Luego de largos meses vuelvo a publicar aquí. A partir de ahora procuraré no perder continuidad, ya que he avanzado lo suficiente en cuentos y novelas para darle periodicidad a las publicaciones, luego de un año pues, familiarmente difícil... Mi nombre es Pablo Daniel Rodríguez Remedios, escritor, cantautor y fan de la ciencia ficción y de la fantasía. Gracias a todos por estar ahí y en especial a mi amiga del alma, la excelente poetisa Salma Hassan ¡Un abrazo fuerte a todos!

viernes, 31 de diciembre de 2010

MIKHAZA, LA DE LABIOS TURBIOS

¡FELIZ 2011 PARA TODOS!

Este cuento está dedicado a los últimos ciborgs magiciens del Reino de Alcanfor, el vaporoso y llano recipiente proyector de delirios y pesadillas.

A Lucía.


“Clorhidrel y Nitrakan titubearon largamente antes de tomarse de las manos y desafiar al Sol. ¿Qué desean? –preguntó éste- y ellos contestaron al unísono, uno con voz trémula y nerviosa y otro con voz decidida y valiente: Entre otras cosas, el camino a la felicidad...”
                                            De “Historias de Magos y Alquimistas” de Sebastian Crantev
                                                                                                                            

Mi casa es alta y multifacetada, como los ojos de Mirmana, claros como agua destilada. La adquirí en una subasta que se destacó por lo rápido de la venta y lo elevado del precio. Como ninguno de los posibles compradores y tampoco el vendedor habían logrado abrir sus puertas, ninguno sabía con certeza qué se encontraría entre sus paredes, tras esa puerta. Ella-puerta no contestaba preguntas y tampoco sonreía, aunque su aroma no era de pleno resentimiento. Muda, callada, sin hablar, no sé si oía. Histéricas protestas se levantaron cuando el comprador dio a conocer el precio mínimo de la mansión y dijo a la vez que no tenía ni idea de las cosas variadas y extrañas que moraban en ella. Los compradores, venidos de todas partes del entrópico sino, estaban muy molestos, pues no sabían si pagar uno, o dos, o cien, o nada. Yo también  hubiera estado molesto, con la diferencia de que me gustaba la ubicación de la casa y estaba buscando un no-cómodo lugar donde vivir con Pindora, mis tantas veces casada y amada por mí y no por mí esposa. Es que queríamos escapar un poco del mundanal ruido y supusimos que este lugar, tan a contramano, tan a la vuelta de un no-camino, sería el ideal.
Finalmente la compramos por treinta y dos mil monedas. El vendedor estaba tan agradecido que nos obsequió dos cajas de un encantador vino, tan negro como la oscuridad de lo más profundo del Más Oscuro de la Cripta. Me ingenié para destapar una botella y mientras bebíamos directamente de ella –no teníamos copas- pensamos como entrar a Ella.
Ella miraba y seguro escuchaba.
-Tengo ganas de hacer pipí- dijo recatadamente Pindora, en determinado momento.
Observé que no había muchas opciones, o era la casa o era el jardín de la casa…Así que me levanté, fui hasta Ella Puerta y dije –Pagué treinta y dos mil monedas por ti y mi amada esposa necesita un inodoro ya… así que a menos que quieras que humedezca tus geranios y tus rosas déjanos pasar…-
-¡Por favor!- agregó Pindora.
Y la puerta, con roces de metal y madera y con un suspiro de aire encerrado y ya liberado se abrió.
Varias señales condujeron a Pindora hasta el gabinete higiénico más cercano.
-¿Cómo te llamas?- le pregunté en alta voz.
-Puedes llamarme Mikhaza, como me llamaba mi anterior y perdido amo-
-¿Le sucedió algo extraño? ¿Se murió aquí?
-Jo,Jo, no bromees, se fue porque tenía importantes negocios que atender en lejanos lugares de la galaxia. Había venido a descansar, a recobrar energías y era natural que al hacerlo se marchara. Nadie se queda aquí por siempre- dijo y suspiró.
-¡Pues no entiendo por qué, ya que eres una casa realmente hermosa! A propósito…¿es necesario que te muestre el certificado de compra? –Pindora ya estaba a mi lado. Continué- No es nuestra intención perturbar tu tranquilidad pero como el agente te puso a la venta y nosotros realmente necesitamos un lugar para descansar y tú tenías  el perfil perfecto, bueno…, aquí estamos…
-Parecen agradables y espero que sean razonables…Yo no soy dueña de mí por lo que no puedo elegir quien me compra o no…¡Me encantaría comprarme yo misma alguna vez, declararme libre y sin ataduras! ¡Cuánto me gustaría!- dijo, como lamentándose.
-¡Nunca pierdas la esperanza de ser libre!- le dijo Pindora. Yo la miré y exclamé:
-¡Querida, lo dices con un tono!
-¿Con que tono?
-Con tono de prisionera…-replicó Mikhaza.
-No me siento prisionera, no hay nada que me ate, ni nada que me encadene…
-¿Estás segura?- le pregunté.
-¡Claro que estoy segura!- y me abrazó, dándome un suave beso en los labios. Me encantan sus besos.
Fue así que nos instalamos en Mikhaza. Lo primero que tuvimos que resolver fue el equipaje. Como no habíamos traído absolutamente nada con nosotros, ni siquiera cepillos de dientes, pasamos casi cuatro días estándar, los tres, inventándonos el equipaje…no muy abundante, claro, porque cualquiera que haya viajado sabe lo molesto que es hacerlo con demasiadas valijas. Coincidimos que dos maletas para cada uno, una para cada mano, era lo ideal. Coincidimos también en que si hubiéramos tenido más de un par de manos disponibles seguramente hubiéramos agregado alguna valija más pero no demasiadas, pues muchas maletas supondrían más artículos para meter en ellas y ese es el verdadero desafío, no en realidad la cantidad de ellas.
Le preguntamos a Mikhaza que podíamos hacer por ella.
Nos pidió amabilidad y cortesía –que serían recíprocamente correspondidas-  y comprensión cuando algunas cosas no sucedieran como todos hubiéramos deseado, como cuando la presión del agua de la ducha no era la suficiente, o la sal en las patatas fritas no estaba en la cantidad exacta o la salsa sobre la pizza estaba con menos pimienta de la que solíamos consumir con Pindora o bueno, muchas pequeñas cosas que podían salir, no mal, pero sí distintas… También nos pidió algunas mejoras, tales como renovar algunos de los jardines,  plantar algunas variedades raras de árboles frutales, ubicadas según el lugar espacial y temporal de donde venían, con burbujas con distintas atmósferas y humedades y presiones… y otras pequeñas cosas, aunque nos confesó que su mayor sueño era que fuéramos felices allí.
Nos aclaró además que había en Ella dos planos. Uno, en el que viviríamos nosotros, la casa superconfortable, acogedora, comprensiva, paciente, tolerante –se podían hacer ruidos hasta cualquier hora- y buena cocinera-consejera. Otro, el plano interior, su organismo, su vida oculta, su personalidad, su carácter, sus sentimientos más íntimos. Si nos hacíamos acreedores a su cariño, a su interés, como huéspedes que éramos, Ella sería cada vez más amable, más solícita y tendríamos, aparte de todo lo que Ella brindaría, una amiga.
Decía: “He servido a muchos dueños, de muchos lugares del Universo, cada uno de ellos con sus costumbres, sus formas de pensar, maneras de actuar y obviamente con distintas opiniones sobre mí. Claro que al darme variedad de tratos, recibían también variedad de servicios de mi parte”.
Con Pindora se entendieron maravillosamente… en la cocina, en los horarios y la intensidad de la iluminación y sobre todo en los decorados internos. Yo soy conservador en cuánto al mobiliario pero Pindora piensa distinto y encontró en Mikhaza una cómplice para cambiar diariamente, según los estados de ánimo o según el clima o según un juego que habían inventado para tal fin, el color de las paredes, la disposición, tamaño y forma de todos los muebles y todo elemento decorativo que pudiera manipularse.
Así comenzamos nuestra vida con Mikhaza y no mucho después disfrutábamos de una existencia que si bien no puede llamarse apacible sin duda que era muy agradable. Es que recibíamos visitas de todas partes, se hacían hermosas veladas de música, danza y poesía y la casa se esmeraba para que todo funcionara bien. La comida nunca faltaba y era de una calidad superlativa. Las bebidas muchas veces eran fabricadas por ella misma y eran la gran atracción de los visitantes. Nuestras fiestas eran famosas en todas las dimensiones conocidas y no por el número de participantes –pues tratábamos de que nunca fueran muy numerosos- sino por la calidad del tratamiento que todos recibían. Mi relación con Pindora además, nunca antes tan hermosa y alegre, se veía sublimada con la presencia maravillosa de Mikhaza, que nos colmaba de atenciones.
Nuestros días transcurrían con una rapidez que asustaba y es bien cierto que El Tiempo Feliz transcurre más rápidamente que Muchos Otros Tiempos...
Así fue que regresando cierto día del supermercado, trastornado por la última y brutal suba de precios, no logré abrir la puerta de Mikhaza. Retrocedí, conté sus ventanas, sus puertas, contemplé rápidamente el jardín y sí, era mi morada y subí los tres escalones y pregunté cortésmente:
-¿Porqué no puedo entrar?
-Por dos razones que se cruzan en tu esposa-
-¿No la dañarán?
-No más de lo que está dañada.
-¿Qué dices?
-Pindora agoniza.
-¡No bromees!¡Sabes que vengo de comprar baratijas para sintetizar más baratijas, teniendo que pagar precios disparatados y bromeas sobre la salud de mi mujer!
-No acostumbro jugar con verdades depresivas y poderosamente entristecedoras.
-¡Quiero verla!
-No quiere y no quiero.
-¿Qué le sucede?
-Tranquilízate, respira hondo y hablaremos. Ella quiere estar sola porque es presa del paso terminal de un mal incurable que la deforma y la mata indefectiblemente. Se siente culpable y es culpable... por eso no desea verte.
-¿Estás segura de que es una enfermedad incurable?
-¿Has oído hablar del Mal de Cira?
-No...
-Se transmite solamente succionando el miembro masculino de un hombre y no existe cura...
-¿Yo...?¿Yo se la transmití?
-No. Eso es lo que le duele a ella...
-Pero...¿Porqué? Vivíamos felices, plenos, en armonía y ...
-La vida de ella había sido muy agitada y tantas fiestas dieron en los parques circundantes que quizás conoció a algún hombre interesante y atractivo.
-Sí, supongo que sí.
-¿Tú la amabas?
-Claro que la amaba...¿Qué preguntas?
-¿Y se lo demostrabas?
-¡No digas ridiculeces!¡Estaba el día y la noche enteros agasajándola!
-Quizás fue demasiado...¿Recuerdas lo que dijo el primer día que llegaron a la casa?
-Si, lo recuerdo como si fuera hoy… se expresó como si se sintiera prisionera…¿de qué, me pregunto?
-Luego de eso, cierto día conversamos… ella te amaba pero a la vez sentía que ese amor la encadenaba a ti… se sentía prisionera por lo que sentía, y a veces se sentía infeliz, a pesar de poseer todo lo que hubiera necesitado para ser feliz… incluyendo alguien que la quisiera como tu la querías…
-Quizás, si, quizás fue demasiado... ¿vive aún?
-Le faltan veinte segundos para morir.
-¡Quiero verla!
-¡No! Cuando muera será enterrada en alguno de los jardines, en un lugar donde no puedas encontrarla y horrorizarte...
Me dejó allí, pleno de tristeza y de preguntas ¿Cómo me pudo ser infiel Pindora si me amaba? ¿Porqué a veces suceden cosas que no deberían suceder? Finalmente logré sintetizar una sola y última reflexión: Quedé solo.

La de Labios Turbios está rodeada. Su enorme parque está custodiado por tres hileras de cubos asesinos, minas de superficie de una tecnología mortalmente eficiente que matarán cualquier ser vivo que se acerque a ellas. Está rodeada. Rolbido medita y duerme y come y piensa y dormita y apenas se alimenta... y se siente aislado del resto del mundo, quizás porque lo está. No desea ver ser alguno, ni hablar con ningún humano o no-humano. A veces llora.

Mikhaza ya varias veces ha intentado dialogar con Rolbido. Está seguro de que le puede hacer bien charlar, contarle sobre sus sentimientos. Además tiene la esperanza de hacerlo desistir de ese aislamiento...
-Morirás de tristeza si continúas así...
-Ya estoy muerto.
-Quita los cubos y deja que entre algún visitante.
-No quiero visitantes y si los hay, quiero que sean cortados en muchos pedacitos.
-Las cuchillas de los cubos ya han cobrado víctimas.
-Pocas, pocas...
-No crees que estás demasiado desbordado por el dolor? ¿Quieres un sedante? Dormir tres o cuatro o diez días puede hacerte mucho bien.
-Si en verdad quieres ayudarme, puedes hacer algo por mí...
-Di... ¿Qué cosa?
-¡Callarte y dejarme tranquilo!

Rolbido empeoraba a ojos vistas. Ahora, para entretenerse y tratar de olvidarse de llorar por lo menos –pues su pena no podría olvidarla- habíase instalado un laboratorio de alquimia, lleno de frascos con etiquetas y sin ellas, de retortas y otros recipientes de cobre y cristales multicolores conectados entre sí, sometidos a fuegos altos, bajos y medianos, borboteantes esencias, humos y ruidos de ebullición… serpentinas destiladoras. Allí pasaba sus días y sus noches. Una vez por ciclo lunar, salía al parque y discutía con varios personajes imaginarios sobre los resultados obtenidos en los ensayos, a saber: quemarse un dedo, mancharse toda su ropa y también las manos, irritarse los ojos y los pulmones y también obtener la quintaesencia de la paciencia. Esto último es algo muy importante en la alquimia y Rolbido, aunque bastante enajenado, lo sabía, por lo que se alegró algo.
Mikhaza lo contemplaba y también sufría.

Cierto día estaba Rolbido recostado en la mecedora donde solía quedarse dormido, revolviéndose inquieto, muy cerca de la vigilia por las volátiles pesadillas que apenas dormido se posaban en su cabeza, cuando Mikhaza lo despertó… fue un largo sonido de saxo barítono… se enderezó abruptamente… -¡Qué sucede, qué sucede!-
-¡Tengo un obsequio para ti!
-No, no acepto obsequios, ni siquiera de ti…
-¿Por qué no? Si no dejas que te envíen presentes de fuera, yo te hago uno… ¡Ya está hecho! ¡Solo tienes que verlo!
-¿Por qué insistes? ¿No ves que mi dolor no se ha ido? ¿No entiendes que no logro encontrar una sonrisa por más que lo intento? Mis cabellos se han vuelto blancos y áridos mis días… No quiero obsequios, ni lindos ni feos…
-No es un regalo común y corriente… ven y te lo mostraré. Si no te agrada solo tienes que decírmelo y lo devolveré al lugar de donde vino…
-¿Pero no dices que lo hiciste tú misma?
- Claro, camina… te llevaré donde está…
-Bueno –dijo Rolbido finalmente, con desgana- dime…
Mikhaza le fue indicando los pasillos por donde tenía que tomar y las puertas que tenía que abrir. Pronto llegaron a una escalera que descendía. Allí Rolbido, sin mediar palabra, comenzó a descender. Parecía estar ya sumergido en pensamientos que no tenían nada que ver con lo que le estaba sucediendo, enajenado, totalmente en otro mundo y en otra situación. Era común en él, en los últimos tiempos. Pero cuando abrió una puerta, que sería la última y se encontró con el obsequio que le había preparado Mikhaza pegó un respingo y quedó totalmente alerta y despierto. Su regalo estaba allí, frente a él, en un recipiente tubular y transparente, lleno de un líquido de colores indefinibles pero que permitían ver el cuerpo que había en su interior. Se acercó sigilosamente,  con la boca semi-abierta, hasta que su nariz estuvo apenas a un centímetro de la pared del recipiente.
-¡Pero es… es una chica!
-Claro que sí… ¿te agrada o no?
-¡Es preciosa!
-Si, tiene todo lo que tiene que tener una humana para agradarle a un macho de la especie…
-Si, si, es muy hermosa realmente… ¿Pero de donde la sacaste? No entiendo…
-No es muy fácil de entender y tampoco fácil de explicar…
-¿Vive? ¿Está viva o solo es una bellísima estatua?
-Claro que está viva… no respondiste si te agradaba o no…
-¡Me encanta! Pero…
-Mira… soy un organismo bastante más complejo de lo que parece. Las de mi especie sintetizamos cosas, las transformamos, reciclamos, inventamos, practicando necesariamente la ingeniería mágica. Dame un puñado de tierra y un poco de agua y haré maravillas… Es parte de mi trabajo. Transformamos materias primas básicas y elementales en alimentos, vestidos, bebidas, lo que sea necesario…También, como todo tecnomago estoy viva, si…, tengo sangre, huesos, músculos, órganos como el corazón, pulmones, como tú, claro que un poco distintos, no exactamente iguales, también sentimientos y sufrí muchísimo con lo sucedido con tu esposa…al igual que tú y también me sentí un poco culpable…
-No, no fue para nada culpa tuya, fue solo mía…
-No, también tuve algo de culpa, debí darme cuenta, quizás trabajé tanto en atender a vuestros invitados que descuidé la felicidad de ustedes… que era lo más importante.
-Nosotros éramos felices, yo lo era por lo menos… quizás Pindora no, pero yo era muy feliz y te lo debo a ti…Todavía tengo bellos recuerdos de esas veladas…
-¡Pero no debió terminar así! Por eso este obsequio, que es muy especial porque fue hecho con el amor que sentía por ustedes, el que siento por ti ahora, y en donde mezclé mucho de mi ser … y en donde también están cosas tuyas, como todo lo que llegué a saber que te agrada…
-Ella… ¿está hecha de ti? ¿Y de mí?
-Si, no soy yo, pero está hecha de mí y también de ti… ese es mi obsequio…
-No sé que decir…¿Cómo puedo agradecértelo?
-Solo recíbela y disfrútala… sé feliz y haz que ella también lo sea…
-¿Tiene nombre?
-Claro que tiene nombre…
-Dímelo…
-Pregúntaselo a ella…
El tanque rápidamente quedó sin líquido… luego el cristal desapareció… y  ella abrió sus ojos y su boca, suspirando… Rolbido parecía hechizado, contemplándola…luego de algunos segundos preguntó:
-¿Cómo… como te llamas?
Ella sonrió… -Lucik´kah…
-¿Quieres saber mi nombre?
-Ya sé tu nombre…
-Supongo que sabes muchas cosas sobre mí…
-Bueno, no tantas en realidad… espero que sean más las cosas que quedan para descubrir que las que ya sé de ti…
-¿Te gustan los desafíos? Mira mis altos muros, mis arqueros preparados, el fuego griego pronto a caer en las avanzadillas de la columna invasora… Tengo víveres para años y agua para muchos días… ¿No has visto ese foso profundo y oscuro? Tendrás que vadearlo para llegar a mí.
-¡Ja, Ja, que valiente que eres! -dijo acercándose- No me asustas. Estoy segura de que alguno de los sitiados te traicionará y me tirará la llave de alguna de tus puertas… y por allí entrará mi ejército…
-¡Lucharé de todas formas!
-Lucharás en vano, pues ya estás derrotado…
-¿Cómo lo sabes?
-Lo veo en tus ojos… Olvida a Pindora o dame la oportunidad para hacértela olvidar…
Rolbido iba a replicar, pero ella estaba ya tan cerca, tan cerca, y tan perfectamente desnuda que abrió su boca solamente para encontrar los labios de ella.
Ya estaba vencido. La batalla duró apenas unos minutos. Quizás estaba solo esperando una oportunidad para rendirse honorablemente.

La fiesta estaba en todo su esplendor. Los invitados pululaban por el hermoso parque, bailando, riéndose y en otras diversiones más terrenales… Rolbido contemplaba todo y se sentía satisfecho, pero a la vez cada vez estaba más seguro de la decisión que venía forjando en su mente desde hacía semanas. La vida con Lucik´kah era maravillosa. Pero había algo todavía en el fondo de su corazón que le impedía disfrutar de esa felicidad que nuevamente lo rodeaba…
Lucik´kah, en algún momento, estuvo junto a él.
-¿Qué sucede?- le dijo preocupada…
-Me tengo que marchar…- dijo desconsolado…
-¿Qué dices? ¡Por qué! -Ella estaba muy molesta- ¡Pensé que me amabas…!
-Te amo, pero tengo que marcharme… No puedo ya fingir que no ha pasado nada, que Pindora no me traicionó y que no está enterrada en el jardín… Tengo que alejarme, por lo menos por algunos cientos de años…
-¡Llévame contigo!
-¿Mikhaza lo permitiría?
-No olvides que yo soy ella… en gran parte por lo menos… Te acompañaré mientras te olvidas de todo lo que necesitas olvidar y luego regresaremos aquí, a mí…
-Bien… me parece bien.
Así fue que partí nuevamente a transitar los no-caminos de las multidimensiones, con Lucik´ kah, que nunca se separó de mí y que fue la que me recordó, cuatrocientos treinta y dos años después, que ya había olvidado todos mis pesares y que teníamos que regresar a Mikhaza.
Ella poco había cambiado.

                                                       FIN


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