Luego de largos meses vuelvo a publicar aquí. A partir de ahora procuraré no perder continuidad, ya que he avanzado lo suficiente en cuentos y novelas para darle periodicidad a las publicaciones, luego de un año pues, familiarmente difícil... Mi nombre es Pablo Daniel Rodríguez Remedios, escritor, cantautor y fan de la ciencia ficción y de la fantasía. Gracias a todos por estar ahí y en especial a mi amiga del alma, la excelente poetisa Salma Hassan ¡Un abrazo fuerte a todos!

sábado, 1 de septiembre de 2012

EL MEJOR EMPLEO DEL MUNDO


SIN SER UN CUENTO DE CIENCIA FICCIÓN, SINO MÁS BIEN SOCIAL-FICCIÓN QUERÍA ECHAR UN VISTAZO, CON ALGO DE HUMOR, SOBRE LA POSIBILIDAD DE QUE EN MI PAÍS SE LEGALICE EL CONSUMO DE MARIHUANA. EN DOS DÍAS CUELGO UN RELATO DE SF.


“Dedicado a Robin, un gran tipo, dondequiera que esté.”

A partir del estridente sonido del despertador Robin se despertó, se levantó, se afeitó, se duchó rápidamente y se preparó el desayuno. Ya mientras se afeitaba, había brotado frente al espejo su primera sonrisa del día, sin ningún motivo más que sentirse feliz, que era su estado natural desde que había salido de la cárcel y le habían ofrecido el mejor empleo del mundo.
Llegó a su trabajo temprano, como todos los días y saludó cordialmente a  todos las compañeras y compañeros que se cruzaron en su camino. Puntualmente estuvo frente a la puerta de la oficina donde su jefe distribuía las tareas diarias.
Luego de intercambiar saludos, éste le dijo, algo resignado:
-Hoy necesito que cambies tu recorrida Robin. Edgar tuvo un problema familiar y no vino, Willie se encuentra mal y tampoco vino y pues, solo dispongo de alguien más con la suficiente experiencia para cubrir esta área- le dijo, mostrándole en el mapa de Montevideo una zona llena de alfileres de colores-.
-Bien, no me molesta… cada tanto es bueno cambiar para romper la monotonía.
-Me alegra que entiendas. Esta es tu orden de ruta- le dijo entregándole un mapa de la zona en cuestión -Hoy tienes una feria vecinal, también está marcada-
Con el mapa en la mano, se despidió, pasó por su escritorio, levantó algunos formularios que tendría que llenar en su recorrida y salió a cumplir su trabajo.
Robin siempre estaba cuando se le necesitaba, fuera en el lugar que fuera. Si faltaba un compañero o compañera por cualquier razón, allí estaba él para cubrir su lugar. No entendía totalmente a algunos de sus colegas, que al parecer tenían una visión muy distinta de lo que era ser empleado estatal. Faltaban lo máximo que permitía el reglamento, llegaban tarde constantemente, si había quejas de clientes no se preocupaban por responderlas satisfactoriamente y en suma, pocas veces se esmeraban para cumplir lo que se esperaba de ellos.
Claro, pensaba, quizás no habían estado en prisión varias veces como él, o no estaban agradecidos como él por la oportunidad que le dieron de ganarse la vida haciendo algo por los demás, o su trabajo le gustaba más de lo que les gustaba a ellos o simplemente, y se detuvo cuando pensó esto pues era una idea nueva, él no era tan malo como le habían hecho creer desde su niñez y, a su modo de ver las cosas, era tan capaz de asumir responsabilidades como cualquiera. Quizás nunca había tenido oportunidad hasta ahora de hacerlo, simplemente. Se había puesto serio ante esta idea… pero sonrió nuevamente a una señora que pasaba, y saludó a otra con una inclinación de cabeza a la que ella también respondió con una sonrisa… El siempre estaba de buen talante, siempre contagiando optimismo.
¿Pero cómo podría ser de otra forma –se decía Robin- si tenía el mejor empleo del mundo?
Se colocó sus auriculares y mientras caminaba a la parada del bus que lo llevaría al principio de su recorrida comenzó a escuchar su música favorita.
Ni en sus más locas pesadillas de la cárcel había soñado con un empleo así… él que había sido catalogado tantas veces como parte de la escoria de la sociedad –y a veces se había sentido como tal- ahora, por primera vez en su vida se sentía útil, y disfrutaba de ello.
Tenía claro que su transformación no habría sido posible sin el cambio que hubo en el país. Para él, que tantas veces habíase visto enfrentado a los tribunales y otras tantas a la cárcel por cultivo, por tráfico, tenencia y hasta por consumo le parecía estar viviendo un sueño cuando le dijeron que habían “liberado” a la cannabis sativa, y que los que habían ido a prisión por su tráfico o cultivo serían absueltos. Pero más aún le costó creer que había posibilidades de trabajar para el estado, recorriendo periódicamente toda la línea de producción y venta de la marihuana, desde el lugar donde se cultivaba hasta los expendios donde se comercializaría, probándola, para asegurarse de que fuera de buena calidad –de óptima calidad le habían dicho-, que no la mezclaran con otras sustancias y otros controles –que no eran tan agradables como “saborearla”-, como ver que los precios no fueran excesivos, que no despacharan otras sustancias en estos expendios, que los procedimientos de cultivo, secado y preparación fueran los correctos y otras normas que habían de cumplirse. Obvio que la parte que más disfrutaba era la de verificar la calidad de lo que se vendía, tanto que no le importaba hacer todas las horas extras que fueran necesarias ¡Incluso hacía más de las que le pagaban! ¡Es que había tanto, pero tanto trabajo!
Pero eso no le preocupaba, pues sentía que estaba viviendo un sueño. ¡Así era! ¡Un sueño! ¡Controlador de calidad de marihuana! ¡El Mejor Empleo del Mundo!

                                      FIN

No hay comentarios:

Publicar un comentario