Luego de largos meses vuelvo a publicar aquí. A partir de ahora procuraré no perder continuidad, ya que he avanzado lo suficiente en cuentos y novelas para darle periodicidad a las publicaciones, luego de un año pues, familiarmente difícil... Mi nombre es Pablo Daniel Rodríguez Remedios, escritor, cantautor y fan de la ciencia ficción y de la fantasía. Gracias a todos por estar ahí y en especial a mi amiga del alma, la excelente poetisa Salma Hassan ¡Un abrazo fuerte a todos!

miércoles, 30 de marzo de 2016

MATEMÁTICAS PURA



Tradicionalmente las matemáticas tienen fama de ser una dura materia de estudio. No  sé si la responsabilidad es de la materia en sí o si la mayoría de los profesores y maestros no disponen de la habilidad necesaria para comunicar de forma entretenida conocimientos que no siempre lo son… no para la mayoría por lo menos. Pero aparte de las fallas en los programas y métodos de enseñanza –fallas minúsculas, debo aclarar- y de las debilidades y carencias de algunos profesores –de la minoría, obviamente- y del disgusto que muchos jóvenes humanos de ambos sexos naturalmente tienen hacia ésta o cualquier materia de estudio, dedico este cuento a todos los que sufrieron, sufren y sufrirán por el estudio de esta magna asignatura.



Para los detractores de las matemáticas, aclaro que la culpa no la tuvieron ellas sino que claramente fue una falla humana. Primero, la del Dr. Ebeler por no incluir factores decisivos en su ecuación…  luego la del restaurante que le vendía la comida, la que indudablemente no estaba en buen estado.



Para Avril, Nati, Ali, Gabi, Vale y Emi, todas jóvenes que sé que aman las matemáticas.

                               MATEMÁTICAS PURA

Cumpliendo con su recorrida de rutina, Ebeler terminó de revisar uno de los tantos análisis predictivos que hacían parte de su día de trabajo… En este caso se trataba del lanzamiento semanal de cohetes de la guerrilla antigubernamental en Sudán del Sur, prediciéndose hora y lugar donde impactarían. Revisó, como hacía siempre, el funcionamiento del autoajuste, los sistemas anti-hackers y que las vías de comunicar esa información a sus superiores estuviera funcionando correctamente.

Por lo que venía monitoreando, este era otro de los programas predictivos que estaba funcionando bien, casi perfectamente-él era de los que pensaba que siempre habría algo para mejorar-.

Continuando con sus quehaceres, revisóuna fracción insignificante –la fracción que ese día se había elegido para testear- de programas de distintos conflictos bélicos –siempre abundantes-, de eventos deportivos, climáticos, financieros, sanitarios, todo un espectro de predicciones que debía supervisar, más para cumplir con la formalidad de hacerlo que por haber descubierto alguna falla en alguna ocasión.

Las ecuaciones predictivas utilizaban un número casi infinito de variables, lo que las hacía sumamente sensibles… pero también eran autoajustables. Supuestamente si se cargaban correctamente las variables, si se diseñaban adecuadamente las ecuaciones y los sistemas de autoajuste funcionaban como debían, podía predecirse prácticamente casi cualquier suceso.

Predecir había sido tema de debate místico, imposible de probar científicamente, hasta que se comenzó a trabajar con ecuaciones tan y tan complejas que nadie pensó en poder obtener algún beneficio práctico. Pero todas las matemáticas y especialmente las predictivas habían dado un gigantesco salto cualitativo con los nuevos procesadores ultra rápidos, con inteligencias artificiales de última generación. Y en una especie de evolución paralela, máquinas y predicciones fueron perfeccionándose hasta que… ¡Oh, milagro! Los principales sucesos terrestres fueron sujetos reales de predicción. Y eso fue solo el comienzo…

Las matemáticas predictivas pronto gobernaron. Su poder, en teoría, no tenía límites. Estos dependían de la disponibilidad de equipos y de tiempo… Los humanos eran solo imprescindibles en el diseño de las ecuaciones y en algunas tareas de programación… en lo demás, ya sea en la carga de datos, parte de la programación e incluso revisión de los procesos, no eran estrictamente necesarios. Se cumplía por parte de personal humano de chequeos periódicos, pero de ahí a ser imprescindibles todos sabían que había una distancia considerable.

Pero Ebeler no estaba satisfecho.Para nada.

Las matemáticas eran su vida, siempre lo habían sido e indudablemente lo serían. Había vivido y disfrutado de El Gran Salto de las Matemáticas Predictivas y nadie más contento que él porque se habían convertido en la Imprescindible y Magnífica Ciencia del Hombre… ¡Al fin ocupaba el lugar que le correspondía!

Pero veía que el uso de Su Amada estaba atado al dinero de los que invertían en los equipos;  inversores que vigilaban al mundo, organizaciones que querían sacar ventaja de todos los sucesos posibles y que no siempre atendían el bien de la humanidad y ni que hablar, del bienestar diario de las personas… Y por supuesto, no había matemáticas práctica para la gente común. Y él, en sus ratos libres –que no eran muchos, debo agregar- trabajaba en resolver eso. ¿Era posible saber cuándo se taparía la cañería de la cocina? ¿O saber con exactitud cuándo se nos terminaría la bombona de gas? ¿O cuando se nos pincharía el neumático del carro y cuál de ellos sería? ¿O se nos recocería la comida casera del fin de semana? ¿O extraviaríamos la llave de nuestro hogar y donde sería? ¿O cuándo y dónde seríamos asaltados caminando por la calle? ¿Era posible saber esto y muchas minúsculas cosas más de la vida diaria de las personas del planeta?

El creía que lo era. De hecho estaba desarrollando ecuaciones en su mínima expresión, con variables de un tamaño, de una delicadeza, que solo podrían usarse en sucesos de la vida hogareña.

Es más, en su afán de investigación, de superarse, de exaltar su amor por la ciencia que tanto quería, llegó a desarrollar una potente ecuación que le indicaba la hora exacta, el minuto elegido, el segundo justo, en que tendría que sentarse en el inodoro para no cagarse en los pantalones.

Pero ese día, los mariscos que invariablemente almorzaba los jueves no disfrutaban de su mejor estado sanitario… un factor que lamentablemente no había tenido en cuenta en sus cálculos.

Ebeler sintió una cálida e incómoda sensación en su trasero y un olor desagradable y conocido… veintidós minutos con 34 segundos antes de lo previsto.

Evidentemente todavía tenía que hacer ajustes en su ecuación.

                                            FIN


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