Queridos amigos y amigas, reapareciendo en un mundo cada vez más a tono con la ciencia ficción... Por la ciencia ficción y la fantasía!!! Soy Pablo Daniel Rodríguez Remedios y aquí estaré: pablodaniel.gandalf@gmail.com... Un gran abrazo!!!


viernes, 19 de julio de 2013

EL INFIEL

ALGUNA VEZ MENCIONÉ QUE ESTE BLOG ES PARTE IMPORTANTE DE MI PRODUCCIÓN LITERARIA, SOBRE TODO PORQUE ME ESTIMULA A ESCRIBIR... Y ES PARTE DE ESTE "PROCESO" QUE ESTOY VIVIENDO, EN LA MÚSICA, EN LA LITERATURA Y EN LA VIDA. ESTE CUENTO NO ME CONVENCIÓ TOTALMENTE -QUIZÁS PORQUE LO VEO DE TRANSICIÓN- PERO VI EN ÉL COSAS QUE LO PUEDEN HACER INTERESANTE... ASÍ QUE AQUÍ ESTÁ!!!

                                        EL INFIEL

¡Estaban alarmados, alterados, desquiciados! Lo que ellos llamaban “un imperdonable delito” se había propagado como un fuerte viento primaveral por todo el planeta, para luego transformarse en un tornado que amenazaba cambiar todo lo establecido…  ¡Y él había comenzado todo!

Lo detuvieron cuando estaba a punto de subir a su coche para ir a trabajar. En cuestión de segundos y casi de la nada, brotaron de todas partes armados uniformes oscuros y un respiro más tarde estaba esposado de pies y manos y lo llevaban en andas rumbo a un camión-calabozo.
La prensa también había aparecido como por arte de magia de los jardines, de los árboles que custodiaban la calle, de los hermosos y verdes cercos… allí estaban, decenas de periodistas.
Sus preguntas no lo desalentaron.
-¿Es cierto todo lo que dicen de usted?- le preguntaban.
-¿Se declara culpable o inocente?- insistían.
-¿Tiene pensada su defensa?
-¿Ya eligió su abogado?
-¿Se siente perseguido políticamente?
-¿Le emociona mucho ser el más grande criminal de la modernidad?
Impasible, Herotindo parecía flotar hasta la puerta, ya abierta, que pronto se cerró tras él, dejándolo enjaulado.

Sabía que tarde o temprano lo atraparían. Era cuestión de tiempo. No se podía delinquir como él lo había hecho sin que fallara algún cabo, sin dejar alguna pista –por mínima que fuera-, sin que alguien abriera la boca de más, quizás sin ánimo de perjudicarlo, inocentemente, pero dañándolo al fin.

Intentó por horas hacer entender a su abogado el “porqué” de sus delitos, pero este no comprendió sus razones, aunque dijo estar dispuesto a defenderlo hasta las últimas consecuencias.
Tampoco parecían interesados en escuchar las causas de sus delictuosas acciones, el grupo de juristas que elaboraría su pena, una pena que temía fuera ejemplarizante. Mostraron tan opaco desinterés que cayó en un estado de premonitoria resignación… Estaba claro que no querían oír lo poco que llegó a decirles… solo eran palabras al viento, charla barata o algo que valía la pena ser olvidado antes siquiera de ser escuchado.
Lo único que le mantenía en pie eran los buenos recuerdos de sus numerosas infidelidades, dulces, agradables, que a veces recordaba con una sonrisa a flor de labios y la convicción, firme como una roca, de no involucrar a nadie más en todo esto. Se comprometió a no hablar de sus cómplices, aún bajo las más crueles amenazas… por más que amenazaran con enviarlo a la prisión más oscura y olvidada de los mundos conocidos.

Pero lo cierto es que era una celebridad. En los periódicos aparecía su fotografía con rótulos como “Subversivo”, “Delincuente”, “Amenazante”, “Terrorista”, “Revolucionario” y muchos adjetivos más, para nada agradables. Claro que había cometido un delito –bastantes en realidad-, pero nunca pensó que acabaría siendo tan famoso, aunque lo apenaba un poco que lo único que parecía interesarle a los periodistas eran sus sonrisas y sus saludos, cerrando la puerta a cualquier otra expresión. Nadie le preguntó el “porqué”… y apenas - con restricciones- llegaron a preguntarle el “cómo”.

Seguramente contribuía mucho a esta celebridad que más y más siguieran su ejemplo, rompiendo la ley –así como él lo había hecho- en una epidemia, en una tormenta de incorrecciones, en un alud de faltas a las reglas puestas por el poder del Estado… ¡Y de todo eso lo culpaban!
Él, en cambio, no se sentía totalmente culpable y en consecuencia tampoco se sentía totalmente delincuente.
¡La culpable de todo era esa asquerosa y mutilante burocracia! ¿A quién culpar sino a las normas, las leyes, los requisitos? Formularios para esto, formularios para aquello, códigos de esto, códigos de aquello… ¡Desde la primaria aprendiendo códigos! ¡Desde pequeñitos manipulando formularios! ¡Y todo para llenar decenas de formas diarias! ¡Estaba harto de vivir en una “formulario-cracia”!

Y el grado de descontento –según decían, descontento que él había sembrado- era tal que en la actualidad los disturbios y manifestaciones públicas eran corrientes. Es que meses atrás, ante las incipientes señales de desobediencia, habían comenzado a reprimir y a controlar de forma intolerable todos los actos –incluyendo las infidelidades, obviamente- de los ciudadanos. Pero el resultado fue opuesto a lo que ellos esperaban.
Se desencadenó una ola de marchas y protestas, berrinches y combates callejeros, paros y huelgas, carteles, banderas, afiches y cánticos, con una sociedad que ya no solo hablaba de abolir algunos formularios, sino de cambios más profundos… Esto era lo que más asustaba a los que gobernaban, quienes nunca antes habían enfrentado un problema de ese calibre.

Todo se inició por casualidad, nunca planificó nada y lejos estaba de sus intenciones terminar siendo un famoso criminal o por lo menos uno de los más famosos.
Comenzó como podría comenzar cualquier infidelidad. Solo fue cuestión de mirarse, me gustas, te gusto, ¿qué te parece si…?  y luego, de urgencias… Pero ese día y en esa ocasión, fue diferente.
El marido de ella estaba de viaje –cosa que ella estaba aprovechando obviamente para divertirse un poco- así que lo invitó a su casa.
 Al principio lo iban a hacer, casi totalmente vestidos, en la mesa de la cocina… Esos códigos los recordaba –hablo de los códigos de “casi totalmente vestidos” y “sobre la mesa de la cocina”, pero luego decidieron sacarse algo más de ropa y fueron a dar a un largo sofá de la sala de descanso… El código de “apenas vestidos” también lo recordaba, pero el de “sofá en sala de descanso” no, por lo que tenía que hacer memoria o recurrir al libro de códigos. Es en ese momento, en que nos olvidamos de los códigos mientras estamos intentando llevar adelante un ejercicio sexual –y pero aún, una infidelidad, en donde los tiempos parecen ser más cortos- que a veces este tipo de sucesos fracasa. Obviamente… distracciones, desconcentraciones, disfunciones. Claro que nuestro sabio estado elaboró una solución para ese problema: una pastilla que hace que nuestras erecciones se mantengan a pesar de tener que detenerse a abrir el librito de códigos –y obviamente tomar nota de estos, para luego trasladarlos al Formulario de Infidelidad-. Pero sus desventuras no terminaron ahí, pues luego se recostaron en la alfombra peludita –sintética obviamente- que estaba frente a la chimenea… ya para ese entonces no tenían ropa. El código de “totalmente desnudos” lo recordaba nítidamente, pero “alfombra peludita frente a la chimenea”… ¡Ese no tenía ni idea! Así que… ¿Saben que hizo? ¡Dejó de lado códigos y formularios! Inmediatamente luego de tomar tal decisión sintió un gran alivio, como si una nueva vida comenzara para él… Olvidado de códigos de poses, de códigos de lugar, de cualquier código y por supuesto del Formulario de Infidelidad –que ya no tendría que llenar- esa noche fue una noche memorable.

Al día siguiente, un poco antes del amanecer y llegada la hora de despedirse, ella le preguntó si había llenado el formulario –que tenían que firmar ambos y presentarlo en un lapso de cinco días estándar en la Oficina de Formularios del distrito o enviarlos por correo a la Oficina Central-. El, sonriendo, le dio un beso en los labios y se marchó. Ella también sonreía cuando cerró la puerta de su casa.

La segunda, tercera, cuarta vez, sucedieron casi como si esa primera ruptura de la ley llevara invariablemente a que la ley fuera olvidada, quebrada, rota, pisoteada… invariablemente. Pronto perdió la cuenta de las veces que había delinquido. Lo hilarante era que estaba convencido de que él  y solo él era el delincuente, nunca hizo responsables a sus eventuales compañeras de estos delitos… Tenía claro que el no tenía cómplices, nunca tuvo, solo personas que lo ayudaban a seguir delinquiendo.

Uno de los jueces le estaba haciendo una pregunta.
-¿Recuerda cuándo fue la primera vez que dejó de llenar los formularios?
Pensó unos segundos… largos segundos, casi minutos… -No lo recuerdo, hace mucho, creo…
-¿Tiene idea de cuántas veces cometió infidelidad?
-No… -dijo avergonzado- En realidad perdí la cuenta…
Todos lo miraron escandalizados.
-¿Pero está conciente de que la ley exige que cada vez que alguien comete una infidelidad debe llenar un formulario y luego hacerlo llegar a la Oficina de Formularios para que ésta lo envíe a la Oficina de Conteo de Infidelidades? ¿Lo está?
-Si, lo estoy- dijo, con algo de compungimiento en su voz.
Otro levantó levemente la voz -¿Es conciente de que por cada formulario que no llenó le corresponde un tiempo de cárcel y que nosotros decidimos dónde cumplirá la suma de estas condenas?
Eso también lo sabía, pensó, aunque no creía que consiguieran pruebas de todas sus faltas.
Y finalmente otro dijo, con áspera voz -¿Y que además, que en definitiva es lo peor que trajo su mal comportamiento, hay ciudadanos que están siguiendo su ejemplo?
-¿Se da cuenta?- dijo otro – Una costumbre tan arraigada, una tan “buena costumbre” como esa de llenar formularios cada vez que se es infiel… ¡Está siendo violada constantemente! ¡Seguramente en este mismo momento hay alguien que está siendo infiel a alguien sin ni siquiera pensar en qué códigos está usando! ¡Y seguramente no llenará el formulario!- terminó, resoplando y rojo por el esfuerzo.
-¿Alguna vez pensó en las razones para la existencia del Reglamento para Una Buena Infidelidad? ¿Lo pensó?- insistió otro.
Siguió mudo, cabeza gacha.
-¿Pero qué sentido tiene?- se animó a decir…
-¿Qué sentido tiene qué?- le repreguntó alguien rápidamente.
-¡Llenar los formularios! ¿Qué sentido tiene?
-¡Me extraña su pregunta, teniendo una respuesta tan obvia, tan clara! ¡Los formularios deben llenarse para llevar un registro de las infidelidades, obviamente!- dijo, subrayando la última palabra.

Los disturbios continuaban por todo el planeta, pero especialmente en las afueras de los lugares donde era recluido o donde se le hacía juicio.
Así que a nadie extrañó –aunque sí a las autoridades, que nunca habían visto algo parecido- que la multitud entrara al tribunal, anulara los guardias, lo liberara y lo pusiera rápida y eficazmente fuera del alcance de La Autoridad.

Un Infiel había comenzado La Revolución.

                                             FIN



miércoles, 15 de mayo de 2013

EL DESCANSO


MIS DISCULPAS POR LA TARDANZA EN "COLGAR" CUENTOS... MI TRABAJO NO SIEMPRE ES COMPATIBLE CON ESCRIBIR Y NO ME RESULTA FÁCIL HACERLO, POR MÁS QUE IDEAS -DE CUENTOS Y NOVELAS Y AFORTUNADAMENTE- NO FALTAN EN MI CABEZA. ESPERO LES GUSTEN ESTOS DOS CUENTOS Y GRACIAS POR ESTAR AHÍ...

                                 EL DESCANSO

Con una diminuta malla, ojos cerrados, anteojos oscuros y con su cuerpo lleno de tatuajes, Julius parecía disfrutar intensamente de su baño solar. Tan ensimismado estaba comulgando con el sol que apenas sintió una agradable voz femenina que le dijo: ¡Hola!
-¿Qué? –dijo el hombre, enderezando su cuerpo gigantesco. La chica que le había hablado lo miraba curiosa desde su izquierda. No estaba sola, sino con un grupo de jóvenes, alguno de los cuales también lo miraba con gran atención. Se sentía algo desconcertado. Miró a la chica, a sus amigos y amigas, a la gran piscina que tenía frente a sí, en donde varios humanos disfrutaban de la agradable temperatura del agua y buscó con su mano un enorme vaso de refresco que había dejado a su costado. En ese momento la chica habló nuevamente.
-¿Está bien? Su refresco seguramente ya está tibio… por el sol –le dijo, señalándole el cielo-¿Puedo hacerle una pregunta? ¿Y a cambio lo invito con otro refresco?
 -¡Por un refresco puedes hacerme todas las preguntas que desees!
¡No es bueno deshidratarse! –dijo y terminó sonriendo -¿Qué pregunta deseas hacerme?
-¿Cuál es su nombre?
-Julius… ¿Esa es la pregunta?
-¡No! ¡Yo soy Pris! ¡Mucho gusto!- dijo la bella chica a la vez que se acercaba y le ofrecía su mano- Y como ves tengo varios amigos y amigas… Betty, Aura, Lucas, Carlos, Tino, Pamela, todos muy simpáticos…
-¡Hola a todos!- dijo el hombretón, mientras se sentaba y apoyaba sus pies en el piso- ¿Qué querías saber Pris?
-Es que uno de mis amigos, Carlos…-el aludido saludó con la cabeza- es tatuador profesional, ha trabajado en varios planetas, participado en concursos… ¡Y dice que hay tatuajes que tú tienes que nunca los había visto!
-¡Ah, mis tatuajes! Acérquense si quieren, mírenlos y pregunten. Sé que algunos son raros.
Carlos fue el primero en acercarse y mirarle atentamente brazos, piernas, cuello y torso…
-¿Qué opina, joven Carlos? –le preguntó Julius.
-¡Es usted una muestra de tatuajes extraños! ¡A la mayoría no los conozco! ¿Dónde se los ha hecho?
-En varios mundos… algunos no muy conocidos.
-¿Has viajado mucho?- le dijo Pris.
-Bastante, podría decirse…
-¡Este es uno de los más extraños que haya observado! –dijo Carlos, señalando uno en particular- ¡Nunca había visto una tinta tan brillante!
Julius miró el tatuaje en cuestión.
-Este es uno de los tatuajes más exclusivos que existen. Por eso se utiliza esa tinta.
-¿Qué quieres decir con eso de exclusivo?- dijo Carlos.
-¡Yo sé que quiere decir! –dijo otro de los chicos-¡Quiere decir que muy pocos humanos lo tienen! ¿Es cierto?
-¡Totalmente!- dijo Julius sonriendo.
-¿Y donde te lo hicieron?
-¿En realidad quieren saber?
-¡Claro! ¡Todos queremos saber!- dijo Pris, a la vez que le entregaba un gigantesco vaso de refresco.
-¡Gracias! –dijo el hombre y bebió lentamente del frío líquido, disfrutándolo- Me lo hicieron en Drixu-28, antes de entrar a El Pabellón Oscuro.
-Pero… ¡Drixu-28 es un planeta prisión!
-¡Y El Pabellón Oscuro no existe! ¡Es una leyenda!- dijo otro de los jóvenes.
-¿Es cierto que Drixu-28 es un planeta prisión?- le preguntó algo temerosa Pris a Julius, mientras se apartaba imperceptiblemente.
-¡No temas! ¡Hace largo tiempo que mi conducta es intachable! ¡Estoy disfrutando de un merecido descanso y lo que menos quiero es asustar o hacerle daño a alguien! ¿Por qué no hablamos de otra cosa?
-No, no, creo que nunca habíamos estado tan cerca de alguien salido de un planeta cárcel. ¡Es fabuloso! ¡Por eso tantos tatuajes!
-En realidad no todos me los hice allí…
-Y dinos… ¿Cómo es ese planeta prisión?
-¡Duro! Hay varios planetas donde tienen delincuentes y Drixu-28 es  de los más duros.
-¿Pero qué cosas hacen con su tiempo? ¿Qué sucede allí?
-¿Quieres saber que hacen los prisioneros? Lo normal, supongo, comer, dormir, trabajar la tierra y entrenar.
-¿Trabajan la tierra?
La pregunta evidentemente lo divertía a Julius, quien dijo sonriendo-¡Necesariamente! ¡El que no cultiva, no come! La Federación quiere que las cárceles sean autosuficientes, por lo menos en lo que respecta a su alimentación. Eso obliga a los prisioneros a trabajar, pues es necesario alimentarse bien.
-¡Por las peleas!- dijo Pris.
-¡Tú lo has dicho! Deben saber que todos los que cometen delitos con más de diez años de pena están obligados a combatir en El Campeonato… que es el caso de todos los que están en Drixu-28.
Julius pensó en El Campeonato, un torneo de luchas a muerte en donde participaban humanos y no humanos y que era uno de los deportes más extendidos en toda la Federación. Los premios en dinero eran muy importantes y cualquiera podía participar, pero muchos convictos estaban obligados a hacerlo.
-¿Todos tienen penas de más de diez años?
-¡Todos! ¡Y algunos llegan a tener condenas de más de cien años!
-¿Cómo es posible eso? ¡Nadie vive tanto!
-Hay muchos que por dinero, placer o por sus convicciones ideológicas han quitado decenas, cientos, miles de vidas. También existen quienes sin haber matado a muchos lo han hecho de una forma terrible, mostrando lo monstruoso de su ser interior… A todos ellos se los pena con muchos años de prisión, tantos que la vida no les alcanzará para cumplir sus condenas -Julius se puso sombrío –Pero para eso está El Pabellón Oscuro –dijo.
-¿Entonces El Pabellón Oscuro existe?
-¡Pensábamos que era una leyenda!
-Lamentablemente no es una leyenda- dijo Julius, pasándose la mano por el tatuaje que brillaba como si estuviera vivo –Y según los tribunales un año allí vale como diez afuera. De esa forma no importa que tan larga sea tu pena, siempre podrás cumplirla.
-¡Eso es tenebroso!- dijo una chica.
-¿Pero porqué dicen que es el peor castigo jamás inventado?- preguntó Pris.
-Porque el Pabellón Oscuro excede todos los castigos conocidos hasta ahora.
-¿Los torturan?
-¡Claro que nos torturan! Al principio, cuando recién llegas, es aterrador… ¡Realmente! Con el paso del tiempo, a medida que los castigos te van quebrando, la tortura disminuye y finalmente, cuando están satisfechos de los resultados que han logrado con sus asquerosos métodos, te dan algunas horas de descanso, de felicidad, de paz…- dijo Julius, entrecerrando los ojos.
-¿Pero qué les hacen exactamente allí?
-¡Veo que tienes un interés algo enfermizo en el sufrimiento ajeno!- le dijo Julius al joven –Lo primero que te hacen al entrar, es este tatuaje, este otro y por supuesto este –dijo señalando los tatuajes no sin cierto orgullo- Luego te colocan en animación suspendida.
-¿En animación suspendida? ¡No entiendo!- dijo Pris.
-¡Querida, te desnudan completamente, te hacen un exhaustivo examen físico, te conectan sensores por todo el cuerpo, una especie de casco en la cabeza y te meten en un ajustado tanque, donde te sujetan con una red de fuerza!
-¿En un tanque?- dijo asombrado uno de los jóvenes.
-¡Eso dije! ¡En un tanque! Luego lo llenan con una mezcla de gases que hace que tu ritmo metabólico baje, casi, casi, a cero… ¡Puedes estar muchos años así!
-¡Es horrible ese castigo!
Julius se rió –¡Ja, Ja! ¡Ese no es el castigo!
-¿Cómo que no es el castigo?
-No, jóvenes, no… Tu cuerpo está casi muerto, pero mantienen tu mente viva… ¡Y lo que castigan es tu mente! En una cárcel común, siempre tienes la posibilidad de pensar en cosas hermosas en algún momento. Puedes pensar en tu familia, si alguna vez tuviste una, o en una hermosa mujer, o en el aire libre, en bellos paisajes, en lo que quieras que te dé paz y tranquilidad, y olvido… pero no en el Pabellón Oscuro. Allí los carceleros están “dentro” de tu cabeza y ellos dicen que tienes permitido pensar y que no. Es una cárcel dentro de otra cárcel.
-¿Los carceleros son humanos?
-Humanos y no humanos y son muchos, porque allí no se duerme, nunca se duerme. Allí no existe la realidad como la conocemos, es todo sueño, o quizás una manifestación extraña de la realidad –dijo como para sí- y todo absolutamente es controlado por ellos. No sé de donde han sacado la tecnología, pero son capaces de llevarte, sin ningún tipo de resistencia, a donde ellos quieren. Te obligan a pelear por tu vida en planetas extraños, te obligan a vivir situaciones horrorosas y miserables en cien mundos distintos, te obligan a ver y tocar víctimas de sangrientos asesinatos, tuyos o ajenos, te obligan a revivir todas las malas decisiones que has tomado en tu vida –Julius estaba algo emocionado-. Incluso utilizan los recuerdos que tienes de los seres que más quisiste para torturarte, pues hasta el más infame asesino quiso a alguien alguna vez. Los carceleros buscan dentro de ti esas cosas buenas que te han pasado, esos recuerdos y los utilizan para castigarte, de mil formas. Chicos, les digo que hasta el más cruel y desquiciado asesino se quiebra allí. Todos, tarde o temprano.
-¿Y luego?
-¿Luego? No importa cuándo te “quiebres”, pues cualquiera sea tu condena debes cumplirla y debo decirles que es erróneo tomar un año allí dentro por diez de afuera ¡Tendría que ser cien años afuera! Aunque hay algo positivo y es que cuando notan que hay un cambio en tu mente, en tu forma de pensar, te comienzan a dar recreos, te envían a lugares hermosos, te hacen compartir momentos agradables con otros humanos, puedes distenderte, sentirte feliz por unas horas… Ustedes les llamarían vacaciones y nosotros “descansos”.
-¿Entonces cuando creen que están “reformados” o arrepentidos, dejan de castigarlos?
-¡Nunca dejan de castigarte! Pero te dan algunas válvulas de escape mentales.
Pris carraspeó y dijo –No quiero ser molesta pero desde hace bastante rato quiero preguntarte porqué te enviaron a El Pabellón Oscuro… y hace cuánto que saliste.
-¿Por qué estoy allí? ¡Hice cosas demasiado horribles para contarlas! Y sobre la segunda pregunta… creo que hay una confusión. ¡Yo estoy en uno de mis descansos aquí, mi cuerpo todavía está en El Pabellón Oscuro! ¡Pensé que lo sabían!
En ese momento todas las sorprendidas y juveniles caras se diluyeron, junto con el cielo, el sol, la pileta… todo se esfumó y Julius sintió una voz profunda que le dijo:
-¿Disfrutaste de tu descanso, Julius?
-Si, gracias, hasta pude sentir el sol en mi piel… ¡Y saborear el refresco!
-¡Estoy orgulloso de ti! Te has comportado muy bien.
-Si, es extraño… ¡Los chicos parecían tan reales! ¡Todo parecía tan real!
-¡Que bueno que te haya agradado! Ahora quiero que hagas un poco de ejercicio. Mira, existe un planeta llamado Prastikri en donde hay unos grandes animales a quienes les encanta la carne humana. ¡No, no te asustes! Solo debes mantener una carrera uniforme y ninguno logrará alcanzarte… ¿Quieres saber por cuánto tiempo? No te preocupes, no te exigiré más de lo que puedes dar… ¡Pero no te detengas hasta que yo te diga! –le dijo la voz, retumbando en su cabeza.
En un instante, Julius se encontró de pie en el blando y húmedo piso de una selva espesa y oscura.
-¿Mantener una carrera uniforme aquí, con troncos caídos y todo lleno de lianas y arbustos?- pensó. Levantó un pie, luego otro, el barro parecía sujetar sus botas…
-¿Cuánto tiempo soportaré corriendo aquí?- se preguntó. En ese momento un aterrador bramido se escuchó a su espalda, no demasiado lejos… y comenzó a correr.

FIN



EL DERECHO A ELEGIR


-¡Me siguen, me siguen y ya no sé que hacer!- le dijo Urti al zoopsicólogo -¡Usted es la única esperanza que me queda!
El profesional miró a Urti críticamente. Estaba bien que hubiera conseguido una cita, pues era su política no negar una consulta si era por un asunto de urgencia,  pero no entendía como su secretaria le había permitido el paso a un individuo tan mal entrazado… La ropa que lucía estaba sucia y desgarrada y parecía, sin duda, que se había vestido a toda prisa, quizás a la carrera… Se sentía un aroma a sudor y a suciedad, que traspasaba sin problemas los casi cuatro metros que los separaban, él en su cómodo escritorio, tomando notas y el paciente recostado en un sillón, que sin dudas necesitaría luego una concienzuda limpieza. Pero la mala imagen no terminaba ahí; su cabello estaba largo, sin peinar y ostentaba una barba bastante descuidada. En resumen, todo en su cliente dejaba ver descuido y desaseo… ¿Tendría para pagarle la consulta?
-¿Quiere usted decir que las ripechengas lo persiguen todo el tiempo?
-¡Así es! ¡Constantemente!
-Eso no es nada para nada normal- dijo el zoopsicólogo, de nombre Nindi Turi y que parecía algo más interesado en el caso.
Era extraño que las ripechengas, unos animalitos bastante movedizos y sumamente escurridizos persiguieran a un humano… cuando en general lo que hacen todo el tiempo es huir de ellos. Es que la carne de las ripechengas es sumamente sabrosa, ya sea asada, o cocida o aún cruda con una preparación especial que existe para el caso. ¡Y no tienen idea de lo exquisita que resulta la sopa con huesitos de ripechengas y unos opretes –sin semillas- y tronvas e inopetotes  cortados en cubitos! Bueno, es el plato típico de la región de donde soy originario, zona en donde, justo es decirlo, las ripechengas están al borde de la extinción. En fin. Me distraje un poco. Lo cierto es que a nosotros, los nativos de este sumamente hermoso planeta llamado Etunenen, nos encantan las ripechengas y las cazamos con verdadero entusiasmo, lo que hace difícil pensar que las ripechengas puedan sentir algo distinto a temor de uno cualquiera de nosotros.
-¿Cómo dijo que se llamaba?- preguntó el profesional, mostrándose cada vez más interesado. Además de su interés culinario por las ripechengas, veía una oportunidad única de indagar en la psicología de un animal tan sabroso. Se permitió pensar apenas cinco segundos en la mencionada sopa; se le hizo agua la boca.
-Urti… Mi nombre es Urti.
-Así que lo persiguen… ¿Y tiene idea de por qué?
-¡No, claro que no! ¡Pero me enloquecen! ¡Me hicieron perder los últimos cinco trabajos que tuve, no me dejan asear, ni cambiarme de ropa, nada…!
-De todas formas, a pesar de estas, digamos… molestias, se ve usted en buen estado de salud…
En verdad, Urti parecía bien alimentado, en contradicción con su estado exterior.
-Es que me alimento bien…
-¿Ah sí?- el zoopsicólogo, quizás por ser casi la hora del almuerzo, tendía a pensar en alimentos y obviamente en alimentarse… -¿Y qué come?- le preguntó finalmente.
-¿Cómo qué como? ¡Ripechengas! ¡Si es lo que tengo más a mano!
-¿Se come las ripechengas?- dijo el profesional, escandalizado -¡Yo pensé que les tenía cariño, que las cuidaba, las mimaba…!
-No, para nada… me encanta su sabor.
-¿Y como las prepara?- preguntó, mientras comenzaba a tomar nota mentalmente.
-Con una salsa de abrójolis con peturanante…
-¿Con salsa de abrójolis? ¿Le gusta el abrójoli?
-¡Me encanta! ¿A usted no le gusta?
-No es algo que me enloquezca precisamente… ¿Y siempre las prepara igual?
-¡Siempre! –y luego agregó- Pues a las ripechengas si las enloquece…
-¿A las ripechengas?
-¡Si, les encanta el abrójoli!
-Y siempre están a su alrededor, supongo…
-¡Claro! ¡Eso es lo que le quiero decir!
El zoopsicólogo se quedó pensando algunos minutos.
-Quizás, solo quizás- dijo- las ripechengas estén haciendo uso del derecho a elegir de cómo ser cocinadas…
-¿Le parece?
-Ya saben que posiblemente terminen en la cacerola de alguien, por lo que lo único que hacen es elegir cuál será…
-¡Es increíble!
-Esto demuestra que las ripechengas son más evolucionadas de lo que se pensaba… ¡Ha marcado usted un hito en la ciencia! ¡Seguramente habrá un antes y después luego de este fenomenal descubrimiento! ¡Haremos historia!
Urti carraspeó, algo impaciente, interrumpiendo el emocionado discurso de Turi.
-¿Pero como soluciono este problema, doctor?
-Fácil… ¡No cocine más con abrójoli y verá que las ripechengas se alejarán de usted!

Dos meses estándar más tarde un bien vestido, más delgado y prolijo Urti saludaba en su consultorio al siempre afable Nindi Turi.
Al verlo no pudo menos de notar que parecía algo despeinado, con una barba algo salvaje y la ropa que vestía estaba algo ajada y quizás hasta algo sucia… En contraste, parecía haber ganado tres o cuatro o hasta cinco kilogramos.
-¡Tenía razón!- le dijo al doctor, luego de apretarle fuertemente la mano –¡Abandoné el abrójoli y las ripechengas me devolvieron mi vida!
Nindi lo miró y sonrió. Urti no pudo contenerse y le preguntó -¿Le sucede algo, doctor?
-Nada… Solo que me estoy haciendo adicto al abrójoli –dijo, al tiempo que se tocaba el ya prominente abdomen…

                                            FIN

viernes, 8 de febrero de 2013

POR UN ERROR ADMINISTRATIVO

El enorme recinto, que funcionaba como lugar de comidas y de reunión estaba repleto. La misión en Epsilon-8 había terminado y todos los que habíamos participado estábamos allí, charlando, compartiendo anécdotas, comiendo algo liviano y bebiendo refrescos y  café, contentos de estar ya en nuestra nave nodriza. Frente a mí, Silen, a quien hacía dos años que no veía, acababa de decirme algo…
-No, esta vez no- me había dicho.
La miré, sin poder creer lo que había oído e inmediatamente el rubor cubrió mi cara… ¡Silen, mi mejor amiga y también mi amante más querida, acababa de rechazarme!
Me costó unos buenos segundos recuperar mi orgullo herido. Finalmente, con voz ronca le dije  -Pensé que luego de estar tanto tiempo solos, dos años para ser más exactos, nos haría bien disfrutar de una buena noche de sexo…
-Si, me encantaría… en otra ocasión o… antes me hubiera encantado… pero ahora las cosas han cambiado. He cambiado.
-¿Has cambiado en qué sentido? ¿Te has vuelto célibe?
-¡No, claro que no! ¡No lo entenderías!
-¿Por qué no puedo entenderlo? Que no quieras acostarte conmigo no significa que deje de ser tu amigo y hasta donde sé los amigos se cuentan todo… ¡Y además tratan de entenderse!
-¿Lo que te he dicho no perjudica nuestra amistad entonces?
-¡No, no seas tonta! ¿Si mañana decidieras tener una pareja estable vamos a dejar de ser amigos? ¡No! ¡El sexo es circunstancial, algo hermoso y bello pero que va y viene… en cambio nuestra amistad puede durar por siempre! Además quizás algún día cambies de idea… ¿o no?
-Quizás… no sé… ¡Me da un poquitín de vergüenza contarte lo que me pasó!- dijo, frunciendo la boca con disgusto.
Tenía que ser algo realmente grave, pues Silen nunca había sido muy tímida.
-¡Cuéntame… no puede ser tan horrible!- Tanto suspenso ya me tenía los pelos de punta.
Silen bajó la voz y me dijo –Ya no me gustan los hombres…
-¿Cómo?- dije, con una carcajada, echándome para atrás en la silla. -¡No lo puedo creer! ¡Siempre te gustaron mucho los hombres!
-¡Shhhhh!- dijo y nuevamente bajó la voz –Pues ya no-
-¿Pero por qué?
-Fue todo por un error administrativo…
La contemplé, siempre hermosa e indudablemente inteligente… ¿Qué le habría sucedido?

Silen y yo trabajábamos para un organismo de la Federación que se dedicaba al estudio y evaluación de planetas recién descubiertos. Habíamos sido parte durante dos años  -y junto a 198 técnicos más- de esa misión que acababa de terminar.
Epsilon-8, como todo planeta recién descubierto tenía que ser evaluado exhaustivamente… todo para determinar qué tipo de mundo se había descubierto y que utilidades podía tener para la Federación y la especie humana.
Determinar que recursos comerciales tenía, las posibilidades y costos de explotación, si había alguna posibilidad de colonización, si era posible la terraformación, la intensidad de esta hipotética terraformación e incluso si esta transformación planetaria era rentable o no… las respuestas a esas y a otras muchas preguntas se obtendrían de este estudio.
Para eso se habían instalado doscientas estaciones o bases de exploración y análisis, distribuidas lo más uniformemente posible en el planeta. A cada una de ellas se le había asignado un técnico.
La verdad es que estas estaciones eran totalmente automáticas. Ellas lanzaban sus sondas aéreas y terrestres, tomaban muestras, hacían análisis primarios, enviaban datos a las autoridades científicas de la Federación y llegado el caso estaban programadas para esbozar los estándares de modificación del planeta, en los lugares o aspectos que fuera necesario. Pero los protocolos obligaban a que hubiera por lo menos un humano por estación, con la capacitación suficiente para resolver alguno de los tantos problemas que ésta por sí misma no pudiera resolver. Por otra parte, todos sabíamos que éramos,  nosotros mismos –como humanos en condiciones bastante especiales- interesantes objetos de estudio. Así era que nos controlaban todos los datos vitales que pudieran resultar relevantes, para luego ser estudiados. No había nada que se desperdiciara.
Como era de esperarse, si los protocolos exigían por lo menos un humano por estación, los costos y molestias también hacían que los organizadores se contentaran con lo mínimo… así es, con un técnico por estación.

La misión no fue de las más sencillas… Epsilon-8 era un planeta con serios disturbios magnéticos –nada que no pudiera arreglarse, claro- pero que por el momento impedían que dispusiéramos de canales de comunicación para uso personal. La comunicación estaba restringida a los canales abiertos que se usaban para transmitir y ensamblar la información técnica. Por otro lado tampoco podíamos salir de nuestras estaciones, así que estábamos recluidos en esas estructuras… Pasaron prácticamente dos años en que la única
 comunicación que pude tener con alguna de las estaciones, y no precisamente con la que estaba Silen, era impersonal y neutra. Apenas sabía que seguía viva.

Dirán que es difícil –y hasta insoportable- vivir dos años encerrado en un lugar de donde no se puede salir, respirando aire con  un leve olor a desinfectante y sin tener contacto físico con otros humanos. Pero nuestros superiores habían pensado en dos soluciones para ese problema. Una era que teníamos mucho trabajo y por ende no disponíamos de mucho tiempo libre… Nos obligaban a hacer  un chequeo manual del funcionamiento de los equipos –un chequeo totalmente innecesario pues cualquier falla sería detectada  automáticamente y sonarían las alarmas de mal funcionamiento-.  Dada la vastedad del proyecto, que incluía no solo todo el equipo fijo de la base sino también todos los aparatos móviles que iban y venían al exterior, estos chequeos nos consumían gran porcentaje de nuestro tiempo. Si de algo podían estar seguros era de que no teníamos demasiado tiempo libre.
La segunda solución para el aburrimiento y la soledad eran los C.C.D., algo que estaba siendo cada vez más utilizado por todos los que iban al espacio, desde colonos a navegantes.
Los C.C.D. o Compañía de Cama Deshidratada vienen  almacenados en una especie de sobre, muy parecidos a esos en donde vienen las sopas para hidratar –aunque mucho más grandes- y son relativamente fáciles de poner a funcionar. Es imprescindible tener un Hidratador Modelo 52 o más reciente –los modelos anteriores no sirven-, que esté en buenas condiciones –demás está decirlo- y agua… 40 litros para un CCD femenino y 60 para uno masculino.
Vienen con un software básico incorporado, pero puedes cargarle tus propias especificaciones… lo que se te ocurra –nadie se enterará-. Obviamente esto debes hacerlo antes de hidratar.
Cuarenta minutos estándar después, cuando esté preparado, puedes colorear su cuerpo y cabello, si lo deseas de algún color en especial.
Ahora que recuerdo, el ph del agua tiene que ser neutro. Es famoso el chiste del pobre explorador espacial que tuvo que bajar en la superficie de una luna peligrosa y desconocida para recolectar sus 40 litros de agua –no tenía la suficiente en su nave y ya no soportaba la soledad- y resultó que ésta tenía un ph marcadamente ácido… ¡Su CCD le quedó con un carácter tan agrio que a duras penas la soportó durante el resto de la misión! ¡Es muy gracioso! Obviamente esto es una fábula, un chiste del espacio… ¡Si el ph no fuera el indicado posiblemente puedes cruzarte de brazos por años estándar a esperar que esté pronto tu CCD!

De pronto Silen me preguntó.
-¿Tú cuándo hidrataste tu CCD?-
-¿Yo? Pues, a las dos semanas estándar creo…
-¿Ya a las dos semanas? ¿Tan rápido?
-¿Por qué esperar? No me gusta estar solo, así que cuando tuve todo en orden, hidraté… ¿Y tú?
-¡Sin duda que bastante después que tú! –dijo sonriendo-Quería trabajar, pensar, reflexionar… debo confesar que estuviste mucho en mis pensamientos… pero llegó un punto en que necesitaba compañía y todos los beneficios de ésta… quería charlar y alguien con quien compartir la cama por las noches… Así que me dispuse a hidratar.
-¿Y?
-Hidraté.
-¡Que bueno! Y… -mi expresión era de clara interrogación
-Era una mujer.
-¿Cómo que era una mujer?
-Mi amigo, mi compañía, mi CCD, mi compañero de cama no era un hombre… era una mujer…
-¿Pero como es posible?
-Todavía no lo entiendo…
-Fue un terrible error administrativo… ¿Y que hiciste?
-¡Te estoy diciendo que hidraté igualmente!
-¿A una mujer?
-Claro… no iba a estar sola dos años ¿No? ¿Tú no hubieras hecho lo mismo si tuvieras un hombre para hidratar?
Me reí -¡No sé! Así que bueno… este… ¿Y la pasaron bien?
-¡Muy bien! ¡Excelente!
-Me alegro por ti… Tienes que haberlo pasado muy bien si ya no quieres tener nada con otros hombres… ni conmigo…No fue tan malo entonces…
Me miró como reprochando mis palabras.
-Aunque me quedó una duda- dijo luego-
-¿Qué duda?
-Si a mi me tocó una mujer y había pedido hombre, a alguien que había pedido mujer le tocó hombre… ¿o no?
Solté otra sonora carcajada –¡Ja, Ja! ¡Sin duda!
Y creo que los dos a la vez, entre sonrisas, comenzamos a mirar a todos los hombres a nuestro alrededor. Uno de ellos, seguramente tendría cosas nuevas que contar.

                                           FIN






UNA NUEVA VIDA

Cuando, luego de una conferencia en donde había expuesto sus teorías, aquella simpática pareja de jóvenes se le acercó,
Max Clikee no pudo menos que prestarles atención. Se decían admiradores de la obra a la que había consagrado gran parte de su vida, algo por lo que se sintió muy halagado. No solo eso sino que  Alice y Pedro, como se nombraron, eran conocedores profundos de su trabajo y le hicieron muchas preguntas sobre el desarrollo ulterior de éste.
Como forma de retribuir a estas alabanzas los había invitado a continuar charlando en el sombreado parque al frente de la universidad, un lugar muy agradable. Allí, en uno de los bancos con respaldo típicos de lugar, disfrutando del cálido clima primaveral y observando las idas y venidas de estudiantes, profesores y visitantes, continuaron conversando animadamente, aunque en realidad era la pareja la que hablaba… el anciano solo escuchaba y asentía.
Tanto Alice como Pedro, a pesar de su relativa juventud eran científicos de avanzada y con sus preguntas no solo mostraron interés por sus estudios, sino también por su persona. Decían que, aunque había llegado a los 90 años con relativa buena salud, pensaban que merecía –y necesitaba- por lo menos 90 años más de vida para terminar de desarrollar sus teorías y quizás con eso revolucionar definitivamente el mundo de la ciencia.
En determinado momento Alice le dijo:
-¿Qué opinaría si le dijéramos que conocemos la manera de que logre volver a la Tierra en un cuerpo nuevo?
-Bueno, señorita, eso es parte de mis ideas…
-¿Pero las ha puesto en práctica?
-No, no…
-¡Nosotros sabemos como hacerlo! ¡Y queremos hacerlo con usted!
-¡Usted es nuestro maestro!
-¡Nuestro modelo a seguir!
-¡Se merece seguir trabajando en sus estudios!
-¡Y se merece completarlos!
Al anciano le faltaban palabras para contestar. No sabía que decir. Había llegado a esa avanzada edad en muy buenas condiciones porque en la Universidad todos lo querían y cuidaban. Absolutamente todos sus colegas le habían aportado lo que pudiera servirle de sus conocimientos, tratamientos, terapias, todo, para que su vida útil se prolongara lo más posible. Todo porque sabían de la devoción de Max por el estudio y de que no tenía más objetivo que seguir desarrollando y perfeccionando sus teorías… y responder esas preguntas que él sabía que tenían que ser finalmente respondidas. Pero, estaba claro que pese a los esfuerzos de todos, no iba a llegar  a ese objetivo. Sabía que, por más que lograran prolongar su vida, cinco o hasta diez años, eso no sería suficiente… y cuando muriera, todo ese inmenso caudal de conocimientos que había forjado durante toda su larga vida académica se perdería… así lo sentía. Pues ni sus muchos libros, ni sus diarios intentos por comunicar a los jóvenes estudiantes su sapiencia equivalían a lo que tenía dentro de su cabeza, dentro de su cerebro, dentro de su mente. Y estos jóvenes, junto a él, apuntaban a eso, le tentaban a seguir… No podía menos que estar interesado.
-No se entusiasmen… pero demuestren que pueden hacerlo y luego veremos. Sé que puedo darle a la humanidad más de lo que le he dado… Solo demuéstrenlo- concluyó, suspirando.

No tardaron muchos días en llamarlo para que asistiera a una demostración y lo que presenció lo dejó gratamente sorprendido. ¡Por lo menos una parte de sus teorías podía ser llevada a la práctica! A partir de ese momento su entusiasmo fue en aumento… sabía que lo que pretendían era posible y ya no lo asustaba pasar la línea, esa línea que muchos creían era el fin del camino. ¡Pues él estaba convencido de que era solo un accidente más en la existencia!

Max reconocía que sus ideas no eran revolucionarias ni innovadoras, pero sabía que era uno de los pocos que, libre de prejuicios, con la mente abierta pero también con todas las herramientas de la ciencia a su disposición, trataba de separar la místico de lo racional, la mentira de la verdad, el humo de la llama. Su campo de investigación no era ni más ni menos que la vida y la muerte y entre ellos el destino de nuestros “cuerpos”, por llamarles así, tanto el físico y visible como los espirituales o invisibles.
Por tratar de expresar todo matemáticamente  y por querer formular, analizar y en suma estudiar científicamente las leyes que regían el funcionamiento de estos fenómenos, se le reconocía como un referente de la ingeniería mágica, una nueva, amplia y difusa ciencia que se desarrollaba a trompicones en la frontera de todas las otras ciencias, hasta ahora llamadas “racionales”.
Y dentro de sus teorías estaba expuesto que si alguien descubriera la forma de, al morir, manipular estos cuerpos invisibles, podría ocupar un cuerpo que iba a nacer… ocuparlo conciente y plenamente. Esto era algo que en la teoría era maravilloso. Sería la forma de vivir para siempre, no como algo físico en realidad, sino que esa “entelequia” que éramos podría perpetuarse.
En realidad se suponía que cuando alguien estaba por nacer  un alma en espera ocupaba su lugar, en un proceso que no se sabía a ciencia cierta como sucedía ni por quién era regido… solo sucedía así. La literatura existente sobre el tema hablaba de “poderes”, “juicios” y “jueces”, más allá de toda lógica científica, que eran los que manejaban los nacimientos y la vuelta a La Tierra de las almas. Él, con las herramientas que disponía, no había podido desentrañar este proceso, por más que lo había investigado. Pero en definitiva  lo que Max sugería era distinto… era ni más ni menos que el hombre tomara la decisión de cuando y dónde renacer… y esa era una diferencia importante.

¡Y era posible hacerlo! La demostración resultó satisfactoria. Los cuerpos invisibles podían manipularse. El próximo paso fue elegir un cuerpo apropiado en donde nacer y mientras tanto, fue cerrando y arreglando sus asuntos… demoraría algún tiempo para encaminarlos nuevamente y no sería bajo el nombre de Max Clickee, por más que sería el mismo.

Llegada la fecha, su cuerpo físico murió como correspondía.

Hacía ya varios días que sentía que alguien lo seguía. Era una sensación extraña, tanto que podía ser una total invención de su parte. Su nueva vida se había desarrollado desde el principio a un ritmo vertiginoso y estaba totalmente comprometido llevando adelante sus investigaciones, tanto que las 24 horas que tenía un día le parecían terriblemente escasas.
Ahora se llamaba Rómulo Festh y desde los quince años ejercía la  docencia en la Universidad. Desde su más temprana edad había dejado asombrados a todos por sus conocimientos tanto en ciencias clásicas como en otras experimentales… a casi todos en realidad, pues Alice y Pedro, que habían sido sus tutores y  ayudantes más cercanos para nada estaban sorprendidos y había ocupado rápidamente el lugar académico que le correspondía. Ahora, ya a los treinta años de edad, los tres estaban encantados con los resultados y avances que se habían logrado y estaban convencidos de que no pasarían más de cinco años para que el desarrollo de sus teorías estuviera concluido y estuvieran preparados para pasar a la siguiente fase de su proyecto.

En ese momento caminaba por una especie de callejón, bastante ancho en realidad, formado por las altas paredes laterales de la universidad, por un lado,  y el enorme edificio de la Biblioteca por otro, un espacio con algunos árboles y arbustos de jardín que siempre estaba mal iluminado y silencioso. El siempre iba por allí de camino a su casa, que no quedaba demasiado lejos.
En determinado momento, la sensación de ser observado se hizo casi tangible, tanto como que un fuerte empujón en su espalda lo lanzó contra una de las paredes.
El agresor, con la cabeza cubierta por la capucha de un abrigo deportivo y con un aspecto para nada tranquilizador le dijo, con un marcado acento extranjero:
-¿Tiene idea del mal que me causó?-
Él le respondió -¿De qué me habla? ¡No tengo ni la más mínima idea de quien es usted!
-¡Claro que no sabe quién soy! ¡Se lo diré! ¡Soy el que tenía que haber nacido en su lugar! ¡Ese soy!
-No entiendo…
-¡Usted tomó mi lugar en la cadena de nacimientos! ¡Usted y sus cómplices, usando sus teorías y usando sus conocimientos, lograron ponerle a usted en un cuerpo que iba a nacer!- el hombre estaba levantando su voz, producto seguramente de su rabia, pero continuó como si masticara sus palabras -¿Se preguntaron, en algún momento, quien iba a sufrir por la alteración de ese proceso? ¡Yo merecía una vida mejor que la que había tenido! ¡Su vida era mi vida! ¡En cambio tuve que pasar mil y una peripecias para lograr nacer!  Rómulo lo miró con la boca abierta.
-¡Si, si, asómbrese! –continuó el encapuchado- ¡Y claro que nací sin preguntar en donde ni en qué cuerpo, no como usted!- 
Mientras hablaba gesticulaba fuertemente y continuó:
-¿Sabe cuánto me costó llegar hasta aquí, a este país, a esta ciudad, hasta aquí mismo, frente a usted? ¡No tiene ni idea!
-¿Pero que es lo que busca? ¿Por qué me cuenta todo eso?
-¡Quiero castigar su egoísmo! ¡Pero quería que se enterara de porqué le castigo!
-¿Y como habrá de castigarme?
-¿Cómo? Seguramente no de la forma que me gustaría. Me gustaría disponer de la tecnología para poder tomar su cuerpo y su vida y dejarle a usted mi cuerpo y mi vida…
El antes Max, ahora Rómulo, palideció sensiblemente. Pero el hombre continuó:
-¡Pero no la tengo! Usted quizás si… ¿o me equivoco?
Su acusado quedó mudo, como si respondiera su pregunta.
-¡La tiene! ¡Claro! ¡Es por eso que le dieron una nueva vida, para que pudiera seguir casi sin interrupción sus increíbles investigaciones! ¿Cuántas cosas ha descubierto, doctor? ¿Cuántas cosas podría descubrir?
-¿Qué es lo que quiere?- lo interrumpió éste por fin -¿Quiere dinero? Puedo darle mucho dinero,  todo el dinero que quiera en realidad, si demuestra que lo que dice es cierto…
-¿Ahora me está tratando de mentiroso? ¡No quiero su dinero, no me interesa! Solo quiero que comience su castigo…
-¿Que comience mi castigo?
-¡Eso dije!  “Del Otro Lado” lo esperan… ¿Sabía? No les gustó para nada lo que hizo, tomar el lugar de un alma que iba a nacer… hacerse pasar por otro, romper la cadena administrativa… ¿Me entiende?
El joven-viejo científico había comenzado a ponerse nervioso  -No, no entiendo…
-¿No entiende o no quiere entender? ¡Hay un orden que ha de respetarse! ¡Y las cosas deben hacerse de esa forma y no de otra! ¡Y usted y sus cómplices rompieron ese orden y deben ser castigados! Yo solo soy el que le dará el pasaje de ida…
-¿El pasaje de ida?
-Una ida sin vuelta- dijo, al tiempo que dentro de su amplia chaqueta sacó una voluminosa arma de fuego…
-¡No, no, escúcheme…! –dijo Rómulo, tratando de reaccionar.
La bala pasó su cabeza de lado a lado.

 Era cierto que Del Otro Lado lo estaban esperando.

                                         FIN

AURELIA

ESTE CUENTO POSIBLEMENTE SEA EL PRIMERO QUE HAYA ESCRITO. SE PUBLICÓ EN “TRÁNTOR”, EL PRIMER FANZINE URUGUAYO DE CIENCIA FICCIÓN Y FANTASÍA, AÑO 1988 DE NUESTRO SEÑOR Y FUE ESCRITO EN 1987. LE AGREGUÉ UNA SECCIÓN, DE ESE MISMO AÑO, QUE ESTABA JUNTO CON EL ORIGINAL Y QUE NO APARECE EN TRÁNTOR.
RECUERDO QUE HABÍA LEÍDO RECIENTEMENTE “CAZA DE CONEJOS”, DE MARIO LEVRERO, QUE DICHO SEA DE PASO NO ES MUY DE CIENCIA FICCIÓN –CREO QUE HASTA LO COMPRÉ, SI, SI, EN ESA ÉPOCA TODAVÍA PODÍA COMPRAR ALGÚN LIBRO- Y DE AHÍ ESTA FORMA DE PRESENTAR EL RELATO.
QUERÍA PONERLO ACÁ PORQUE ME PARECIÓ QUE SERÍA LINDO TENERLO EN EL BLOG.

                                    AURELIA

Érase una vez una máquina de escribir muy vieja. Hace quince días –estoy casi seguro de esto- alguien la tomó y escribió el relato que sigue a continuación. Creo que el que lo hizo no estaba muy cuerdo: es un poco incoherente en sus ideas, o eso me pareció. Pero lo más importante consiste en que los papeles en donde quedó impreso estaban dentro de una estructura un tanto extraña, cubierta de herrumbre y una sombrilla podrida encima. No pretendo impresionar a nadie, pero en una losa cercana alguien grabó:

                                    Aquí yace Aurelia
                                  Antes- Algo después

“Cuándo éramos entes errantes, es decir, cuando aún no habíamos nacido, un grupo de nosotros, que solíamos reunirnos en un lugar de baja energía denominado El Quasiárbol, resolvimos que cuando naciéramos íbamos a ser científicos. Construiríamos una máquina del tiempo para viajar al futuro y al pasado y divertirnos un poco, pues es aburrido nuestro existir, si es que existimos.

Mediante un proceso extraño, que no puedo aquí describir por ser secreto e ignorado por todos, sensibilizamos una parte de nuestro ser a un estímulo existencial. Es una sensibilización compleja –muy compleja-, indescifrable, inimaginable y quizás imposible. Por ella bastaba poner en un cartel la palabra QUASIBAR para que por todos nuestros medios viajáramos hacia el Quasibar a reunirnos con los amigos.

¡Pobre Germán! Cuando nos reunimos luego de treinta y cinco años en el Quasibar faltaba uno de nosotros. De pronto, vimos aparecer, corriendo y sollozando, un pequeño de unos nueve años, seguido por un “alguien”, quizás su madre… ¡Pobre Germán! Por un tiempo quedó fuera del proyecto, pero tenemos su dirección y teléfono. En diez años estará con nosotros.

Nuestra máquina es hermosa. La pintamos de blanco, azul, violeta, rojo y de otros colores, pues nos gusta la variación. Primero la hicimos grande, demasiado grande. Luego la hicimos pequeña, tan pequeña que no entraba siquiera uno de nosotros. Ahora es del tamaño justo. Entramos todos con cierta comodidad y hasta hay lugar para el tablero de ajedrez. Claro que no va a entrarla cancha de tenis de Alberto ni la piscina de Adolfo, pero no se puede conseguir todo.

Aurelia, nuestra nave del tiempo, es muy sensible. Le disgusta que nos insultemos dentro de ella, que orinemos fuera del receptáculo, que cantemos muy fuerte, que gritemos “¡Jaque Mate!” con aire de sobradores, que entremos chicas, que pasemos videos verdes en la video-reproductora, pero lo que menos le gusta, lo que menos le agrada a nuestra preciosa Aurelia… es el agua. Le tiene asco, repulsión, alergia a este compuesto tan común. ¿Y cómo hacemos cuando llueve, por ejemplo? Pues en ese caso le damos antialérgico. Es más, continuamente toma antialérgicos… treinta gotas después del desayuno y treinta después de merendar. Generalmente aumentamos la dosis a cincuenta gotas cuando está muy húmedo y a mucho más, si acaso -¡Dios no permita!- llueve.

En nuestra tripulación usual solo hay una chica. Es muy extraña. Pasa el día leyendo textos de Bioquímica, Genética y Astronáutica y cuentos sobre máquinas del tiempo y a pesar de nuestra insistencia, no nos hace el amor. Tiene mucho miedo de que intentemos drogarla para que acceda a nuestros naturales apetitos sexuales. Por este arraigado temor a ser engañada, no bebe ni come. Está quedando muy flaca y a veces desvaría. Creo que a ninguno de nosotros le gustaría acostarse con una chica tan, pero tan flaca. Se lo expliqué, más parecía dormida y al intentar sacudirla para que se despertara, no solo le arranqué uno de sus húmeros sino que también se le cayó el cráneo al piso. A pesar del ruido no se despertó.

Nos divertimos mucho. Pero aunque pasamos bien juntos y nos entendemos bastante, a veces discrepamos en alguna cosa. Sebastián cree en la Magia, Juan terminantemente no. Y pasan los meses discutiendo. Pero ayer -¡Por fin!- se empezó a vislumbrar un cierto acuerdo, pues Sebastián dijo
–Pero la Magia es relativa-
-¿Cómo relativa?- preguntó Juan.
-¡Claro! Y siempre existirá, a menos que…-
-¿A menos que qué?- interrumpe Juan.
-Espera a mañana y verás-
Al decir esto Sebastián se levantó de la mesa de ajedrez y se retiró a la noche.
Y para aclarar todo, hoy Sebastián nos hizo llegar una frase, escrita por un contemporáneo nuestro, Arthur Clarke, que dice: “Toda tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”. Estuvimos toda la noche discutiendo en torno a esto.

Hicimos muchos viajes, algunos interesantes, otros no tanto. Visitamos familiares muertos, familiares aún no nacidos, vimos espectáculos históricos indescriptibles, conocimos sensaciones nuevas por doquier. Aquí relato algunos, muy pocos, de los que más me impresionaron.

Como curiosidad nada más, escuchen. Hace dos días fuimos a lo de Carlos a conocer a sus tatarabuelos. Daniel, que tiene la costumbre de enamorarse de todas las mujeres, se enamoró de la bisabuela de Carlos. ¿Se imaginan del lío? Creo que Carlos quedó muy enojado, pues dejó una impresión muy fea entre sus parientes.

Ayer, pretendiendo arreglar la alergia de Aurelia, hemos metido mano a los circuitos y Pedro, al toser, cometió un error. No solo no le curamos la alergia, sino que además estornuda y ahora, cada cincuenta y tres minutos, una lluvia de pequeñas gotitas, cual rocío, nos moja a todos.

Para estrenar el último dispositivo que nos permite, aparte del viaje temporal desplazarnos en latitud y longitud, como queramos, hemos viajado a la Biblioteca de Alejandría cuando aún era el centro mayor de conocimientos de todo el mundo. Tuvimos que tomar inimaginables precauciones para no ser vistos por ninguno de los consultantes que día y noche, quizás a falta de otra cosa que hacer, merodean por el complejo. Nos agradó mucho el silencio, símbolo de toda biblioteca que se precie de tal. Claro que este era un silencio más antiguo que el de cualquier biblioteca actual. Por momentos nos parecía irreal la certeza de estar contemplando el mayor depósito de conocimientos que pudieron transmitirse en la Antigüedad, muchos de los cuales se han perdido ahora. Lo que lamento realmente es no haber podido entender ni una pizca de lo que escribieron tantas y tantas generaciones de sabios de aquellas épocas tan remotas.

Hoy, cuatro de noviembre, es el cumpleaños de Aurelia. Quedó muy contenta pues le regalamos un gigantesco paraguas amarillo.

También viajamos a la Atlántida. Claro que Aurelia se resistía un poco a entrar al agua, resistencia que cesó cuando le aclaramos que la visitaríamos cuando aún estaba en la superficie, lo que pareció complacerle mucho. Extrañamente, a pesar de habernos cerciorado muchísimas veces de que nuestra ubicación con respecto a los antiguos mapas de la Atlántida floreciente era correcta, no pudimos encontrarla. Retrocedimos un margen de tres mil años más y no encontramos más que unas gaviotas extraviadas y a partir del encuentro, sorprendidas. Lamento que nuestra curiosidad haya tirado abajo alguna que otra teoría, pero… ¿qué podemos hacer ahora?

En uno de nuestros virajes temporales, al querer tomar una temporuta más corta y rápida, casi nos estrellamos contra un gigantesco cartel que decía:
                           ¿ESTO ES DIVERSIÓN?
                 ¡LA DIVERSIÓN ESTÁ EN LAS ESTRELLAS!
Y eso nos dejó pensando, pensando en asesinatos en masa, en mundos extraños devastados y dominado por el humano, en conspiraciones contra otras razas y a veces contra los mismos “sapiens”. Y también en que hasta ahora hemos encontrado seres más débiles…¿Pero que pasaría si…?
                
Tratando de viajar al Reino de la Fantasía, hemos adaptado nuestra máquina a una idea nueva, según un concepto innovador de viaje temporal. Le hicimos muchos cambios, enredos y desenredos, cables por aquí, conexiones por allá y logramos –creo- un resultado relativamente satisfactorio. Pero sabemos de antemano que solo podremos estar en Lo Fantástico cinco segundos, solo cinco.
Emprendimos el viaje.
Cuando llegamos, abrimos la puerta y una niebla espesa inundó nuestra cabina hasta las últimas telarañas. Asomamos apenas nuestras narices pues… ¿Quién se atrevería a salir con tal falta de garantías individuales? ¡Qué desengaño! Y disponíamos de tan solo cinco segundos…

Ayer viajamos al futuro y nos dijeron que es imposible construir máquinas del tiempo bidireccionales. Creo que no creyeron lo que vieron. No es muy inteligente pedir más prueba que nosotros de que se puede saltar tanto al futuro como al pasado. De todos modos hemos traído de recuerdo un cenicero. Es muy bonito. En su fondo tiene unas palabras grabadas especialmente para nosotros:
                           NO TALEN LOS ÁRBOLES.
         NO CONTAMINEN MÁS AÚN EL AIRE Y LOS CAMPOS.
         NO ENTINGAN A LAS DEMÁS ESPECIES ANIMALES.
                     Y… NO PEREZCAN EN EL ESFUERZO.

Creo que hemos cometido un error terrible al viajar a Lo Fantástico. Aparte de no lograr ningún resultado positivo, temo que los cambios estructurales hayan dañado a Aurelia, quizás en forma irreversible. Le ha subido la temperatura. Cuando le quisimos poner un supositorio, un médico que casualmente pasaba por allí dijo que no serviría de nada, pues no reconocía en Aurelia a uno de sus congéneres. Cuando comenzó a presentar ciertos síntomas, nos desesperamos –nuestra amada estaba enferma- y como último recurso la consultamos a ella misma. Nos dijo que era presa de una enfermedad incurable que la deterioraba poco a poco, producto del viaje a La Fantasía, de sus aires raros, de esa niebla tan oscura, y nos habló de otras causas… Claro que a esa altura creo que divagaba un poco.

Aurelia va involucionando poco a poco. Nos duele mucho ver el deterioro de algo que en un tiempo fue tan hermoso. La pintura multicolor se descascara fácilmente y la sombrilla está ya raída. No coordina muy bien y no nos atrevemos a viajar en ella.

Hoy nos reunimos en consejo y hemos considerado la posibilidad de construir una nueva máquina del tiempo. Las opiniones han sido muy variadas. Al final votamos y las negativas resultaron ser el sesenta por ciento del total, así que no construiremos una Aurelia Dos. Pero hay otros proyectos: una nave espacial más rápida que la luz, un aparato para transferir materia y muchos otros. A cada proyecto se le asignará un equipo y se le dará un plazo de un año para presentarlo con claridad. Estoy solo, pues elegí un proyecto que todos evitaron: La Máquina para Hablar con Dios.

Como Aurelia agoniza, he investigado un poco en torno a mi proyecto y temo –aunque no he profundizado mucho todavía- que La Máquina para Hablar con Dios sea equivalente a La Máquina para Hablar con Nosotros Mismos.

Hoy murió Aurelia.”

Ya les dije que el relato me pareció muy extraño para tentar siquiera mi credulidad –y mi buen gusto- pero peor efecto –una terrible depresión- causó en el tercero de mis hijos, el que tiene doce años… Germán.

                                              FIN