Primero lo primero: ¡¡¡LES DESEO UN MUY FELIZ Y PRODUCTIVO AÑO 2018!!! Que en el año que comienza se vayan cumpliendo, poco a poco, sus objetivos. Espero hacerles llegar desde aquí algo para sonreír o para pensar o ambas cosas. Mi primera novela, ya más definida –cuál será y su temática- la podrán leer aquí, aunque no quiero arriesgar fechas. Mi nombre es Pablo Daniel Rodríguez Remedios, vivo en Uruguay y mis artes son la música y la escritura.

sábado, 30 de diciembre de 2017

¡FELIZ 2018!

 Ni idea tengo de cómo será este año que se viene… Todavía no vi mi horóscopo. Espero sí poder cambiar la guitarra o más bien comprar otra, que no me falte internet, ni el agua ni la luz eléctrica y espero avanzar en mis proyectos, tanto musicales como literarios. No vivir del arte es casi un círculo vicioso, porque a veces te das cuenta que podrías hacer mejores cosas y no lo haces porque ganarte la vida haciendo cualquier otra cosa te quita tiempo y también ganas –sobre todo te puede quitar ganas-, pero a la vez te das cuenta de que para pasar al escalón siguiente, al de más calidad y mayor despliegue de ideas y personajes, es necesario dedicar más tiempo y trabajo. Me pasa con alguno de los cuentos que muestro hoy… “La Inventora”, ”El Aroma de la Paz” y “Distinto”, cuentos que me dejan sabor a poco –quizás en otro momento los “trabaje” más-. “Los Ojos de Ella”, versión 1 y 2 son un ejercicio; tal cual. La versión 1 es un cuento algo oscuro –no ciencia ficción- y la versión 2 es un ejercicio de transformación en algo que tendría toques de ciencia ficción. Ejercicios. Solo eso. Lo muestro aquí, primero porque es algo interesante de hacer y  luego porque seguramente puede interesarle a alguno de ustedes. El primer cuento que muestro no es de ciencia ficción, para nada, ni siquiera de fantasía. ¿Por qué aparece aquí? Porque quiero comenzar a partir de esta entrega a darles un bono, un obsequio, de un cuento que puede ser del tenor de “La mamá atleta”, algo para niños o un cuento de los viejos que me haya gustado. En esta oportunidad lo pongo primero porque después de las versiones de  “Los Ojos de Ella” que son poco alegres –por decirlo de alguna manera- no luciría demasiado bien. De más está decir que estos “bonos” serán cuentos cortos y la mayoría tendrán el objetivo, aunque sea tangencial, de arrancarles una sonrisa. De la misma forma espero hacerlo cuando comience a mostrar los capítulos de la novela. Sobre esta… bueno, es toda una experiencia. Soy cuentista y todavía peor, en ocasiones me siento de la escuela de Quiroga. Así que en ocasiones, cuando llega la hora de recortar palabras en un cuento a veces soy terrible… si lo tengo que dejar en la mitad de las palabras, lo hago. Horacio Quiroga fue un escritor uruguayo, que vivió mucho tiempo en Argentina, y que vale la pena leer. Les guste o no la temática, vean su técnica cuentística. Es una referencia a tener en cuenta, junto a otras obviamente.  La novela es una experiencia totalmente nueva y distinta. Tanto lo es que estoy escribiendo sobre escribir una novela, pues me encuentro con dificultades que en los cuentos está claro que no tenía y quiero dejar testimonios o indicaciones de cómo superar estos problemitas. Pero aclaro… a mi ver las técnicas universales de novelar no son tales… quiero decir que cada uno de nosotros ve e interpreta distinto una historia y si la vamos a contar es lógico que lo hagamos distinto. Así que, como dije, se puede opinar, aconsejar, pero de última cada uno de nosotros tiene que hacerse un camino interno para expresar lo que está viendo –la historia que está viendo-. La misma historia, el mismo paisaje, el mismo cuadro, se puede comunicar de formas muy distintas. En su momento verán mis anotaciones al respecto. La primera novela no será buena, je, lo lamento,ja,ja,ja… capaz que me equivoco y sí lo es. No he avanzado lo suficiente en ella para saberlo.
También pondré algún cuento, sin duda y me gustaría también alguna crítica de algo, serie, película o libro. Pero hay gente que sabe muchísimo que lo hace maravillosamente… ¿para qué meterme yo?
Este 2018 espero seguir asimismo con la lectura de algunos mangas, sobre todo “Sword Art Online: Progressive”, “Happiness”, “Sousei No Onmyouji”, “Tokyo Ghoul-Re” –el querido Tokyo Ghoul-, “Berserk” –otra gran historia-, “Kingdom” –excelente- y alguno más como “Shut Hell”, “Dolly Kill Kill”, “Ubel Blatt”, “Azumi” y “Helck”. También esperar series que me parece vale la pena seguir viendo… “West World”, “Daredevil”, “American Gods”, “El Hombre en el Castillo”, “Midnight Texas” ,  “Stranger Things”, “Into the Badlands” y “The Expanse”.
Y libros… bueno, mi inglés es pésimo, leo a los tumbos y no me alienta a leer nada que no sea técnico  -es algo que me gustaría corregir-, así que tengo que esperar los libros en castellano. Espero sobre todo uno de Brandon Sanderson, “Oathbringer”, el tercero de la serie que comenzó con El Camino de los Reyes y continuó con Palabras Radiantes. Se los recomiendo. Brandon Sanderson es un escritor que siempre vale la pena leer.
 Si hay algún principiante leyendo esto ahora, recomiendo dos libros para comenzar a leer ciencia ficción en serio. Ellos son  “Dune” –el primero de la saga, no es necesario ir más allá-, que es un librazo y al que leo nuevamente todos los años y “El día de los Trífidos” de John Wyndham, un autor inglés al que le encantaba escribir sobre catástrofes. Ese libro es icónico –para mí- y también lo vuelvo a leer todos los años. Sobre fantasía… ¿qué más se puede recomendar que El Señor de los Anillos? También parte de mi ritual anual de lectura. Para comenzar, solo para comenzar, después sigan otros consejos. ¿Sobre magia? Nada complicado, pero con una visión de la magia que vale la pena leer :“Más Oscuro de lo que Pensáis” de Jack Williamson.
Puedo hacer más adelante, en próximas entregas, más recomendaciones, pero no soy crítico, por lo que seré bastante subjetivo. En general trato de leer todos los libros en que se basan pelis y series… salvo excepciones, que también vale la pena comentar, pues he comenzado a leer sagas que me sacaron las ganas de continuarlas. Lo que sí es cierto es que la cantidad que hay para leer es brutal.
Si tienen tiempo –que puede ser por poca o ninguna vida social como es mi caso- les recomiendo una saga que está impresionante. Pero cuidado con mi opinión, pues es solo una opinión…que sé en donde me meto… En los tiempos en que comencé a leer ciencia ficción, vos leías no sé, trescientos, cuatrocientos, quinientos libros en castellano y tenías un panorama bastante amplio de lo que había en el mundo –en castellano, claro-. En esa época –hace ya treinta años- que fue la época en que comencé a escribir y bueno, a trabajar en alguna revista también, no había internet y a este país realmente no llegaban demasiados libros. Aclaro que de esa época hasta ahora hubo un interludio de bastantes años en donde leí poquísima ciencia ficción, poca fantasía y además escribí menos. Bueno, esa época “oscurantista” ya pasó. Ahora, estimados –y estimadas-, lo cierto es que para tener un panorama comparable hay que leer muchísimo más. Estoy leyendo mucho, cierto… pero no solo no leo solamente ciencia ficción y fantasía –leo bastantes más cosas- sino que tampoco  soy el que era. Antes leía todo libro que tenía la posibilidad de leer... así como me veía toda película y serie que pareciera del género. Ahora no, para nada. Creo igual que es casi imposible leer todo y ver todo lo que hay sobre estos géneros con sus respectivos sub-géneros porque la producción es impresionante –por lo numerosa, que no lamentablemente por la calidad y claramente estoy hablando como fan y no como escritor-, pero bueno, puede intentarse, cosa que yo no hago. Así que selecciono mucho o trato de seleccionar lo que leo y lo que veo, no solo por la calidad –que a veces veo o busco atributos que capaz que solo para mí lo son- sino porque hay cosas que me gustan y otras que no. A menos que sea un pedido expreso, obviamente. Pero por eso le soy esquivo a la crítica de libros o de películas. Para criticar hay que saber, conocer lo más posible la totalidad. Y para eso hay que leer y ver  mucho e indiscriminadamente. Es un trabajo sacrificado, sin duda.
Todo esto viene a que les decía que si tienen tiempo les recomiendo la mejor saga que he leído hasta ahora: La Rueda del Tiempo, que comenzó Robert Jordan y finalizó Brandon Sanderson. Es un poquito larga, por eso lo del tiempo -y el juego de palabras no es intencional-, veintiún volúmenes en castellano y algunos menos en inglés pero creo que vale la pena hacerse de tiempo para leerla. ¿Mejor que la saga de Canción de Hielo y Fuego de Martin? Buenooo, salvando la diferencia de estilos, si. Claro que Martin todavía no la terminó… pero no leería de nuevo los libros de Hielo y Fuego, no por ahora, no por unos cinco años, por lo menos… sin embargo no tengo problemas en releer La Rueda del Tiempo y lo seguiré haciendo. Quizás cuando Martin termine sus libros opine distinto…
Pero… son gustos personales. Como dije, cada uno espera distintas cosas de una lectura. En esta saga encontrarán una mezcla de ciencia ficción con fantasía –algo que me gusta mucho- y lo que es también muy destacable, es fluida o lo que es lo mismo, entretenida, en el sentido clásico del género fantástico. Tal cual, lo más lento es el comienzo del primer volumen –bueno, del segundo en realidad, si contamos la precuela- y luego todo se hace totalmente entretenido. ¿Defectos? ¿Algunas “caídas” y traspiés? Si, los tiene… pero no por eso deja de ser una obra amena y bastante original y muy “leíble”, lo que es mucho decir. ¿Qué más se le puede pedir a una historia?
Me imagino que se harán la pregunta de si mi estilo novelístico es parecido o influenciado por esa obra… No… Para escribir así es necesario ser bueno en la novela y yo no lo soy o dicho más claro, es necesario ser mucho mejor escritor de lo que yo soy ¡ Ja,Ja,Ja! ¡Ojalá llegara a escribir algún día como Robert Jordan! Aparte de que hay cosas que de ninguna manera las escribiría igual o cosas en las que Jordan y luego Sanderson hacen un hincapié descriptivo del que yo lejos estoy. Tranquilos. Cuando vea mis primeros capítulos escritos yo mismo buscaré comparaciones. A todo esto hace mucho que hablan de adaptar esta saga a serie televisiva. No sé… ojalá lo hagan, pero lo hagan bien. La obra se lo merece.
Decepción me llevé con la adaptación al cine de La Torre Oscura de Stephen King… poco más puedo decir. Creo que es una obra demasiado “rica” para ser mostrada de la forma en que lo hicieron. Mal.
También esperaré a “Alita, Angel de Combate”, un manga y anime de culto que espero esté cerca por lo menos de nuestras expectativas.
Hace ya un tiempo un amigo y escritor me dijo, cuando le comenté todo lo que estaba leyendo –como ahora hago- que leyera menos y escribiera más. Con mucha razón. No sé si leer menos, pero está claro que tengo que escribir más.

Eso trataré de hacer. Un abrazo grande a todos y gracias por estar ahí.

LA MAMÁ ATLETA

Un relato que NO es de ciencia ficción ni fantasía, que puse aquí con el único propósito de que arranquen las lecturas con una sonrisa. “La Mamá Atleta” forma parte de una veintena de relatos que escribí para niños y preadolescentes… que hacen sonreír a grandes también.                                 

                                  LA MAMÁ ATLETA

Me cuesta mucho levantarme temprano, lo que muchas veces me ha significado no hacer todas las cosas que me gusta hacer por la mañana, antes de ir a trabajar. Me gusta bañarme, afeitarme si mi barba está crecida –me afeito una vez cada dos días-, tomar tranquilamente mi café con leche mientras leo las noticias en internet, revisar mis correos electrónicos y saludar a los que cumplen años en mi red social… todo eso. Claro que si me levanto tarde es imposible cumplir con todo y cuando eso sucede mi día, ya desde el comienzo, nunca es bueno.
Había pensado en varias soluciones, tales como tener varios despertadores –que tiene el inconveniente de despertarme no solo a mí sino a todo el edificio-, o contratar el despertador telefónico –pero no me gusta el tono de voz que tiene-, o dormir bien incómodo –sentado en un sillón o sobre el piso, sin colchón- de forma de despertarme cada poco rato y así lograr levantarme a la hora que deseara –cosa que tenía el inconveniente de pasar luego el día entero bostezando y con un sueño imparable-.
Tenía que encontrar una solución y había algo que me daba cierta esperanza. Todos los días, a las seis de la mañana, un ratito después de la hora que comenzaba a sonar mi despertador, sentía que la puerta del apartamento contiguo se abría y cerraba. Creía que si lograba que esa persona golpeara mi puerta todas las mañanas y a esa hora, no solo estaría seguro de despertarme, sino también que para retribuir la gentileza –me daría mucha vergüenza no levantarme- me levantaría inmediatamente.

Así que decidí hablar con esa persona que salía tan temprano. Un día puse antes el despertador y cuando salió yo estaba esperándola. Era una señora bastante joven, de nombre Claudia y estaba vestida como para correr. La saludé, le dije que éramos vecinos, que perdonara el atrevimiento pero que tenía problemas para levantarme temprano, si tendría la amabilidad de golpearme la puerta todas las mañanas. Me dijo que no había ningún inconveniente, que salía a correr diariamente y que no le costaba nada golpear mi puerta. Le di las gracias y a partir de ese día, me despertó todas las mañanas.

Yo estaba muy contento y además pensaba que una persona que sale a correr todos los días tan temprano era realmente una persona admirable. Así que cuando, días después, la encontré en el supermercado haciendo unas compras, además de darle las gracias le expresé mi admiración.

-¡Oh, no es nada! ¡No se preocupe, no me molesta en absoluto!- me dijo –Hago dos horas de ejercicios diariamente…- terminó diciendo.
-¡Pero usted es un modelo a seguir por todos!- le dije asombrado
-En realidad lo hago porque no tengo otra salida- me dijo.
Pensé que quizás había dicho algo impropio; quizás estaba enferma y necesitaba hacer ejercicio… quedé preocupado.
-Lo siento, no sabía que lo hacía por obligación- le dije.
-No, no se disculpe… Es por mi hija ¿Sabe?- me dijo bajando la voz.
-¿Su hija?
-Si, Elenita… -y continuó con tono cómplice- A ella no le gusta bañarse. ¡Si fuera por ella no se bañaría nunca!
-¿Y?
-¡Qué corre muy rápido! ¡Es una niña muy ágil, sumamente ágil! Así que estoy obligada a entrenarme para cazarla cada vez que le toca baño…
-¡Aaaah!- dije
-Eso que me hicieron expresamente una de esas… ¿Conoce los “calderines” o “medios mundos” que se usan para pescar y también para cazar mariposas?
-Si claro…
-Bueno, me hicieron uno del tamaño de Elenita… Pero igual… ¡Tengo que correr a la par que ella! ¡Y saltar!
-¿Y no ha probado, digamos, encerrarla en el apartamento?
Sonrió –Una cosa es tenerla en un espacio cerrado y otra muy distinta es agarrarla. Por eso no solo corro sino hago todo tipo de gimnasia… incluso clases de judo, que le digo me están dando mucho resultado.
A esa altura de la conversación todo parecía poco real. Me imaginé a la amable señora que tenía enfrente, la misma buena vecina que me despertaba todas las mañanas, aplicándole una llave de judo a Elenita para llevarla casi en el aire hasta la ducha.
-¿Y no ha probado otros métodos? ¿No será algún problema psicológico que tiene su hija?
-¡Claro que sí! ¡Pero no siempre la puedo atrapar para llevarla al psicólogo!
Algunos días después, también en el supermercado de la esquina, conocí a Elenita. Era un niña muy hermosa, de unos diez años y aparentemente muy dulce. Pero sabía que bajo esa apariencia inocente se escondía una escurridiza niña que le tenía terror al agua con jabón… ¡Y que era capaz de correr hasta caer rendida antes de bañarse!


                                           FIN

LA INVENTORA

Hace ya algún tiempo, una amiga de una red social, hizo un comentario sobre alguna de sus vecinas, el típico “se interesan más en la vida de los demás que en las suyas propias” o “¿Qué tanto interés por las vidas ajenas? ¿Acaso no tienen vida?”… cosas así. En ese momento le prometí, algún día, escribir algo sobre eso.

Dedicado a Adriana.

                             LA INVENTORA

Corría desesperadamente… Sabía que solo la casualidad había determinado que tuviera una oportunidad, la única, de poder escapar de la peligrosa situación en que se encontraba. Corría y corría y su corazón y sus pulmones y toda ella se rebelaban ante ese esfuerzo tan inusual, tan extraño y sin embargo tan necesario.

Etelvina repartió abundantes sonrisas mientras servía a sus invitadas la segunda ronda de una exquisita torta de chocolate. Instaladas cómodamente en varios mullidos sillones, dispuestos de forma que su visión de la hermosa avenida a través del amplio ventanal fuera inmejorable, saboreaban el horneado casero y disfrutaban de un suave y aromado té, conjunción ideal para sus tareas de observación.
Un capricho en la arquitectura de la ciudad había dispuesto que una de sus más hermosas vías de tránsito, luego de transcurrir por cientos de metros de ajetreado remolino de personas y todo tipo de negocios y viviendas de una hasta diez plantas, fuera dividida en dos por lo que parecía la quilla de un barco. Y allí, en esa privilegiada ubicación, como si fuera su mascarón de proa, estaba el hogar de Etelvina, una estilizada casa de tres plantas.
A los lados, la avenida transcurría todavía populosa; pero lo verdaderamente interesante, lo que valía la pena observar, estaba totalmente frente a las ventanas de la hermosa construcción.
La verdad es que, al comprar la casa, ni ella ni su difunto marido habían pensado en que su estratégica ubicación y el gran ventanal de la segunda planta pudieran ser la razón de una futura actividad social tan relevante y productiva.
Tarde a tarde, sus amigas y ella y ella y sus amigas, se reunían a observar, simplemente. Jardines, aceras, el tránsito, las personas -  sobre todo a las personas- que pasaban para un lado, pasaban para el otro y participaban –involuntariamente claro- de ese paisaje viviente que desde su privilegiado puesto de observación siempre estaban deseosas de interpretar.

Aclaremos que Etelvina era un ama de casa común y corriente. Se había casado hacía cierta cantidad de años con un hombre al que no amaba especialmente, pero que le garantizó una vida en la que la única cosa que podía llegar a preocuparla era la falta de preocupación alguna. Bueno, tenía algunas preocupaciones, pero nunca eran “¡Que horrible! ¡Llega fin de mes y no me alcanza el dinero!” o “¿Podremos salir de vacaciones este año?”, no, no ese tipo de preocupaciones. Más bien eran del tipo “¿Por qué en aquella casa apagan tan tarde las luces?” o “¿Por qué el marido de tal llegó hoy una hora más tarde de lo que llega siempre del trabajo?” o “¿De qué color me pintaré las uñas mañana? “ o quizás “¿Qué nuevo peinado puedo probar?” o además, sabiendo que su marido tenía por lo menos una amante –lo que era obvio porque con ella de sexo “nada” desde hacía meses ¿O eran años ya?, había perdido la cuenta… ¡Y el tiempo pasa tan rápido!- y aún con la certeza de su infidelidad, le daba vueltas y vueltas a la cuestión de mencionar el tema o no… ¿Cómo se lo diría? ¿Qué diría él? ¿Tenía que llorar mientras trataban un tema tan trascendente o lo diría con tranquilidad, como hablando de algo ya masticado y pensado y llorado con anterioridad? No, no le diría nada… ¡Prefería seguir así! No tenían hijos y ninguno de los dos habíase detenido a pensar por qué no los tenían. Hubo una época en que podían haberlos tenido, años en que sus cuerpos y las sábanas quedaban empapados de sudor por las noches, ejercitando sus cuerpos en el sexo, pero ya no, eso había pasado…
Podríamos decir entonces que no le faltaba nada –bueno, o casi nada- y siempre había otras cosas que podían quitarle el sueño –no el apetito, afortunadamente, por lo que había pasado de ser una mujer espigada a sumar más y más peso-, decía, siempre había cosas que la intrigaban como la familia que vivía cuatro casas más allá que, evidentemente, había cambiado el aerocoche… ¿o habían comprado un segundo vehículo? ¿En qué trabajaban? No era un carro volador barato, no, no, era un exquisito coche importado… Y así por el estilo eran sus preocupaciones, preocupaciones que no hay que menospreciar, pues le consumían tanta energía como cualquier otra actividad intelectual…

Y un día su esposo se murió. Lloró mucho, aunque nunca le quedó muy claro si era por desahogo o por las perspectivas que tenía de una vida nueva. Sabía que no era por temor, pues su marido había tenido la gentileza de no dejarle deuda alguna y sí dinero suficiente para vivir dignamente por el resto de sus días.
Como parte de su recuperación comenzó a organizar esas reuniones entre amigas, que al principio suponían dos o tres horas por la tarde, con una o dos tazas de té y confituras y que de a poco ampliaron su horario. Había participantes que llegaban poco después del almuerzo –casi para la sobremesa- y siempre había quien se quedaba hasta ya entrada la noche. Ni que hablar que de las dos o tres participantes iniciales, a las que habría que agregarle ella misma, la concurrencia normal –con altas y bajas- llegaba a la docena, todas mujeres, de varias edades, que vivían en las cercanías de la casa de Etelvina, algunas en la misma avenida, pero la mayoría en los alrededores.
Lo cierto que la información que allí se divulgaba nacía de lo que observaban día a día en el vecindario, de lo que se enteraban en sus paseos y deberes cotidianos y sobre todo del entorno de ese mundo, esa avenida-mundo observada por horas, entorno cuya vida se trataba de descifrar. Ese era el ejercicio que más disfrutaban.

 Y si en algún momento Etelvina pensó que el mundo donde vivía, la ciudad donde vivía, la casa donde vivía, no tenía nada que pudiera arrancarla de la rutina, de lo diario, de lo común, ahora estaba convencida de lo contrario o dicho de otra forma, a pesar de su rutinaria vida era, al fin, feliz. Un tipo especial de felicidad digamos, pero felicidad al fin.
Es que lo rutinario no siempre supone aburrimiento, no siempre supone infelicidad… A veces lo rutinario supone crear diversiones, entretenimientos... y las reuniones de las tardes proveían de esos ingredientes en abundancia. Obviamente que no solo tenían que comentar el hermoso paisaje que veían a diario –eso sí hubiera resultado aburrido- sino todo lo que a ellas pudiera parecerles interesante… en el espectro más amplio del “interesante”.
Pero no crean ni por medio momento que las vidas ajenas eran el objetivo de estas reuniones…
¡Por favor! ¡No! Pero la conversación derivaba accidental e indefectiblemente hacia la vida de todos sus vecinos y vecinas, como si todo lo que no estuviera relacionado con las vidas ajenas no fuera más que un “calentamiento”, una introducción, una entrada de mesa al plato principal… Con quién charlaban, a qué hora se apagaban las luces de sus casas, si aparecía algún vehículo extraño frente a alguna de sus casas, sonidos, silencios… todo era analizado e incluso traducido. Estaba claro que sus vecinos no podían ser perfectos y seguramente tenían muchas actitudes censurables, como no cortar el césped de sus jardines en tiempo y forma, o permitir que sus mascotas perrunas ladraran a la hora que los vecinos más deseaban descansar, o que sus hijos o hijas se embriagaran y gritaran luego de una noche de fiesta o no acondicionar adecuadamente los recipientes de residuos… pero había otras cosas, todavía peores, como volver a una hora que no era la acostumbrada del trabajo… o incluso salir antes hacia el mismo –cuando lograban percatarse de esta anormalidad-… o un plomero o electricista o cualquier visita que se tardara más de lo necesario en una casa donde solo estaba una mujer –la “dueña de casa”-. Todos estos datos terminaban alimentando las reuniones de las tardes y estaba claro que a partir de esos datos se construían hipótesis… o explicaciones. Un “por qué” tenía que tener una respuesta… “Y puede ser porque…” Y allí terminaban los hechos y comenzaban las suposiciones…
Se analizaban las situaciones, se discutían posibilidades y se sacaban conclusiones, atando cabos aquí y allá, confrontando informaciones de distintas fuentes y dirigiendo los resultados hacia lo que pensaban era la verdad o lo más cercano a ésta. Odiaban las dudas y las incertidumbres, por lo que a veces, bueno, a veces había que improvisar, llenar ese “vacío”.
Todas estaban relativamente duchas en suponer por qué las cosas sucedían de una forma y no de otra. Imaginaban sanamente las posibilidades… aunque espontáneamente tenían cierta tendencia, totalmente inocente debo agregar, a suponer lo peor. Entonces una demora suponía adulterio… una infracción –cualquier fuera- seguramente escondía un pecado mayor… la demora en pagar una factura –si llegaban a enterarse de tal horror- significaba, casi seguramente la quiebra de la economía familiar…
Pero si bien todas las amigas eran capaces de llenar esos “vacíos” de información, esas interrogantes… ninguna como su anfitriona. Ella era una artista, una creadora innata, una inventora superlativa… En eso se destacaba Etelvina… su habilidad se desplegaba justamente cuando las observaciones dejaban vacíos e interrogantes, intrigantes puntos suspensivos en las vidas de las personas… ¿Qué habrá pasado? ¿Qué estará haciendo? ¿Por qué tardará tanto?
Era una verdadera artista en lo que hacía.

Y así hubieran seguido, por años y años, si no hubiese sucedido algo que cambiaría totalmente su vida…

Fue “ese” aviso publicitario, de forma tan casual, tan original, tan incitante, que llegó a una de las amigas de Etelvina, pura fortuna, en una tanda publicitaria de un drama televisado de esos que tanto gustan, en donde los actores disfrutaban de la más absoluta desnudez –quizás por eso estaba en una red clandestina de telenovelas-, una especie de porno-romántico a los que su amiga era aficionada. Según ella fue algo automático e imparable: lo vio e inmediatamente pensó en Etelvina.
Es que todas sentían una gran admiración por Etelvina, por más que a veces ésta caía en el exceso de “inventar” algo de alguna de ellas, cuando se ausentaban de las reuniones diarias por alguna razón. Pero ellas entendían que un vacío tan importante como el ocasionado por cualquiera de ellas debía ser llenado de alguna forma… ¿Y qué mejor que lo llenara Etelvina, su mejor amiga y mentora, fundadora de ese divertido club?
Cuando el aviso fue puesto frente a Etelvina, ésta lo miró detenidamente.
Sin prisas, pesó sus implicancias. Midió sus consecuencias. Separó lo más nítidamente que pudo las bondades y los defectos de ese paso que tenía la posibilidad de dar.
El aviso decía claramente:
“¿QUIERE HACERSE PROFESIONAL EN EL ARTE DE INVENTAR           
VIDAS?
¿QUIERE TRABAJAR EN LA MEJOR FABRICA DE VIDAS DEL                              UNIVERSO CONOCIDO?
¿CREE QUE INVENTAR VIDAS PUEDE SER SU DESTINO?
CONTÁCTENOS.”
Al finalizar decía como podía contactarse con ellos. Y así comenzó todo…

No fue fácil comunicarse finalmente con la organización empresarial que le podía –según sus amigas- dar un giro total y sumamente positivo a su vida. En realidad, si no fuera por sus amigas del club hubiera desistido. No era que le disgustara la aventura, pero tuvieron que superar muchos obstáculos para lograr una comunicación fiable. Direcciones ocultas, vínculos intermediarios, contraseñas y códigos, todo eso, cosas que le llevaron a pensar que ese trabajo debía de ser algo muy especial si se rodeaban de tanta seguridad. Además, nunca logró que le explicaran de qué trataba, solo le hacían preguntas personales, llenaba cuestionarios, pero nada que le iluminara sobre lo que se esperaba de ella; eso vendría después, le decían. Es cierto que estaba algo desanimada por estos tropiezos, pero sus amigas le decían que cuanto más dificultoso resultara, más valdría la pena. De todas maneras… ¿Cuáles eran sus alternativas? ¿Tenía alguna? ¿Acaso no deseaba, desde el fondo de su inmensa felicidad, un cambio, un gran y profundo cambio, un quiebre de la rutina, un accidente que le pusiera un poco de real condimento a su vida? ¡Esta era su oportunidad! ¿Qué prefería, una felicidad chata y totalmente terrenal o una felicidad inmersa en nubes que parecían algodón? La decisión era clara y sus amigas la vieron con claridad.

Finalmente acordó una entrevista personal, por lo que un mes estándar después, descendió en el principal astropuerto de un planeta llamado Fullty-9, instalación que estaba, como era costumbre según le dijeron, atiborrada. Para ser el principal lugar de aterrizaje –y despegue- de ese mundo, no era muy grande o hablando más claro, no era lo suficientemente grande para la cantidad de pasajeros que evidentemente pasaban por allí… Por otro parte, al parecer se acostumbraba la venta de todo tipo de productos dentro de la  instalación, así que no solo podía destacarse la gran cantidad de colores que revoloteaban aquí y allá en forma de variadas prendas de vestir y entre expresiones dichas en multitud de idiomas, sino también una abrumadora ola de olores, entre los que predominaban –creía ella- los de comestibles… Era una mezcla de atributos de feria al aire libre, con un flujo intenso y constante de viajeros, en un enorme lugar cerrado.
Ya había comenzado a sudar en ese microclima, desconocido y oloroso y en donde parecía casi imposible encontrar un lugar donde sentarse a descansar. También tenía sed, pero tenía claro que prefería morirse deshidratada antes de tomar cualquiera de las bebidas de aspecto sospechoso que vendían allí. Sintió más que alivio cuando divisó el cartelito con la leyenda: “Señorita Etelvina”. ¡Era tiempo!
Los dos humanos que la esperaban la trataron con gran amabilidad y la condujeron a un lindo hotel. Por la mañana, luego de permitirle desayunar abundantemente la llevaron a una moderna instalación en donde le hicieron gran número de pruebas. A medida que éstas iban avanzando, el trato que recibía iba cambiando. Dejó de ser impersonal, dejó de ser frío, y comenzaron a interesarse algo más cálidamente por su bienestar. Incluso se presentó ante ella la pareja que la había ido a recibir al espaciopuerto, dándole un aparato transmisor para que les avisara si necesitaba algo.
Tevo y Teva… así dijeron llamarse cuando la llevaban nuevamente al hotel.
Finalmente, luego de lo que le parecieron inacabables horas consagradas a pruebas y testeos, tuvo su primera reunión con los que serían sus jefes.

En una no demasiado grande oficina, se encontró ante dos hombres maduros y sonrientes, metidos en trajes impecables de colores algo brillantes, seguramente hechos a medida.
-Siéntese, siéntese por favor, póngase cómoda- le dijo uno de ellos.
Etelvina así lo hizo, acomodándose lo mejor que pudo en la silla acolchada que le ofrecían. Ellos se sentaban en dos cómodos sillones, frente a ella, algo separados y totalmente envueltos en cordialidad. La habitación, por su sobriedad y tamaño, parecía haber sido hecha exclusivamente para ese tipo de conversaciones.
-Nosotros somos sus jefes inmediatos…-dijo uno
-En realidad todo su trabajo estará monitoreado por nuestros excelentes cerebros electrónicos…-continuó el otro
-Cerebros de primer nivel, debemos decirle…
-Pero siempre es bueno tener referencias humanas, personas a las que acudir…
-Nosotros estamos a sus órdenes…
Etelvina pareció vacilar ante la avalancha de frases. Luego pareció lanzarse hacia adelante, como cobrando impulso para lanzar una pregunta…
-¡Pregunte, pregunte!
-¿Qué es este lugar y qué tengo que hacer exactamente?-preguntó finalmente.
-¿Cómo explicarlo brevemente? –dijo uno de ellos, como para sí…- Veamos… Usted debe de estar al tanto de que nuestra Federación está en guerra constante con varios enemigos… algunos fuera, en sus fronteras –le recuerdo que la Federación es casi tan vasta como el Universo Conocido- y otros muchos dentro, en forma de rebeliones y movimientos armados… No son pocas las especies que valoran lo que la Federación hace por ellas, dándoles orden, paz, prosperidad, protección… Pero hay muchos, dentro y fuera de nuestras fronteras, humanos y no humanos, que inspirados en el Mal, y en los deseos y discursos más absurdos, luchan contra nuestro orden. Nosotros, que somos los Defensores del Orden y de la Democracia, Los Verdaderos y Auténticos Paladines del Bien, de la Justicia y de la Libertad, tenemos que soportar ataques y rebeldías por todas partes- dijo, sonando escandalizado por la injusticia que suponían estos “ataques y rebeldías”.
El hombre se había evidentemente entusiasmado con su discurso, tanto que apenas advirtió que Etelvina lo miraba con los ojos muy abiertos. En realidad, a ella la política le había sido totalmente indiferente, aunque había llegado a votar alguna vez hacía mucho tiempo, pero tenía que reconocer que el discurso era muy emotivo. El hombre continuó:
-Algunos confunden nuestros buenos deseos, nuestra bondad, nuestras buenas y sanas intenciones, con deseos de expansión, de adueñarnos de los recursos naturales ajenos y lo que es peor, nos acusan de colocar gobiernos títeres por las buenas o por las malas, de amañar elecciones, de pagar políticos corruptos para que nos beneficien, de perseguir y erradicar a todos los que se oponen a nuestros buenos deseos, de manejar a nuestra conveniencia los precios de todos los productos básicos y de monopolizar su comercio, de hacer la guerra solo para que la industria armamentística siempre esté trabajando… ¿Ve? Contra esas y muchas injusticias tenemos que luchar… ¡Y desde aquí luchamos, señora! Perdón, señorita, debí decir…
-¿Pero qué hacen aquí, exactamente?-intercaló ella.
-¡Tengo el orgullo de comunicarle que esta es una de las más importantes oficinas de la Agencia de Desinformación y Rumores de la Federación!
-¿Agencia de Desinformación?
-¡Claro! Aquí podrá utilizar ampliamente sus habilidades… sus innatas o adquiridas habilidades, esas que usted nos mostró en los “tests” y pruebas…
-No entiendo…
-Nuestro trabajo es Desinformar… que no es más ni menos que manejar la información de manera que le resulte conveniente a los intereses de la Federación, de nuestro gobierno.
-Ah…- Etelvina no estaba muy convencida de estar entendiendo algo.
-Es muy sencillo… Por ejemplo… Nuestras tropas nunca, pero nunca, matan civiles de ningún tipo en sus operativos… ¡Nunca! Ese tipo de acciones solo las realizan nuestros enemigos de turno… -Le hizo un guiño y le preguntó- ¿Entiende?
-Algo, algo sí…
-Nuestro trabajo –dijo con evidente orgullo- hace posible que naciones, planetas enteros, caigan bajo nuestra influencia, muchas veces sin ni siquiera disparar un arma… -respiró-Fabricamos y distribuimos rumores y mentiras a lo largo y a lo ancho de todo el Universo Conocido. Abrimos las puertas a nuestras tropas y a nuestros intereses en cualquier lugar donde nuestra benéfica influencia sea necesaria y mantenemos a raya a todos los que no nos ven con buenos ojos.
-Un trabajo hermoso…- dijo Etelvina deslumbrada; la luz finalmente la había iluminado.
-Y además pagamos muy, pero muy bien- agregó su jefe.
-¿Cuándo comienzo?- dijo Etelvina, entusiasta y decidida.
-Esteee… veo que está de un ánimo excelente, pero primero, antes de comenzar a trabajar, es indispensable que se capacite…
-¿Capacitarme?
-¡Claro! Usted es una valiosa herramienta pero tiene que afilarse más todavía… Recuerde que por más que nuestros cerebros electrónicos puedan brindarle toda la información necesaria para juzgar una situación, no está de más que usted conozca lo mejor posible cada escenario, cada circunstancia. Así funcionará mejor, ya lo verá… y lo disfrutará completamente -agregó condescendiente el hombre.
Y su compañero agregó –Verá que hay detalles, sutilezas propias de nuestro trabajo que hay que aprender a dominar, a utilizar…
-Pero usted tiene un gran futuro aquí- dijo el otro.
-Un gran, gran futuro…
Etelvina carraspeó como preparándose a hacer una pregunta…
-Hable, hable, pregunte, pregunte- la animaron ambos hombres, sonrisas y trajes, trajes y sonrisas.
-Es que desde antes de llegar hasta aquí tengo una pregunta que me ronda por la cabeza…
-Se la contestaremos si está a nuestro alcance contestarla- le dijo uno de ellos, firmemente.
-¿Por qué mostraron interés en mí cuando hay tantas pero tantas personas allí afuera que seguramente pueden hacer mejor que yo este trabajo?
Ambos sonrieron aliviados. Quizás pensaron que la pregunta sería otra. Finalmente comenzaron a hablar, siempre entre sonrisas…
-¡Amamos el talento natural!
-Lo amamos…
-Amamos su talento y usted es, pues, totalmente natural…
-Su talento es totalmente natural…
-Innato
-¡Genético!
-¡Una herencia genética espléndida!
-¡Magnífica!
-Obtenemos excelentes resultados con, bueno, “chismosas” naturales –dijo en un tono bajo uno de ellos. Quizás no quería ser escuchado; quizás no quería ofenderla.
-Inventoras, quiso decir –aclaró el otro-; personas que son capaces de inventar sucesos, de ver lo que no hay, de disimular con su preclara inteligencia su ignorancia sobre las motivaciones y vivencias ajenas, de inventar situaciones y resolverlas a su gusto, todo al mismo tiempo… ¡Inventar! ¡Crear!
-¡Esas son las palabras! ¡Invención! ¡Creación! Usted es excelente en eso y queremos que trabaje con nosotros.
-¡Y sin duda será una de las mejores!
Ella sonrió. La tarea parecía sencilla.

Y era sencilla, pero agotadora. La Federación, sus tropas de intervención, sus agentes, jamás mataban civiles ni hacían daño a estructuras civiles de ningún tipo. Eso estaba claro. Pero a alguien había que responsabilizar de todas estas acciones. Y el buscar responsables era algo que abarcaba desde achacarle esos delitos a organizaciones que sí existían hasta inventar otras que “se hicieran responsables” de todos esos hechos. Afortunadamente había una gama de indeseables que estaban disponibles para que les cargara cualquier acto terrorífico, real o inventado que fuera menester y necesario. Ella misma operaba toda una batería de responsables, reales o no, de cuánta barbaridad pudiera suceder o a ella se le pudiera ocurrir que podría suceder. Todo eso y tapar errores, cambiarle la etiqueta a los mismos, redireccionarlos hacia donde resultaran más benéficos a los intereses de la Federación… era algo agotador.
Etelvina además con el tiempo se hizo especialista en atacar personas y personalidades… Difamar, hablar mal, sugerir, inventar… eran cosas que a ella se le daban muy bien… ¡Era una artista en eso! ¡La mejor! Y en acciones de ese tipo llegó a ganar tres Medallas al Mérito. ¡Tan buena era!

Y con el tiempo y con los buenos resultados llegó a ganar mucho, pero muchísimo dinero. Para ese mundo, la Agencia era una más de las empresas comerciales que habían sentado su base allí. Fullty-9 era una encrucijada de rutas de comercio y también de información de un amplio sector del Universo y nadie hacía demasiadas preguntas, quizás para evitar hacer la pregunta inadecuada, por lo que podía gastar su dinero sin mayores problemas. ¡Y vaya que lo gastaba!
Ganaba tanto dinero que apenas sabía qué hacer con él. Había llegado donde ni en sus más locos sueños había soñado llegar. Tenía no solo un hermoso y muy amplio apartamento con una magnífica vista sobre la enorme ciudad turística de Tinti´ka y de donde podía ver las enormes montañas de Obres –donde  había magníficos sitios para el esparcimiento- sino también dos masajistas, tres amantes totalmente profesionales –dos hombres y una mujer- y algo indispensable, cuatro guardaespaldas que la guardaban de cualquier peligro, que se sumaban a la protección que le brindaba la Agencia.
Por si fuera poco, era muy respetada en su trabajo.

Fue Beneldo, uno de sus tres amantes y totalmente su favorito, un robusto plestoriano de cuatro brazos –cada uno de ellos con sus respectivas manos de gruesos y hermosos dedos- que le había dicho ya hacía cierto tiempo de tener una vía de escape.
Fue a consecuencia de algún comentario que a ella se le había escapado mientras disfrutaban de la intimidad. Pero le contestó que en su trabajo ya habían previsto esa posibilidad y que todo estaba arreglado para una posible evacuación.
-¡No!- le dijo Beneldo tiernamente –Siempre es mejor que tengas tus propios planes de escape, sin depender de nadie. Si a alguien le cayera mal la gente de tu trabajo, estaría al tanto también de sus planes de escape y actuaría en consecuencia.
Ella lo escuchó atentamente. ¡Era tan atento Beneldo! Él era por lejos el que más la complacía y escuchaba tan atenta y cariñosamente sus quejas que le encantaba contarle algunos detalles, cosas sin importancia, nada secreto por supuesto.
De manera que le pareció natural que el plestoriano adivinara el objeto de su trabajo. Quizás dejó traslucir un fugaz gesto de desagrado cuando ella le confirmó el lugar donde trabajaba, pero fue tan momentáneo que no pensó ni un segundo más en él. De todas maneras era bien consciente de que los plestorianos habían sido duramente castigados por la Federación y todavía se combatía contra los rebeldes en las selváticas montañas de su planeta. Fue un toque de alerta… pero Beneldo era tan dedicado y la hacía sentir tan bien que desechó cualquier sospecha y siguió conversando con él, sin llegar a ningún secreto como dije, con total comodidad.
Incluso intercambiaron opiniones sobre la invasión de la Federación a su planeta natal, Plestoria, sobre los sangrientos y lamentables episodios donde las tropas federales habían masacrado a incontables civiles, sobre la resistencia, sobre la implantación y el fortalecimiento de un gobierno totalmente dominado por los intereses federales… de todo eso hablaron, en una charla que comenzó tímidamente pero poco a poco se transformó en tema cotidiano. Él estaba muy enterado de la realidad de su planeta y de hecho fue huyendo de todas las calamidades que estaban sufriendo que había ido a parar a Fullty-9, ofreciendo sus servicios.
Afortunadamente la había encontrado y se sentía tan bien con ella que casi había olvidado las horribles circunstancias que lo habían hecho huir de su mundo.
Ella lo adoraban y si bien había descubierto algunas inconsistencias en sus relatos y obviamente sabía que él no era un amigo de la Federación, que al fin al cabo era para quien trabajaba ella, no veía mérito para profundizar la investigación o para hacerlo interrogar por los agentes de la Agencia…
Pero también alcanzó a vislumbrar la realidad que se escondía tras su trabajo y el trabajo de sus colegas. Se tomó el trabajo de investigar todo lo sucedido en Plestoria y habían realmente sucedido cosas horribles, en donde aparecía la mano no solo de las fuerzas armadas federales sino de la misma Agencia de Desinformación, por más que ella en esa época no trabajara todavía en ella.
Se puede llegar a pensar que en esos días cargaba con cierto conflicto en su conciencia, que no obstaculizaba su trabajo pero estaba allí, bajo la superficie, esperando aflorar, manifestarse, hacer algo…
Ya había organizado, siguiendo los consejos de su amante, toda una línea de salvamento –documentos nuevos, maquillaje morfológico adecuado, una rápida nave monoplaza para huir rápidamente del planeta hacia la estación de salto más próxima y mucho, muchísimo dinero- cuando éste la sorprendió con un pedido.
Mostrándose inusualmente cariñoso, le dijo que había tenido un sueño sobre ella y que no debía de ir a trabajar al día siguiente.
-¿Por qué? ¿Qué soñaste?
Beneldo le dijo muy serio que había soñado que al día siguiente todos morirían en su trabajo, todos, nadie escaparía.
-¡Quédate!- le pidió finalmente.
-Lamento que hayas tenido un sueño tan desagradable, pero no puedo quedarme. Hay, bueno, asuntos en marcha, ya sabes, y no puedo dejarlos pendientes.
Beneldo la miró y otra vez Etelvina vió el atisbo de un gesto inusual en su rostro, pero esta vez de cariño y quizás de pena.
A la mañana fue como todos los días a trabajar. Les pidió a sus guardaespaldas que permanecieran en los accesos del complejo de oficinas y preocupada, puso manos a la obra. Los servicios de desinformación estaban en plena campaña para desprestigiar a una fuerza revolucionaria que ya se había manifestado en doce planetas. Había que detenerlos… de cualquier forma.

El ataque sucedió tan de pronto que estaba realmente impresionada de cómo había reaccionado. Estaba tan concentrada en alterar una información que recientemente había llegado de Belin-5, donde los rebeldes estaban especialmente activos, que había olvidado totalmente la advertencia de Beneldo, desestimándola como algo dicho sin pensar, en un momento donde esas cosas podrían decirse. Pero cuando las explosiones comenzaron a sacudir el edificio y los disparos de armas de fuego y los sinuosos sonidos de las armas láser comenzaron a teñir de infierno su día, se dio cuenta de que su amante había tenido con ella un gesto amoroso, protector y absolutamente romántico.
Si no escapaba se sentiría doblemente estúpida. Rápidamente ejecutó sin pensar las instrucciones. Apretó el botón rojo de debajo de su escritorio por el cual la información de su terminal se destruía. Luego, el botón amarillo contiguo. Una alarma cortante y precisa comenzó a sonar. Si nadie destrababa este botón en diez minutos se destruiría la información de todo el complejo. A continuación tomó de un frasco un par de pastillas vigorizantes que tragó con algo de agua, tomó una pequeña mochila preparada para tal fin, un arma de su escritorio –por más que sabía que en la mochila ya había una- y corrió lo más rápidamente posible a la salida de emergencia más cercana. En todo eso no tardó más de un par de minutos.
Los disparos continuaban y cada tanto una nueva explosión parecía romper la monotonía. Se luchaba con intensidad allí. No tenía ni idea de cuántos agentes custodiaban el lugar, pero no eran pocos. Además, todos pernoctaban en el edificio, por lo que los atacantes entusiasmados quizás por un primer embate exitoso seguramente se encontrarían con una resistencia fuerte e inesperada.
Salió del edificio por una puerta secundaria y que al parecer no figuraba en los planes de nadie y comenzó a correr. Había adelgazado bastante –tenía que agradecerle sobre todo a sus amantes y masajistas, que se preocupaban por ella- pero a pesar de sus kilos de menos seguía estando en mala forma, sobre todo para la tarea que tenía ante sí: correr, correr y correr hasta su escondite.
Cuando sintió que el efecto de las píldoras estaba cediendo ante su jadeante cuerpo, se detuvo apenas para colocarse un aeroinyectable de los que usaba para estimularse totalmente cuando era necesario –muchas veces le era necesario-. No podía dejar de correr… no podía caer en manos de los atacantes.
Llegó al cobertizo donde estaba el aerocoche y encontró todo en orden. Rápidamente elevó la navecita poniendo rumbo a la estación espacial de salto.


Etelvina repartió abundantes sonrisas mientras servía a sus invitadas la segunda ronda de una exquisita torta de chocolate. Instaladas cómodamente en varios mullidos sillones, dispuestos de forma que su visión de la hermosa avenida a través del amplio ventanal fuera inmejorable, saboreaban el horneado casero y disfrutaban de un suave y aromado té, conjunción ideal para sus tareas de observación.
Un capricho en la arquitectura de la ciudad había dispuesto que una de sus más hermosas avenidas, luego de transcurrir por cientos de metros de ajetreado remolino de personas y todo tipo de negocios y entradas a viviendas de una hasta diez plantas, fuera dividida en dos por lo que parecía la quilla de un barco. Y allí, en esa privilegiada ubicación, como si fuera su mascarón de proa, estaba la casa de Etelvina…
Allí…

Se despertó sudando. Miró confundida a los lados. Nada de qué preocuparse excepto que algunos pasajeros la miraban curiosos. “Estaba soñando”, dijo para sí. “Sin duda que voy a extrañar esa casa y a mi vida anterior, pero ya no puedo regresar; no hay marcha atrás”.
¿No había marcha atrás? Cuando la reclutaron le dijeron que no había marcha atrás, que si lograba escapar de algo como lo que acababa de suceder tendría que tratar de huir al próximo sitio seguro, desde donde continuaría trabajando. Suspiró…
-Pues tengo ganas de comenzar una nueva vida. No hay nada que no pueda lograr… Tengo dinero, tengo habilidades… ¿Qué más necesito? Y siempre habrá alguien que pague buen dinero por lo que sé hacer-
Así pensaba cuando se durmió nuevamente.                                       

Nota del autor: Etelvina nunca llegó a su destino, el cuartel de la Agencia de Desinformación y Rumores del planeta Vinito y los servicios secretos de la Federación todavía ofrecen una recompensa a cualquiera que tenga información sobre su paradero. Todo parece indicar que fue capturada por los mismos que atacaron y aniquilaron completamente al personal del cuartel de la Agencia de Desinformación en Fullty-9 –ella fue el único cadáver que faltó- pero eso todavía está por confirmar.
                                                
                                             FIN



DISTINTO

En la cabina de reuniones de la nave, ante el enorme ventanal por el que se veía una fracción de lo que parecía ser un gigantesco artefacto espacial, los siete miembros del Consejo Gobernante del Syrene, nave-mundo de colonización terrestre, mostraban semblantes sombríos. Frustración, pesar e incredulidad era lo que se veía en sus rostros.
-Tres de nuestros mejores tripulantes han muerto en esa cámara- dijo la consejera Rumisu Itba.
-Y el mensaje no deja de emitirse- dijo otro
-¡Es una burla! ¡Destruyamos todo! ¡Enviemos a nuestros técnicos a desmontar el artefacto pieza por pieza!-dijo alguien más en subido tono.
-¡Cortemos todo en pedacitos y reutilicemos el metal- opinó otro…
Así hablaban hasta que dijo nuevamente Rumisu, pensativa -Evidentemente el artefacto se averió o…
-Es seguro que se averió-interrumpió alguien
Rumisu continuó –… o no se averió y sea otro el problema.
-¿Pero qué otro problema puede ser, Rumisu?- intervino entonces Salke Nolke. Salke no era de hablar en demasía y era un añoso y respetado consejero, por lo que su intervención dejó a los demás callados, escuchando con atención.
Rumisu lo miró. Rumisu y Salke no siempre opinaban lo mismo sobre algunas cuestiones y eran famosas sus discusiones en torno a muchos temas importantes, pero eran los consejeros más respetados y quizás los de más autoridad. Cuando sus intereses coincidían –que también sucedía- su fuerza era tal que los otros cinco restantes nada hacían para interponerse. Y este problema parecía  uno de los que tendrían que resolver juntos.
-Hay algo extraño aquí, Salke –dijo Rumisu finalmente- y es mucho lo que nos jugamos para descartar ninguna teoría, por descabellada que parezca.
-¿Pero de qué habla, consejera?- intervino otro.
-Precisamente de que es posible de que todo ese… ingenio de ahí fuera –dijo señalando la visible estructura del espacio- no esté averiado…
-¡Pero es imposible! ¿Por qué no va a reconocer a ninguno de nuestros tripulantes entonces?
-Eso voy a averiguar. Iré por una solución.
-¿Por una solución? ¿Quién tiene la solución?
-Creo que Los Distintos pueden tenerla.
-¿Los Distintos?-dijo Salke.
-¡Los Distintos son un mito!-dijo uno
-¡Una leyenda!-dijo otro
-¡Un disparate nacido en la oscuridad de las más profundas bodegas!-dijo uno más
-Espero que no creas en ese cuento de niños, Rumisu- añadió Salke.
-No es un cuento de niños, ni un mito… yo misma los conocí cuando era estudiante- contestó ella
-¿Los conoció?- exclamó alguien
-Y llegué a vivir con ellos. Fueron parte de mi tesis de graduación, para ser más exactos; pero claro, imposible que ustedes lo supieran. Ellos existen y pueden ayudarnos.
-¿Pero cómo podrían?-preguntó el viejo consejero, intrigado.
-Estimado Salke, cuando regrese, ustedes y tú en particular, serán los primeros en saberlo.
-Pareces muy decidida, así que lo intentarás de todos modos-aseveró él.
-Mientras ustedes siguen analizando el artefacto, yo traeré a Los Distintos.
Casi todos menos Salke la miraron como si estuviera desquiciada, pero vieron que hablaba en serio.
-Está bien- le dijo éste en tono conformista…
Antes de que Rumisu se retirara agregó, cambiando su tono –Llévate guardaespaldas contigo Rumisu, por favor-
-Lo haré, lo haré…- dijo la mujer, marchándose y dejándolos a todos quizás más pensativos que antes.

Llevaban de viaje doscientos diez años, cuatro meses, veinticinco días, catorce horas y treinta y ocho minutos con veintidós segundos estándar cuando comenzaron a recibir el mensaje. En una docena de idiomas terrestres, éste decía, una y otra vez:
“Solo para humanos: En el origen de esta señal encontrarán valiosa información sobre planetas habitados y como llegar a ellos. Es indispensable para vuestra sobrevivencia acceder a esta información.
Solo para humanos:…”
Los mecanismos de la nave ubicaron el origen de los mensajes en un lugar del espacio apenas un puñado de millones de kilómetros de donde se encontraban.
Y hacia allí se dirigieron. Estaba claro que el emisor se había activado ante su proximidad y ellos eran los destinatarios. Ni por un momento pensaron en una trampa -¿Por qué? ¿De quién?- Así que una mezcla de curiosidad y tensión era la sensación climática reinante.
Cuando llegaron al origen de la señal advirtieron que era un artefacto mucho más complejo que una simple fuente radial. Junto a un enorme aro de metal plateado –tan grande que la nave entera podría pasar por él sin ninguna dificultad- y unido al tal anillo como si fueran la misma estructura, había una serie de burbujas, del mismo metal, semejando habitáculos o contenedores de algún tipo.
Sabían que de allí salían las señales.
Una de esas cámaras mostraba visiblemente una puerta abierta. Y hacía allí decidieron los estudiosos enviar a uno de los tripulantes.
Cuando éste fue, al cabo de unos minutos, expulsado sin vida por esa misma compuerta, pensaron que había sido un accidente o una triste casualidad. Pero al tercer tripulante enviado y muerto estaban seguros de que había algo más…

La Consejera Rumisu, envuelta en una holgada capa y con cinco guardias bien armados había descendido hasta donde comenzaban las bodegas más oscuras de la nave. No sentía temor, aunque parte de su tranquilidad se debía a la ligera armadura integral que vestía bajo su capa y por supuesto a sus preocupados guardaespaldas. Estadísticamente los delitos en la nave se mantenían estables y no eran muy numerosos –aunque  le hubiera agradado que fueran muchos menos- pero bajar a las bodegas y sobre todo a “esas” bodegas, descuidadas, oscuras y parcialmente abandonadas, suponía un riesgo extra.
A medida que caminaban, Rumisu no podía menos que mirar con disgusto lo que veía ante sí. Aunque obviamente no era nacida en esa época, sabía que en las primeras decenas de años de viaje el reaprovechamiento de materiales de todo tipo había sido casi perfecto y no había gas, líquido o sólido que no se depurara y se reutilizara; y en ese entonces, reciclaje y limpieza eran la misma cosa. Pero poco a poco ambos conceptos se fueron separando… y no solo el reciclaje había dejado de ser lo que era sino que la limpieza no era algo que pareciera demasiado importante… ni allí en las más profundas bodegas, ni arriba en los puentes, donde se mezclaban autómatas, androides y humanos, trabajando y conviviendo. Allí era necesario –e imprescindible- mezclarse y al fusionarse esas sub-culturas se habían lanzado hacia cosas nuevas, cosas distintas, nunca antes imaginadas. Eran algo innovador, un concepto diferente de sociedad, sociedad que sería arriesgado decir que era mejor o peor que la anterior… solo eran algo nuevo y el cambio era su principal motor.
El reciclaje seguía siendo fundamental para la vida en la nave, pero indudablemente había cambiado mucho la visión de los viajeros a ese respecto. Si bien en algunos sentidos eran más estrictos y disciplinados y era fácilmente observable una constante evolución, en otros se habían estancado o simplemente retrocedido. Eso sucedía con una gran proporción de residuos que escapaban de las recicladoras para ir a depositarse en algunas enormes bodegas. El que necesitaba algo en particular, solo tenía que ir a buscarlo, si tenía la suficiente fuerza como para no temer un encuentro con los habitantes de allí, seres que huían de la autoridad debido a algún delito o se tomaban algún descanso en la ajetreada vida de los puentes o simplemente no querían ser vistos ni ver a ningún otro ser que no fuera de su elección. Por eso algunas bodegas habían bien ganado su fama de peligrosas.
Pero los expedicionarios no fueron molestados. Sus ropas y los hombres pesadamente armados –y que no disimulaban su armamento además- no auspiciaban nada bueno para quién los importunara.
Rumisu imaginó que a los ojos escondidos de los habitantes de la bodega parecerían perdidos, pero ella simplemente seguía la ruta que guardaba en sus recuerdos. En su época de estudiante había realmente convivido con Los Distintos, ese grupo de raros humanos que habitaban allí donde nadie más vivía, lejos de todos y viviendo según sus propias reglas.
Avanzaban entre estrechos senderos, marcados por  montones de basura de todo tipo que hacía que los envolviera ese olor tan característico respirable incluso en algunos lugares habitados de la nave, un aroma levemente parecido a la descomposición orgánica, ese olor que todos conocían tan bien, el olor de los metales, plásticos, trazas de elementos orgánicos sintéticos y a veces hasta naturales, aceites, desechos electrónicos y todas sus mezclas, esos olores que sabían encerraban texturas y formas. A veces el tránsito se había imposible y había que retroceder, buscando algún nuevo camino para seguir hacia adelante, hacia la oscuridad. No sabía que opinaban sus custodios, pero ella misma estuvo dos o tres veces por renunciar a su empresa y otras tantas tropezó o resbaló en sustancias y pequeños objetos que encontró bajo sus pies. Iluminados por pequeños faros, el grupo estaba  adentrándose en un mundo totalmente distinto…
-Aquí es- dijo de pronto- Sigo sola…
-Lo siento- dijo uno de sus guardias- pero no podemos permitirlo.
-Sigo sola y es una orden –repitió cansada- La grabaré si lo desean.
Para nada quedaron convencidos, pero pocos argumentos tenían si era una orden directa.
-Tengo que hacerlo sola- les explicó- Si me ven llegar con guardias posiblemente se dispersen y tendríamos que traer a cien de ustedes para encontrarlos.

Siguió caminando hasta que advirtió una pequeña lucecita, unos metros por delante. Hacia allí se dirigió. Cuando llegó, advirtió a un hombre barbudo, de largos cabellos, con ropas y calzado de color indefinibles. Había levantado la vista de una pantalla de cristal tenuemente iluminada, en la que estaba sin duda leyendo algo.
-Hola- le dijo simplemente, tendiéndole la mano –Soy Rumisu Itba.
-Hola- contestó el hombre, tomándole la mano con suavidad para responder el saludo, pero sin levantarse -¿Debería recordar tu nombre?- dijo después.
-Estuve hace muchos años aquí…
-Me pareció que tu nombre me era familiar- dijo el hombre, sonriendo levemente, mostrando una boca en la que parecían faltar la mayoría de las piezas dentales. De todas maneras su sonrisa parecía cálida, para nada temerosa.
-¿Quieres sentarte, Rumisu?- le dijo –Allí- y le señaló una especie de improvisado asiento sin posabrazos ni espaldar.
-¿Me recuerdas? Tú eres…
-Geldar, hijo de Notu y Bernie…-como dejando en suspenso la posibilidad de que los recordara.
-¡Los recuerdo! Si, a ti también… ¿Ellos? ¿Los demás dónde están?
-Ya no están- dijo Geldar, sencillamente –Soy el último; los demás han muerto.
-¿Muertos? ¿Cómo?
-Enfermedades, sobre todo. Aparecieron algunas enfermedades nuevas. También los alimentos han ido cambiando ¿Qué han estado haciendo ahí arriba? Claro que al principio estábamos contentos porque comenzaron a llegar más y más cosas, pero luego, supongo que sufrimos las consecuencias… Ni siquiera el aire parece ser el mismo… ¿El reciclaje ya no funciona?
-Ya no funciona tan bien como antes. Nada es igual, Geldar. Los cambios se han hecho más intensos, más drásticos, la nave ha crecido mucho también… Se han desarrollado sectores totalmente nuevos.
-¿Cómo? ¿Cómo han logrado hacer eso?
-Hemos tomado recursos destinados a la colonización, que estaban acumulados en algunas bodegas y hemos agrandado la nave. Era necesario. Pero la decadencia y el desorden también han crecido. Quizás es solo aparente, quizás no sea tan grave, pero sí existe… quizás las palabras adecuadas sean Evolución y Progreso o quizás Adaptación y Sobrevivencia.
-Lo entiendo…
-Difícil de creer que seas el último… ¿Por qué no pidieron nuestra ayuda? ¿Por qué no se integraron al resto de la población?
-¿Y a qué precio? –respondió Geldar- ¿Qué precio hubiéramos pagado por integrarnos? ¿Por dejar de ser Distintos?
-¡Pero todos estarían vivos!
-Nosotros no aceptamos pagar el precio que ustedes pagan…y yo tampoco lo acepto- le dijo desafiante.
Ella lo miró, enojada, apenada. Los Distintos existían desde hacía ya más de cien años y nunca habían sido muy numerosos. ¡Y ahora quedaba solo uno! ¡Un desastre! ¡Habría que haberlos preservado por lo menos por una necesidad histórica! O por una necesidad como la que la había traído hoy aquí… pensó.
En ese momento Geldar habló:
-Estoy muy agradecido por tu visita… supongo que estabas preocupada por nuestro bienestar, pero aunque sea el último mi forma de pensar no ha cambiado, ni cambiará.
-En realidad, no estoy aquí para hacerte cambiar de idea sobre tu forma de vivir –le parecía cruel y vergonzoso decirle que ni siquiera había pensado en Los Distintos hasta ese momento-. Vengo no solo como amiga sino también como Consejera de la nave…
-¿Eres consejera? ¡Felicitaciones!
-Gracias… y tenemos un problema, uno que posiblemente tú puedas ayudar a resolver.
-¿Ayudarlos? ¿Y cómo podría?
Y la consejera le explicó lo más rápidamente posible la forma en que pensaba el último de Los Distintos podría ayudarlos.
Como si fueran un grupo de fantasmas, subieron lo más furtivamente posible al lugar donde ya los esperaba un grupo médico. Luego de una prolongada ducha –más prolongada de lo que cualquiera de los tripulantes podría permitirse- Geldar fue analizado, revisado, tocado… Todos estaban sorprendidos ante el humano que tenían delante.
-¡Es increíble!- dijo uno de los médicos -¡Es algo sorprendente!
Incluso el consejero Salke Nolke –el único de los consejeros presentes aparte de Rumisu- estaba impresionado.
-¡Existen! ¡Realmente existen!- le dijo a Rumisu, emocionado.
-Y con él probaré mi teoría, estimado Salke…
Luego de algunos suplementos alimenticios, para asegurarse de que no se desvanecería de hambre en medio de la misión, se le vistió con un traje para los contados minutos que estaría en el vacío y fue llevado hasta la pequeña nave que lo dejaría casi en la compuerta abierta del gran artefacto de fuera.
-Solo tienes que entrar allí- le había dicho Rumisu, señalándole la compuerta que parecía esperarlo –Es lo que dice el mensaje, solo entra y espera allí el tiempo necesario. No sé qué sucederá, pero espero sea tan importante como dicen en ese mensaje. Si eso es cierto, dependemos de ti, viejo amigo.
Necesitó apenas un pequeño salto para pasar de la navecita a la cámara… y apenas entró la puerta de ésta se cerró tras él.
Podría decirse que toda la nave de colonización estaba expectante, pero los que estaban plenamente pendientes de lo que sucediera eran los consejeros y todos los auxiliares, incluyendo médicos, que miraban nerviosos la compuerta.
Pasaron tres interminables horas estándar para que ésta se abriera y algunos minutos más para que un cansado y muy emocionado Geldar estuviera frente a todos ellos.
-¡Es maravilloso!- les dijo -¡Maravilloso- y las lágrimas le corrían por las mejillas.
-Tranquilízate- le dijo Rumisu –Algo para beber, por favor- pidió y le alcanzó además una fina hoja para limpiarse su rostro… -Cuando te tranquilices cuéntanos…
-Está bien… ya estoy bien. ¡Es que me dijeron cosas increíbles!
-Tranquilo… solo cuéntanos lo que te dijeron…
-¿Quizás desde el principio?
-Por supuesto…
-Desde el principio entonces… que es quizás lo más importante: me contaron que cien años después de la partida de la primera nave colonizadora con motores estándar, los terrestres descubrieron el hiperespacio, la posibilidad de plegar el espacio haciendo que viajes de cientos de años luz pudieran hacerse en apenas semanas de viaje, en saltos controlados por ese espacio fuera del espacio… Algo así me explicaron… -Respiró y bebió algo de su vaso- Ese enorme artefacto que ven allí es un portal que al activarse nos llevará directo a un sistema planetario ya colonizado por la humanidad…
Las involuntarias exclamaciones de todos llenaron la atestada estancia. Algunos hasta soltaron algunas lágrimas… ¡El viaje había terminado!
-Y si no nos gustan esos planetas, podremos ir a otros- agregó Geldar.
-¿Así que ellos se adelantaron y colocaron portales para nuestras naves?- preguntó Rumisu.
-Si, algo así… les era imposible ubicarlas exactamente, pero sí podían colocar portales en sus rutas o cerca de ellas… y eso hicieron. Muchas naves se recuperaron… Y otras muchas naves se perdieron o continúan en viaje –terminó con tristeza.
-¡Es magnífico!- dijo Salke –¿Pero por qué esa cámara mató a tres de nuestros tripulante? ¿Por qué no lo mató a él también?
Y ésta última pregunta se la hizo a la consejera Rumisu. Ésta carraspeó…
-Míranos Salke, míranos… ¿Qué ves?
-Humanos, personas…
-¿Realmente ves eso? ¿Tú qué ves, Geldar? Dilo libremente… no me ofenderé…
-Veo seres que… ya no parecen humanos…
-¿Ves monstruos?
-Veo humanos que pues… parecen monstruos.
-¡Tú eres el monstruo! ¡Tú lo eres!- le gritó uno de los consejeros.
-¿Yo? Tuve que explicar allí lo que les había sucedido, contestar preguntas, todo… ¿Saben que eso que hay allí puede escanear toda la nave y a cada uno de ustedes? ¿Acaso se han puesto a pensar que por culpa de las modificaciones que se han hecho para adaptarse, para poder sobrevivir mejor, su sangre ya es distinta de la humana? ¿Y cuántos de ustedes usan implantes? ¡Todos! Desde que comenzaron esa tonta carrera con los autómatas por ser más funcionales y ganar más dinero y más energía y más espacio comenzaron a cargarse con más y más implantes… y estoy seguro de que muchos de esos ni siquiera son funcionales. ¡Estoy seguro de que muchos de sus implantes son solo para verse mejor o lo que ustedes creen que es verse mejor! Y por alargar su vida, algo bueno sin duda, han reemplazado todos los órganos que no estaban funcionando bien… ¿por órganos orgánicos? ¡No! ¡Por órganos sintéticos! Ojos, oídos, hígado, corazón, brazos, piernas… ¿Ya han llegado al cerebro? -Rumisu bajó la vista- El progreso… cuando yo era un niño y Los Distintos éramos todavía bastantes, el cerebro todavía era tabú, por lo menos para los humanos… Parece que ya no. ¿Y ustedes se dicen humanos? ¡Son metal, plástico y tejido orgánico! ¿Cuánta población es autómata? ¿Cuántos androides hay? Por sus miradas bajas seguro que muchos… ¿Y pensaban que un detector de humanos los iba a dejar pasar sin más?
Rumisu finalmente lo miró. Su rostro, con más de la mitad cubierto de metal, en el cual Geldar identificaba por lo menos un ojo metálico, parecía dudar… Su cuerpo, apreciablemente, tenía por lo menos tres de sus cuatro miembros de metal, metalplast o con importante proporción de él… Y los que los rodeaban, todos, invariablemente, tenían tanto metal y plástico sobre sus cuerpos que seguramente lo orgánico, la carne, era lo que menos pesaba en sus estructuras… Muchos lucían adornos, caprichosos apéndices e incrustaciones sin ninguna función más que la meramente estética.
Geldar observó todo esto y continuó.
-¿Por qué piensan que nos llamamos Los Distintos? Somos los que rechazamos desde el primer día injertarnos metal y plástico, cambiar nuestra sangre y nuestros órganos por artefactos artificiales… Al principio conseguíamos trabajo, pero luego resultó imposible, con la feroz competencia laboral de los autómatas y de todos ustedes con sus mejoras mecánicas… Y nos escondimos en la más profunda de las bodegas, pasando a vivir de lo que pudiéramos. Allí estuvo ella…- dijo señalando a Rumisu-Y ella sabe de lo que hablo. Por años nos han tratado como parias, como basura, como indeseables, como Distintos… pero recuerden este momento para siempre… Fue un Distinto el que les salvó su vida… y es un Distinto el único verdaderamente humano que tiene esta nave.

Cuando apenas dos semanas estándar después se encontraban en órbita del planeta donde seguramente descenderían a instalar su colonia, fueron abordados por una nave de reconocimiento. Los humanos que la tripulaban fueron recibidos, como menguado comité de recepción, por un único y muy delgado tripulante, quién los tranquilizó sobre la naturaleza de los extraños seres con extravagantes adornos metálicos incrustados en sus cuerpos plateados y mates, plásticos y aleaciones.
En ese planeta, ya nadie lo llamó Distinto.

                                    FIN