Luego de largos meses vuelvo a publicar aquí. A partir de ahora procuraré no perder continuidad, ya que he avanzado lo suficiente en cuentos y novelas para darle periodicidad a las publicaciones, luego de un año pues, familiarmente difícil... Mi nombre es Pablo Daniel Rodríguez Remedios, escritor, cantautor y fan de la ciencia ficción y de la fantasía. Gracias a todos por estar ahí y en especial a mi amiga del alma, la excelente poetisa Salma Hassan ¡Un abrazo fuerte a todos!

miércoles, 30 de marzo de 2016

CONSUMA CON MODERACIÓN


Mientras el hombre llamado Badcoin trataba de respirar, sofocándose, sintiendo bocanada a bocanada que irremediablemente se moría, le pasaron por su mente, como en una algodonosa nube transparente, los pantallazos de lo sucedido en las últimas horas…

El asalto había sido un éxito. Eso lo recordaba nítidamente. El plan para detener los tres enormes camiones blindados había funcionado a la perfección y tampoco había sido un gran problema apoderarse de su contenido. La sorpresa había sido total.

Todos los dispositivos electrónicos se habían bloqueado exitosamente-incluyendo las defensas automáticas de los grandes transportes- y los custodios humanos, más un requerimiento formal que una necesidad de seguridad, no habían atinado a reaccionar, por lo que ni asaltantes ni asaltados habían sufrido ningún tipo de heridas.

Todo lo demás fue ejemplarmente ejecutado. No hubo mayores dificultades en acceder a las computadoras de a bordo, borrar información sobre el asalto, reprogramar los pilotos automáticos y con todos los custodios a bordo –inmovilizados pero vivos; matarlos hubiera significado manipular sus dispositivos de monitoreo, una búsqueda más intensa y mayores represalias- hacer que el convoy siguiera la ruta establecida. Esto podía confundir  a quienes estarían vigilando su comportamiento.

Tenían claro que los iban a encontrar; era solo cuestión de tiempo, pero tiempo era lo que podían ganar con todas esas pequeñas trampas, un tiempo que les permitiría vender lo robado y dispersarse antes de que pudieran encontrarlos.

Pronto hubieron trasladado los tanques robados a varios transportes más pequeños y  en un escondido aeropuerto improvisado,no muy lejos de allí, los cargaron en una maltrecha nave -que sorprendentemente aún era capaz de volar- y que los transportólo más velozmente que pudo a su escondite. Así que en menos de una hora y cuando  las autoridades aún estarían reponiéndose de la confusión –quizás ni siquiera estarían seguros de que sus camiones habían sido robados-, ellos ya estaban a quinientos kilómetros de distancia… y no se detuvieron allí.

Tres horas más tarde, ya descendida la carga en una enorme bodega de una zona suburbana y abandonada de una gran ciudad y mientras algunos comenzaban a destapar las primeras botellas de cerveza para festejar, su comandante Hullit comenzó a calcular cuánto dinero ganaría su “causa” con el atraco. No eran bandidos comunes, claro que no…  eran nada más ni nada menos que los recaudadores de uno de los tantos ejércitos subterráneos que luchaban, a su manera, contra el opresivo régimen que los gobernaba. El dinero que lograran con la venta de su botín iría a parar a las arcas de su organización clandestina.

En esta ocasión la carga era muy rara y valiosa y Hullit sabía que aún descontados los gastos de transporte y apoyo obtendrían una fortuna en el mercado negro por los cilindros.

Pero Badcoin tenía una objeción. Él quería uno de los recipientes para su propio uso.

Sus colegas, especialmente su comandante Hullit, no estaban de acuerdo… para nada de acuerdo. Los argumentos de Badcoin no fueron escuchados.

Pero no lo juzguen mal. Desde ya hacía trescientos años los humanos como él o sus colegas no habían podido hacer uso de lo que se transportaba en los tanques. Es más, era un artículo de lujo que no solo daba status sino que además decían que alargaba la vida. De ahí su valor. Las clases dirigentes -la élite de la élite- pagaban mucho dinero por el contenido de esos tanques.

-¡Pero tienes decenas de contenedores aquí! ¡Solo quiero uno!- decía Badcoin en tono lastimero.

Quizás era ese el problema. Por tanto tiempo tantos habían visto el contenido de los tanques como algo solo apropiado para los dirigentes, para la “nobleza” que gobernaba y administraba y que con total desparpajo los tenía viviendo en la pobreza y en la humillación, que cuando uno de ellos tenía la oportunidad de echar mano a uno de sus privilegiados artículos, no podía mirar a otro lado, no podía ignorar esta oportunidad.

-¡Son para ser vendidos! –le replicó Hullit, ya molesto y en un tono de voz algo más alto- Hemos vivido desde siempre sin eso –dijo señalando a los tanques- y no hay razón para que sea diferente ahora.

-¡Pero quiero uno! ¡Tengo derecho a un tanque y quiero uno!- Badcoinsentía su corazón acelerándose mientras instintivamente tocaba con sus dedos el arma automática, no la de caño corto de su cintura, sino el fusil que en todo momento le colgaba de una correa de cuero sintético del cuello, un arma peligrosa, herencia del ejército.

-¡No son para nosotros!- le replicó nuevamente Hullit –Los venderemos y ese dinero será para mantener nuestro ejército… ¿Tienes idea del tiempo que podremos mantener nuestra revolución con la venta de eso?- dijo, señalando nuevamente a los cilindros.

Pero el obstinado Badcoin continuó con sus razonamientos, lo que terminó sacando de quicio a Hullit.

-¡He dicho que no y si digo que no es no! –dijo- ¡Y no voy a seguir con esta discusión!- dicho esto cometió la torpeza, supongo que inconscientemente, de tomar un arma de la mesa que tenía enfrente y amenazar a su interlocutor. Mala cosa. El arma de asalto de Badcoin lo retiró definitivamente de la discusión, de cualquier discusión…

Los otros cuatro, que estaban atentos pero a la vez preferían mantener cierta distancia ante el  enfrentamiento, por un momento no supieron cómo reaccionar y cuando finalmente tomaron sus armas fueron presa fácil del desquiciado Badcoin. Ni siquiera llegaron a herirlo.

Entiéndalo. La humanidad se había tornado más y más competitiva. Los que no eran de la nobleza que gobernaba -y que eran a la vez dueños de casi todo- estaban enterrados en una vida sin contenido, en donde la sobrevivencia era su único objetivo… No se planificaba, todo era día a día… y para destacar, para obtener algo más que la inmensa mayoría, los caminos eran tan escabrosos que pocos sobrevivían. La violencia era tanto una herramienta como un fin en sí y Badcoin había vivido en ese lugar del espíritu toda su vida.

Si lo amenazaban físicamente,  invariablemente reaccionaba con violencia.

Así que tomó un gastado colchón y apoyando una mitad contra unos trozos de madera, simuló fabricar un sillón… el mueble más cómodo que podía pretender en ese momento y lugar. Luego tomó uno de los pesados tanques, lo colocó junto a su improvisada reposera y enchufó un respirador a una de las boquillas que había a un lado en la base del recipiente metálico. Sin dejar que la sangrienta imagen de sus ex camaradas lo perturbara se sentó y colocó el respirador sobre su boca y nariz.

Abrió el pase del gas. Al fin probaría lo que en algún momento respiraron sus ancestros. Dejaría atrás ese caldo de contaminantes y venenos sin nombre que ahora tenían por aire.

Pero algo raro sucedió. Generaciones de humanos respirando la venenosa mezcla que los rodeaba habían condicionado, poco a poco, a todos los que vendrían. Quedó en shock. Respiraba agitado, no podía mover brazos ni piernas. No sabía qué le estaba sucediendo, pero seguramente su organismo estaba reaccionando de forma desafortunada a esa sustancia tan extraña, tan rara…

Lo cierto era que se estaba muriendo. Respiraba más y más rápido, su cuerpo parecía retorcerse en una desenfrenada fiesta que hubiera sido alegre si no fuera porque él sentía que su vida lo estaba dejando… más y más, hasta que su corazón se detuvo.

Cuando un día después los comandos policiales los encontraron, él seguía con sus ojos fijos en la leyenda del tanque:

                   “AIRE 100 % PURO. CONSUMA CON MODERACIÓN.”

                                                      FIN



NOTA: Hace no demasiado tiempo leí un artículo en donde se mencionaba como unos empresarios  pretendían vender “aire puro” en China. Este aire era envasado en lugares sin ningún tipo de polución, en un entorno lo más “natural” posible. Obviamente, por su costo,  este “producto” estaría al alcance de un porcentaje relativamente pequeño de ciudadanos chinos. Si bien este cuento no está inspirado por este artículo – y es el tipo de información que puede inspirar a escribir algo al respecto-, perfectamente puede servir como extrapolación de esta situación. La pregunta es… ¿Podríamos en algún momento acostumbrarnos a respirar tal “porquería” de aire que el aire puro nos mataría?

MATEMÁTICAS PURA



Tradicionalmente las matemáticas tienen fama de ser una dura materia de estudio. No  sé si la responsabilidad es de la materia en sí o si la mayoría de los profesores y maestros no disponen de la habilidad necesaria para comunicar de forma entretenida conocimientos que no siempre lo son… no para la mayoría por lo menos. Pero aparte de las fallas en los programas y métodos de enseñanza –fallas minúsculas, debo aclarar- y de las debilidades y carencias de algunos profesores –de la minoría, obviamente- y del disgusto que muchos jóvenes humanos de ambos sexos naturalmente tienen hacia ésta o cualquier materia de estudio, dedico este cuento a todos los que sufrieron, sufren y sufrirán por el estudio de esta magna asignatura.



Para los detractores de las matemáticas, aclaro que la culpa no la tuvieron ellas sino que claramente fue una falla humana. Primero, la del Dr. Ebeler por no incluir factores decisivos en su ecuación…  luego la del restaurante que le vendía la comida, la que indudablemente no estaba en buen estado.



Para Avril, Nati, Ali, Gabi, Vale y Emi, todas jóvenes que sé que aman las matemáticas.

                               MATEMÁTICAS PURA

Cumpliendo con su recorrida de rutina, Ebeler terminó de revisar uno de los tantos análisis predictivos que hacían parte de su día de trabajo… En este caso se trataba del lanzamiento semanal de cohetes de la guerrilla antigubernamental en Sudán del Sur, prediciéndose hora y lugar donde impactarían. Revisó, como hacía siempre, el funcionamiento del autoajuste, los sistemas anti-hackers y que las vías de comunicar esa información a sus superiores estuviera funcionando correctamente.

Por lo que venía monitoreando, este era otro de los programas predictivos que estaba funcionando bien, casi perfectamente-él era de los que pensaba que siempre habría algo para mejorar-.

Continuando con sus quehaceres, revisóuna fracción insignificante –la fracción que ese día se había elegido para testear- de programas de distintos conflictos bélicos –siempre abundantes-, de eventos deportivos, climáticos, financieros, sanitarios, todo un espectro de predicciones que debía supervisar, más para cumplir con la formalidad de hacerlo que por haber descubierto alguna falla en alguna ocasión.

Las ecuaciones predictivas utilizaban un número casi infinito de variables, lo que las hacía sumamente sensibles… pero también eran autoajustables. Supuestamente si se cargaban correctamente las variables, si se diseñaban adecuadamente las ecuaciones y los sistemas de autoajuste funcionaban como debían, podía predecirse prácticamente casi cualquier suceso.

Predecir había sido tema de debate místico, imposible de probar científicamente, hasta que se comenzó a trabajar con ecuaciones tan y tan complejas que nadie pensó en poder obtener algún beneficio práctico. Pero todas las matemáticas y especialmente las predictivas habían dado un gigantesco salto cualitativo con los nuevos procesadores ultra rápidos, con inteligencias artificiales de última generación. Y en una especie de evolución paralela, máquinas y predicciones fueron perfeccionándose hasta que… ¡Oh, milagro! Los principales sucesos terrestres fueron sujetos reales de predicción. Y eso fue solo el comienzo…

Las matemáticas predictivas pronto gobernaron. Su poder, en teoría, no tenía límites. Estos dependían de la disponibilidad de equipos y de tiempo… Los humanos eran solo imprescindibles en el diseño de las ecuaciones y en algunas tareas de programación… en lo demás, ya sea en la carga de datos, parte de la programación e incluso revisión de los procesos, no eran estrictamente necesarios. Se cumplía por parte de personal humano de chequeos periódicos, pero de ahí a ser imprescindibles todos sabían que había una distancia considerable.

Pero Ebeler no estaba satisfecho.Para nada.

Las matemáticas eran su vida, siempre lo habían sido e indudablemente lo serían. Había vivido y disfrutado de El Gran Salto de las Matemáticas Predictivas y nadie más contento que él porque se habían convertido en la Imprescindible y Magnífica Ciencia del Hombre… ¡Al fin ocupaba el lugar que le correspondía!

Pero veía que el uso de Su Amada estaba atado al dinero de los que invertían en los equipos;  inversores que vigilaban al mundo, organizaciones que querían sacar ventaja de todos los sucesos posibles y que no siempre atendían el bien de la humanidad y ni que hablar, del bienestar diario de las personas… Y por supuesto, no había matemáticas práctica para la gente común. Y él, en sus ratos libres –que no eran muchos, debo agregar- trabajaba en resolver eso. ¿Era posible saber cuándo se taparía la cañería de la cocina? ¿O saber con exactitud cuándo se nos terminaría la bombona de gas? ¿O cuando se nos pincharía el neumático del carro y cuál de ellos sería? ¿O se nos recocería la comida casera del fin de semana? ¿O extraviaríamos la llave de nuestro hogar y donde sería? ¿O cuándo y dónde seríamos asaltados caminando por la calle? ¿Era posible saber esto y muchas minúsculas cosas más de la vida diaria de las personas del planeta?

El creía que lo era. De hecho estaba desarrollando ecuaciones en su mínima expresión, con variables de un tamaño, de una delicadeza, que solo podrían usarse en sucesos de la vida hogareña.

Es más, en su afán de investigación, de superarse, de exaltar su amor por la ciencia que tanto quería, llegó a desarrollar una potente ecuación que le indicaba la hora exacta, el minuto elegido, el segundo justo, en que tendría que sentarse en el inodoro para no cagarse en los pantalones.

Pero ese día, los mariscos que invariablemente almorzaba los jueves no disfrutaban de su mejor estado sanitario… un factor que lamentablemente no había tenido en cuenta en sus cálculos.

Ebeler sintió una cálida e incómoda sensación en su trasero y un olor desagradable y conocido… veintidós minutos con 34 segundos antes de lo previsto.

Evidentemente todavía tenía que hacer ajustes en su ecuación.

                                            FIN


COLECCIÓN ESPECIAL



La idea original era hacer este cuento de entre 1500 y 2000 palabras, pero sinceramente, me resultó imposible. A medida que lo reescribía buscando “encajarlo” en esa cantidad de palabras, ese objetivo parecía cada vez más lejano. Es más, como la mayoría de mis cuentos podría haber empleado con comodidad el doble de palabras y hasta hubiera quedado un mejor relato… Para eso alcanzaría con más descripciones o algún personaje más… Pero no era la idea. Esta temática es un poco-demasiado trillada, me está costando bastante escribir y lo que quería era expresar lo mejor posible esta idea, sin muchas pretensiones, pues tengo, creo que afortunadamente, muchas otras cosas en la cabeza, cuentos que espero sean mucho mejores que éste –bueno, habrá mejores, iguales o peores- y sobre todo, las novelas que poco a poco están corporizándose y que oportunamente llegarán al blog.

Y a  todos los que piensan que las pelis y relatos de zombies son aburridamente repetitivos… posiblemente tengan razón.



Mis saludos para el amigo Vicente Acosta... lector y escritor en ciernes...                                 


                               COLECCIÓN ESPECIAL

El desfile estaba siendo un éxito y Deshi, uno de los tantos fotógrafos, sonreía orgulloso. Miraba a Rilah sonreír y divertirse aunque seguramente estaría algo nerviosa; era la noche elegida, la noche que presentaría su Colección Especial… Pero él estaba seguro de que todo resultaría bien, que su colección impresionaría mucho a los expectadores y de que este lanzamiento significaría un gran estímulo para la moda del planeta... y Rilah se lo merecía… no solo por ser su novia o por ser la chica más hermosa que hubiera conocido, sino porque era una diseñadora genial. Y mientras las cámaras fotográficas centelleaban infatigablemente capturando las espléndidas prendas y los modelos femeninos y masculinos ostentaban las que serían seguramente las tendencias primaverales en todo el planeta, él sabía que tras las cortinas se preparaba la sorpresa estética más importante desde la fundación de Esperanza, nada más ni nada menos que una colección especialmente diseñada para El Día del Misionero.

Hacía casi un año que había conocido a la joven diseñadora que había robado su corazón y había sido un Día del Misionero, tal como debía ser. En Esperanza se piensa que ese día es muy especial. Algo así como que todo lo bueno pasa ese día o a partir de ese día. Son ideas que creo nacen más bien del estómago que de nuestro cerebro o eso pensaba hasta que la conocí.

Ese día había partido muy temprano para instalarme cerca de una senda que partía de La Llanura de los Misioneros hacia las montañas. Allí era donde las naves los dejarían. Por supuesto, en cuanto los inmensos transportes voladores abrían sus puertas, salían en estampida hacia todas direcciones y como siempre sucedía las montañas tentarían posiblemente a un gran número… y para llegar a las montañas muchos tendrían que pasar frente a mí. Acababa de derribar uno, robusto, con buena carne –no como esos misioneros gordos que son como morder una almohada o como esos viejos que son como masticar un trozo de madera saborizado- cuando otro humano casi cae encima nuestro… Era una hermosa chica que quedó inmóvil de miedo, aterrorizada, mirándonos... –Paul…- murmuró, espantada. En ese momento caí en la cuenta de que quizás conocía a mi víctima. Su semblante no cambió cuando con un hábil movimiento metí una de mis manos hasta el hígado del misionero y se lo arranqué lo más limpiamente que pude. Nunca era una tarea fácil –lo que habla muy bien de mi pericia- pues los humanos se retorcían, pataleaban y gritaban durante la maniobra-. Dirán que soy un bárbaro o que no tengo modales, pero es que realmente siento una atracción irresistible por los hígados humanos… no hay parte corporal más exquisita. Así que mientras comenzaba a comerlo allí mismo y al ver que otros ciudadanos se acercaban –seguramente atraídos por los alaridos de mi presa- le dije a la chica que se marchara.

-¡Márchate! ¡Corre!- le dije, gesticulando con el hígado. Fue extraño. Lo normal hubiera sido lanzarme sobre ella y desgarrarle el cuello con los dientes, para luego seguir con su hígado, luego de terminar el aún caliente que tenía en mi mano … pero no, no lo hice. Me miró, quizás más aterrorizada que antes y se marchó lo más rápidamente que pudo por el sendero que apenas se veía entre las rocas.

Los gritos humanos siempre traían más cazadores… no todos estábamos en la forma indicada para cazar –había ciudadanos muy jóvenes o demasiado viejos- por lo que es  ley que en El Día del Misionero los humanos se comparten. Pronto comenzaron a trozar el cuerpo y cuando terminé mi hígado los gritos del humano hacía unos minutos se habían apagado y solo se sentían las quebraduras de huesos, gruñidos, desgarros, jadeos, las masticaciones desesperadas y a lo lejos, gritos… la cacería estaba en pleno desarrollo y todos sabíamos que había más presas corriendo por ahí.

Así que decidí a buscar mi segundo misionero.

Miré hacia los ciudadanos que estaban sobre lo que quedaba del cadáver, no mucho ya y grité: -¡Voy por otro!

Una ensangrentada cara me miró y con una de sus manos me hizo el pulgar para arriba. Creo que no conocía a ninguno de ellos, pero todos éramos ciudadanos y la amabilidad nunca estaba de más.

A mediados de la tarde ya había cazado a cinco misioneros más y mis seguidores y yo habíamos comido hasta el hartazgo, tanto que algunos se dispusieron a echar una pequeña siesta. Yo había quedado con un par de ojos grabados, observándome… Y quería satisfacer mi curiosidad, así que fui hasta donde había caído el primer misionero y le seguí el rastro a la chica.

La seguí por horas. Sabía que era difícil encontrarla viva, pero no sería la primera vez que algún misionero escapaba de la primera cacería. El año anterior había pedido licencia en mi trabajo y había estado cazando cuatro días más ¡Había sido muy emocionante!

Finalmente la encontré, ya al pie de las montañas. No estaba en buenas condiciones… magullada, llorosa, aterrada y por si fuera poco, cuando me acerqué me di cuenta de que se había roto un tobillo… así que su huída había terminado.

Pero me sucedió algo extraño con ella o era sencillamente que mi estómago estaba rebosante… no la maté. Me acerqué lentamente y a una distancia prudencial, pues no quería asustarla más todavía, le hablé.

-Ya no tengas miedo, no te voy a comer…

Creo que me reconoció… por lo menos tembló como si lo hiciera.

-¿Cómo es que hablas? ¿Eres humano?- me preguntó…

-No soy humano, lo siento…

-¿Qué eres entonces? ¿Cómo pudiste comerte a mi novio? Y… ¡Estás lleno de sangre!- Hizo nuevos intentos por llorar o eso pareció… pero creo que sus lágrimas ya se habían acabado. Comenzó a temblar… no sabría decir si de frío o de terror.

-Soy un zombie… ¿No lo ves?

-¡Pero los zombies no existen! ¿Dónde estoy? ¿Me comerás también?

-No, no te comeré…-no le dije que ya había comido suficiente humano por hoy y por varios meses… en realidad la carne humana me cae un poco pesada, excepto el hígado claro. Ella se tranquilizó un poco…

-¿Cómo te llamas? –pregunté para tranquilizarla…-¿No sabes dónde estás? ¿O cómo fuíste a dar aquí?

Me contó que su nombre era Rilah, que su novio y ella eran de Madrid; que habían salido de una fiesta rebosantes de alcohol y algunas drogas que ahora no se acordaba cuáles eran y que totalmente enajenados posiblemente se habían quedado dormidos en alguna acera o en algún callejón o en alguna parte y que de allí… bueno, alguien los había recogido.

-Estaban reuniendo humanos para el Día del Misionero, eso sucedió. Tuvieron la mala fortuna de estar en el lugar equivocado en el momento equivocado.

-¿Mala fortuna? ¡Los demandaré! ¡Necesito una embajada, la policía, el ejército! ¡Nos secuestraron! ¡Y te lo comiste!

-Yo solo le comí el hígado… -agregué- ¿Sabes dónde estás?- le pregunté calmadamente…

-¿En un matadero?

-En Esperanza- Me miró extrañada; obviamente nunca había sentido hablar de Esperanza –Es un planeta lleno de zombies.

-¿De zombies? ¡Qué asco!... –me miró- Disculpa… pero es que son horripilantes… aunque no sabía que todavía existían.

-Existimos- le dije, y me acerqué. Ella se apretujó contra las rocas y tembló nuevamente cuando le tomé el tobillo lastimado. –Ponte cómoda y te vendaré- Rompí mi camisa y la vendé lo mejor que pude; ella miró con repugnancia al tela llena de sangre. –Tranquilízate, no te muevas y te contaré algo que pocos saben…

Me sentía extraño con esa humana… hasta cómodo. Era muy hermosa y muy bien formada –una excelente presa-… y había algo en ella que me obligaba a explicarle, a hacerle saber por qué sucedía lo que estaba sucediendo… o lo que iba a suceder.

-¿Qué?- me dijo, incómoda por mi silencio…

-Creías que ya no había más zombies…

-Lo creía… sé que a principios de este siglo hubo una epidemia, pero que había sido controlada… ¡Ya no existen más!

-Pues evidentemente te equivocas… existimos… todavía.

Me miró y aprobó con la cabeza… movió un poco su pierna; seguramente el tobillo le dolía.

-Como dices, a principios de este siglo el famosísimo Virus Z se escapó de un laboratorio de esos que los humanos tienen para investigar, guardar y desarrollar cosas horribles y se propagó ferozmente. También tienes razón en que finalmentefué controlado… Muchos enfermos fueron asesinados por las fuerzas de seguridad y otros, bueno… aprovechando que la colonización espacial estaba en su auge, fueron utilizados en ella.

-¿En la colonización? ¿Haciendo qué?

-Alguien tuvo la genial idea de utilizar a los infectados como avanzadilla en planetas que había que explorar… Nada mejor que ellos… Alimentarlos no costaba prácticamente nada, no tenían miedo, no morían fácilmente, no era necesario gastar en salarios, ni en equipamiento especial ni uniformes, ni seguro de salud ni entrenamiento, ni siquiera había que darles armas y además aniquilaban a todo lo vivo que encontraban ante sí. Para aprovecharlos mejor les agregaron cámaras y sensores para monitorear el comportamiento de las especies nativas, por lo que obtenían un completo abanico de datos a muy bajo costo. Ese era el magnífico uso que tenían para los zombies y los humanos estaban muy satisfechos con los resultados… y posiblemente eran los únicos satisfechos-agregué, como un comentario por lo bajo-. Pero algo imprevisto sucedió cuando llegaron a este mundo, el planeta que llamamos Esperanza, un planeta cuya especie inteligente –los talaranes- era subterránea. Los humanos habían descubierto que secretaban una rara sustancia -maleable, liviana y muy valiosa- con la que fabricaban todo lo que utilizaban y cuyos excedentes eran almacenados en depósitos especiales. También descubrieron que a los talaranes les encantaba la carne de los infectados. Así que diseñaron un sencillo plan en tres pasos: Primero, colocar abundantes y sabrosos no-muertos en la superficie… Segundo, los talaranes salían en masa para comérselos… Tercero, los humanos aprovechaban para saquear las madrigueras de los talaranes… Un negocio redondo –dije, haciendo una pausa. Ella escuchaba con incómoda atención y continué- Pero si bien todos sabían que los zombies se defenderían, y que a su vez tratarían de comerse a los talaranes –pues ya dije que tenían esa horrible compulsión de atacar y morder todo lo vivo que se pusiera delante- nadie pensó en el efecto que la carne de estos animales parecidos a enormes topos tendría sobre ellos… ¡Y tuvo un efecto increíble! Lograron transformarse en algo… menos “zombie”. No puede decirse que se hicieron humanos nuevamente, pero se suavizaron algunas de sus características morfológicas, se moderó algo su carácter y lo más importante… recuperaron una inteligencia comparable a la humana. –En ese momento abrí los brazos, mostrándome en todo mi esplendor zombie… no le agradó lo que vió, así que se apretujó más sobre sí misma- Fué cuestión de tiempo derrotar y domesticar a los talaranes y negociar con los humanos la venta de todo lo que se obtenía en el planeta. Este fue el comienzo de Esperanza, la primera colonia zombie del Universo conocido… y el único planeta habitado y gobernado por zombies... Aunque no debes confundirnos con las bestias sin inteligencia que llegaron aquí… somos mucho más evolucionados…

-¿Evolucionados? ¿Pero por qué nos cazan? ¡No son tan evolucionados! -dijo ella –No lo entiendo, ni entiendo por qué las autoridades permiten ésta… ¡Ésta masacre!

-A este día le llamamos El Día del Misionero y es la festividad más importante del planeta y… es la misma Federación Terráquea la que lo inventó.

-¡No puede ser cierto!

-Ellos lo inventaron, lo promocionaron y ellos son los que organizan la recolección y el traslado hasta aquí…

-¡Pero aparte de la monstruosidad que es todo esto, yo no soy misionera y mi novio tampoco lo era! –Estaba indignada… y supongo que con razón. Creía, al igual que ella, que no había hecho nada para estar allí, conmigo… pero allí estaba… y tenía que explicárselo.

-¡Claro que no! ¡De eso se trata!El Día del Misionero fue una especie de solución del gobierno de la Federación Planetaria para evitar una matanza aún mayor. Es que este mundo resultó desde sus inicios increíblemente tentador para todas las iglesias que, desperdigadas por todos los mundos, trataban de salvar la mayor cantidad de almas posibles, de quién sabe qué cosa… Y no había nada más atractivo para un misionero que tratar de recuperar un “alma perdida” zombie.Pero los  habitantes de Esperanza –entre los que me incluyo, obviamente- nunca supieron apreciar las verdaderas intenciones de sus “salvadores”; simplemente los cazaban y se los comían. Fueron incontables los misioneros que fueron desayunados, almorzados, merendados, cenados o comidos entre esas horas. Hasta que llegó a ser demasiado aún para el gobierno de la Federación.

Esta tomó dos medidas. La primera, prohibir la llegada de misioneros de cualquier iglesia al planeta –un gesto que le salvó la vida a una inmensa cantidad de religiosos-. La segunda, instaurar, junto con las autoridades del planeta, El Día del Misionero… un día para recordar y conmemorar la labor y el sacrificio de las decenas de miles de misioneros que ya habían dejado sus vidas, sus entrañas, su sangre, en las tierras zombies. Para ese día, la Federación recolectaba prisioneros en todas las cárceles, ancianos y enfermos sin familiares que los reclamaran, mendigos, terroristas o sospechosos de serlo, enemigos políticos de cualquier régimen amigo e incluso –y la miré, apenado- humanos descuidados que se pusieran delante de las patrullas de captura… todos ellos. Y eran desembarcados un único día, El Día del Misionero, en una gran llanura que se llama, precisamente, Llanura del Misionero.

Ese día, los zombies volvemos a cazar humanos y es por cierto, la festividad más importante del planeta.

-¡Es horrible!

-No es tan malo… Recuerda que esto lo hacemos solo una vez al año…

Me miró intrigada -¿Y el resto del tiempo que haces?

-Todos tenemos cosas para hacer, profesiones, trabajos… Aquí nadie está ocioso… Yo soy fotógrafo.

-¿En serio? –me miró asombrada… luego suspiró- Yo…, bueno, era diseñadora…

-¿Qué diseñabas? –le pregunté con interés.

-Ropa… no era muy famosa pero tampoco era una total desconocida, por lo menos en ese ambiente…

-Pues, lo siento... lo siento mucho- aunque había algo, algo que me estaba carcomiendo… una idea. Claro, una idea totalmente zombie, pero una idea al fin.

-¿Cuándo me comerás?- preguntó… -Ahora por lo menos sé por qué estoy aquí y no me comerá un completo desconocido…- casi pareció sonreír, pero tembló… tampoco supe si de frío o de temor –Y no me has dicho tu nombre…- agregó

-Me llamo Deshi… -y sintiéndome algo tonto continué- …y puedo salvarte, si quieres…

-¿Salvarme? ¿Cómo? ¿Y por qué lo harías?

-Es la primera vez que hablo con un misionero, bueno, con alguien que hace de misionero… y creo que no mereces estar aquí… -No le dije que me gustaba muchísimo y que deseaba conocerla un poco mejor- No podría salvarte siendo humana… pero puedo convertirte en uno de nosotros…

-¿No tengo opciones? ¿No hay otra forma?

-Es la única forma que conozco… y la única que hay. No permitirán que regreses… es más, si algún otro ciudadano llega a encontrarte ahora no podré defenderte… lo tengo prohibido y no creo que pueda convencerlo de que no te devore…

-¿Y qué haremos? ¿Y qué haré después?

-Te contagiaré… solo se puede hacer mediante sangre, así que me cortaré, te cortaré a ti, juntamos las heridas y te contagio… eso será fácil. Luego, mueres… tu sistema adopta el modo zombie y te llevo a la civilización…

-¿A la civilización?- una grotesca sonrisa pasó por su cara -¿Y qué haré en esa civilización?

-¿Cómo qué harás? ¡Diseñarás ropa! ¡Y yo seré tu principal fotógrafo!

-¿Es eso posible?

-¡Claro que sí!

No estaba nada cómoda con mi cercanía, por lo que traté de cortar rápidamente su brazo y el mío. Dos cortes longitudinales, no muy profundos, pero lo suficientemente grandes como para que sangraran lo suficiente. Los zombies tradicionalmente contagian el virus concualquier fluído, sobre todo con la saliva, pero no los alimentados con la carne de talaranes… y también sangramos, no tanto como los humanos, pero sí lo suficiente… Luego de estar seguro de haberle transferido el virus, la cuidé mientras agonizaba, cuando murióy la cuidé cuando revivió. Todavía atontada con su renacimiento –un zombie que no consume carne de talaranes es un ser bastante estúpido- la llevé lo más rápido que pude a comer de esa carne o algunos de los muchos productos que hacemos con ella…  cualquiera sería una magnífica protección contra la estupidez zombie característica.

Y a partir de allí se adaptó maravillosamente a su nueva vida. En realidad, como pudo continuar con su antigua profesión no se sintió tan mal… y aunque al poco tiempo le conseguí su propio alojamiento, nos dimos cuenta que éramos el uno para el otro, por lo que terminamos viviendo juntos, en una relación que no solo nos une sentimental sino también profesionalmente… y exitosamente, debo decir.



De pronto las luces bajaron y tres ciudadanos disfrazados de humanos caminaron por la pasarela con sendos carteles que decían: “Si van a comerme, háganlo vestidos con esta colección”, “También puedes cazar, desgarrar y masticar estando bien vestido” y “Mejoremos la imagen estética del Día del Misionero” y cuando, dejando a todos expectantes se retiraron, comenzó la verdadera muestra.

La colección era hermosa y abrumadoramente temática. Prendas lavables y de colores puramente zombies, de mangas ajustadas o sin mangas, estilizado calzado femenino y masculino pero con agarre todo terreno, pantalones holgados… todo pensado para correr y saltar y para que ningún artículo que se vistiera molestara a la hora de perseguir o de trozar a un humano. Hubo artículos masculinos, femeninos e incluso una línea para niños que emocionó a los espectadores, levantando un murmullo de aprobación. No había muchos niños en Esperanza y nunca se les permitía ir en la primera línea de cazadores, pero que se los contemplara les parecía genial.

Impactó una parte de la muestra que consistía en mostrar distintas herramientas para retener, cortar y destazar… apropiadas para ciudadanos de edad avanzada que no podían disfrutar de la hermosa sensación de cazar y alimentarse con sus manos y dientes.

¡Fue sensacional!

El desfile terminó con la presentación de Rilah, que fue recibida con un gran aplauso. Durante el brindis posterior recibió gran cantidad de felicitaciones y abundantes pedidos de sus prendas y la Colección Especial se vendió en tiempo récord.

¡La moda había desembarcado en Esperanza!

Y todos sabían que el próximo Día del Misionero serían los zombies mejor vestidos de toda la increíble y feroz historia del planeta.



                                         FIN