Luego de largos meses vuelvo a publicar aquí. A partir de ahora procuraré no perder continuidad, ya que he avanzado lo suficiente en cuentos y novelas para darle periodicidad a las publicaciones, luego de un año pues, familiarmente difícil... Mi nombre es Pablo Daniel Rodríguez Remedios, escritor, cantautor y fan de la ciencia ficción y de la fantasía. Gracias a todos por estar ahí y en especial a mi amiga del alma, la excelente poetisa Salma Hassan ¡Un abrazo fuerte a todos!

miércoles, 30 de marzo de 2016

COLECCIÓN ESPECIAL



La idea original era hacer este cuento de entre 1500 y 2000 palabras, pero sinceramente, me resultó imposible. A medida que lo reescribía buscando “encajarlo” en esa cantidad de palabras, ese objetivo parecía cada vez más lejano. Es más, como la mayoría de mis cuentos podría haber empleado con comodidad el doble de palabras y hasta hubiera quedado un mejor relato… Para eso alcanzaría con más descripciones o algún personaje más… Pero no era la idea. Esta temática es un poco-demasiado trillada, me está costando bastante escribir y lo que quería era expresar lo mejor posible esta idea, sin muchas pretensiones, pues tengo, creo que afortunadamente, muchas otras cosas en la cabeza, cuentos que espero sean mucho mejores que éste –bueno, habrá mejores, iguales o peores- y sobre todo, las novelas que poco a poco están corporizándose y que oportunamente llegarán al blog.

Y a  todos los que piensan que las pelis y relatos de zombies son aburridamente repetitivos… posiblemente tengan razón.



Mis saludos para el amigo Vicente Acosta... lector y escritor en ciernes...                                 


                               COLECCIÓN ESPECIAL

El desfile estaba siendo un éxito y Deshi, uno de los tantos fotógrafos, sonreía orgulloso. Miraba a Rilah sonreír y divertirse aunque seguramente estaría algo nerviosa; era la noche elegida, la noche que presentaría su Colección Especial… Pero él estaba seguro de que todo resultaría bien, que su colección impresionaría mucho a los expectadores y de que este lanzamiento significaría un gran estímulo para la moda del planeta... y Rilah se lo merecía… no solo por ser su novia o por ser la chica más hermosa que hubiera conocido, sino porque era una diseñadora genial. Y mientras las cámaras fotográficas centelleaban infatigablemente capturando las espléndidas prendas y los modelos femeninos y masculinos ostentaban las que serían seguramente las tendencias primaverales en todo el planeta, él sabía que tras las cortinas se preparaba la sorpresa estética más importante desde la fundación de Esperanza, nada más ni nada menos que una colección especialmente diseñada para El Día del Misionero.

Hacía casi un año que había conocido a la joven diseñadora que había robado su corazón y había sido un Día del Misionero, tal como debía ser. En Esperanza se piensa que ese día es muy especial. Algo así como que todo lo bueno pasa ese día o a partir de ese día. Son ideas que creo nacen más bien del estómago que de nuestro cerebro o eso pensaba hasta que la conocí.

Ese día había partido muy temprano para instalarme cerca de una senda que partía de La Llanura de los Misioneros hacia las montañas. Allí era donde las naves los dejarían. Por supuesto, en cuanto los inmensos transportes voladores abrían sus puertas, salían en estampida hacia todas direcciones y como siempre sucedía las montañas tentarían posiblemente a un gran número… y para llegar a las montañas muchos tendrían que pasar frente a mí. Acababa de derribar uno, robusto, con buena carne –no como esos misioneros gordos que son como morder una almohada o como esos viejos que son como masticar un trozo de madera saborizado- cuando otro humano casi cae encima nuestro… Era una hermosa chica que quedó inmóvil de miedo, aterrorizada, mirándonos... –Paul…- murmuró, espantada. En ese momento caí en la cuenta de que quizás conocía a mi víctima. Su semblante no cambió cuando con un hábil movimiento metí una de mis manos hasta el hígado del misionero y se lo arranqué lo más limpiamente que pude. Nunca era una tarea fácil –lo que habla muy bien de mi pericia- pues los humanos se retorcían, pataleaban y gritaban durante la maniobra-. Dirán que soy un bárbaro o que no tengo modales, pero es que realmente siento una atracción irresistible por los hígados humanos… no hay parte corporal más exquisita. Así que mientras comenzaba a comerlo allí mismo y al ver que otros ciudadanos se acercaban –seguramente atraídos por los alaridos de mi presa- le dije a la chica que se marchara.

-¡Márchate! ¡Corre!- le dije, gesticulando con el hígado. Fue extraño. Lo normal hubiera sido lanzarme sobre ella y desgarrarle el cuello con los dientes, para luego seguir con su hígado, luego de terminar el aún caliente que tenía en mi mano … pero no, no lo hice. Me miró, quizás más aterrorizada que antes y se marchó lo más rápidamente que pudo por el sendero que apenas se veía entre las rocas.

Los gritos humanos siempre traían más cazadores… no todos estábamos en la forma indicada para cazar –había ciudadanos muy jóvenes o demasiado viejos- por lo que es  ley que en El Día del Misionero los humanos se comparten. Pronto comenzaron a trozar el cuerpo y cuando terminé mi hígado los gritos del humano hacía unos minutos se habían apagado y solo se sentían las quebraduras de huesos, gruñidos, desgarros, jadeos, las masticaciones desesperadas y a lo lejos, gritos… la cacería estaba en pleno desarrollo y todos sabíamos que había más presas corriendo por ahí.

Así que decidí a buscar mi segundo misionero.

Miré hacia los ciudadanos que estaban sobre lo que quedaba del cadáver, no mucho ya y grité: -¡Voy por otro!

Una ensangrentada cara me miró y con una de sus manos me hizo el pulgar para arriba. Creo que no conocía a ninguno de ellos, pero todos éramos ciudadanos y la amabilidad nunca estaba de más.

A mediados de la tarde ya había cazado a cinco misioneros más y mis seguidores y yo habíamos comido hasta el hartazgo, tanto que algunos se dispusieron a echar una pequeña siesta. Yo había quedado con un par de ojos grabados, observándome… Y quería satisfacer mi curiosidad, así que fui hasta donde había caído el primer misionero y le seguí el rastro a la chica.

La seguí por horas. Sabía que era difícil encontrarla viva, pero no sería la primera vez que algún misionero escapaba de la primera cacería. El año anterior había pedido licencia en mi trabajo y había estado cazando cuatro días más ¡Había sido muy emocionante!

Finalmente la encontré, ya al pie de las montañas. No estaba en buenas condiciones… magullada, llorosa, aterrada y por si fuera poco, cuando me acerqué me di cuenta de que se había roto un tobillo… así que su huída había terminado.

Pero me sucedió algo extraño con ella o era sencillamente que mi estómago estaba rebosante… no la maté. Me acerqué lentamente y a una distancia prudencial, pues no quería asustarla más todavía, le hablé.

-Ya no tengas miedo, no te voy a comer…

Creo que me reconoció… por lo menos tembló como si lo hiciera.

-¿Cómo es que hablas? ¿Eres humano?- me preguntó…

-No soy humano, lo siento…

-¿Qué eres entonces? ¿Cómo pudiste comerte a mi novio? Y… ¡Estás lleno de sangre!- Hizo nuevos intentos por llorar o eso pareció… pero creo que sus lágrimas ya se habían acabado. Comenzó a temblar… no sabría decir si de frío o de terror.

-Soy un zombie… ¿No lo ves?

-¡Pero los zombies no existen! ¿Dónde estoy? ¿Me comerás también?

-No, no te comeré…-no le dije que ya había comido suficiente humano por hoy y por varios meses… en realidad la carne humana me cae un poco pesada, excepto el hígado claro. Ella se tranquilizó un poco…

-¿Cómo te llamas? –pregunté para tranquilizarla…-¿No sabes dónde estás? ¿O cómo fuíste a dar aquí?

Me contó que su nombre era Rilah, que su novio y ella eran de Madrid; que habían salido de una fiesta rebosantes de alcohol y algunas drogas que ahora no se acordaba cuáles eran y que totalmente enajenados posiblemente se habían quedado dormidos en alguna acera o en algún callejón o en alguna parte y que de allí… bueno, alguien los había recogido.

-Estaban reuniendo humanos para el Día del Misionero, eso sucedió. Tuvieron la mala fortuna de estar en el lugar equivocado en el momento equivocado.

-¿Mala fortuna? ¡Los demandaré! ¡Necesito una embajada, la policía, el ejército! ¡Nos secuestraron! ¡Y te lo comiste!

-Yo solo le comí el hígado… -agregué- ¿Sabes dónde estás?- le pregunté calmadamente…

-¿En un matadero?

-En Esperanza- Me miró extrañada; obviamente nunca había sentido hablar de Esperanza –Es un planeta lleno de zombies.

-¿De zombies? ¡Qué asco!... –me miró- Disculpa… pero es que son horripilantes… aunque no sabía que todavía existían.

-Existimos- le dije, y me acerqué. Ella se apretujó contra las rocas y tembló nuevamente cuando le tomé el tobillo lastimado. –Ponte cómoda y te vendaré- Rompí mi camisa y la vendé lo mejor que pude; ella miró con repugnancia al tela llena de sangre. –Tranquilízate, no te muevas y te contaré algo que pocos saben…

Me sentía extraño con esa humana… hasta cómodo. Era muy hermosa y muy bien formada –una excelente presa-… y había algo en ella que me obligaba a explicarle, a hacerle saber por qué sucedía lo que estaba sucediendo… o lo que iba a suceder.

-¿Qué?- me dijo, incómoda por mi silencio…

-Creías que ya no había más zombies…

-Lo creía… sé que a principios de este siglo hubo una epidemia, pero que había sido controlada… ¡Ya no existen más!

-Pues evidentemente te equivocas… existimos… todavía.

Me miró y aprobó con la cabeza… movió un poco su pierna; seguramente el tobillo le dolía.

-Como dices, a principios de este siglo el famosísimo Virus Z se escapó de un laboratorio de esos que los humanos tienen para investigar, guardar y desarrollar cosas horribles y se propagó ferozmente. También tienes razón en que finalmentefué controlado… Muchos enfermos fueron asesinados por las fuerzas de seguridad y otros, bueno… aprovechando que la colonización espacial estaba en su auge, fueron utilizados en ella.

-¿En la colonización? ¿Haciendo qué?

-Alguien tuvo la genial idea de utilizar a los infectados como avanzadilla en planetas que había que explorar… Nada mejor que ellos… Alimentarlos no costaba prácticamente nada, no tenían miedo, no morían fácilmente, no era necesario gastar en salarios, ni en equipamiento especial ni uniformes, ni seguro de salud ni entrenamiento, ni siquiera había que darles armas y además aniquilaban a todo lo vivo que encontraban ante sí. Para aprovecharlos mejor les agregaron cámaras y sensores para monitorear el comportamiento de las especies nativas, por lo que obtenían un completo abanico de datos a muy bajo costo. Ese era el magnífico uso que tenían para los zombies y los humanos estaban muy satisfechos con los resultados… y posiblemente eran los únicos satisfechos-agregué, como un comentario por lo bajo-. Pero algo imprevisto sucedió cuando llegaron a este mundo, el planeta que llamamos Esperanza, un planeta cuya especie inteligente –los talaranes- era subterránea. Los humanos habían descubierto que secretaban una rara sustancia -maleable, liviana y muy valiosa- con la que fabricaban todo lo que utilizaban y cuyos excedentes eran almacenados en depósitos especiales. También descubrieron que a los talaranes les encantaba la carne de los infectados. Así que diseñaron un sencillo plan en tres pasos: Primero, colocar abundantes y sabrosos no-muertos en la superficie… Segundo, los talaranes salían en masa para comérselos… Tercero, los humanos aprovechaban para saquear las madrigueras de los talaranes… Un negocio redondo –dije, haciendo una pausa. Ella escuchaba con incómoda atención y continué- Pero si bien todos sabían que los zombies se defenderían, y que a su vez tratarían de comerse a los talaranes –pues ya dije que tenían esa horrible compulsión de atacar y morder todo lo vivo que se pusiera delante- nadie pensó en el efecto que la carne de estos animales parecidos a enormes topos tendría sobre ellos… ¡Y tuvo un efecto increíble! Lograron transformarse en algo… menos “zombie”. No puede decirse que se hicieron humanos nuevamente, pero se suavizaron algunas de sus características morfológicas, se moderó algo su carácter y lo más importante… recuperaron una inteligencia comparable a la humana. –En ese momento abrí los brazos, mostrándome en todo mi esplendor zombie… no le agradó lo que vió, así que se apretujó más sobre sí misma- Fué cuestión de tiempo derrotar y domesticar a los talaranes y negociar con los humanos la venta de todo lo que se obtenía en el planeta. Este fue el comienzo de Esperanza, la primera colonia zombie del Universo conocido… y el único planeta habitado y gobernado por zombies... Aunque no debes confundirnos con las bestias sin inteligencia que llegaron aquí… somos mucho más evolucionados…

-¿Evolucionados? ¿Pero por qué nos cazan? ¡No son tan evolucionados! -dijo ella –No lo entiendo, ni entiendo por qué las autoridades permiten ésta… ¡Ésta masacre!

-A este día le llamamos El Día del Misionero y es la festividad más importante del planeta y… es la misma Federación Terráquea la que lo inventó.

-¡No puede ser cierto!

-Ellos lo inventaron, lo promocionaron y ellos son los que organizan la recolección y el traslado hasta aquí…

-¡Pero aparte de la monstruosidad que es todo esto, yo no soy misionera y mi novio tampoco lo era! –Estaba indignada… y supongo que con razón. Creía, al igual que ella, que no había hecho nada para estar allí, conmigo… pero allí estaba… y tenía que explicárselo.

-¡Claro que no! ¡De eso se trata!El Día del Misionero fue una especie de solución del gobierno de la Federación Planetaria para evitar una matanza aún mayor. Es que este mundo resultó desde sus inicios increíblemente tentador para todas las iglesias que, desperdigadas por todos los mundos, trataban de salvar la mayor cantidad de almas posibles, de quién sabe qué cosa… Y no había nada más atractivo para un misionero que tratar de recuperar un “alma perdida” zombie.Pero los  habitantes de Esperanza –entre los que me incluyo, obviamente- nunca supieron apreciar las verdaderas intenciones de sus “salvadores”; simplemente los cazaban y se los comían. Fueron incontables los misioneros que fueron desayunados, almorzados, merendados, cenados o comidos entre esas horas. Hasta que llegó a ser demasiado aún para el gobierno de la Federación.

Esta tomó dos medidas. La primera, prohibir la llegada de misioneros de cualquier iglesia al planeta –un gesto que le salvó la vida a una inmensa cantidad de religiosos-. La segunda, instaurar, junto con las autoridades del planeta, El Día del Misionero… un día para recordar y conmemorar la labor y el sacrificio de las decenas de miles de misioneros que ya habían dejado sus vidas, sus entrañas, su sangre, en las tierras zombies. Para ese día, la Federación recolectaba prisioneros en todas las cárceles, ancianos y enfermos sin familiares que los reclamaran, mendigos, terroristas o sospechosos de serlo, enemigos políticos de cualquier régimen amigo e incluso –y la miré, apenado- humanos descuidados que se pusieran delante de las patrullas de captura… todos ellos. Y eran desembarcados un único día, El Día del Misionero, en una gran llanura que se llama, precisamente, Llanura del Misionero.

Ese día, los zombies volvemos a cazar humanos y es por cierto, la festividad más importante del planeta.

-¡Es horrible!

-No es tan malo… Recuerda que esto lo hacemos solo una vez al año…

Me miró intrigada -¿Y el resto del tiempo que haces?

-Todos tenemos cosas para hacer, profesiones, trabajos… Aquí nadie está ocioso… Yo soy fotógrafo.

-¿En serio? –me miró asombrada… luego suspiró- Yo…, bueno, era diseñadora…

-¿Qué diseñabas? –le pregunté con interés.

-Ropa… no era muy famosa pero tampoco era una total desconocida, por lo menos en ese ambiente…

-Pues, lo siento... lo siento mucho- aunque había algo, algo que me estaba carcomiendo… una idea. Claro, una idea totalmente zombie, pero una idea al fin.

-¿Cuándo me comerás?- preguntó… -Ahora por lo menos sé por qué estoy aquí y no me comerá un completo desconocido…- casi pareció sonreír, pero tembló… tampoco supe si de frío o de temor –Y no me has dicho tu nombre…- agregó

-Me llamo Deshi… -y sintiéndome algo tonto continué- …y puedo salvarte, si quieres…

-¿Salvarme? ¿Cómo? ¿Y por qué lo harías?

-Es la primera vez que hablo con un misionero, bueno, con alguien que hace de misionero… y creo que no mereces estar aquí… -No le dije que me gustaba muchísimo y que deseaba conocerla un poco mejor- No podría salvarte siendo humana… pero puedo convertirte en uno de nosotros…

-¿No tengo opciones? ¿No hay otra forma?

-Es la única forma que conozco… y la única que hay. No permitirán que regreses… es más, si algún otro ciudadano llega a encontrarte ahora no podré defenderte… lo tengo prohibido y no creo que pueda convencerlo de que no te devore…

-¿Y qué haremos? ¿Y qué haré después?

-Te contagiaré… solo se puede hacer mediante sangre, así que me cortaré, te cortaré a ti, juntamos las heridas y te contagio… eso será fácil. Luego, mueres… tu sistema adopta el modo zombie y te llevo a la civilización…

-¿A la civilización?- una grotesca sonrisa pasó por su cara -¿Y qué haré en esa civilización?

-¿Cómo qué harás? ¡Diseñarás ropa! ¡Y yo seré tu principal fotógrafo!

-¿Es eso posible?

-¡Claro que sí!

No estaba nada cómoda con mi cercanía, por lo que traté de cortar rápidamente su brazo y el mío. Dos cortes longitudinales, no muy profundos, pero lo suficientemente grandes como para que sangraran lo suficiente. Los zombies tradicionalmente contagian el virus concualquier fluído, sobre todo con la saliva, pero no los alimentados con la carne de talaranes… y también sangramos, no tanto como los humanos, pero sí lo suficiente… Luego de estar seguro de haberle transferido el virus, la cuidé mientras agonizaba, cuando murióy la cuidé cuando revivió. Todavía atontada con su renacimiento –un zombie que no consume carne de talaranes es un ser bastante estúpido- la llevé lo más rápido que pude a comer de esa carne o algunos de los muchos productos que hacemos con ella…  cualquiera sería una magnífica protección contra la estupidez zombie característica.

Y a partir de allí se adaptó maravillosamente a su nueva vida. En realidad, como pudo continuar con su antigua profesión no se sintió tan mal… y aunque al poco tiempo le conseguí su propio alojamiento, nos dimos cuenta que éramos el uno para el otro, por lo que terminamos viviendo juntos, en una relación que no solo nos une sentimental sino también profesionalmente… y exitosamente, debo decir.



De pronto las luces bajaron y tres ciudadanos disfrazados de humanos caminaron por la pasarela con sendos carteles que decían: “Si van a comerme, háganlo vestidos con esta colección”, “También puedes cazar, desgarrar y masticar estando bien vestido” y “Mejoremos la imagen estética del Día del Misionero” y cuando, dejando a todos expectantes se retiraron, comenzó la verdadera muestra.

La colección era hermosa y abrumadoramente temática. Prendas lavables y de colores puramente zombies, de mangas ajustadas o sin mangas, estilizado calzado femenino y masculino pero con agarre todo terreno, pantalones holgados… todo pensado para correr y saltar y para que ningún artículo que se vistiera molestara a la hora de perseguir o de trozar a un humano. Hubo artículos masculinos, femeninos e incluso una línea para niños que emocionó a los espectadores, levantando un murmullo de aprobación. No había muchos niños en Esperanza y nunca se les permitía ir en la primera línea de cazadores, pero que se los contemplara les parecía genial.

Impactó una parte de la muestra que consistía en mostrar distintas herramientas para retener, cortar y destazar… apropiadas para ciudadanos de edad avanzada que no podían disfrutar de la hermosa sensación de cazar y alimentarse con sus manos y dientes.

¡Fue sensacional!

El desfile terminó con la presentación de Rilah, que fue recibida con un gran aplauso. Durante el brindis posterior recibió gran cantidad de felicitaciones y abundantes pedidos de sus prendas y la Colección Especial se vendió en tiempo récord.

¡La moda había desembarcado en Esperanza!

Y todos sabían que el próximo Día del Misionero serían los zombies mejor vestidos de toda la increíble y feroz historia del planeta.



                                         FIN

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