Queridos amigos y amigas, reapareciendo en un mundo cada vez más a tono con la ciencia ficción... Por la ciencia ficción y la fantasía!!! Soy Pablo Daniel Rodríguez Remedios y aquí estaré: pablodaniel.gandalf@gmail.com... Un gran abrazo!!!


jueves, 15 de noviembre de 2012

EL APOSTADOR


El callejón estaba oscuro, húmedo y silencioso. Apenas al fondo de su registro de sonidos, se presentía la ciudad que vivía fuera de ese pequeño y amenazante cosmos. El humano, que esperaba contra una de sus paredes tratando de pasar lo más inadvertido posible, maldecía entre dientes.
-¿Cómo es que me involucré en este lío?- se decía
Primpo Pao estaba muy molesto y no era para menos. Su existencia había sido perturbada más allá de lo tolerable, más allá de lo que un hombre de números y de probabilidades como él, podía desear. En estas últimas horas su existencia se había transformado en una aventura, cosa que odiaba. Mientras el frío y humedad del lugar comenzaban a pasar su abrigo y detectaba nuevos y minúsculos sonidos, que esperaba no fueran provocados por ratas porque también las odiaba, casi más que los cambios y las sorpresas, y mientras seguía diciendo groserías en voz baja, tocó instintivamente uno de los bolsillos internos de su abrigo, donde guardaba el pequeño paquete que había cambiado su vida, pensando en como habían llegado a estar en ese lugar... el paquete y él mismo.

El día había comenzado como uno cualquiera. Diariamente se levantaba, se aseaba, tomaba su ordenador portátil y caminaba los setecientos metros que lo separaban del pequeño restaurante en donde desayunaba, almorzaba, merendaba y cenaba. Lo hacía no solo porque le encantaba el lugar, sino también porque caminar hasta allí y volver, cuatro veces por día, era el único ejercicio que practicaba en su vida. Normalmente no salía a ninguna otra parte, excepto cuando se tomaba sus vacaciones anuales. No comía nunca en su apartamento y de haber querido hacerlo alguna vez no encontraría en su refrigerador más que bebidas, con y sin alcohol y abundantes barras de chocolate. Lo único caliente que podía llegar a consumirse en su cómodo y funcional hogar era café, pues la cafetera siempre estaba funcionando.
Además en el restaurante había una chica que le parecía una de las personas más amables que hubiera conocido y siempre la prefería a los dos robots humanoides que también atendían a los clientes. Cuando se sentaba, siempre a la misma mesa y mientras desplegaba su portátil, ella ya estaba a su lado con una gran taza de café con la cantidad exacta de azúcar natural que a él le gustaba, con un vaso de jugo de naranja con un toque de azúcar y tres medialunas que parecían recién salidas del horno.
-¡Buen día! ¿Cómo está hoy?- le preguntaba ella.
-¡Muy bien! ¿Y tú?- le contestaba él.
Así día tras día. Podría parecer rutinario pero a él le encantaba.
Mientras desayunaba preparaba el comienzo de su día de trabajo, separando mentalmente todos los deportes en donde podía apostarse en todos los mundos conocidos. La Federación tenía, hasta ahora, treinta y cuatro planetas habitados por humanos y una veintena habitados por otras especies y se practicaban un sinfín de deportes. Cada uno de los planetas que no estaban habitados por humanos tenían sus deportes típicos y los humanos llevaban los deportes tradicionales de la Vieja Tierra allí donde iban. Algunos se habían modificado, adaptándose a las características de los nuevos mundos e incluso había culturas no-humanas que practicaban algunos deportes típicamente terráqueos.
Existían algunos deportes que se practicaban en todos los planetas conocidos e incluso había competencias a nivel federal de algunos de ellos. Obviamente que una de las más arduas tareas de las autoridades deportivas había sido fijar los estándares a aplicar en estas disciplinas. Uno de los deportes más populares era el fútbol o balompié. Se había difundido como una fiebre por todas partes, pues podía ser practicado en cualquier lugar en donde hubiera un piso de regulares dimensiones, relativamente plano y contaran con una esfera o balón que pudiera ser golpeado o empujado. El juego en sí daba mucha libertad a los jugadores, en peso, estatura, número de miembros y ya había ligas de fútbol en prácticamente todos los planetas pero… las competencias interplanetarias eran otra cuestión.
Al momento de fijar los estándares para las competencias interplanetarias hubo que tener en cuenta una cantidad de parámetros –teniendo en cuenta que la especie humana no era la única que lo practicaba- como fijar estaturas máximas, densidad corporal promedio, gravedades planetarias, composición atmosférica estándar, peso promedio de los jugadores y número de miembros locomotores. Había detalles como que no solo había que tener en cuenta la gravedad planetaria en el momento de competir sino también la del mundo original, lo que seguro influía sobre su desempeño físico. Se trataba ni más ni menos de calcular y estandarizar todo…
Por lo demás los reglamentos eran muy severos en cuanto a la violencia dentro del campo de juego –quizás más estrictos que en la Vieja Tierra- para evitar que especies –o versiones humanas- hábiles, pero endebles físicamente fueran dañadas seriamente en un match. Para muchos el fútbol iba más allá de lo deportivo, era casi una filosofía de vida y planetas enteros estaban pendientes de las ligas y competencias y dado el fanatismo que provocaba y la difusión que tenía, el dinero que se manejaba era inconmensurable. Aún a nivel planetario las cifras eran enormes, pero cuando se hablaba de la Federación eran siderales.
Primpo Pao era aficionado al fútbol, fanático podría decirse y era el deporte en donde más apostaba, en todas las ligas planetarias y en las competencias federales, pero no era el único deporte en donde jugaba su dinero. Resultaba barbárico que el segundo deporte más difundido era un combate a muerte, principalmente entre convictos de toda la Federación, llamado El Campeonato. En casi ningún planeta existía la pena de muerte. Era mucho más entretenido obligar a determinados delincuentes a practicar estos juegos –que para la gran mayoría era lo mismo que una segura sentencia a muerte-. Aunque no solo los convictos participaban, había también humanos y no humanos comunes que lo hacían, pues los premios eran muy importantes y a veces resultaban un atractivo poderoso, siempre peligroso y muchas veces mortal.
Primpo también apostaba mucho en él.

Así pues, comenzó su día de trabajo, un día en el que revisaría todos los partidos de fútbol en donde hubiera algún resultado que le pareciera posible y atractivo, luego las peleas y para terminar buscaría estadísticas atractivas en otros deportes. Pronto terminó el desayuno, tomó su portátil y marchó a su casa. Se tomaba muy en serio lo de caminar ese trayecto. Su vida se tornaría peligrosamente sedentaria sin esa actividad y además caminar le hacía bien a su mente, ayudándolo a pensar con más claridad.
Mientras se acercaba a su hogar, estaba programando ya las apuestas del día. Tenía cantidades fijas que apostar y trataba de no variarlas mucho, pues vivía de las apuestas. Sabía que una cantidad regular de apuestas le daba una cantidad regular de ingresos y le parecía correcto así. Incluso tenía un determinado porcentaje de pérdida que no había logrado sorprenderlo nunca.
Pero sí se sorprendió cuando llegó a su casa. La puerta estaba abierta, la cerradura rota y había sangre por doquier… un desagradable rastro de sangre desde ésta hasta su querido sillón, el mismo en donde solía dormitar por las tardes. Difícil saber que lo conmocionó más, si el hombre desangrándose encima del sillón o la sangre que sabía estaba manchando de forma permanente su preciado mueble.
-¿Qué sucede aquí?- dijo, acercándose extrañado.
El moribundo lo miró -¿No me reconoces?- le dijo.
-Tú… ¡Tú eres Trovis el Adivinador! ¿Pero que te han hecho?
Trovis sonrió apenas, satisfecho de que lo hubiera reconocido –Salió mal un negocio, Primpo, simplemente…
-¡Pero estás más muerto que vivo!
-Estoy casi muerto… ¡Necesito un favor!
-¡Llamaré al servicio médico inmediatamente!
-No, no, estaré muerto antes de que lleguen. Escúchame, por favor… ¿Me ayudarás?
-¡Claro! ¿Pero en qué puedo ayudarte?
-Mira, nos enteramos que unos delincuentes de aquí iban a robar algo de suma importancia, algo que vale mucho, pero mucho dinero. Así que planeamos con unos amigos robarles a ellos.
-¿Robarles a los ladrones?
-Si, si, y sería prácticamente imposible seguirnos. Era un hermoso plan. Los esperamos en un lugar que habíamos localizado como su base de operaciones y cuando llegaron con la mercancía…
-¡Los atacaron y los robaron!
-Claro, con el inconveniente de que ellos eran algunos más que nosotros, y que en su guarida había más de sus amigos y que respondieron eficazmente nuestro fuego.
-¿No lograron su objetivo?
-Lo logramos, claro, somos muy eficientes, pero solo quedé yo vivo…
-Pues hablando en términos de apuestas diría que no fueron tan eficientes.
-Tienes razón, fue una mala apuesta. Esto…- dijo, mientras tomaba una pequeña caja que había estado a su lado- Esto fue lo que robamos.
-¿Por esta pequeñez se hicieron matar?
-Es muy valiosa- dijo Trovis con voz cada vez más apagada –Primpo Pao, amigo… ¿Sabías que tengo esposa y tres hijos? En un planeta no muy lejos de aquí… Hay un número para que llames a unos amigos, no importa quienes son, yo hablé con ellos antes de venir hacía aquí. Les entregarás este paquete y a cambio ellos prometieron cuidar de mi familia. ¿Lo harás? ¿Por los viejos tiempos?
Primpo pensó un momento. El nunca había tenido familia, ni hijos, y posiblemente nunca los tendría
-Lo haré. Lo que no sé es que voy a hacer contigo luego de que estés muerto.
-¿No tienes un vehículo?
Primpo pensó en la navecita que guardaba en su garage.
-Tengo una biplaza, que a veces uso en mis vacaciones-
-Pues cárgame en ella y tírame en un parque, o en el mar o en cualquier parte… Luego llama a mis amigos.
-¿Puedes caminar hasta la nave? ¡No podré llevarte muerto!
-¡Por el Dios Único! ¡Con razón vives solo, estás más frío que un cubo de hielo! Trataré… ¡Ayúdame, por favor!
Finalmente Trevis quedó en la pequeña nave voladora y Primpo se dispuso a limpiar su casa. Cuando regresó al vehículo, su amigo ya estaba muerto. No fue sencillo elegir un lugar donde dejarlo pero logró hacerlo, sin mayores complicaciones. Luego limpió minuciosamente toda la sangre y las huellas. Sentía pena por Trovis. Cuando se habían conocido lo llamaban El Adivinador, como burla por sus escasas dotes para apostar, si bien también vivía o pretendía vivir, de las apuestas. Como no tenía mucho éxito no vivía con holgura y siempre andaba escaso de dinero, más siendo alguien simpático y que siempre parecía estar contento, Primpo lo consideraba de buena suerte y siempre se preocupaba de que no le faltara dinero para comer o para apostar. Podía permitírselo. En determinado momento -¿Hacía cuánto?- se preguntó Primpo Pao, había decidido mudarse a aquel mundo y a aquella ciudad y hacer una existencia tranquila y solitaria. En los primeros tiempos varios de sus colegas iban a visitarlo y a pedirle consejo, entre ellos Trovis… luego dejaron de hacerlo.
Cuando le pareció que todo estaba limpio, llamó al número que le había dejado su viejo colega.

Y allí estaba. Cuando finalmente llegaron los tres hombres, supuestos destinatarios del paquete y se acercaron, se encontraron con un temblequeante Primpo Pao.
-¿Usted es el amigo de Trovis?- le preguntó uno de ellos.
-Lo soy- aseguró Pao.
-¿Trajo el paquete?
-Lo traje, aquí está- con mucha precaución sacó el pequeño envoltorio del bolsillo de su largo abrigo. Lo mostró pero no se los entregó.
-¿Y bien?- dijo el hombre, algo molesto.
-Quisiera saber qué contiene. No entiendo porqué por una cosa tan pequeña tuvieron que morir tantos hombres, incluyendo mi amigo- dijo firmemente.
Se miraron entre ellos.
-Dile- dijo uno.
-Es un experimento genético.
-¿Un experimento?
-Mire… una organización fabricó un embrión recombinando la genética de los mejores jugadores de fútbol de principios del Siglo 21 de la Vieja Tierra. A esta organización la robó otra organización y a ésta la robó su amigo con otros amigos…
Primpo quedó con la boca abierta y una especie de descarga eléctrica pasó por su cuerpo de apostador. Se imaginaba una mezcla de la genética de Messi, de Cristiano, de Ronaldinho, de tantos cracks que existieron en esa época…
-¿Se siente bien?- le preguntó uno de los hombres.
-¡Es sublime! –dijo Primpo- ¡Se los daré, claro, pero quiero algo a cambio!
-¡No fue el arreglo con su amigo que nosotros le diéramos algo por esto! ¡Y aunque quisiéramos no tenemos nada para darle!
-¡No es necesario enojarse! ¡Tómenla!- La situación estaba tomando un mal cariz, lo que no era la intención de Primpo. Con visible alivio, uno de los hombres tomó la caja y rápidamente la hizo desaparecer dentro de uno de sus bolsillos.
-Solo quiero saber algo…- continuó Primpo.
-Díganos que quiere saber. Usted cumplió con su parte…
-¿En qué equipo va a jugar?

                                                    FIN


EL DESCUBRIMIENTO


“¿Cuál es la fuerza suprema que cohesiona todo? ¿Cuál es el motor que mueve el Universo? ¿Por qué, teniendo las respuestas al alcance de nuestras manos, parecen a la vez tan lejanas?”
Fragmento de un cuaderno de anotaciones de
Tilburo Eske.

Tilburo, preclaro magiquímico, está en coma. Lo encontraron sumido en tan profunda meditación que no lograron despertarlo, por lo que cuando sus colegas pensaron que tenía que alimentarse fue conducido a un lugar apropiado y conectado a instrumentos, artificios y dispositivos que lo alimentaban y preservaban su salud.
Ylarinda estaba cansada de llorar. Lo hacía por horas. Cuando no lloraba le hablaba. Así, día tras día.
Custodiaba así a Tilburo, que era su maestro, amigo, camarada y amor secreto, que cubierto de cables, sensores y tubos seguía buceando en el absurdo océano de teorías, conceptos y significados donde, al parecer, había decidido adentrarse cuanto pudiera o quizás hasta encontrar lo que buscaba ¿Y qué buscaba? Ylarinda sabía lo que Tilburo buscaba… claro que era un saber tan íntimo y tan claro, tan decisivamente suyo que no era conciente de ese conocimiento. Solo le hablaba.
Tilburo no era para nada una persona común y corriente. Maestro durante años en una de las más renombradas escuelas de tecnología mágica, había hurgado hasta el cansancio en libros y pergaminos, en busca de las respuestas que necesitaba. Día tras día, desde la mañana hasta la noche, se sentía envuelto en un misterio, y día tras día, al despertarse, se sentía sorprendido por la vida. El hombre, desde sus albores, había combatido contra estas incertidumbres, contra estas dudas, racionalizando, interpretando, mistificando, lo que simplemente “era”. Desde que tuvo conciencia de su entorno había buscado explicaciones a todo lo que sucedía alrededor y milenios después, a pesar de todos los avances y progresos, todavía existían preguntas por responder y puertas para abrir. Quizás para los ciudadanos comunes todo estuviera resuelto, el mundo funcionaba igual con tantas incertidumbres y preguntas y dudas… pero para él, que había dedicado gran parte de su vida a vincular lo inexplicable con lo racional, lo mágico con lo científicamente aceptado, para él, los terrenos difusos y vagos eran inaceptables y cada vez que su corazón latía sentía que era partícipe involuntario de esa inacabable lista de no-saberes, de preguntas sin respuesta… y a él no le gustaban las incertidumbres. Hubiera sido matemático si esta ciencia hubiera estado más avanzada y hubiera logrado interpretar todo lo que era necesario. Estaba seguro que existía un lenguaje universal, quizás una matemática más avanzada que la actual y que algún día habría de descubrirse, un lenguaje que todas las especies entendieran, y que trascendiera el comer y ser comido. Pero ahora tenía cosas más importantes que lo preocupaban, cosas que llevaba investigando desde hacía años y no lograba, por culpa de ese mundo que lo rodeaba, discernir totalmente. Dentro de su genial desquicio sabía que la clave estaba en descubrir el “motor” del Universo, la fuerza suprema que cohesiona todo. Así fue que se sumergió en ese todo, en esa engañosa entropía –pues para el era todo menos desorden- a buscar, a explorar, esgrimiendo su espada de argumentos demostrables, su lanza de teoremas improbables pero ciertos y un escudo de axiomas tan potentes que desviaba toda flecha o duda que fuera lanzada por los defensores de ese extraño lugar. Buscó y buscó.

Cuando ella no lloraba, solo hablaba y así día tras día. Hablaba de su niñez, de su adolescencia, de los planetas que había conocido, de sus mascotas, pero sobre todo le hablaba del amor que sentía por él, pues ¿qué mejor oportunidad para decirle lo que sentía que ahora, que no podía escucharla? Era difícil no sentir admiración por Tilburo. En muchas personas provocaba esa reacción. Pero hasta donde sabía nadie lo amaba, excepto ella y nunca se lo diría obviamente. A veces se reía y pensaba que si supiera la forma de escribir matemáticamente una declaración de amor seguro él la entendería. Igual, para contener lo que sentía por él, tendría que ser una ecuación infinita, algo inentendible. Incluso comenzó a escribirla. Inventaría signos, descubriría las relaciones, sopesaría las implicancias de un infinitésimo más o menos… eso haría. Hasta llegó a disfrutar de hablarle de su amor y de las cosas que podrían hacer juntos, de viajar juntos, vivir juntos, dormir y desayunar juntos. No se animaba a mencionar un hijo, aunque fuera adoptado, porque todo tenía un límite y no quería asustarlo definitivamente. ¡Cuánto lo amaba! ¡Parecía que a cada minuto, hora y día que pasaba lo amaba más y más!

Tilburo seguía avanzando, peligrosamente, alejándose de lo conocido. Cada vez se hacía más extraña su travesía. Pero nunca tuvo frío, ni miedo, ni siquiera ansiedad. Esa rara sensación fue lo que le hizo detenerse. Se sentó a descansar, pues luego de tanto andar una duda comenzó a crecer dentro de su brillante motivo ¿Iba en la dirección correcta? ¿Hacia dónde debía dirigirse? ¿Acaso estoy caminando en círculos? ¿O estoy buscándola en el lugar equivocado? ¿No enseñan los sabios acaso que lo que pasa abajo es el reflejo de lo que pasa arriba? Fue en ese preciso momento que escuchó una voz ¡Y muy familiar! ¡Una voz que recién discernía pero que desde el comienzo de su viaje había estado con él! ¡Y le hablaba de amor! ¿De quién era?
¡Ylarinda! ¿Cómo era posible que su voz llegara hasta allí? ¡Llenaba su entorno, dándole frescura a su desesperación, iluminando los rincones oscuros de su conocimiento! ¡Esa voz fue reveladora!
Dicho esto despertó ¡Tengo la respuesta!- dijo. A su lado estaba Ylarinda. La miró detenidamente. ¡Era definitivamente el ser humano más hermoso de todo el universo conocido! ¡Y le había dicho que le amaba!
-¿Tienes la respuesta? – le preguntó ella en ese momento.
-¡La tengo! ¡Ya sé cuál es el motor que mueve todo el universo! ¡El poder que todo lo cohesiona! ¡Lo que en definitiva mueve los planetas y los soles! ¡Y lo que se extiende sin fin hasta lo desconocido!
-¿Qué es, Tilburo?- le preguntó ella, intrigada y también preocupada por ese despliegue de entusiasmo luego de tanto tiempo de extraño descanso.
-¡Es el Amor!
-¿El Amor? ¿Estás seguro?
-¡Estoy muy seguro! ¿Tú me amas Ylarinda?
-Yo… ¿Amarte?
Tilburo la contemplaba en una completa calma, como si toda la euforia de momentos antes se hubiera desvanecido en el aire.
Ella agachó su mirada y le dijo –Si, te amo… Siempre te he amado Tilburo- y lo miró resignada, quizás esperando su desaprobación.
-Yo también creo que te amo… no sé si desde siempre pero no entiendo como no pude darme cuenta antes.
Tilburo tomó una mano de la sorprendida Ylarinda y la besó con ternura.
-Y contigo tendré todas mis respuestas- le dijo.
                                                       FIN


lunes, 1 de octubre de 2012

LA ÚLTIMA CENA


Podría denominarlo un típico cuento de ciencia ficción, un pasaje a otro mundo, pero no tan extraño y no pretende dar lecciones ni moralejas, solo unas páginas de lectura. Estoy escribiendo lo que para mí es mucho, un cuento por semana y muy lentamente estoy agarrando “training”, aunque estoy lejos todavía de cómo me gustaría escribir. Pero, como en cualquier arte, lo importante es practicar. Espero les guste.

                                  LA ÚLTIMA CENA
Mientras Noriter Kaltru pensaba en qué le podría esperar en Miristir, el planeta que era su destino, la espacionave comenzó a descender. No se sabía bien por qué pero era uno de los artistas más populares entre los habitantes de ese mundo, razón por la cual las autoridades federales le habían pedido, rogado, que intercediera por ellos ante ese gobierno, regente además de una liga de planetas de importancia vital para la Federación. Nunca le había interesado la política –y ahora tampoco, por más que se estaba involucrando en ella- pero aceptó ayudar, un poco por curiosidad, otro poco por el desafío y el resto porque si bien pensaba como muchos que la Federación tenía muchas cosas que no olían bien, era mejor un mal orden que vivir en el caos.
Eso pensaba cuando las alertas avisaron que entraban en la parte final del descenso. 

Cuando descendí de la nave me sorprendió la gran cantidad de nativos que me esperaba, cosa que consideré auspiciosa para mi primera, y posiblemente única, misión diplomática de mi vida. Algo capturó inmediatamente mi atención: en la primera línea de recepción se destacaban los uniformes dorados del cuerpo diplomático de la embajada ¿Había personal armado? Si, sin duda, había muchos, quizás demasiados guardias armados. Allí al frente estaba –fácilmente visible en un brillante uniforme azul- alguien que estaba seguro no era el embajador. Resultaba muy extraño que hubiera enviado un representante a recibirme, en vez de venir en persona. ¿Tan mal estaba la situación entonces? Eso era preocupante. Comencé a avanzar observándolo todo. La aparente formalidad y protocolo de los humanos contrastaba enormemente con el evidente regocijo de los nativos. Pronto estuvo frente a mí el enviado del embajador, que ante el tumulto de la bienvenida, tuvo que utilizar la guardia armada para quedar relativamente aislados de los miristianos. Me dijo, algo agitado pero sin perder su compostura: -Señor, estoy a sus órdenes-, a la vez que me saludaba con una ligera reverencia. -¿Tiene mucho equipaje? No se preocupe que en cuánto lo tengamos nos marcharemos a la embajada, donde lo espera el honorable embajador.
-¿Porqué no vino personalmente?-pregunté.
-Es que ha tenido algunas desavenencias con los nativos y como puede ver hay aquí gran cantidad de ellos.
-¿Es lógico, no? Es su planeta…
-Me refiero a que hay muchos dirigentes aquí... El mismo embajador dará una recepción a la brevedad para presentarlo a todo este mundo.
Conversábamos esperando que trajeran mi escaso equipaje mientras la custodia alrededor forcejeaba abiertamente con los locales que querían llegar hasta mí.
De pronto la situación se me tornó enojosa-¡Por favor! ¡Voy a saludarlos! ¡No quiero que piensen que soy un bárbaro! ¿Por qué tanto temor?
-¡Usted no entiende, pero ya lo vá a hacer!
-De todas formas quiero saludar a los que vinieron a recibirme. Sus reglas son para los diplomáticos, no para gente como yo...
-¡Tengo órdenes!
-¡Yo también y vienen de las más altas cúpulas de la Federación y no he venido hasta aquí para esconderme en la embajada sino para relacionarme con los nativos, que por otro lado –dije señalando hacia el tumulto- también quieren relacionarse conmigo!
-¡Pero...!
-¡Y si usted no me presenta, lo haré por mi propia cuenta!
-Está bien, está bien... ¡Por favor, déjennos pasar!- dijo en un idioma que por el multitraductor sonó extraño y muy amplificado.
La multitud nos permitió el paso, haciendo un corredor hasta donde estaban los que parecían ser los miembros más destacados del comité de bienvenida.
Había visto imágenes de los miristianos pero al tenerlos ante mí juzgué que ninguna representación lograba transmitir lo que ellos en persona. No me sorprendió verlos vestidos tradicionalmente, con amplias túnicas de colores opacos para los individuos masculinos y de colores vivos para los femeninos. Eran humanoides bellos, sin duda, con rasgos sumamente felinos, ojos muy oblicuos, nariz chata y orejas muy parecidas a las humanas, en rostros redondos. En las partes corporales visibles podía verse una especie de pelaje muy corto, que sabía que cubría todo su cuerpo y que además solían teñir, obviamente cuando usaban otra vestimenta y en otras ocasiones. Al sonreír mostraban una dentadura totalmente mortífera, que hacía que instintivamente me sintiera amedrentado. Mostraban sus manos, de cinco dedos robustos y cortos, con sus palmas presentadas hacía mí. El representante del embajador tuvo la delicadeza de explicarme, mostrando por primera vez cierto respeto y hasta temor, que eso significaba que más que un visitante era considerado uno más de su especie. Posiblemente el hombre no se explicaba el porqué de un recibimiento tan amistoso…
Pero no fue su apariencia física lo que más me impresionó, sino una especie de aura o “presencia” que era realmente perceptible. 
Quedando realmente intrigado por esta sensación, me detuve frente a ellos –tres machos y dos hembras-, colocando las manos en su mismo gesto. Si para ellos era un hermano de especie, también lo serían para mí y no veía nada malo en eso.
 Pedí un multitraductor y me lo colgué del cuello… A continuación, en forma breve y formal les ofrecí mis respetos, expresé lo halagado que me sentía por el recibimiento y que a la brevedad, luego de una presentación oficial, estaría a su completa disposición. Estas palabras impresionaron tanto a los miristianos que pudieron oírlas, como al humano que estaba junto a mí y sentí inmediatamente que había dicho lo que tenía que decir. Los nativos expresaron su beneplácito por mi llegada y me comunicaron que tenían un extenso programa de visitas por todo el planeta en cuanto el embajador me lo permitiera. Hubo apenas tiempo para una despedida formal pues los guardias estaban impacientes por sacarme de ese lugar y lo hicieron en cuanto tuvieron la oportunidad.

En la embajada, tan fortificada como podía esperarse, fui recibido por el honorable embajador Mr. Tuning Rasta. Su forma de actuar parsimoniosa y protocolar lo hacían el diplomático perfecto, con la excepción quizás de que su gestión iba de mal en peor, que lucía enormes ojeras y que evidentemente estas eran producto de algo desagradable que lo afectaba. Pero me recibió magníficamente. Conversamos sobre mi carrera profesional –la de psicopintor obviamente- y sobre las últimas guerras y novedades de la Federación. En determinado momento le pregunté:
-No se ve usted muy bien…
-Es inevitable, ya que no he logrado ninguno de los objetivos. Hasta llegar aquí tenía una brillante carrera y una excelente hoja de servicios pero en este mundo, ante esta cultura, he fracasado.
-Lo siento –dije- y no quiero que piense que estoy tratando de interferir con su carrera. No soy un diplomático, solo un artista.
-No es necesario que se disculpe. No tengo dudas de que usted está como yo, al servicio de un bien mayor. Yo haría cualquier cosa, cualquiera, con tal de lograr que este grupo de planetas se aliaran a la Federación. Pero su cultura, sus costumbres, su forma de ver la civilización me han rebasado y dejado sin respuestas. Duermo muy poco y pienso mucho en como revertir la mala relación que tenemos en la actualidad con los nativos, pero por un lado o por otro siempre hay muros que no me permiten seguir.
-Por lo que me han dicho no son una cultura fácil de tratar.
-¡Es acertado! ¡Son abominables! Y han intentado de todas las formas posibles que nosotros seamos cómplices de sus abominaciones. Realmente me apiado de su situación, porque a usted lo veneran y a partir de que se presente “en sociedad” estarán constantemente detrás de usted… y verá cosas terribles, se lo aseguro.
Mr. Tuning había comenzado a temblar, no sé si de frío o coraje, por lo que tomé una botella que parecía  contener whisky y le serví una buena ración…
-¡Tranquilícese! Yo usaré toda la influencia que pueda tener para ayudar a nuestra querida Federación. Ahora tenemos que organizar una auténtica y hermosa recepción para nuestros anfitriones. Allí me presentará, expondré algunos de mis cuadros y luego veré qué me ofrece este mundo.
-Está bien, mañana apenas desayunar comenzaremos a planificar esa fiesta ¿Para dentro de tres días le parece bien?
-¡Óptimo! 
Acto seguido me retiré a mi habitación.   


Me habían advertido sobre este planeta con adjetivos tales como peligroso, brutal, distinto, sobrecogedor. Trataron de definir todo lo negativo de  un mundo adónde, a pesar de todo, me forzaron a ir. No tuve muchas opciones. Necesitaban estrechar vínculos con un planeta que le había sido tan esquivo a la diplomacia, tan escurridizo ante los esfuerzos de todo tipo que se venían realizando desde hacía mucho tiempo para amigarse… un planeta que además tenía una importancia vital para la Federación. Tanta importancia tenía que si no fuera por la certeza de que no saldrían bien parados en una guerra de conquista habrían elegido tal camino. Es que Miristir era además líder de un vasto sector de esa zona del universo, con un valor que no solo era el puramente estratégico de una extendida área espacial, sino que ese grupo de planetas tenían todo tipo de recursos minerales, energéticos y alimentarios. También desarrollados centros de investigación que, por lo que se sabía, no tenían nada que envidiarle a los más avanzados de la Federación. Por si fuera poco existían posibilidades de guerras y confrontaciones con tres culturas algo agresivas que se habían encontrado en los límites de lo conocido. Esto hacía más apremiante la unión y colaboración de todos los mundos interiores. Tal era su importancia y tal la necesidad de entablar vínculos duraderos con ellos, aspiraciones que hasta ahora habían resultado infructuosas.
Esas eran las circunstancias que me empujaron a mí a cumplir funciones de enlace. Mi profesión y mi gran popularidad especialmente en ese planeta sellaron cualquier posibilidad de negarme a cumplir con la misión.

La recepción fue un éxito. El embajador quedó asombrado por la transformación de los nativos, tanto que recuperó su natural habilidad para estar siempre sonriente y hacer comentarios acertados sobre cualquier suceso político del universo conocido. Coloqué algunos originales de mis obras que había llevado conmigo y réplicas de las más representativas, en distintos lugares de la embajada donde tuvieran acceso los visitantes. Además Rasta aceptó mi sugerencia de contratar a una de las artistas musicales de más renombre del planeta, a mí también me gustaba debo reconocer, y eso sin duda fue tan del agrado de nuestros visitantes que la velada pudo ser etiquetada de perfecta.
Multitraductor mediante, tuve la sensación de que la noche no terminaría jamás… fueron tantas las preguntas que hice y tantas las que me hicieron que resultó agotador. Pero quedó todo preparado para que luego de un día de descanso un vehículo oficial de Miristir fuera a buscarme y comenzara un viaje por distintos lugares del planeta, donde conocería personalidades y además me introduciría en su cultura. Nada deseaba más que eso, aunque tenía cierta incertidumbre ante mi reacción por algunos aspectos de su civilización, muy criticada por los humanos. Sin embargo varias cosas me animaban a seguir adelante. Entre ellas estaban el objetivo de lograr un entendimiento entre nuestras civilizaciones, el gran respeto que me tenían, lo que era retribuido por mi parte y por último que ningún humano –en realidad ninguna especie integrante de la Federación- había investigado demasiado concienzudamente a los miristianos… razón por la cual no sabía hasta donde había que dar crédito a todo lo malo que se decía de ellos.

Cuando llegó el día de marcharme de la embajada, le prometí a Tuning Rasta que lo tendría al tanto de mis progresos. Me marché en un vehículo oficial, junto a dos miristianos que se presentaron como mis guías, un macho, Ri y una hembra, Bet, que en su vida privada eran pareja. 
Desde el primero momento me trataron estupendamente. Para ellos era un gran honor que estuviera allí, pues me consideraban un referente cultural de primer nivel. 
Me explicaron que la agenda de visitas consistiría en múltiples entrevistas con personalidades del planeta, con conferencias en los principales centros educacionales y se manejaría el programa con suficiente flexibilidad para visitar lugares turísticos, charlar con la población en general y visitar otros sitios de importancia.

A medida que visitaba sus ciudades, sus universidades y trataba con sinnúmero de nativos advertí que en todos los sitios oficiales o en domicilios particulares de cierto status tenían obras mías en exhibición, algunas auténticas, otras copias, aquí y allá, salpicando todo como si tuvieran un significado especial para ellos. Pero lo más significativo es que no veía razones culturales por las que los humanos no aceptaran a los miristianos. Aunque Tuning Rasta me explicó cual había sido el primer enfrentamiento de los diplomáticos de la Federación con los miristianos. Estos eran muy respetuosos del medio ambiente, tanto así que la mayoría de los minerales que utilizaban no eran de ese ni de ningún mundo habitado. Ellos utilizaban, a un costo mucho  mayor claro, los minerales de asteroides y de satélites sin ningún tipo de vida. Pero mayor costo significaba en este caso haber evitado toda la contaminación de cualquier proceso de obtención y tratamiento mineral. Todos sus vehículos utilizaban energías renovables o por lo menos no polucionantes. Se dice –está en sus textos por lo menos- que hasta que no se encontró una forma no contaminante de hacer desplazar sus vehículos estos fueron tirados por grandes animales domesticados para tal fin y obviamente mucho más compatibles con la conservación del ambiente. Y no es porque no tuvieran tecnología suficiente para autopropulsar todo tipo de vehículos sino que no estaba lo suficientemente desarrollada para lograr una polución cercana a cero. Todo era por el estilo… el tratamiento de los residuos, o el aprovechamiento de cualquier recurso natural, la caza y la pesca. El secreto era que vivían –o trataban de hacerlo desde que tenían memoria- en armonía con su mundo. Trataban de no dañarlo, a él y a todo lo que vivía en él. Y la gran mayoría de los nativos estaban convencidos de que el planeta les correspondía, sea con buenas cosechas, sin grandes catástrofes naturales, con animales domésticos a salvo de enfermedades, con una larga lista de beneficios en suma.
Esto, que más bien parece una política racional de administrar los recursos de un mundo fue la razón por la que primero se enfrentaron los diplomáticos de la Federación con los dirigentes nativos. Allí, en ese mundo y en otros bajo su dirección había importantes recursos minerales, indispensables para el desarrollo de armas y tecnologías… También los había en asteroides en órbita de esos planetas, pero su obtención sería diez veces más cara. Los negociadores de la Federación veían inadmisible pagar diez veces más por algo que estaba en sus narices y quizás exageraron en sus presiones. Pero lo miristianos fueron muy claros, tan claros que rompieron las negociaciones sobre cualquier producto y los intercambios quedaron reducidos al mínimo. No rompieron relaciones diplomáticas, pues tenían la esperanza de que en algún momento la Federación entendiera sus razones. Para ellos era necesario ese factor, “entender” el por qué las cosas las hacían de una forma y no de otra.
Aunque es conveniente aclarar que  no era lo único por lo que nuestros diplomáticos habían protestado. Había algo que había horrorizado a nuestros anteriores enviados y era lo que había trabado psicológicamente a todos los cuerpos diplomáticos que habían pasado por ese mundo. Era una práctica ancestral de un determinado grupo de la población, que se denominaban a sí mismos Los Rectores, que comprendía a los pensadores más geniales, a los científicos más respetados, a los comerciantes más poderosos, a los artistas más destacados, a los políticos más exitosos, a los militares más capaces, en fin, al motor intelectual del planeta, a los que gobernaban. 
Existía  en esa práctica una gran traba psicológica para el buen y fluído desempeño de nuestros embajadores. Afortunadamente yo me había preparado sobre tal cuestión y no haría fracasar una misión como esta solo por algunos prejuicios culturales. Trataría de sacar el máximo de beneficio de mi situación para relacionarme con esta especie.
Por lo demás, si bien trataba de tener al tanto al embajador de mis viajes y de mis avances y experiencias, no frecuentaba mucho la embajada, aunque cuando lo hacía charlábamos bastante tiempo, confrontando sus ideas con las mis propias vivencias en ese mundo tan parecido y tan extraño a la vez. También teníamos ocasión de encontrarnos en actividades públicas a las que era invitado, donde extrañamente yo era tratado más como nativo que como humano.
Me sentía atendido como una celebridad –en realidad lo era, pero nunca había sido tratado con tanta excelencia- y me consideraban como uno de ellos. Constantemente me llevaban de aquí para allá por todo su mundo, preocupándose de mostrarme cómo vivían, como pensaban, enseñándome su historia y costumbres... incluso realicé algunas obras en público, en programas culturales masivos. Aunque doné muchas para beneficencia y para instituciones estatales escogí algunas para obsequiarlas a personalidades del planeta. Todo este despliegue tuvo como resultado que mi popularidad creciera en grado superlativo.
En cierta oportunidad que volvíamos de visitar un complejo deportivo, con Bet y Ri les dije:
-Me gustaría saber por qué razón tienen a mis psicopinturas en tan alta estima, siendo que hay muchos psicopintores. Aparte de los clásicos yo mismo conozco artistas contemporáneos que son excelentes.
Bet contestó-Se lo explicaré- dijo y continuó- Sin duda sabe que las psicopinturas permiten repetir y analizar la secuencia de “creación” de la pintura, el movimiento de los colores, su cantidad e intensidad; en otras palabras ver la “historia” de la composición.
-Si… bueno, lo sabía pero nunca lo he hecho, ni con obras mías  ni con ajenas.
-Nosotros si, sobre todo porque la psicopintura ha sido un arte que siempre nos interesó y es objeto de estudios avanzados… ¡Y hemos encontrado que  sus pinturas son excepcionales! –exclamó finalmente- 
-¿Pero a qué se debe?
Esta vez Ri habló -A la secuencia de colores y a la forma en que los mueve.
Y Bet continuó.
-Es su método de composición lo que hace que lo tengamos en tal estima. 
-Dígame… -preguntó su marido- ¿Tiene algún método, alguna regla?
-No, en absoluto. Es algo que sale de dentro… mucho “corazón” –y sonrió- y muy poca mente.
-¡Es increíble!
-Todavía no entiendo que tiene de extraordinaria mi forma de pintar…
-Le respondo con otra pregunta ¿Usted sabe cuál es el principal obstáculo “cultural” entre la Federación y nosotros?
-Si, pues… tengo una idea.
-Le diré: Que los miembros de lo que llamamos Los Rectores o Gobernantes practicamos lo que ustedes llaman “canibalismo”, en un ritual obviamente, que es lo que ustedes no pueden entender y que nosotros habíamos perdido la esperanza de que entendieran hasta que usted llegó.
-Me halaga usted… ¿Pero por qué piensa que podré entender ese ritual?
-Ya verá.
Y le dio instrucciones al conductor, quien rápidamente elevó el vehículo y cambió el rumbo.
Tras lo que parecía un breve viaje aterrizó frente a una hermosa construcción circular, rodeada de jardines y un amplio espacio para estacionar. Al momento de bajarse le dijo:
-Es un Centro de Ceremonias. Hay muchos de estos por todo el planeta y son casi idénticos entre sí. –Tomó una especie de llave que llevaba colgada del cuello, abrió la pesada puerta de dos hojas y lo invitó a entrar. Luego lo condujo al centro de la habitación principal, algo similar a un anfiteatro, pero con la particularidad de que había pequeñas mesas con sus respectivas butacas distribuidas regularmente desde el centro de la habitación hasta sus paredes. Justo en el centro había algo que parecía una extraña mesa. Al acercarse reveló ser un recipiente alargado y relativamente llano, cubierto con una tapa transparente. Ri levantó la tapa. Allí entraba cómodamente un cuerpo, todo a lo largo. El interior parecía estar recubierto de una especie de porcelana verdosa, muy brillante y cubierta de una gran cantidad de pequeñas perforaciones.
Noriter Kaltru dijo:
-Esto es lo que usan para…
-¡Así es! –dijo Ri- Aquí se deposita el Cuerpo Ceremonial y se prepara y aquí –dijo yendo a una de las cabeceras del recipiente- se coloca el que ha de hacer de Maestro de Ceremonias, el encargado de preparar esta parte del ritual.
-El cocinero…- dijo Noriter.
-Si, si lo quiere llamar así. Se conecta con estas terminales a los depósitos de condimentos, sabores y colores que están a los lados… -dijo señalando multiplicidad de pequeños depósitos con tapa a ambos lados de la cavidad-.
-Colores y sabores.
-Y olores… también hay olores que pueden mezclarse como si fueran condimentos… y también se manejan desde aquí las temperaturas de cocción, presión, todo en realidad.
-No parece ser algo muy sencillo.
-¡Para nada sencillo! –dijo Ri. –¿Entiende lo que quise decirle hace unos momentos? Usted, en vez de horrorizarse, hace un comentario objetivo y acertado ¡Es tan distinto de los otros humanos!
-Si, pero soy tan humano como ellos, solo que respeto vuestras tradiciones. Por otro lado, conociéndolos ahora como los conozco sé que tienen una buena razón para realizar estas ceremonias.
Ri pareció quedar conmocionado al escucharlo, mirando a Bet, a quien tomó de la mano.
-Tenemos una muy buena razón –dijo- La misma supervivencia de nuestra especie así como la conoce depende de estas ceremonias. Por eso es que son tan importantes.
-No entiendo…
-Mediante estos rituales nos comunicamos con el planeta. Son estas ceremonias las que nos permiten compartir su sabiduría y conocer sus deseos, responder nuestras preguntas y nos asegura su apoyo. ¿Por qué cree que en nuestro planeta no hay sequías, ni bruscos movimientos de tierra, ni destructoras inundaciones, como hemos visto que suceden en muchos otros mundos? El planeta es parte de nosotros y nosotros somos parte de él.
-¡Es increíble!
-¿Le parece barbárico o irracional?
-No… ¡Me parece extraordinario! Supongo que podría poner alguna objeción formal a su metodología ¡Pero lo que logran es maravilloso!
-Claro que esta ceremonia es solo parte del proceso, la parte culminante quizás, pero no el único aspecto. Hay que preparar la víctima y cumplir las directivas que nos dé el planeta.
-¿Preparar la víctima?
-No podemos hacer el ceremonial con cualquier individuo. Hay que prepararlo.
-¿Y como lo hacen?
-Hay templos donde se los prepara. Se los instruye profundamente en la historia del planeta, en su funcionamiento, en las formas en que se manifiesta, sus leyes, su física, su química hasta que logran “fundirse” con él. Esto se logra solamente preparándolos desde muy niños. Sus familias reciben beneficios y honores por ello.

Finalmente había entendido porque mis pinturas eran la clave. La psicopintura no era algo nuevo –existía desde hacía casi trescientos años estándar- pero siendo ya uno de los métodos tradicionales de expresión y difundido en todos los mundos conocidos, cada tanto aparecía algún psico-pintor más popular o más querido que otros. Se pintaba sobre  una psicotela, que no era más que una tela especial, que se adquiría del tamaño que uno la deseara y que era de un material sintético poroso, que podía variar el tamaño de los poros al influjo del psicopintor. Tenía alrededor del marco los depósitos de pintura, conectados con la tela… estos depósitos eran operados por el pintor, igual que la distribución de los distintos colores sobre la tela. El enlace se lograba mediante cables conectados a partes sensibles de la cabeza y mediante el consumo de unas drogas especiales o drogas de conección, que hacían más dinámica la interacción del cerebro con los dispositivos para “pintar”. Todos estos dispositivos, psicotela, pintor, y la compatibilidad entre ambos obviamente, hacían que los colores y las líneas fluyeran dentro del marco al influjo de la mente del psicopintor. 
Como anecdótico se puede comentar que estas pinturas podían activar una función en donde de acuerdo a algunas características de los seres que se acercaran a verlos, llamémosle “auras” o “cargas vitales”, “estados de ánimo”  o incluso contenidos hormonales, los colores mutaban dentro de determinadas cotas… se hacían más vivos o más tristes, más brillantes o más opacos… todo dependiendo del observador que estuviera frente a la pintura.
No debió extrañarme que luego de esa conversación me invitaran a participar de una de esas reuniones selectas, almuerzos o cenas, que se practicaban comúnmente dentro de los círculos de elegidos, por llamarle de alguna forma, de cada localidad de importancia e incluso de cada distrito rural. Estaban invitados un centenar aproximadamente de nativos de ambos sexos, todos vestidos recatadamente, como era su costumbre cuando estaban en actividades que podrían llamarse “oficiales”. En silencio, tomaron sus lugares en sus butacas. Ninguno de ellos manifestó sorpresa al encontrarme, al contrario, me expresaron su apoyo y beneplácito. Al momento de comenzar la ceremonia me llamó la atención que la víctima o la ofrenda –que había sido sometido a un tratamiento previo- se colocara tranquilamente en la mesa del centro, sin ninguna vacilación y aparentemente ningún miedo. La tarea del Maestro de Ceremonias incluía sin duda la ejecución indolora de la víctima, además de todo la ulterior preparación del mismo.
La ceremonia en sí no fue de larga duración, pero eso se debía según me dijeron, a la maestría del ejecutante… A veces se tardaba más, para lograr el mismo resultado. Mientras tanto, todos los presentes recitaban una zumbante letanía… yo también lo hice o por lo menos intenté hacerlo, lo mejor posible. Si bien suponía que no se esperaba de mí tal cosa, tenía conciencia de ser el primer individuo de otra cultura en participar de esta ceremonia y eso me obligaba a que estar a la altura de las circunstancias. Me trataban como uno más y me sentía como tal, pues había logrado un estado de comprensión íntima con la forma de funcionar el planeta que me sentía hasta parte del proceso.
Cuando finalmente terminó la preparación de la ofrenda y se repartieron las partes de ella que eran destinadas al consumo se sorprendió muchísimo cuando uno de los miristianos le llevó un trozo de la misma. En ese momento estuvo a punto de echar a correr, más advirtió que todos los presentes estaban observándolo, totalmente pendientes de su decisión. Con palabras de agradecimiento, tomó el recipiente y se acomodó en la butaca. Antes de comenzar a comer hubo más oraciones. 
La carne en sí tenía un sabor que nunca antes había probado, algo tan distinto que estaba seguro no lo olvidaría jamás, pero había algo más, algo que le pareció le estaba cambiando su forma de respirar e incluso la forma de ver alrededor –¿estaría alucinando?-. Le parecía ver que todo y todos estaban metidos en una especie de sustancia, surcada por zarcillos y líneas de colores vivos que conectaban con algo que había fuera de los muros del recinto, abajo, a los costados y arriba… y presintió además una voz, como un retumbante chasquido que hablaba y hablaba… otra vez estaban orando y el también lo hizo y al hacerlo sintió que su conciencia se mezclaba con la de los otros participantes en una entidad, y esa entidad hablaba con algo mayor, algo enorme, tan grande que asustaba, una inteligencia nueva y distinta ¿Era el planeta? ¿Estaban comunicándose con Miristir?
Luego de terminada su ración se sintió extrañamente cansado y feliz, pero no hambriento. A cada uno le repartieron una ración de un licor ligero y tras nuevas oraciones se marcharon. Cada uno de los participantes tuvo la gentileza de estrechar sus manos antes de marcharse, como muestra de respeto y afecto.
Ri y Bet lo estaban esperando afuera, pero cuando él salió ya habían hablado con varios de los participantes y estaban muy satisfechos.
-Estamos orgullosos de usted- le dijo Bet. –Todos nos han felicitado por su preparación y ha aumentado más aún su prestigio.
-¡Ha sido una experiencia única!
-¿Le ha agradado?
-Creo que en parte logré comprender la importancia y la finalidad de la ceremonia, que es mayor de lo que había pensado. 
-Es muy distinto vivirla a que se la contemos ¿no?
-Es muy distinto… y creo estar preparado para dar los siguientes pasos. –y suspiró- Lo que vivido hoy me mostró la importancia de esta ceremonia y me siento con fuerzas como para que lo comprendan los otros humanos.
-Estamos de acuerdo. Recuerde que hay parte de las máximas autoridades de gobierno que esperan un gesto, un indicio, un avance formal por parte, no de usted, sino de los humanos, para avanzar en el relacionamiento.
-Entiendo. Pensaré como proceder…
-Si, piénselo. Necesitamos un reconocimiento formal hacia nuestras prácticas. Si lo logra, verá que lograremos el entendimiento también a nivel planetario. Lo llevaremos a la embajada, donde podrá descansar y exponerle sus vivencias al embajador. En el tiene su primer objetivo… si logra que él nos entienda como cultura,  habrá transitado gran parte del camino hacia nuestro futuro juntos.

Había quedado conmocionado. Necesitaba meditar y descansar. Algo estaba claro, si él, que era tan distinto de los nativos, había tenido esa vivencia, no podía imaginarse lo intensa que sería esta ceremonia para los miristianos.  ¡Debía de ser algo indescriptible! ¡Sublime!
Había entendido que el espíritu y el objetivo de las ceremonias, eran sin duda la comunión, el ser todos uno, la unión con el planeta y a la vez establecer fuertes vínculos entre los que se llamaban Los Rectores. Pero si bien estaba entendiendo, comprendiendo y avanzando en su gestión sentía que estaba muy lejos de cerrar su misión. ¿Cómo podría hacer para que trataran a la Federación como lo trataban a él? ¿Cómo hacer para que consideraran a la Federación una amiga y eventualmente firmaran los tratados que eran tan importantes para el futuro de las especies federadas? La clave, claramente, estaba en Tuning Rasta, como le habían comunicado Ri y Bet. Si el embajador lograba entenderlos, quizás la Federación también podría hacerlo. En su mente se fue forjando un plan, que esperaba tuviera éxito.

El embajador Tuning Rasta  se había mostrado cada vez estaba más intrigado por las actividades que le demandaban todo su tiempo, durante días y días enteros de Miristir… no porque Noriter Kaltru no fuera ocasionalmente por la embajada, sino porque estaba apenas unos minutos y se retiraba a sus actividades con los nativos. Finalmente  resultó agradablemente sorprendido cuando Kaltru le dijo que se quedaría unos días en las instalaciones, pues tenía que meditar sobre determinadas cosas.
Ese día almorzaron juntos, charlando animadamente y a partir de ese momento  las relaciones entre ambos fueron progresivamente afianzándose, hasta que finalmente pudieron declararse “distendidas”, viéndose periódicamente. Se diría que ya eran grandes camaradas. Sus conversaciones iban desde su arte hasta la visión que Kaltru había adquirido del planeta y de los miristianos en general. Noriter le mostraba al embajador documentos, escritos y audiovisuales, para que se interiorizara cada vez  más de ese mundo y de esa sociedad que a el mismo le había costado tanto entender en profundidad, explicándole todas las dudas que a éste le iban surgiendo. El embajador tenía una vasta cultura y firmes conocimientos de antropología, lo que le llevó a sentir gran curiosidad por ese mundo miristiano que finalmente se le revelaba. El porqué hasta ese momento se había negado a tratar de entender su cultura, era parte del conflicto ya tradicional que tenían la mayoría de los humanos y otras especies destacadas en alguna misión en ese planeta. Pero eso se iba sorteando, no sin algunas dificultades. En particular las leyendas sobre el origen de la vida, tan curiosamente parecidas a las de la Vieja Tierra, le resultaron muy interesantes al embajador, así como todo el trasfondo ceremonial de los rituales caníbales de los dirigentes miristianos, Los Rectores, que eran el principal obstáculo cultural a superar. 
En realidad, mirando las propias leyendas humanas, en una de las más primitivas y populares religiones existía un semidiós, conocido en ocasiones como “El Salvador” que en forma ritual compartía su carne y su sangre con sus seguidores y renunciaba a su vida material para la salvación espiritual de los humanos. Tuning Rasta comenzó a ver, luego de profundizar en la ceremonia miristiana, ciertos parecidos esenciales. ¡Era eso lo que hacían! Aunque lo veían algo diferente. Ellos comulgaban con una energía única, quizás algo que se podría llamar “Espíritu Planetario”, si bien había algo más, una unión en un plano trascendente entre los dirigentes que participaban en estas ceremonias ¡Si, tenía que ser algo así, lo presentía! Era por lo tanto indispensable ese ritual, el sacrificio, para consolidar la unión entre los dirigentes, entre esos pocos millones… unos pocos millones obligados a asesinar y a comerse conciudadanos periódicamente ¿Valía la pena? Las pruebas demostraban que la cultura miristiana estaba muy desarrollada, tenían muy pocos delitos violentos -¿Qué ironía, no?-, y disfrutaban de grandes avances tecnológicos, con una característica quizás, propia de todo lo miristiano: el avance tecnológico en cosas fundamentales como alimentación, energía o incluso la guerra siempre avanzaron en paralelo a las fuerzas y energías del planeta, siempre tuvieron una forma “limpia” de hacer cambios en ese mundo y por supuesto en todos los planetas que los tenían a ellos como regentes. Eran lo que los diplomáticos de la Federación llamaban Confederación Miristiana, unidos no por la fuerza militar –que si la tenían y en gran forma- sino por el liderazgo intelectual, profundamente práctico, de los miristianos.
Rasta, paulatinamente, y bajo la supervisión y consejo de Kaltru, comenzaba a comprender, a enterarse, a consustanciarse, a nutrirse de todo lo que envolvía la vida íntima de los nativos y su comunión con el planeta. Las dudas que tenía eran inicialmente contestadas por Kaltru pero en determinado momento comenzó a relacionarse con algunas personalidades miristianas –cosa impensada tiempo antes- en un diálogo que lo iba llevando, paulatinamente,  a la iluminación. Iba descubriendo que si bien tenían sus aspectos negativos había mucho que los situaban entre las culturas más avanzadas que había conocido y estudiado. En suma, se sentía feliz de haber llegado a ese estado de comprensión, casi de comunión con los miristianos y su mundo.
Toda esa evolución, esa comunión, ese entendimiento, lo iba comunicando a sus superiores diplomáticos. Posiblemente no hubiera uno solo de ellos que compartiera la metodología utilizada por los miristianos, pero sin duda estaban impactados por los resultados. Estos eran lo suficientemente convincentes para aceptar sus métodos, para respetarlos y quizás entenderlos, por lo que se decidieron a aceptar a la cultura miristiana como era.

Finalmente llegó el día tan esperado por Kaltru y por muchos miristianos. Fueron muchos los núcleos dirigenciales que se disputaron poder organizar esta ceremonia, la primera en donde Kaltru iba a ser no solo participante, sino el mago tejedor de los sabores, el cocinero de la ceremonia… de ahí la importancia del suceso.

Cuando Kaltru le comunicó a los responsables federales de su misión en el planeta, que los miristianos  firmarían los acuerdos, estallaron en elogios y manifestaciones de alegría y alivio, tanto que la desaparición del embajador Tuning Rasta fue solo un ingrediente más en todo el despliegue diplomático que comenzó a partir de esos días, ingrediente que se diluyó rápidamente con el frenesí de la Federación de conocer a sus nuevos aliados.
Y cuando la alta diplomacia de la Federación comenzó a llegar al planeta, junto con equipos de técnicos y misiones comerciales, se asombraron del exquisito trato que los nativos le daban a Kaltru, pues no lo trataban como un humano, ni como un extraño, lo trataban como un dirigente miristiano más. Nunca se encontró rastro alguno del antiguo embajador Tuning Rasta, aunque existe un selecto grupo de miristianos y el propio Kaltru que lo recuerdan con cariño, pues les brindó una exquisita cena de despedida.

                                                  FIN 





ARQUEO S.A.


Estoy escribiendo bastante, pero en el momento de “cristalizar” las ideas que van surgiendo en la cabeza, encuentro que algunas son buenas y otras no tanto… con algunas pueden hacerse buenos cuentos, consistentes –obvio que en la medida de mi técnica- y con otras solo hacer “bocetos” o ensayos… Pues esto es uno de esos bocetos, que muestro porque creo que este tipo de relatos también forman parte de la experiencia de escribir…
                             
                              ARQUEO S.A.
La chica lloraba desconsolada… había comparado una y otra vez la cantidad de dinero que tenía en la caja registradora con la cantidad de dinero que tendría que tener de acuerdo a las ventas realizadas en su turno… y no le daba igual… Había comenzado a  tener miedo y podía sentir los nervios mordiéndole el estómago. A ella, que nunca le habían gustado las películas de terror… ¡Ahora parecía que estaba viviendo una!  Tomó nuevamente el handy y llamó al encargado del cierre de las quince cajas del supermercado.
-Señor…sigo teniendo diferencia…y tengo ganas de ir al baño…
La voz del supervisor sonó amable pero acerada –Querida, sabe bien, porque firmó un contrato, que no puede irse si el arqueo de caja no le da exacto y las trabas son automáticas. Yo no puedo hacer nada para solucionarle el problema.
Ella miró las trabas. Eran unas bandas de duro metal que habían brotado automáticamente del respaldo de su silla y le apresaban sus piernas y su cintura, apretándola contra la silla donde pasaba todo su turno, frente a la caja registradora. Se activaron en el mismo momento que finalizó el proceso de contar el dinero que había y compararlo con el dinero que tendría que haber… les pasó sus sudorosas manos por su plateada superficie…el metal se sentía fuerte y firme bajo sus nerviosos dedos… Por si no fuera suficiente y para evitar que los clientes tuvieran algún tipo de contacto con la situación se habían elevado desde el piso unas barreras de cristal opaco, que dejaba a la cajera totalmente aislada del mundo exterior, a excepción claro está, del dispositivo de radio portátil.
-Pero hace tres horas que estoy dando vueltas todo de arriba para abajo –comenzó a sollozar nuevamente- y no entiendo porqué tengo esta diferencia…
-Mire joven, que cometió un error es indudable y nadie más que usted es responsable…
-Pero ni siquiera puedo ir al baño… y tengo sed…-
También tenía ganas de seguir llorando pero ya casi se le habían acabado las lágrimas. Es que en las tres horas que llevaba sentada allí, apretada firmemente por esos brazos de metal, había pensado muchas cosas y no todos estos pensamientos eran constructivos…Primero había realizado la revisión varias veces no solo del dinero de la caja sino también del registro de ventas…luego, ayudado por este, trató de recordar si en algún momento existía la posibilidad de haber dado mal una devolución de dinero…y luego comenzó a pensar en esas historias espantosas que se contaban de cajeras que habían muerto atrapadas en sus sillas de trabajo, frente a sus cajas registradoras, por haber cometido un error…¡A eso personalmente no lo creía! ¿Cuánto tiempo tenía que pasar para que alguien se muriera de hambre o de sed? Aunque ella ya sentía una sed terrible… y hacía tres horas que estaba atrapada y cinco que no bebía absolutamente nada. ¡Pero para morir de sed tendrían que haber pasado varios turnos sin beber nada!
Lo peor que le podía pasar era que al otro día ella estuviera en este mismo lugar…¡pero no muerta! ¿Y si no la soltaban? El contrato con Arqueo S.A., la empresa que controlaba el cierre de todas las cajas de las cadenas más grandes de supermercados era claro… si el arqueo de caja no daba como tenía que dar, ventas igual a dinero en la caja, más ventas a crédito, automáticamente la cajera quedaba atrapada frente a su caja hasta que se encontraba la diferencia.
De esta forma se evitaban las diferencias sistemáticas que centavo a centavo, día tras día, suponían una importante cantidad de dinero que se perdía en las cajas, ya pasaran a los bolsillos de las chicas de las registradoras o a los clientes. A esta altura intentó llorar nuevamente y no logró más de unas gotas… -Creo que estoy entrando en estado de shock- se dijo. –De eso sí se puede morir- pensó después. –¡En ningún lado dice que esté prohibido pedir un vaso con agua!
Llamó nuevamente al encargado -¡Señor!
-¿Qué sucede? ¿Solucionó el problema?
-No, pero necesito agua…por favor…un vaso será suficiente…
-Joven, yo también tengo tareas para hacer…
-Escuche, realmente tengo sed… ¡Por favor!
-Está bien, está bien…en cinco minutos estoy con usted.
A los seis minutos apareció el supervisor con una botella de agua, un vaso y con cara de cansancio. Ella pensó –y posiblemente con acierto- que a él tampoco le agradaba mucho que ella estuviera atrapada allí.
-No me mire con cara de víctima porque la culpa es suya- le dijo a la vez que le alcanzaba un vaso con agua, que ella bebió rápidamente.
Mientras le alcanzaba nuevamente el vaso, le dijo –Si, lo sé, nunca debí haber firmado ese contrato y nunca debí haber cobrado mal…  ¿Cuándo me podré ir?-
-¿Irse? Recién mañana llegará el técnico de Arqueo S.A. para revisar su situación.
-¡Mañana! ¡Pero es una locura!
-Si hubiera leído atentamente su contrato no le sorprendería…
-¡Pero es la primera vez que me sucede esto!
-¡Y casi seguro será la única! Nadie comete dos veces este tipo de error, señorita…
-¿Y qué hago ahora?- Otra vez parecía que iba a ponerse a llorar…
Finalmente el hombre se apiadó de ella.
-¿Qué diferencia tiene?- le preguntó
-Tengo un dólar de menos…
-¿Un dólar de menos? ¿Solo eso? ¿Y no tiene dinero?
-¡No, no tengo! ¡Casi nunca tengo dinero, solo la tarjeta para el bus!
-Hagamos algo… ¿guardaría un secreto?- le preguntó, dando la espalda a la cámara de seguridad que estaba sobre la registradora.
-¡Claro!- le dijo la chica…
-Mientras yo tapo la cámara, le daré un dólar y lo coloca en la caja…
-Pero…
-¡Hágalo!
-¡Está bien, no se enoje!
En un movimiento totalmente casual el hombre tapó la cámara y ella, rápidamente tomó el  dólar que le ofrecía y lo colocó en la caja.
-Sírvase- le dijo el supervisor, sirviéndole otro vaso con agua…-Y por favor, compare nuevamente las ventas con el dinero…una vez más.
El hombre se marchó. La chica activó nuevamente la función de “arqueo”… esta vez le dio bien y las placas de metal la soltaron… Suspiró aliviada…no podía creerlo…
Se marchó casi corriendo y mientras lo hacía prometió no solo estar más atenta en su caja sino también llevar siempre un puñado de monedas a su trabajo.
                               FIN

                                

lunes, 3 de septiembre de 2012

EL CONTRATO


“Se dice por ahí que el mundo está gobernado por un grupo de humanos muy poderosos, conocidos como La Organización, que están tras gobiernos y corporaciones. Se dice también que estos humanos tienen un pacto con seres que no son de este planeta, que a cambio de poder les exigen vidas humanas, aunque todos sabemos que no tienen el menor interés en los cuerpos –que no son más que el envoltorio- sino en su contenido.”
                         
En algún lugar no identificado del Universo, los extraños seres integrantes del Honorable Consejo de Camaradería, conferenciaban en su particular idioma.
-Necesitamos más materia prima- decía uno- ¡Sino no terminaremos a tiempo el proyecto!
Todos se alarmaron. No finalizar el proyecto en el tiempo estipulado significaba seguramente ser castigados con severidad.
-¿Ya revisó los planetas que tenemos disponibles y sus cuotas?-dijo otro.
-Claro que sí y hay uno que está algo atrasado en las entregas…
-¿Atrasado? ¿Estamos necesitando más material y ellos están atrasados?
-¿Cómo es posible? –dijo otro- ¡No entiendo como se les ha permitido atrasarse!
-¿Cuál es?- preguntó un nuevo interlocutor
-Es el planeta que los nativos llaman Tierra…
-Lo recuerdo… ¿Y sabe porqué se atrasaron?
-Menos muertes, nada más… Somos flexibles solamente porque su material es de gran calidad. Como son algo primitivos sus almas están en un estado excelente para nuestros propósitos.
-¡Pero basta de tolerarlos! ¡Exíjales inmediatamente que cumplan con su cuota!
-¡Pidámosles más! ¡Tenemos que castigarlos por el atraso!
-¡Cierto! ¡Que dupliquen su cuota!
-¿Qué dupliquen su cuota?
-¡Que la dupliquen! Si su material es tan bueno quizás así llegaremos a nuestros objetivos.

Unas horas más tarde, en una oficina en San Pablo, planeta Tierra, Rino Trahee estaba tras su escritorio, ensimismado en unos complejos cálculos estadísticos cuando la secretaria le anunció una visita. Lo recibió inmediatamente, pues su visitante no era de la clase que uno hace esperar.
-Señor Pirakistar… -le dijo- Es un gusto tenerlo aquí.
-También es mío el gusto, estimado Señor Trahee.
-Tome asiento… ¿Bebe algo? ¿Le apetece algún alimento liviano?
El hombre que tenía a su frente se sentó, pidió un café, rechazó la comida y carraspeó, frunciendo el entrecejo. Trahee lo animó a hablar –Cuénteme –le dijo- No quiero hacerle perder mucho tiempo.
-Mis colegas están preocupados y tengo entendido que usted es la persona señalada para expresar esta, digamos, preocupación.
-¿Y a qué se debe la preocupación de sus colegas?
-Están atrasados, señor ¿O no lo sabía?
-No creo que sea tan preocupante. Ya nos hemos atrasado con anterioridad y no han reclamado, supongo que porque saben que siempre cumplimos.
-Se ha sido tolerante con anterioridad, pero eso no puede hacerse costumbre, es solo algo excepcional. El contrato es muy claro, nosotros le damos todo lo que ustedes necesitan para gobernar este mundo y ustedes nos dan lo que nosotros necesitamos para nuestros asuntos.
-Sus asuntos… -dijo Rino sonriendo nerviosamente-. ¿Qué tan debajo de la cuota estamos?
-¡Están en la mitad de lo prometido! Mis superiores están tan nerviosos que amenazaron con retirarles su ayuda.
-¡Que dice! ¡Pero no es necesario tomar esas medidas! ¡Siempre cumplimos!
-Fue lo que les dije. Entonces me pidieron como condición que les exigiera el doble de la cuota.
-¡El doble de la cuota! ¿Pero como piensa que puedo lograr eso? ¡Si me acaba de decir que ni siquiera estamos cumpliendo con las entregas normales!
-Es el único camino que tienen para reivindicarse. Se lo advierto. Mis jefes están muy nerviosos y están dudando de vuestra seriedad. ¿Es que ya no tienen guerras?
-Las tenemos, pero obviamente no son suficientes, ni tampoco las enfermedades, ni la falta de alimentos. ¡Y la población aumenta pero también el promedio de vida! En fin, tendremos que tomar medidas más drásticas. Le ruego comunique a sus superiores que solucionaremos este inconveniente y que con mucho agrado duplicaremos la cuota.
-Eso es lo que quería escuchar. ¡Que tenga usted muy buenas tardes y espero noticias!
Luego que el visitante se hubo marchado, de inmediato Rino Trahee, Gerente de Ejecución de La Organización, llamó a su secretaria.
-¡Necesito una reunión de Producción lo antes posible! Llame a los responsables y coordine un encuentro lo más rápidamente posible. ¡Téngame al tanto por favor!
A los pocos minutos le comunicaron que la reunión sería en las primeras horas de la mañana del día siguiente. Algunos de los técnicos estaban demasiado lejos para llegar antes.
Rino Trahee estaba muy preocupado. A pesar de la aparente amabilidad de la forma humana de Pirakistar, sabía que esos seres eran tan amables como un cuchillo bien afilado. Trahee, por ser el Gerente de Ejecución, era el encargado de cumplir con la cuota y la forma de hacerlo no era exactamente lo más importante. Su objetivo era cumplir con El Contrato, costara lo que costara.

Rino Trahee miró detenidamente a los cinco hombres y una mujer que tenía frente a si. Si bien estaba cansado –apenas había dormido- su voz sonó firme cuando les dijo:
-Estamos muy atrasados y necesitamos revertirlo. ¡Ya! No solo tenemos que cubrir la mitad de nuestra cuota, que está pendiente, sino que ahora nos exigen que dupliquemos la entrega. Así están las cosas. No quiero quejas, ni que me digan que es una locura, quiero una actitud positiva y constructiva. No tenemos tiempo para otra cosa. ¿Entendieron?
Todos movieron afirmativamente la cabeza.
-Pues la primera pregunta es: ¿Por qué estamos tan atrasados? ¿Qué sucede con nuestras guerras? ¿Qué sucede con todo el dinero que gastamos en ellas? ¿Y con el hambre? ¿Y ya no hay enfermedades que maten un número apreciable de personas?
El Especialista en Guerras dijo-Las guerras se han estancado señor y la cantidad de muertos se ha estabilizado. Tanto Irak, Afganistán, Africa, Medio Oriente y América Central dan sus frutos, pero las cantidades lamentablemente no son significativas.
-¡Está bien que se estabilicen, pero al alza, no a la baja!-dijo Rino- ¿Y qué opciones tenemos?
-Puedo acelerar algunos conflictos y comenzar nuevas guerras…
-¿En dónde?
-Puedo hacer que Israel ataque a Irán, y que Corea del Sur ataque a Corea del Norte. Eso provocaría una escalada de proporciones. Además podría provocar disturbios y quizás hasta guerras civiles en el Norte de África, aprovechando que siguen inestables, y nuestros investigadores están haciendo modelos sobre guerras civiles en España, Francia, Grecia y el norte de Latinoamérica.
-Está muy bien, lo felicito. Pero necesitamos algo más masivo. ¿No tiene nada que involucre países con más población? ¿China, India, EEUU?
Entonces intervino el Especialista en Desarrollo y Avances –Perdón señor- dijo- Es que tratamos de no involucrar a esos países. Puede resultar peligroso para todo el mundo que ellos se involucren en un conflicto directamente, digamos que no es aconsejable. Lo que podemos hacer es lograr que apoyen partes en conflicto con armas, dinero y hasta asesores.
-Buen punto de vista- dijo Rino- ¿Pero se dan cuenta de nuestras necesidades? ¡Hace ya tres mil años que tenemos un contrato y generación tras generación lo hemos cumplido! ¡Todos nosotros nos hemos beneficiado con él! ¡Y podemos perderlo todo por no ser capaces de resolver esto! ¡Si nuestros aliados nos retiran su apoyo nuestro futuro … -y dejó de hablar, algo agitado- ¡Ni siquiera tendríamos futuro, se terminarían nuestros privilegios, se descubrirían nuestras manipulaciones! ¡Mejor ni pensar en eso!- Cuando logró tranquilizarse un poco, preguntó- ¿Cuánto tiempo le puede llevar poner en marcha estas guerras?
-De uno a cuatro meses señor, todas… y con resultados cuantitativos aceptables.
-Quiero una gráfica y un modelo a la brevedad, pero no será suficiente. ¡Necesitamos actuar sobre zonas más pobladas, sino no llegaremos al objetivo!
En ese momento, Lusti, el científico encargado de Medidas Extraordinarias carraspeó -Yo puedo tener una solución, señor, y es algo que puede cumplir de sobra con sus expectativas.
Brontu, el Encargado de Enfermedades y Epidemias se puso tieso. Carraspeó y le dijo –Cuidado con lo que dices…
-¿Cómo que cuidado con lo que dice? ¿Qué es esto? ¿Qué se traen ustedes? ¡Les advierto que no estoy para bromas!- 
Brontu le dijo –Es que entra en mi jurisdicción… y nada más ajeno al terreno del humor, señor.
Rino le dijo a Lusti -¿Y por qué lo menciona usted?
-Porque hace ya cierto tiempo él lo mandó a mi sección para perfeccionarlo.
-¿Pero de qué estamos hablando?
El responsable de Enfermedades y Epidemias suspiró –De una terrible y poco deseable enfermedad.
A lo que su colega agregó –Que seguramente cumplirá en un breve plazo con sus requerimientos.
-Explíqueme.
-Es un super virus al que le llamamos  Killer-1 , que solo se ha cultivado en nuestros laboratorios. Se expande rápidamente por el aire, por el agua, por los alimentos y al mínimo contacto. Está diseñado para eso, para ser altamente contaminante, aunque tiene una vida útil de solo 24 horas. Después muere.
-¿Y?
-Abarca superficies muy extensas y allí afecta a todos los humanos, no se escapa nadie.
-¿Todos mueren?
-No, no todos, se estima un 15 % de sobrevivientes.
-Dile el resto –le dijo Brontu-
-¿El resto?
-Es que sucede algo con los sobrevivientes. Técnicamente podríamos llamarlos así pero en realidad sufren ciertas transformaciones.
-¿Qué tipo de transformaciones?
-Indeseables transformaciones señor, aunque todavía no hemos podido estudiarlas en profundidad. 
-No estoy para preocuparme de las transformaciones, suficiente es saber que puede matar personas y en buen número. ¿Están seguros que eso funciona?
-Si señor, estamos seguros.
-Entonces hagan los cálculos… dosis, superficie afectada, densidad de población y las distribuyen en partes iguales entre China e India. No lo apliquen en capitales y solo en ciudades continentales. Preparen un modelo y cuando esté pronto se lo entregan a mi secretaria. ¡Póngase a trabajar en eso ya!
-¿Y las guerras señor?
-¡También quiero ver sus evaluaciones! ¡No podemos perder más tiempo!
Por último, miró a la Encargada de Trastornos Climáticos y Tectónicos. Ella había tenido momentos de gloria en el pasado, pero últimamente estaba ligeramente… inmóvil quizás. 
–¿Usted tiene algo para mí aparte de su arrolladora simpatía?
Ella sonrió apenas –Se que no me destaco por mi simpatía señor. Puedo trabajar en algunos modelos combinados. Los tsunamis pueden ser muy efectivos-
Rino pensó que tenía sus ventajas trabajar con las entidades de El Contrato. Gracias a ellos podían provocar terremotos, hacer que entraran volcanes en actividad, desatar tormentas y crear huracanes y tornados. Pero los tsunamis tenían algo que no le gustaba.
-Está bien, le agradeceré sus opciones. Pero sea cuidadosa con los efectos de los tsunamis por favor; es mi política no dañar demasiado los puertos, por más que alguna vez lo hicimos.
-Así lo haré señor.
Finalmente puso su atención en un hombre algo desaliñado que todavía no se había puesto de pie para marcharse. Le dijo:
-¿Usted adivina los pensamientos?
El hombre sonrió y le dijo –Estaba seguro que me pediría algo.
-Solo quiero garantizar el éxito. Independientemente de cualquier medida que elija mañana, quiero que esté preparado para un ataque informático a todos los sistemas de defensa del mundo. ¡Quiero confusión! ¡Desorden! ¡Caos! ¡Y nada de rastreos!
El especialista en Desinformación y Terrorismo sonrió. –¡Estará todo preparado para mañana, señor! ¡Mi equipo tiene muchos deseos de probar algunas infecciones!
Y se marchó.

Amaneciendo el siguiente día ya estaban todas las evaluaciones prontas y también su decisión tomada. La idea que más le atrajo fue el ataque con el Killer-1, como le llamaban los científicos. En realidad parecía ser la única medida que podía cumplir la cuota, porque el resto, incluyendo una fabulosa combinación de volcanes en erupción, con terremotos y tsunamis tenían un efecto más espectacular que mortal y las guerras evolucionaban tan lentamente que era desesperante. Pero el Killer-1 no sería la única medida. Para asegurarse el éxito le daría rienda suelta al Especialista en Desinformación y Terrorismo, quien estaba preparando un “hackeo” global sobre todas las instalaciones de seguridad. Esto potenciaría todo el rédito que obtuvieran del ataque con el Killer-1, podrían alcanzar beneficios extras y estarían además tan confundidos que no lograrían dar con el culpable.
Activadas todas las medidas, pensó que era el momento de descansar… le era necesario. Ya ahora nada podía hacer. Su papel prácticamente había terminado, hasta que llegara el momento de recibir las felicitaciones por el éxito que seguramente obtendría.

No pasaron demasiadas horas para que Trahee recibiera una sorpresiva video-llamada. Doblemente inesperada porque lo llamó el principal directivo de La Organización –que a pesar de su cargo apenas lo conocía- y porque cuando contestó le gritó:
-¡Estúpido! ¿Qué hizo?
-¿A qué se refiere, señor? Solo hice mi trabajo…
-¿Su trabajo? ¿No ha visto los noticiarios? ¿No sale a la calle? Hay decenas de millones de muertos en India y China… 
-Es que lanzamos un virus allí, señor.
-¡Además del virus! ¡Hay otra cosa que está matando además del virus! –El hombre estaba fuera de sí- ¡Allí brotó una ola de una epidemia nueva! ¿Alguna vez oyó hablar de los zombies, señor Trahee?
-¿Zombies? ¿Cómo los de las películas?
-¡Exactamente! ¡Como los de las películas! ¿Oyó hablar de ellos?
-Claro, me encantan esas películas.
-¿Tenía idea que uno de los efectos secundarios del virus que hizo lanzar sobre algunos lugares de China e India producen ese efecto? ¿Que “zombifican” humanos? ¿Y que no se vuelven lentos, como los de las películas sino lo contrario? ¡Y sufren un espantoso trastorno alimenticio!  ¿Sabe que quedan tan obsesionados por la carne que no hay forma de detenerlos? ¡Se lanzan a devorar todo lo que se les pone enfrente!
-No sabía eso, no tenía idea.
-¡Eso quiero creer, que no sabía lo que hacía! ¡Pues ahora debe enterarse de que los zombies producen zombies y pronto ocuparán todo el planeta!
-¡Es horrible!
-¿Horrible? ¿Usted vive en San Pablo?
- ¿Por qué pregunta? ¿Sucedió algo?
-¿Está en una burbuja? ¿Sabe que el ataque informático que lanzó provocó un lanzamiento sin control de todo tipo de armas? ¡Lanzaron enfermedades y nucleares sobre todo el mundo, incluyendo las Tres Américas, Europa y Africa y por supuesto la ya tambaleante Asia!
-¡No lo puedo creer! ¡Es imposible!
-Es posible. ¡Es el colapso! ¡El fin! Usted hizo caer la civilización, estimado Trahee. Quizás no lo note en un día, en dos  o en tres… pero no pasará mucho tiempo más para que todo caiga. ¡Pocos nos salvaremos!
Trahee no decía nada. Estaba impresionado por los resultados. Su superior continuó hablando.
-Tengo que despedirme. Espero que los que van a buscarlo sean piadosos y lo maten rápidamente.
-¿Los que vienen a buscarme?
-El gobierno chino logro averiguar quién es usted, lo que hizo y donde se encuentra. 
-¿Lo saben? ¡Tengo guardaespaldas!
El rostro del otro lado le sonrió agriamente –Los guardaespaldas le servirán de poco. Ya van para ahí- le dijo y cortó la comunicación.

Tres meses humanos después, El Honorable Consejo de Camaradería estaba reunido nuevamente.
-¿Por qué razón nos pidió una reunión urgente, estimado Camarada Coordinante?
-Es que tengo una buena y una mala noticia…
-¿Y son de tal importancia que era necesaria nuestra presencia?
-Creo que sí.
-Diga entonces.
-¡Comience por la buena! –dijo uno.
-¡Así es, que comience por la buena!- dijo otro.
El coordinante tomó la palabra. –La buena noticia es que sobrepasamos en mucho las necesidades de almas para el proyecto y además logramos almacenar una cantidad muy importante… tanto que podría alimentarse un nuevo proyecto íntegramente.
-¡Bien, muy bien!
-¡Es más que una buena noticia! ¡Es una muy buena noticia! ¡Felicitaciones!
-¿Y la mala, camarada? ¿Cuál es?
-La mala es que son de un solo planeta, de la Tierra para ser más precisos. Por un desmesurado entusiasmo del ejecutor humano, se provocaron allí una serie de calamidades que prácticamente destruyeron la civilización que allí había…
-¡Otra vez! ¿Pero que tienen allí? ¿Cuántas veces ha pasado lo mismo?
-¡Es un planeta maldito!
-Tranquilicémonos camaradas… ¿En qué nos afecta eso?
-Claro ¿En qué nos afecta? Si acaba de decir que tenemos un gigantesco excedente de material.
-Está cubierta su cuota por varios de sus años… bastantes decenas en realidad.
-¿Entonces? Usted mejor que nadie conoce a los humanos. Pronto comenzarán nuevamente sus guerras, sus batallas, buscarán la forma de matarse unos a otros con más efectividad, de trepar unos sobre otros y otra vez nos darán sus frutos.
-¿Entonces no quitamos las redes?
-¿Las redes de capturar almas? No, claro que no. Los humanos nunca nos defraudaron, no en eso por lo menos y verán que siempre obtendremos nuestra cosecha.
-¡Es cierto! Siempre fueron nuestro mejor cultivo y esperemos lo sigan siendo por mucho tiempo más.
A continuación se despidió.
-Camaradas, me despido- y se desintegró instantáneamente.
Todos hicieron lo mismo, menos el anfitrión Camarada Coordinante, conocido bajo su apariencia humana como Pirakistar.
Se trasladó hasta una pared y de una de sus curvas extrajo un pequeño recipiente de forma imprecisa. Algo brillaba dentro de su transparencia. Lo levantó y lo miró:
-Estimado Trahee, lo menos que podía hacer era impedir que homogeneizaran tu alma. Aquí te quedas. –dijo, al tiempo que volvía a poner el recipiente donde estuviera anteriormente.
Luego se dirigió a sus quehaceres.

                                       FIN