¡ESTE AÑO NO HAY MELONES!, eso decía
el cartel, con letras grandes y bien dibujadas.
¿Así que quieren saber por qué
Pirrichín Gome, este año no tiene melones?
El 27 de diciembre del año pasado Pirrichín
fue, como tantos otros vecinos y vecinas hasta la plaza, como es costumbre
todos los años, para presenciar los resultados de El Sorteo. Para algunos El
Sorteo, para otros La Lotería, lo cierto es que era el suceso anual más
importante y era transmitido en vivo en la gran pantalla que se colocaba para
las grandes ocasiones.
La mayoría de ellos llevaban lápices y
pequeños cuadernos, donde anotar algún resultado especialmente interesante.
Muchísimos además llevaban algún bocado liviano, algo de beber y una silla o
banco plegable para sentarse, pues El Sorteo no era algo que tardara poco.
Claro que no es necesario ir hasta
allí… tampoco es necesario anotar nada. Todos los resultados están en las
terminales hogareñas y para obtener toda esta información solo hay que
consultar la pantalla pero… no es lo mismo. Una cosa es estar en tu casa,
revisar y volver a revisar, pensar, planificar, enojarse -o alegrarse- y muy
otra es encontrarse con los vecinos y vecinas, charlar, ver sus caras y
compartir la tensión previa del sorteo y luego sus resultados. No hay nada como
eso.
La hora llegó y luego de un número
musical que hizo bostezar a los más viejos y llevar el ritmo a los más jóvenes,
un presentador irrumpió en la pantalla.
-Buenos tardes, estimados
conciudadanos y conciudadanas, bienvenidos a la Edición Número 68 de nuestra
Lotería Climática Planetaria-
El Control Climático era un hecho en
todo el planeta desde hacía ya muchos años. Lo que no se había podido resolver
adecuadamente, eran las controversias y discusiones sobre qué climas le
correspondía a cada región o cuestionamientos como “por qué a tal lugar tantos
milímetros de precipitaciones y a nosotros tanto” o “por qué estas temperaturas
tan bajas” o “por qué estas temperaturas tan altas” o decenas de reclamos más.
Es que era imposible no solo imponer a todo el planeta el mismo clima
benevolente y deseado sino que además era imposible tener a todos
climáticamente contentos. Nunca una configuración climática tuvo el cien por
ciento de aprobación de la población afectada y el gobierno estaba seguro de
que si le tocara a alguna región en particular un año entero de primavera,
también se quejarían.
Cansadas de tantos conflictos y de
probar soluciones, las autoridades habían decidido implantar una lotería, un
sorteo anual, en donde todo el planeta era dividido en secciones y
sub-secciones y allí se determinaría qué clima tendrían durante un año
exactamente, hasta que se hiciera el sorteo siguiente. No era la solución perfecta
pero era una solución, aparentemente imparcial y que funcionaba, así que se
comenzó a practicar año tras año.
El espacio frente a la pantalla se había
llenado de bullicioso público. Pirrichín, que había llegado temprano como
siempre, había instalado su silla en la primera fila y entre él y la pantalla
solo había algunos representantes del gobierno y un puñado de agentes del
orden, que cuidaban no solo la pantalla sino también de que alguien, al tomarse
a mal alguna configuración climática, hiciera algún desbarajuste.
No era el caso de ese pueblo, pero en
otros lugares se habían dado violentas revueltas con todo tipo de actos
vandálicos, en protesta por un clima que pensaban les había sido desfavorable. Claro
que a nadie le tocaba un año entero sin llover o un año entero lloviendo… Existía
un equilibrio climático planetario y a este equilibrio lo administraban los
técnicos climáticos y sus cerebros auxiliares y por supuesto si decían “En tal
lugar a partir de las 14 y 35 lloverán 15 milímetros” así sucedía. Lluvia,
nubosidad, velocidad y dirección del viento, humedad y temperaturas ambientales, día por día, mes a
mes, durante todo el año… todo se sabría de antemano, justo ese día.
Eso era un gran y ventajoso cambio
para los humanos.
Pirrichín estaba expectante. Sus
melones se habían vuelto famosos. Con su exquisito sabor y su gran tamaño ya
había comprometido gran parte de su futura producción. Solo necesitaba plantar
en febrero.
La verdad era que El Sorteo lo había
beneficiado mucho en estos últimos años, con pautas climáticas muy apropiadas
para el cultivo de melones, que se habían vuelto su especialidad. Sus últimas
producciones habían sido espléndidas, con magníficas ganancias. Es más, en el
sorteo pasado, eufórico, había abrazado y estrechado las manos de todas las
autoridades civiles y a los policías que estaban en el frente de la pantalla.
Claro que ellos no tenían absolutamente nada que ver con la planificación del
clima, pero a algún representante del gobierno tenía que comunicar su
alegría... ¿Y qué mejor que ellos, que eran los que tenía a mano?
En ese momento él estaba tratando de
calcular mentalmente –por enésima vez- cuánto dinero ganaría con su próxima cosecha
cuando comenzó a bajar de a poco a la
realidad, cayendo en la cuenta de que ya estaban detallando el futuro clima de su región…
-No…- comenzó a gruñir- ¡No, no, no!
¿Qué hacen? ¡Está todo mal!- terminó gritando.
Como estaba en primera fila, las
autoridades que él tanto había ensalzado el año anterior lo miraron esta vez
con gesto adusto. “¡Cállese!” le dijo uno discretamente.
Pero su tono de voz no fue suficiente
para ser escuchado.
Pirrichín estaba gritando nuevamente
-¡Está mal, todo mal! ¡La máquina se equivocó! ¡Con esa configuración de clima
no podré plantar mis melones! ¡No llueve cuando tiene que llover y llueve
cuando no tiene que hacerlo! ¡No puede estar bien! ¡Se equivocó! –y para
terminar gritó -¡Las temperaturas también son horribles!-.
Los guardias civiles lo miraron con
perrunas ganas de hincarle los dientes…
-¡Cállese de una vez!- le dijo uno
-Pero es que se equivocaron- contestó,
en un tono mucho más bajo.
-No se equivocaron, claro que no,
nunca se equivocan.
Pirrichín iba a abrir la boca para
contestar cuando le dijeron nuevamente
-¡Ni hable! ¡Está molestando a todos
con sus reclamos!
Pirrichín miró hacia ambos lados y
discretamente hacia atrás y se sintió
observado y también criticado.
-Pero yo quería plantar melones en
febrero…
-Lo siento mucho, si quiere plantar
melones tendrá que mudarse a una configuración climática más apropiada.
-¿Configuración climática más
apropiada? Mi tierra está acá, pinche pendejo… ¡A la mierda la lotería!
-¿Perdón? ¿Qué dijo?
-Nada, nada de nada, solo murmuraba
para mí…- “¡Cabrón!” dijo totalmente en su interior.
Así que por eso este año no tiene
melones.
¡Y no hagan que se los cuente dos
veces, que no estoy de humor! ¡Yo también me había aficionado a los melones de
Pirrichín!
¡ESTE AÑO NO HAY MELONES!, eso decía el
cartel, con letras grandes y bien dibujadas.
FIN
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