Luego de largos meses vuelvo a publicar aquí. A partir de ahora procuraré no perder continuidad, ya que he avanzado lo suficiente en cuentos y novelas para darle periodicidad a las publicaciones, luego de un año pues, familiarmente difícil... Mi nombre es Pablo Daniel Rodríguez Remedios, escritor, cantautor y fan de la ciencia ficción y de la fantasía. Gracias a todos por estar ahí y en especial a mi amiga del alma, la excelente poetisa Salma Hassan ¡Un abrazo fuerte a todos!

miércoles, 10 de mayo de 2017

EL ARTE SUPREMO

Sin duda este cuento, este relato, no es de ciencia ficción… y tampoco lo clasificaría como de fantasía. Pero como humano que soy y como humanos que son ustedes, creo que vale la pena leerlo… será que se relaciona con algo nuestro, nuestra personalidad quizás, que nos lleva a leer determinadas cosas, a escribir determinadas cosas… y a vivir de determinada manera.                        

EL ARTE SUPREMO
Todo comenzó con una cascada de sensaciones desagradables, ínfimas, apenas perceptibles, que al principio afectaron su mente y luego, poco a poco, se fueron extendiendo también a su cuerpo.
Claro que por su levedad no se alarmó inmediatamente. Lo que terminó asustándolo fue su persistencia, esa continuidad, esa persecución constante que amenazaba quitarle totalmente el sueño y destrozar su hasta ahora inmutable tranquilidad interior.
Imágenes, recuerdos, posibilidades, malas decisiones, caminos desviados, lo que podía haber sido, encrucijadas, era todo lo que hacía a su torturado corazón correr desbocado pero con triste agitación, dentro de su pecho.
A los pocos días, agotado por el mal dormir y aquejado por estos pensamientos que sin control merodeaban en su vigilia, decidió combatir al enemigo de su tranquilidad.
Así visitó a muchos médicos, curanderos, adivinadores y consejeros espirituales…
Pero cuando cayó en la cuenta de que a pesar de las curas y tratamientos recomendados su insomnio continuaba y de que su corazón seguía latiendo con extraña angustia, decidió seguir el consejo de una de las tantas tiradoras de cartas que había consultado, consejo que por ser el más descabellado de todos había dejado como último recurso.
Así partió a buscar El Arte Supremo, pues la mujer le había dicho que solo dominar ese arte lo curaría.
Lo buscó por doquier.
Primero fue a una academia de canto, pensando que aprender a respirar, a modular la voz, a cantar bellas alabanzas al Señor Creador podía ser, quizás, la más alta de las artes. Se equivocaba, pues aunque se convirtió en un excelente cantante no se alejó la opresión de su corazón.
Luego aprendió a escribir, a pintar con palabras paisajes, situaciones reales o imaginarias, historias, aventuras, pensando que quizás así, perfeccionando este arte, lograría dormir, quizás, una noche entera. Se equivocaba, pues no lo logró.
Ni tampoco cuando aprendió a dibujar, fueran paisajes, retratos o viñetas de cómics… o cuando aprendió a tocar la guitarra, el saxo, el piano. Nada de eso pudo aliviar su corazón del peso desmesurado que lo oprimía.
Tampoco lo logró adentrándose en los bellos caminos de la filosofía, de la introspección, de la comprensión de lo que nos rodea, pues todo lo que allí aprendió le parecieron meras distracciones y quedó convencido de que solo había perdido el tiempo.
Cansado, pero no vencido, se empeñó en aprender y practicar todas las artes conocidas y hasta podría, arriesgadamente, decir que inventó alguna.
Pero nada encontró que lo desviara de la certeza de que con todo lo logrado no había logrado nada y que por lo tanto debía continuar conviviendo con su angustia e insomnio, cada vez más arraigados en él… Decidido, continuó la búsqueda.
Así que si algún día ven pasar a un extraño forastero, de mirada perdida y larga barba, de ropas gastadas y sucias y rotos zapatos, no se asusten… solo es él, que sigue buscando El Arte Supremo: El Arte del Olvido.


                                  FIN

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