el palpitar de alguna aguja, o el caminar silencioso de alguna cifra. Pronto conmovieron al piloto los datos que iba procesando el cerebro de la nave, de los cuales se desprendía que el planeta que había descubierto era en todo increíblemente parecido a la Vieja Tierra, antes, claro está. La Cuna Humana hacía más de mil años que había sido presa de experimentos y guerras que la dejaron hecha una brasa radioactiva. Ni los enormes océanos habían sobrevivido.
Cuando luego de honda meditación decidió destrozar el emisor de señales, ya era tarde. Hacía tiempo que la computadora, alarmada por los datos increíbles del planeta, había enviado un mensaje y una flota expectante se dirigía a Paraíso.
Suspiró y “El porqué de mis largos viajes” ya no era suyo; parpadeó y en “El reino de mis suspiros perdidos” las naves descendieron equipo y hombres para construir o reconstruir –según fuera necesario-. Derribaron árboles y plantaron diques; hicieron una terrible matanza con la fauna y principió el nacimiento de autómatas de múltiple uso, rasparon la corteza del planeta descubriendo su sangre y sus nervios, amontonando sus tiernas hierbas hasta secarse y allí construyeron ciudades.
-¡El planeta ideal!- exclamó el ingeniero jefe, antes de que el explorador le destrozara el tórax con su triple láser. Logró matar solo a cuatro, luego fué capturado.
Fué prontamente juzgado, pero no lo mataron. Concluyeron que había enloquecido al encontrarse con un mundo como aquél, un mundo que cualquier explorador sueña hallar durante toda su vida y seguramente morirá sin lograrlo. A pesar de este ataque de locura temporal era uno de los más calificados exploradores que tenían en esa zona del borde de la Federación, por lo que querían rehabilitarlo. Los psicotécnicos pensaban que quizás con un par de años de interterapia estaría pronto nuevamente para el espacio. Tenían el lugar ideal para él, un transporte terrestre en un planeta destrozado por guerras y enfermedades, un planeta que se decía había sido el origen de la raza humana: el Planeta Cuna, así le llamaban. Consumido por la radioactividad, las temperaturas extremas y los pavorosos vientos, allí las ciudades estaban suspendidas sobre inmensos y elásticos pedúnculos en la roca, ancladas en los lugares más firmes que pudieran encontrarse, a salvo de los terribles terremotos que sacudían toda la superficie constantemente. La población no era muy numerosa pues se encontraban allí solamente con fines científicos, estudiando los trastornos climáticos, los cambios en la composición de los materiales atmosféricos producto de la inmensa carga eléctrica en la superficie, los cambios electromagnéticos, las variaciones zonales de temperatura, la evolución de la vida micro-orgánica que pudiera encontrarse y todo lo que puede estudiarse de un lugar destrozado como aquel. Como era sumamente peligroso el transporte subterráneo y como las terribles tormentas electromagnéticas hacía muy riesgoso el traslado aéreo, se utilizaba un primitivo transporte sobre un monorriel. Todos los artículos que podían requerir las estaciones científicas se bajaban en un único punto planetario y se trasladaban desde allí a todas las estaciones. Habían pensado que en dos años de soledad o a lo sumo tres estaría curado, pero llevaba ya trece y las evaluaciones mostraban que no tenía evolución, ni tendría libertad… quizás se habían olvidado de él… no le importaba.



A medida que los recuerdos regresan, las alucinaciones se hacen más frecuentes –ya olvidó cuando comenzaron- más vívidas, más reales, tanto que ya no sabe si son alucinaciones. En esos momentos de semi-delirio, en donde los bordes no son tales y los límites se vuelven tan difusos, le parece que en el afuera se está reflejando todo lo que él desea ver, todo lo que perdió, todo lo que lloró, todo lo que necesita para seguir viviendo y quizás es esa terrible fuerza vital que demostró tener lo que lo hunde más y más en esas imágenes, en esos flashes de semi-locura, de bellas apariciones…
Quizás es la necesidad de ver lo que hace que vea… Seguía en la ventana cuando un arbusto pasó raudo esparciendo sus brazos. Y el sueño-recuerdo-realidad chispeó. Un trozo de azul se retorció en el infame caldo oscuro; el paño se desperezó, fue atravesado por un sol hacía cientos de años desaparecido de la superficie y despertó con espíritu de resorte contenido y de pronto suelto. El color inundó sus ojos y se estremeció de dicha, como años antes. En torno, poco a poco, como un mosaico tridimensional que se vá armando y cuyas piezas brotan de la nada y se acomodan finalmente, encajándose unas con otras, se fue formando un paisaje repleto de pequeñas y grandes, de inmóviles e inquietas cosas que hacen la vida, una vida que parecía tan plena de verdes y alegrías como la de su pasado amor. Veía y deseaba ver más y más y con cada ráfaga de sus pensamientos, el mundo de fuera se sacudía. Sin duda se había vuelto totalmente loco… y arriba, surcando un cielo que ya estaba casi del color que recordaba del cielo, un abanico de cisnes pasó volando vaya a saber a qué lugar por descubrir y quedó perplejo mirándolos -¡Esto no es un sueño!¡Es real!- se dijo.
-Deseo detener la nave- le dijo a Isha.
-Es imposible- le contestó ésta.
-Si no la detienes voy a comenzar a romper todo lo que pueda romper aquí dentro-
-¿Estás seguro de lo que haces? Tendré que informar a las autoridades.
-¡Solo detente un minuto!
-Está bien- le contestó el cerebro-acompañante-psicólogo-conductor.
-Ahora ábreme la compuerta que deseo salir-
-¡Imposible!¡Morirías instantáneamente!
-¿Porqué no analizas el aire exterior? Hazlo…
Un zumbido y cuarenta segundos fueron suficientes. La extracción de una muestra, el escaneo…
-Hay algo que no anda bien en los medidores… Esta muestra no está contaminada… -Al rato dijo- Tomaré otra…
Nueva espera y al fin la voz dijo lentamente, como sopesando las palabras, o lo que iba a decir:
-No entiendo lo que sucede…Sin duda es una anomalía y en todo caso una burbuja, una gota de aire respirable en todo este desastre –y terminó diciendo- No veo razón por la que no puedas descender… Pero colócate el equipo aislante, para estar seguros…
-Está bien- dijo apresuradamente el hombre, a la vez que corría a colocarse el traje antirradiación que con su provisión de oxígeno le garantizaría su supervivencia si algo llegaba a fallar, si todo aquello no era más que una horrible -¿o bella?- alucinación.
La nave se detuvo suavemente y en la metálica vestidura se abrió un delgado pétalo. Las dudas, su supuesta locura atesorada durante tanto tiempo, su prolongado encierro, cayeron de rodillas en una verde y mullida alfombra que al instante pareció aquietar sus temores, a la vez que los pájaros entonaban un saludo alegre y despreocupado, pleno de buenos augurios, y las ramas de los árboles, inspiradas quizás por la brisa, cantaban un alegórico poema sobre el hijo que regresa y de los hermanos que no han olvidado su parentesco. Algunos animales silvestres, que parecieron nacer de la bruma, se acercaron curiosos hasta él y un pequeño cervatillo un poco más atrevido que los demás –lo hizo acordar a él mismo- llegó retozando hasta casi tocarlo; el humano extendió su diestra y rozó la cabeza de la bestezuela en una suave caricia. El pequeño lo sorprendió entonces comunicándose con él como se hacía al principio, en ese lenguaje tan primordial que no necesitaba ni la articulación ni el sonido, pues alcanzaba con mirarse a los ojos y todo lo que quería decirse era dicho, una forma de comunicación que los hombres hacía mucho, pero mucho tiempo, habían olvidado. –“Hola hermano”- le dijo, y una lágrima resbaló lentamente por una de las mejillas del humano-. El cervatillo, fascinado por la emoción del hombre, continuó- “Ya puedes correr libre, sentir las caricias frescas del viento, disfrutar de las lucecillas titilantes de las hojas que juegan con el sol. Por favor, hablemos como lo hacíamos cuando aún nos decíamos hermanos, cuéntanos de ti y te contaremos de nuestras vidas… cuéntanos… ¿Cómo has pasado todo este tiempo?” Y junto a ésta, muchas voces le dieron la bienvenida… De pronto, en el colmo de la dicha, una voz más profunda y antigua se hizo sentir sobre todo el bullicio de la recepción. Retumbó, sacudiendo sus más íntimas fibras: “Bienvenido seas; soy Yo, tu progenitora ¿No me recuerdas? Ven, hijo mío y no temas ya nada, pues Tu Madre ha despertado.”



Hay un fragmento de la monumental Enciclopedia Homo, en su trigésima edición (por computador central marque EH27c30.178.101.832) que dice sobre el Planeta Cuna: “Curiosos son los hechos que han provocado a la fecha de esta edición la calificación del antiguo planeta origen de la raza humana como PLANETA CERRADO CLAVE 10 –que significa totalmente prohibido a todo dispositivo tripulado o autómata sin autorización de la Sección Planetaria Especial 10 de la Federación. Hay una migración importante de personal científico de las principales universidades de la galaxia para el estudio de las singulares condiciones en que se encuentra el planeta ahora (inexplicables condiciones cabe agregar), ya que los intensos niveles de contaminación han disminuído sin causa aparente hasta niveles aceptables para la vida… Como es sabido…”

FIN.

viernes, 1 de octubre de 2010

UNA COINCIDENCIA DESAFORTUNADA

                       


¡Cómo pensaba en Atahela, mi adorada esposa! ¡Y en Zuratikias, mi amada hija, la más pequeña y consentida! ¡Y en mis otros dos pequeños, Milcos y Trasper! Pero aunque mi vida se había convertido en un constante viaje hacia el pasado, recordando todo los buenos momentos pasados con mi familia en nuestro bello y ya no nuestro planeta,  eran esas imágenes sobre mis tan lejanos días de dicha lo que hacía posible que siguiera adelante, pues sin esos recuerdos se haría insoportable continuar con este torturador trabajo. Es que las autoridades de la Federación habían resuelto resolver uno de sus grandes problemas por medios poco convencionales. Como sus naves de transporte de mercancías y pasajeros estaban siendo atacadas constantemente por piratas,  no se les ocurrió mejor idea que, utilizando familias y otros medios para chantajearnos, hacer uso de  ex-combatientes enemigos para custodiar esas naves. En mi caso tenía que custodiar sus naves por mil parsecs de viajes a velocidades sub-hiperespácicas –en el hiperespacio las naves no corrían el riesgo de ser atacadas por ningún pirata, o no por ahora-. Si cumplía satisfactoriamente con este trato, se me permitiría volver con mi familia... a uno de los tantos planetas casi estériles y vigilados donde iban los desterrados. Me bastaba pensar que ellos estaban solos allí, conviviendo con otras especies tan extrañas –y derrotadas- como la nuestra, en condiciones que distaban mucho de ser las más convenientes y pasando vaya a saber que penurias y necesidades, lo que me daba una rabia tan inmensa que solamente de allí conseguía sacar la fuerza para soportar la convivencia con los pasajeros y la tripulación de las naves.
En este viaje en particular, un transporte standard –una centena de pasajeros y bodegas llenas de mercancías de distinto tipo- había varios tripulantes y pasajeros que me miraban con una repugnancia que resultaba difícil de sobrellevar –a pesar de que tendría que haber estado ya acostumbrado a ella-. En especial el segundo de a bordo tenía constantes actitudes que siendo verbalmente violentas a veces  rondaban la agresión física. Posiblemente hubiera perdido algún amigo o algún compañero en las guerras con los de mi especie, quizás... Sin duda que sabía además que yo no podía darme el lujo de responder a ninguna de sus provocaciones. No dejaba de causarme cierta jocosidad que mi aspecto les resultara repulsivo, teniendo en cuenta que mantenerlo no solo me exigía un constante desgaste de energía sino que era por lo que menos tendrían que temerme. Mi especie a los ojos humanos es realmente espantosa, por lo que estaba obligado a usar un camouflage corporal que, al parecer, tampoco les estaba resultando muy agradable -pero sin duda resultaba más aceptable-. Mis repliegues corporales, ojos, mi aparato masticador, mis miembros con garras y ganchos y los olores propios de mi especie, que se liberan cuando dejo de reprimir mi verdadera naturaleza física, sé que son increíblemente horripilantes para los humanos.
En la guerra que perdimos estábamos tecnológicamente muy atrás de la Federación pero en la lucha cuerpo a cuerpo, a pesar de esta inferioridad tecnológica, y utilizando a pleno nuestra apariencia y ferocidad, no perdimos ni uno solo de los combates. Pero no era en el cuerpo a cuerpo que se iba a ganar esa guerra y eso lo teníamos claro, por lo que cuando amenazaron con la destrucción de toda nuestra especie  tuvimos que enfrentar la dura realidad de que había armas contra las que no teníamos defensa. Esta amenaza frenó nuestra resistencia y decidió nuestra rendición. Es que estuvieron a punto de lanzar armas planetarias selectivas. Estas armas –por si no las conocen- exterminan selectivamente determinadas configuraciones vitales.Se difunden por la atmósfera y dejan vivo todo menos lo que está programado que maten. En la antigüedad y cuando el conflicto tomaba ribetes de cierta gravedad –a vida o muerte- se solían utilizar otro tipo de armas, que mataban sistemáticamente todo lo vivo en el mundo elegido para tal castigo. Pero eso dejaba el planeta en cuestión muerto, con daños irreparables o que tardaban mucho en revertirse. La nueva tendencia era tratar de conservar el mundo conquistado con el menor daño posible. No sé si para mayor fortuna o para mayor desgracia los ingenieros en bio-armas de la Federación lo único que tenían que hacer era capturar un individuo de la especie que se pretendiera eliminar y a partir de ahí se fabricaban estas armas, que además habían sido probadas con éxito más de una vez. Lamentablemente para contrarrestar un ataque con esta tecnología se necesitaba un nivel de desarrollo que nuestro pueblo –y muchos como nosotros- estábamos lejos de alcanzar. Nuestra especie tiene excelentes atributos para el combate que no solo pasan por nuestro aspecto -que podía llegar a paralizar a un enemigo desprevenido-, nuestra mítica ferocidad y valentía en la lucha, sino también en mecanismos telepáticos de atacar a nuestros oponentes, infundiéndoles confusión, desorientación, miedo y hasta terror desde bastante distancia, pero no somos una especie con potencial para el manejo de tecnología y menos aún para la investigación. De todas formas ahora que estoy en contacto con la Federación –desagradable contacto pero contacto al fin- creo que explotamos mal nuestras habilidades, luchando por separado, sin reunir los esfuerzos de todas las tribus y sobre todo sin juntar nuestras energías psíquicas pues... ¿Qué hubiera pasado si hubiéramos luchado realmente juntos? ¿Hubiéramos cambiado el curso de la guerra? ¿Hubiéramos revertido la actual situación, con nuestro planeta en manos de la Federación y nuestra especie diseminada por varios planetas-castigo? ¿O los hubiéramos forzado a exterminarnos, incluso antes de darnos la oportunidad de rendirnos? Eran preguntas que no podría contestar nunca.
Pero todo esto ya era cosa del pasado, ahora tenía que concentrarme en esta nueva existencia, y viaje tras viaje tratar de afrontar todas las dificultades que fueran surgiendo. Afortunadamente  había tenido necesidad de usar mis habilidades de combate en pocas oportunidades, la mayoría de las veces contra piratas humanos que intentaron abordar las naves que yo custodiaba. Pero los humanos no eran los únicos que pirateaban. Cada vez que la Federación ganaba una batalla, una guerra o conquistaba un planeta o le quitaba privilegios a alguna clase gobernante de la especie que fuera, brotaban descontentos, desconformes y muchas veces se elegía la violencia para protestar por lo que fuere. La guerrilla era en la Federación tan común que no había planeta conquistado que no tuviera sus bien o regularmente bien organizados guerrilleros y la piratería espacial no era más que una manifestación de esta resistencia. Pululaban los piratas por el espacio y la armada federal no podía ni pensar en buscar y capturar un sinnúmero de  naves que iban desde auténticos acorazados de combate hasta navecillas de cinco toneladas. Los piratas con los que me había encontrado sabían que había custodias entrenados en las naves pero nunca pensaban encontrarse con uno de mi especie y con todos sus  poderes desplegados. Así que los que no lograban huir  por estar demasiado atontados eran hechos prisioneros por la tripulación. Cada vez que tenía que desplegar mi auténtica personalidad tanto los tripulantes como pasajeros que tenían la mala fortuna de verme o de estar cerca de mí sufrían igualmente las consecuencias psicológicas. Todavía no había tenido la necesidad de utilizar la violencia física –y por el bien de los asaltantes preferiría no tener que hacerlo- por lo que me sentía satisfecho del trabajo que venía haciendo. En el total de mis viajes había sufrido seis abordajes y a todos los había resuelto a mi gusto. Por más que en esta travesía no hubiéramos sufrido ningún ataque mis antecedentes hablaban por sí mismos y si bien no les era agradable tendrían forzosamente que estar agradecidos por mi presencia en la nave.
Casi todos parecía que pensaban así, menos el joven segundo de a bordo... ¡Qué molesto que se estaba poniendo ese jovencito, el oficial! Era la primera vez en la veintena de vuelos que llevaba custodiando que me sucedía. No es que no me sintiera rechazado anteriormente pero me respetaban y en mi ficha personal –que estaba a la vista de todos, tripulante y pasajeros- aparecía mi excelente perfomance en seguridad, que tendría que ser suficiente razón para que se me respetara,  pero para  este oficial aparentemente no importaban tales cosas. Sus actitudes ya estaban rebasando la línea de lo aceptable. Me quejé al capitán pero este naturalmente prefería darle la razón a su segundo y desacreditó mis protestas. En todo caso ¿Qué podía hacer? Para agravar más la situación me atacaba públicamente y ya eran varios los miembros de la tripulación y algunos pasajeros que estaban en su misma línea de conducta ¿Qué buscaba? ¿Hacerme perder la calma? Yo sabía que era observado constantemente y que si bien no sería tan fácil para ellos matarme sí les sería matar a toda mi familia. Por eso era tan efectivo el chantaje. Tenía forzosamente que cuidar mi forma de actuar en todo momento, pues seguramente no pasarían muchas horas luego de cualquier inconducta para que mi familia fuera castigada.
Todo podía decirse que iba transcurriendo normalmente, o casi normalmente,  pues en cada salida del hiperespacio –para cargar o descargar alguna mercadería-  era hostigado por la pandilla del segundo oficial como si fuera el único quehacer que tenían. Así fué que cuando en el cuadrante octavo entre Medina y su luna más pequeña sonó la alarma de ataque estaba con un humor que no presagiaba nada bueno. En verdad deseaba que luego de los protocolos de cambios de amenazas y quizás de algunos disparos entre las naves, los piratas intentaran el abordaje. En general para esto no se utilizaban las compuertas de la nave atacada sino que los agresores se instalaban sobre el casco de su presa y allí mismo lo cortaban, fabricándose una entrada. Esto posiblemente dejaría fuera de batalla todos los mecanismos de seguridad que estuvieran preparados en las entradas designadas.
Pero esta vez no sucedió así. Es más, percibí dos cosas, una fuerte corriente telepática que identifiqué claramente como varios de mi especie y un desconcierto total y absoluto en los humanos en el interior de la nave. Me coloqué entonces frente a las compuertas, en una barricada que se había construído rápidamente y en donde se colocó la tripulación que estaba en condiciones de reaccionar, con sus armas preparadas. También había pasajeros allí, sobre todo los beligerantes amigos de nuestro joven segundo de a bordo. Quizás eran de algún grupo neo-colonialista, quién sabe... pero por esta vez estábamos del mismo lado.
Fué antes de abrirse la compuerta que vino la segunda oleada de miedo y terror, que hizo que todos dejaran de esgrimir  sus armas y quedaran temblando, mirando hacia donde sabían que venía la amenaza. Y esta vez no se detuvo, fue aumentando, aumentando y cuando se abrió finalmente la puerta principal de la nave todos estaban conscientes y expectantes, pero sin capacidad de ninguna respuesta. El oficial me miró y a duras penas articuló –Llegó el momento de que haga su trabajo-. Y eso iba a hacer, sin duda, por mi esposa y mis hijos, pero todo cambió cuando entraron los agresores...
-¡Ustedes!- grité, sorprendido. Eran cinco de mi especie, un verdadero ejército teniendo en cuenta sus habilidades.
-¡Ripkah! ¿Qué haces aquí, maldito asesino de humanos?- Ellos me conocían y no solo eso, sabían de mis cualidades...
-¡Yo estoy trabajando, son ustedes, comedores de intestinos, los que deben decirme que hacen aquí!- También los conocía a ellos.
Detrás de mí, el capitán llegó trastabillando desde su cabina. Como no entendía nuestro idioma seguramente pensó que nos estábamos amenazando.
-¿No me digas que atraparon al orgulloso gran guerrero Ripkah en la trampa de la familia prisionera?
-No te burles, Jerich, que han sido largos y tristes mis días...
-Discúlpame, pero tengo buenas noticias para ti...
En mi excitación olvidé mi cobertura y desplegué mi verdadero ser. Mis pliegues, púas y garras y el intenso olor propio de mi especie aturdieron más aún a todos los que estaban en la barricada. El capitán, su segundo, los tripulantes, los pasajeros, todos, lagrimeaban irritados por el terrible olor, con sus armas inactivas en las manos, pues ninguno tenía poder de coordinación suficiente para usarlas... pero aunque estaban aterrados no habían perdido la esperanza. Seguramente yo me había desplegado para el combate y si lo que decían era cierto no había poder alguno capaz de detenerme... por consiguiente, estaban a salvo.
Eso pensaban.
-¿Qué buenas noticias?
-Hubo una rebelión en el planeta en donde estábamos confinados. Logramos tomar algunas naves y huir. No solo estamos nosotros, sino también exiliados de otros pueblos. De hecho los pilotos no son de los nuestros –como supondrás no somos todavía capaces de esa proeza-. Partimos a seguir reuniendo los pedazos de nuestro pueblo que sabemos que están por varios mundos, y esperamos encontrar un lugar donde podamos establecernos...
-¿Eso es todo?
-No todo, mientras tanto practicamos el viejo deporte espacial de la piratería, consiguiendo mercaderías, armas y comida... a propósito ¿Hace cuánto que no comes carne humana?-
Recién en ese momento caí en la cuenta de que quizás por eso el joven segundo de a bordo me odiaba. Quizás no solo habíamos matado en alguna de las batallas de nuestro mundo a algún pariente cercano, quizás hasta a su padre o a su hermano, sino que quizás también lo habíamos comido. Porque esa es otra de nuestras características: nos encanta la carne y la sangre humanas, nos parecen los sabores más encantadores del universo y era un ingrediente horroroso más para los que combatieron en nuestro mundo. Muchos humanos fueron devorados allí, muchos soldados fueron desmembrados aún con vida por nuestras ávidas tropas.
Mirando a los humanos a mis costados y pensando en todos los que había en la nave dije  -Pero eso no es suficiente razón para irme con ustedes. Tú bien sabes por qué estoy aquí...-
-Claro, por eso te dije que tenía buenas noticias. ¿O pensaste que se trataba de un nuevo condimento para tu platillo especial?
Mis glándulas segregaron abundante saliva al pensar en mi platillo especial. Es que tengo una debilidad: dentro de todo el cuerpo del humano me gusta especialmente el cerebro. No me critiquen por favor, hay congéneres que pelearían por un buen guisado de orejas con legumbres...
-Dime entonces, Jerich...
-Puedes venir con nosotros... –En ese momento noté una presencia, o varias más bien, que me trajeron nítidos aromas de mi hogar... Había algo familiar en la nave que nos había abordado, algo familiar y querido...
-¿Está Atahela con ustedes?
-¡Claro, mi estimado amigo! ¡Y tus hijos también!
-¡No lo puedo creer!- Estaba totalmente feliz. Me sentía como si me hubieran quitado un terrible peso de encima... Casi echo a volar en ese mismo momento por el corredor de la nave... -¿Pero cómo dieron conmigo?- pregunté...
-Lamentablemente no fué premeditado. Como tenemos prisa no íbamos a atacar ninguna nave hasta llegar al siguiente mundo prisión, pero teníamos apetito... Es que hacía ya demasiado que no comíamos y nuestros compañeros comenzaron a ponerse nerviosos. Fueron ellos los que nos aconsejaron atacar esta nave para alimentarnos.
-¿Entonces nos encontramos aquí por casualidad?
-Totalmente, por pura coincidencia y para ellos por una desafortunada coincidencia...
-Me convencieron. Pero pongo una condición –dije, tomando mi aspecto más agresivo. Nunca me puse a pensar que pasaría por las mentes de mis antiguos compañeros de viaje, pero seguramente cuando vieron mi última configuración habrán dicho “Al fin se dispone a pelear”, cuando debieron decir “Al fin se dispone a comer”.
-Di tu condición mi amigo...
-¡El primer bocado es el mío...!-dije al tiempo que de una sola dentellada le abría el cráneo al jovencito impertinente que me había molestado durante parsecs enteros.
Si son humanos el relato de lo que sucedió después no les causará el menor placer, por lo que baste decir que recuperé a mi esposa, a mis hijos y ahora, luego de reunir algunos congéneres más de otras prisiones, vamos rumbo a un planeta en donde al parecer podremos establecernos. Nuestros exploradores han dicho que es un planeta algo primitivo pero abundante en humanos y no hay especies que supongan una seria competencia para nuestros hábitos alimenticios. De hecho, los que más matan humanos allí son otros humanos...
Ya estamos cerca, pues en Niaran hay un punto de pasaje hiper y acabámos de salir de allí. El planeta es hermosamente azulado, es el tercero a partir de un hermoso sol amarillo y tiene una sola luna...
Llegaremos en breve por lo que mejor termino mi relato.
Hasta pronto...

                                                      
                                                            FIN